Cuba sería otra guerra de elección

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Por Carlos Novoa (*)

La periodista Katherine Doyle, corresponsal de NBC News ante la Casa Blanca, informa que el presidente Donald Trump se ha mostrado «cada vez más frustrado» ante el hecho de que meses de presión por parte de Estados Unidos no hayan logrado desestabilizar al gobierno de Cuba, y ha insistido ante sus asesores para que le expliquen por qué no han tenido éxito los esfuerzos dirigidos a llevar al liderazgo cubano al colapso.

El sitio Drop Site también recoge que según esta información, algunos funcionarios estadounidenses creen que el gobierno cubano aún podría caer para finales de 2026 sin necesidad de una intervención militar directa; sin embargo, Trump considera que ese plazo es demasiado lento.

NBC señala que el Pentágono también ha comenzado a actualizar los planes de contingencia para una posible acción militar contra Cuba, en caso de que el presidente así lo ordene.

Como siempre con estas «filtraciones», conviene tomarlas con su punto de sal. Los grandes medios en EEUU son una prolongación del poder económico y político y, con frecuencia, acaban cumpliendo la función de termómetros de la opinión pública y cómplices explicativos del imperialismo.

No obstante, como dice el viejo refrán, «cuando el río suena es porque piedras trae». Y al parecer hay varias voces en la actual administración intentando imponer el criterio de una acción militar contra la isla como único camino posible para lograr sus objetivos en el corto plazo. Sobre esto, el canciller cubano Bruno Rodríguez advertía en una entrevista reciente con el medio norteamericano ABC que cualquier acción contra Cuba terminaría en “un baño de sangre”, costando vidas tanto de cubanos como norteamericanos.

También el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel insistía nuevamente en sus redes que Cuba no es una amenaza para los Estados Unidos, como establece la Orden Ejecutiva del 29 de enero de 2026, y que no hay una excusa creíble que permita justificar una agresión contra el país. Esto es algo que han reconocido, en su momento, incluso las propias agencias de seguridad norteamericanas.

Es para todas y todos claro que Trump y Rubio están valorando iniciar contra Cuba otra guerra de elección. No es un conflicto inevitable y no tiene un basamento real en ninguna acción concreta de Cuba. De hecho, a pesar de las múltiples acusaciones, no han podido mostrar ninguna prueba que demuestre la supuesta amenaza de Cuba contra Estados Unidos. Se limitan a reiterar los vínculos comerciales públicos de la isla con Rusia y China como prueba.

Es una forma de profecía autocumplida. Al tiempo que acusan a Cuba de aliarse con los enemigos de Estados Unidos, toman medidas económicas orientadas a alejar a todos los inversionistas extranjeros de la isla. El resultado concreto es que solo permanecen en la isla aquellas empresas dispuestas a afrontar las sanciones norteamericanas o las que responden a prioridades políticas de sus gobiernos como gesto de amistad con Cuba. Y, coincidentemente, una parte de esas empresas pertenecen a Rusia y China.

El problema fundamental de Estados Unidos con Cuba, como todos saben, no es que la isla sea una amenaza, sino que esta se resiste tercamente a ceder su soberanía a los intereses injerencistas y revanchistas de ciertos sectores dentro de la política norteamericana. Sectores que tienen en la actual administración, y particularmente en Rubio, uno de sus adalides más decididos. Es él, precisamente, una de las voces que más parece estar empujando hacia una posible acción militar contra Cuba.

El objetivo final es lograr el ansiado cambio de régimen en el país. Para eso parecen estarse considerando tres vías principales:

– Aumento de la presión económica y deterioro sostenido de las condiciones materiales de vida en el país. Forzar que el hambre, las enfermedades y la falta de energía y transporte lleven a la población cubana a un estallido por desesperación.

– Producto del aumento de la presión económica y militar, lograr que La Habana acepte condiciones para la negociación que no aceptaría en circunstancias normales. Proponer el alivio de las medidas restrictivas y ciertos alicientes económicos a cambio de concesiones en materia de soberanía. Este es un camino sumamente peligroso ya que, una vez iniciado el camino de las concesiones, este puede no tener final.

–  Realizar una acción militar que precipite o fuerce el cambio de régimen en Cuba. Para esto se realizan numerosos vuelos de espionaje y se preparan escenarios en el Pentágono. Los cuales, muy seguramente, van desde incursiones al estilo Venezuela, hasta asedios prolongados, campañas sostenidas de bombardeos para reducir todas las capacidades militares y civiles de la isla y una posible invasión parcial.  

Las intenciones son tan turbias como los sujetos que las promueven. Estamos ante el imperialismo desnudo. Conviene estar alertas y sumarnos a todas las denuncias y acciones posibles. Un ataque a Cuba sería criminal e injustificado. 

 

(*) Carlos Noboa, escritor y periodista venezolano

(**) Foto portada, Editorial de la Mujer

 

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