Una estrella en Punta Gorda (Seguridad Pública II)

0

 

Por Ricardo Pose (*)

En el libro “Vendedores de cuchillos. El lavado de activos en Uruguay” de Ricardo Gil Iribarne, Daniel Espinosa y Gabriel Tenenbaum, parece quedar claro dónde está el nudo de la inseguridad pública en Uruguay (y en el resto de los países).

El mismo material señala, sin embargo, dos debilidades en el combate al lavado de activos; uno es la dificultad por el manejo reservado de la información de carácter financiero, que no permite trazabilizar la “ruta del dinero”.

La segunda debilidad, señalan los autores, es contar con un cuerpo profesional (entre ellos  funcionaros policiales), que permitan enfrentar a los delincuentes de cuello blanco.

Si la delincuencia en los territorios, el micro tráfico, permea el hábitat e impone sus propias leyes, define los movimientos de los vecinos dentro del barrio, genera su red y “mercado” de compradores y distribuidores de droga; el delito de cuello blanco (que en el mundo de la droga son los jefes de los micro traficantes) soborna funcionarios policiales, contrata estudios jurídicos y notariales para el “blanqueo” de capitales, estudios contables, se filtra en el sistema político, mueve capital en el sistema financiero, domina el mercado en la compra venta de tierras, viviendas, locales comerciales, automotoras, centros de juegos de apuestas y servicios sexuales.

Es un grupo peculiar del Poder; es fundamentalmente económico, pero tiene sus expresiones militares y políticas.

El poder económico, en un país que hace gala del Secreto Bancario, fluye en forma casi impune, y las “rutas del dinero”, cuando se decide investigarlas, están llenas de mojones en blanco.

Por otro lado, cuando ese dinero se blanquea y se integra formalmente al mercado bajo la forma de fuentes laborales, echarle mano pasa a ser un problema de seguridad social; por ahora no es el caso de Uruguay, pero en otros países, forman parte del PBI, del dinero de importantes inversiones que dinamizan las economías.

Su poder militar es diverso; organiza sus propios cuerpos de seguridad privada, tejiendo una red que pasa por las barras bravas de algunos clubes deportivos, patovicas y matoncitos de barrio.

Su expresión política, aunque en Uruguay aún no se ha detectado su participación directa en el Poder Legislativo o los organismos descentralizados, indirectamente, las débiles leyes con que se pretende combatir el aporte de la delincuencia a las campañas electorales y financiamiento de dirigentes y grupos políticos, llama por lo menos la atención.

Las herramientas a nivel de los gobiernos departamentales y municipales, para poder discernir si tal proyecto votado políticamente, es un proyecto producto del crimen organizado, siguen siendo débiles.

Vale la pena repasar los vínculos desarrollados por el ex Jefe de seguridad presidencial de Luis Lacalle Pou: Alejandro Astesiano.

Prontuarios

Los Prontuarios de Mate Amargo, fueron una herramienta esclarecedora de los grupos del poder económico en Uruguay; permitía al pueblo, y a los trabajadores en particular, entender el “mapa” del grupo económico al que pertenecían sus patrones, los medios de comunicación a su servicio, los bancos, financieras, estudios jurídicos y contables, sus empresas.

En la lucha por la soberanía nacional, formaban y aún forman parte de la oligarquía cipaya, y en la eterna disputa entre el Capital y el Trabajo, eran y son, al decir de Pepe Mujica, una burguesía berreta.

Esta peculiar oligarquía y burguesía berreta asociada o formando parte del crimen organizado, hace que gurises y gurisas se maten en los barrios por el control del “mercado de droga”, y en un -por el momento- escaso desarrollo de los peculiares medios de producción, no son propietarios de “cocinas”, centros de producción.

Resulta complejo trazar la ruta y sus diversificaciones que llevan y traen, de Europa o Estados Unidos. La droga, pasa por el puerto de Montevideo, navega el río Uruguay o entra por la frontera seca o por el cielo, y termina en Villa Española (Uno de los barrios populares de Montevideo).

No obstante, es bien sabido que quienes están en la “punta de la pirámide”, viven, además, por sentido de pertenencia y de “camuflaje”, en los barrios de sectores opulentos de Montevideo (Punta Carretas, Punta Gorda, Pocitos, Carrasco), o en las estancias del interior uruguayo, porque también es una cuestión de clase.

¿No hemos definido los militantes revolucionarios, en un proceso que apunta a la liberación nacional, una lucha contra el poder?

Golpear arriba, sacudir abajo

Tratando de no herir sensibilidades, aclaremos que no estamos realizando una crítica a la actual gestión del Ministerio del Interior, fiscalías y sistema de justicia; definimos líneas arriba algunas de las dificultades en el combate que existen por el momento, superando voluntades y predisposiciones.

En el contexto uruguayo, el rol que ha ejercido el periodismo y las organizaciones políticas, por ejemplo, en el esclarecimiento de algunos casos de violaciones del terrorismo de estado, ha sido determinante.

Se me dirá que existe un disminuido cuerpo de académicos y de periodistas de investigación para asumir tal tarea, pero, sus posibilidades de abarcar el escenario se ven limitadas, por la discrecionalidad en el otorgamiento de la información y los vínculos en distintos círculos sociales.

Son los militantes sociales, los que meten pata en los asentamientos, en los barrios, quienes conocen la geografía del mapa delictivo, o pueden llegar a conocerlo, y llegar a trazar las rutas posibles.

Pero también deben ser, actualizando las experiencias realizadas en cooperativas de viviendas y comunidades en los barrios, dinamizadores de las medidas de autodefensa, del vínculo con las organizaciones sociales integradas por madres de hijos e hijas con problemas de adicciones, o menores desaparecidas.

Son los militantes con “carne” institucional quienes pueden acceder a círculos medianamente selectos, para que esos militantes, junto a los otros, vayan armando el puzle.

Una estrella en Punta Gorda

No hay proceso de Liberación Nacional, ni construcción de algo que pueda llamarse Socialismo, mientras sigamos en el medio del fuego del ejército del lumpen proletariado y las multinacionales del crimen organizado.

El conjunto del pueblo tiene en ésta “guerra social”, varios frentes abiertos; el frente de la dictadura del Capital internacional que exprime y expolia, sin que sea su problema atender la demanda de la necesidad de inversiones, aun a costa de la dignidad y las necesidades del mundo del trabajo; el frente del lumpen proletariado en los territorios; el frente del sutil e invisibilizado poder del crimen organizado.

Todos esos frentes confluyen, punto de retorno y de salida, en algunas estancias, en chacras marítimas, en mansiones y lujosos apartamentos, en los barrios suntuosos de Montevideo.

(*) Ricardo Pose, es Periodista en: Mate Amargo, Caras & Caretas, Ceiba Periodismo con Memoria; Coordinador WEB Telesur; Columnista de El Otro País, periódico España; y radial en Cadena del sol (Rocha-Uruguay), Radio Gráfica de (Bs. As.-Argentina), Voces en Conversa (Maracaibo-Venezuela). Blog personal «El Tábano». Participa en Foros de debates de Lauicom (Universidad de la comunicación Venezuela). Integra la RedH capítulo Uruguay y la Dirección (suplente) del Sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comments are closed.