Por Carlos Fazio (*)
El fin de semana anterior, después de 21 horas de negociaciones en Islamabad, capital de Pakistán, las delegaciones de Estados Unidos e Irán no llegaron a ningún acuerdo. La representación estadunidense, encabezada por el vicepresidente J. D. Vance, afirmó que el fracaso era una mala noticia… para Teherán. Y horas después, el presidente Donald Trump ordenó el bloqueo naval total de la entrada del estrecho de Ormuz. A su vez, la madrugada del domingo, la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) le recordó a Estados Unidos que Irán “tiene plena autoridad sobre la gestión inteligente” de esa vía marítima y cualquier intento por parte de buques militares de pasar por allí sería tratado con severidad.
Iniciaba otra prueba de resistencia que sigue hasta el momento actual. El cierre del estrecho de Ormuz no es sólo un problema económico, sino militar y estratégico. Además, involucra a otros actores, no solo a Estados Unidos e Irán. Particularmente, a China.
De acuerdo con las crónicas sobre la reunión en Islamabad, los documentos de negociación que llevaron los estadunidenses eran solo unos pocos folios, llenos de cláusulas generales, mientras que en los archivos del equipo iraní había datos detallados y borradores de acuerdos. Solo las explicaciones técnicas sobre la seguridad de las instalaciones nucleares sumaban más de 120 páginas. El grado de solidez en la preparación era evidente a simple vista: cualquiera pudo ver quién quería realmente llegar a un resultado positivo.
Aunque no se han revelado detalles de las conversaciones, es obvio que el ultimátum y las presiones de Trump no dieron los resultados esperados. Según Vance, Irán no aceptó los términos propuestos por Washington, que comprendían algunas de sus “líneas rojas”. Dijo: “Necesitamos ver un compromiso afirmativo de que no buscarán un arma nuclear ni las herramientas que les permitan lograr rápidamente un arma nuclear”. Esa era, absolutamente, la agenda israelí. No era, de ninguna manera, una agenda de negociación. Y de ser así, quedaba muy claro quién estaba al mando. Y no era Trump, era Netanyahu. Como dijo Alastair Crooke en su entrevista con Andrew Napolitano, Trump ha creado un pantano del que no tiene salida real, a menos que deje a Netanyahu solo.
No obstante, todo indica que el “punto muerto” en las conversaciones no se debió al tema nuclear. Esa es la gran cortina de humo. En apariencia, el principal escollo tuvo que ver con el control de facto que ejerce Irán sobre el estrecho de Ormuz y su intención de cobrar un peaje y abonar su carga en yuanes a los buques que lo atraviesan. Aunque ese es otro de los faroles de Trump, como bien saben los iraníes. ¿Van a abordar la Armada de EU un barco de bandera y propiedad china? Sería un acto de guerra. ¿Se atreverá EU a cerrar el paso a un petrolero chino a costa de anticipar en Ormuz lo que puede ocurrir en Taiwán?
Al parecer, la capacidad de Trump para sostener la situación en un limbo es mucho más corta que la capacidad de Irán para mantener su resiliencia. Lo único que puede hacer Trump es amenazar con más acciones militares o bombardeos. En ese mar de incertidumbres, siguen los escarceos de uno y otro lado.

Así, el jefe de la Comisión de Seguridad Nacional del Parlamento iraní, Ebrahim Azizi, afirmó que el estrecho solo se abrirá con la autorización de Teherán y rechazó que decisiones de ese tipo se tomen a través de mensajes en redes sociales. En implícita alusión a Trump, escribió Azizi en su cuenta de X: “El estrecho de Ormuz solo se abre con el permiso de Irán, ¡no con publicaciones virtuales!”
El mismo sábado, mientras ambos países negocian la paz en Pakistán, el Comando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos (CentCom) había iniciado otra fase de la guerra psicológica. Anunció el supuesto despliegue de dos destructores de EU en el estrecho de Ormuz para retirar minas colocadas por la República Islámica durante la guerra. La versión fue desmentida por Irán. A su vez, una fuente cercana al equipo negociador iraní, dijo a la agencia Fars que la parte estadunidense buscaba una excusa para retirarse de la mesa de pláticas. “Parece que necesitaban conversaciones para recuperar su presencia en la arena internacional y no estaban dispuestos a bajar sus expectativas a pesar de su derrota en la guerra con Irán”.
Según la agencia de noticias iraní, Estados Unidos pretendía conseguir fácilmente en negociaciones lo que no logró en 40 días de guerra, “con planes como seguros para buques, escoltas para petroleros y otras ideas militares y económicas”. Pero “la delegación iraní está decidida a proteger los logros alcanzados sobre el terreno”, añadió.
Según el exnegociador del Departamento de Estado, Aaron David Miller, Irán dispone actualmente de más cartas favorables que Washington en el proceso negociador. En declaraciones a CNN, Miller subrayó que Teherán “no tiene prisa por hacer concesiones” y avanza según un calendario más lento que el de Estados Unidos. Afirmó que Irán mantiene capacidades clave, incluido uranio altamente enriquecido, así como control operativo sobre el Estrecho de Ormuz, lo que refuerza su posición en las conversaciones. Asimismo, dijo que Irán ha demostrado capacidad para resistir la presión militar, destacando que el sistema interno “resistió” durante el conflicto reciente. Miller estimó que Teherán estaría dispuesto a asumir el riesgo de una reanudación de ataques por parte de Estados Unidos e Israel antes que abandonar las negociaciones sin resultados concretos.
En ese contexto, el domingo, el Mando Central de EU (CentCom) anunció en un comunicado que sus fuerzas comenzarían a implementar un bloqueo a todo el tráfico marítimo que entre y salga de los puertos iraníes el lunes 13 de abril a las 10:00 a. m. (hora del este), de conformidad con la proclamación del presidente Trump. “El bloqueo se aplicará de manera imparcial a los buques de todas las naciones que entren o salgan de los puertos y zonas costeras iraníes, incluidos todos los puertos iraníes en el golfo Pérsico y el golfo de Omán. Las fuerzas del CentCom no impedirán la libertad de navegación de los buques que transiten por el estrecho de Ormuz hacia y desde puertos no iraníes, añadía el anuncio.
A su vez, la Marina de los Cuerpos de Guardia Revolucionaria Islámica iraní respondió que el acercamiento de buques de guerra al estrecho de Ormuz “bajo cualquier pretexto o nombre” sería considerado una violación del alto el fuego. Y sentenció: “La Armada de la rama militar promete actuar con firmeza contra esos infractores”.
El miércoles 15, el petrolero iraní Aleeshya cruzó con éxito el estrecho de Ormuz a pesar de las amenazas de EU. De acuerdo con la agencia iraní Tasmín, el buque cisterna, sujeto a sanciones y cargado de petróleo crudo, pasó por el canal entre las islas de Hormuz y Larak sin encontrar obstáculos significativos. La agencia añadió que el Aleeshya es el tercer petrolero iraní que cruza con éxito la vía marítima desde que Trump anunciara la imposición del bloqueo naval.
El lunes 13, un día después de que entrara en vigor el supuesto bloqueo estadunidense de los puertos iraníes. El ministro de Defensa chino, el almirante Dong Jun, advirtió públicamente a Washington que no interfiriera en las relaciones comerciales y energéticas de Pekín con Teherán. “Nuestros buques entran y salen de las aguas del estrecho de Ormuz. Tenemos acuerdos comerciales y energéticos con Irán. Los respetaremos y esperamos que nadie interfiera en nuestros asuntos”, declaró Dong Jun en un comunicado. En paralelo, el Ministerio de Asuntos Exteriores chino calificó el bloqueo naval estadunidense contra Irán como una escalada que afecta la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz, y lo consideró un acto “peligroso e irresponsable”.
Un día después, durante una reunión en Beijing con el príncipe heredero de Abu Dabi, Khalid bin Mohammad Al Nahyan, el presidente de China, Xi Jinping, comentó: “No debemos permitir que el mundo vuelva a la ley de la selva”. Y presentó cuatro propuestas para mantener la paz en Medio Oriente. Las iniciativas incluyeron la adhesión al principio de coexistencia pacífica, respeto a la soberanía de los Estados, fortalecimiento del derecho internacional y coordinación entre desarrollo y seguridad.
Xi subrayó la necesidad de apoyar a los países del golfo Pérsico y de Medio Oriente en la mejora de sus relaciones, así como en la construcción de una estructura de seguridad común, cooperativa y sostenible. Asimismo, insistió en el respeto de la soberanía, seguridad e integridad territorial de los Estados de la región, junto con la protección de sus infraestructuras e instituciones. La agenda china, pues.
Según el conocido politólogo John Mearsheimer, profesor de la Universidad de Chicago, el bloqueo naval de EU contra Irán no solo no funcionará, sino que es contraproducente. Indicó que EU e Israel representan una amenaza existencial para Irán, por lo que no se debe creer que ante este peligro inminente “los iraníes levanten las manos y se rindan”. El experto en geopolítica destacó la dependencia de la economía global del petróleo iraní: “¿Por qué hemos permitido que el petróleo iraní salga al mercado petrolero mundial? ¿Por qué hemos eliminado las sanciones económicas al petróleo iraní? Y respondió: “Es porque necesitamos ese petróleo iraní en el mercado petrolero mundial para evitar que la economía mundial se precipite por un abismo”.
A continuación, lanzó un pronóstico aún más sombrío: “Estaría dispuesto a apostar que en poco tiempo los hutíes y los iraníes van a cerrar el mar Rojo, y no solo no se obtendrá petróleo y gas del golfo Pérsico y fertilizantes, sino que tampoco se obtendrán esos productos que salen del mar Rojo”. Según Mearsheimer, esto puede “forzar a la administración Trump a conceder finalmente la derrota ante los iraníes”.
La verdad de la milanesa
Más allá del soez y furioso ruido mediático emitido desde la Casa Blanca, dirigido a manipular y/o confundir a las audiencias y ensuciar la cancha para difuminar la realidad sobre la guerra de agresión a Irán (la política como espectáculo), ante el acelerado declive de la hegemonía imperial, Trump sigue una estrategia de preservación radical del mundo unipolar.
Tras su aparente comportamiento irracional se oculta una lógica perfectamente comprensible: se trata de una guerra total contra el mundo multipolar, con China como enemigo principal, Rusia como contradicción secundaria e Irán como adversario a vencer en la coyuntura. En su desesperada carrera contra el tiempo, Trump ha traicionado y/o dinamitado compromisos, líneas rojas, reglas, normas. Islamabad, sea lo que haya ocurrido, no tenía por qué ser la excepción.
En su agonía, la esencia del imperialismo estadunidense no ha cambiado un ápice. Trump sigue la misma política agresiva hegemónica de sus predecesores. Simplemente, ya no hay tiempo para las mentiras liberales y las envolturas democráticas. Y el narcisista Trump ha renunciado al disfraz diplomático y al velo humanitario. Sus ultimátums, métodos y formas de ejecución a veces histéricas y de una agresividad despiadada, no difieren en nada de las acciones de sus antecesores. Sólo que las presenta de manera más brutal, más salvaje y más burda; ergo, no propia del ámbito diplomático y extremadamente peligrosas.
Rodeado de sádicos mafiosos como los sionistas Jared Kushner y Steve Witkoff; aventureros fanáticos como el delirante secretario de Guerra, Pete Hegseth, y extremistas y fundamentalistas cristianos que lo veneran como el nuevo mesías, para Trump no hay aliados, sino vasallos y “besa culos”. Si no, que le pregunten a Pamela Bondi, Kristi Noem, la decena de generales purgados y a los súbditos europeos de la OTAN y los petroemiratos del Golfo. Aunque al fin y al cabo, Trump es un instrumento. Sigue un plan detrás del cual se esconde un Estado aún más profundo que aquel contra el que prometió luchar. Lo pusieron para llevar a cabo una misión sucia y violenta en el último y desesperado intento por salvar una hegemonía que se desmorona.
En el corto plazo, Irán libró con bastante éxito una dolorosa guerra defensiva asimétrica de desgaste contra el aparato militar imperialista y erosionó el monopolio discursivo trumpiano. En principio, logró reordenar la narrativa de la contienda; EU ya no puede imponer de manera unilateral las categorías mediante las cuales el conflicto se interpreta, jerarquiza y traduce en decisiones.
A pesar del negacionismo de Washington, con la presión sostenida sobre el estrecho de Ormuz, que derivó en la interrupción parcial de flujos de hidrocarburos y otros insumos críticos, impactando la economía mundial, las estériles conversaciones de Islamabad no se estructuraron a partir de la propuesta estadounidense de 15 puntos, sino de un esquema alternativo –los 10 puntos de Irán canalizados a través de la mediación paquistaní con el aval de China− que no actuó como contrapropuesta diplomática convencional, sino como condición previa de inteligibilidad del propio acuerdo.
Como dijo Xavier Villar en hispantv.com, en ese encadenamiento (que opera como un sistema integrado que articula lo nuclear, energético, militar y regional) no se produce sólo una variación de la correlación de fuerzas, sino una inversión en la jerarquía de producción del marco del conflicto, en la medida en que Irán no sólo resiste la presión, sino que define las condiciones bajo las cuales esa coerción puede traducirse en lenguaje negociador.
Los 10 puntos iraníes establecían un reordenamiento material del conflicto. La prohibición efectiva de cualquier acción militar directa o indirecta contra territorio iraní, ligada con una reducción progresiva de las bases logísticas del Pentágono en el golfo Pérsico, redefine el principio de disuasión estadunidense; lógica que se extiende a la esfera de influencia regional iraní, particularmente a actores no estatales (Hamás en Palestina ocupada, Hezbolá en Líbano, los hutíes de Yemen y las milicias iraquíes) integrados en su arquitectura de seguridad estratégica, y que limita la intervención indirecta (de Israel) en escenarios regionales secundarios, especialmente en Líbano.
Ormuz dejó de ser un punto de estrangulamiento (chokepoint) susceptible de control externo, para convertirse en una variable estructural regulada por Irán, donde la continuidad del flujo energético global no dependerá ya de la superioridad y el bloqueo naval de EU sino de la negociación permanente. Lo contrario desataría una crisis de dimensiones aún mayores.
En cuanto al enriquecimiento de uranio, no se legitima su expansión pero se acepta como infraestructura estable del Estado iraní, no eliminable por presión externa y sujeto a dispositivos de vigilancia no coercitivos. A la vez, la liberación de los activos iraníes congelados y el desmantelamiento del sistema de sanciones buscan romper el aislamiento y poner límites a la extraterritorialidad de EU, mientras la compensación por daños de guerra acumulados desplaza el conflicto desde la sanción a la reparación.
Así, términos como escalada, contención, disuasión o bloqueo dejaron de operar como vocabulario cerrado y no derivan ya de la narrativa totalitaria de Trump. Ormuz −la “bomba atómica” iraní, Dmitri Medvédev dixit− condensa esta transformación al pasar de punto de control a variable sistémica del orden energético global.
A nivel propagandístico, el otro punto de disenso es el uranio enriquecido. Si el equilibrio se mantiene, el conflicto se estabiliza como gestión prolongada bajo condiciones no unilaterales; si colapsa, la reescalada no reproduce patrones anteriores porque los umbrales operan conjuntamente, generando efectos no lineales. En virtud de sus capacidades militares asimétricas y sus ventajas estratégicas disuasorias, Irán parece no tener prisa.
El NYT sobre Trump y el ‘mundo libre’
En ese contexto y pese a estar impregnado de un lenguaje propio de la guerra fría, cabe consignar que el domingo 12 el Comité Editorial del New York Times volvió a cuestionar las justificaciones “endebles y contradictorias” de Trump para lanzar la guerra de agresión contra Irán, y atribuyó esa decisión al instinto visceral, ilusorio e imprudente del inquilino de la Casa Blanca, que se dejó llevar por el plan del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que había sido calificado “ridículo” por el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Según el periódico neoyorkino −que mañosamente individualiza las decisiones que toma un gobierno, que a su vez actúa en nombre de un Estado, para imputárselas a una persona−, la irresponsabilidad de Trump ha dejado a Estados Unidos al borde de una derrota estratégica humillante. El diario señala que Washington sufrió cuatro reveses, siendo el golpe más tangible el aumento de la influencia que Irán ha obtenido en la economía mundial al militarizar el estrecho de Ormuz, cuya reapertura forzosa requeriría una enorme operación militar que podría incluir soldados en el terreno y una ocupación prolongada. La falta de previsión de Trump respecto al estrecho revela una “incompetencia flagrante”, dijo el medio, y agregó que por ahora Irán parece haber ganado una ventaja diplomática con la que solo podía soñar hace seis semanas.
El segundo revés afecta a la posición militar de EU en el mundo. Esta guerra, junto con la ayuda reciente a Ucrania, Israel y otros aliados, ha agotado una parte sustancial del arsenal de algunas armas, como los misiles Tomahawk y los interceptores Patriot. El conflicto también reveló que el ejército estadunidense es vulnerable ante las nuevas formas de guerra (asimétrica). El tercer gran costo recayó sobre las alianzas de Washington: Japón, Corea del Sur, Australia, Canadá y la mayor parte de Europa occidental se negaron a apoyar a EU en esta guerra, algo que no es sorprendente, considerando el trato que Trump les ha concedido.
El cuarto revés afecta a la autoridad moral de Estados Unidos. Según el Times, valores como democracia y libertad, que han sido erosionados por Trump durante toda su carrera política, se deterioraron aún más la semana pasada, cuando profirió “amenazas detestables” sobre eliminar la civilización persa. Añadió que su secretario de Defensa, Pete Hegseth, hizo una serie de comentarios “sanguinarios”, incluida la amenaza de no ofrecer “ni cuartel ni piedad a nuestros enemigos”, lo que configuraría crímenes de guerra.
El editorial del NYT concluyó que Trump debería reconocer por fin “la ineptitud de su enfoque impulsivo y egoísta”, hacer partícipe al Congreso y buscar la ayuda de los aliados de Estados Unidos para minimizar los daños causados por “su” guerra. En buen romance, para reforzar la hegemonía de Estados Unidos, la nueva fase de la guerra imperialista contra Irán debería legitimarse con la autorización del Capitolio y un plan estratégico más eficaz para el estrecho de Ormuz.
Trump, ¿loco de remate o se hace?
En los últimos días, el comportamiento errático y las declaraciones deshilvanadas y a veces absurdas de Trump, han dejado a muchas personas con la impresión de que estamos ante un autócrata trastornado y con delirio de poder.
El lunes, la cadena MSNBC reseñó las declaraciones del exdirector de la CIA, John Brennan, quien se sumó a las voces que reclaman con creciente insistencia la destitución de Trump por “incapacidad para ejercer el cargo”. Brennan, quien dirigió la CIA durante la presidencia de Barack Obama, afirmó que a Trump se le debería aplicar la Enmienda 25 a la Constitución, relativa a la destitución involuntaria del presidente. Igual que el Times, dijo que sus “recientes y temerarias declaraciones” sobre la destrucción de la civilización persa y el peligro que representa para la vida de muchas personas, exigen su salida de la Casa Blanca.
Dijo: “Este hombre presenta un trastorno mental manifiesto. Creo que la Enmienda 25 fue escrita específicamente para Donald Trump”. Y subrayó que el mandatario “representa una carga tan grave que no se le puede permitir continuar como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, con el inmenso poder que ostenta, incluido el arsenal nuclear estadounidense”. El 7 de abril, el republicano había amenazado que “toda una civilización morirá esta noche”, si el gobierno de Irán no respondía a su ultimátum; una advertencia que Brennan calificó de alusión implícita al “despliegue de capacidades nucleares”.
Por su parte, el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, escribió en la red social X, que la guerra de agresión del 28 de febrero “no es la ‘Operación Furia Épica’. Llamemos a la política de Trump hacia Irán por su nombre: Operación Fracaso Épico”. El legislador por Nueva York acusó a Trump de estar enviando tropas a un “verdadero campo minado” mientras conduce al pueblo estadunidense a un “campo minado económico”. También criticó la postura de los republicanos en el Congreso, por negarse a adoptar una postura firme contra la guerra de Trump porque “le tienen miedo”. El senador concluyó afirmando que “el Congreso debe cumplir con su deber y asegurarse de que ningún presidente pueda arrastrar a este país a la guerra solo y sin consecuencias”. Y urgió: “Es hora de poner fin a la Operación Fracaso Épico”.
A su vez, la representante demócrata por Nueva York, Hakeem Jeffries, dijo que Trump está “desquiciado” y “fuera de control”. Y su homólogo de California, Ted Lieu, lo calificó “loco de atar”. Lo más sorprendente, es que los señalamientos sobre su estado psicológico pueden oírse incluso entre antiguos aliados ultraconservadores de Trump. Así, Candace Owens, la personalidad de podcasts de extrema derecha, lo llamó “lunático genocida”. Y Alex Jones, el teórico de la conspiración y fundador de Infowars, dijo que el presidente “balbucea y parece que al cerebro no le está yendo muy bien”. Ty Cobb, abogado de la Casa Blanca en el primer mandato de Trump, señaló que su ex jefe es “un hombre que está claramente delirante”, y que su reciente cadena de publicaciones beligerantes en las redes sociales a medianoche “reflejan el nivel de su locura”.
Según el diario británico The Guardian, en paralelo con la escalada retórica hostil y cargada de agravios de Trump, un número creciente de demócratas ha respondido al llamado de activar la Enmienda 25. Las últimas estadísticas de la cadena NBC News indican que más de 70 congresistas demócratas han reclamado la aplicación de esa modificación incorporada a la Constitución de EU en 1967. La enmienda faculta al vicepresidente y a la mayoría de los miembros del Gabinete para destituir al Presidente si éste es considerado “incapaz de ejercer los poderes y deberes de su cargo”. No obstante, la probabilidad de que ello se materialice es prácticamente nula, teniendo en cuenta la lealtad incondicional que profesan el vicepresidente J. D. Vance y todo el gabinete a Trump.
El divino Trump, León XIV y la “guerra justa”
El fin de semana Trump había lanzado, también, un ataque contra el papa León XIV y compartido una imagen con simbología religiosa en la que se presentaba a sí mismo como Jesucristo. En particular, Trump calificó al pontífice como “débil” ante el crimen y “terrible en política exterior”, y lo acusó de alinearse con la izquierda radical y actuar más como un dirigente político que como líder religioso. Además, sugirió que la elección del primer Papa de origen estadunidense estuvo influida por su propia presidencia. “Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano”, dijo, describiendo su nombramiento como una “sorpresa” y asegurando que la Iglesia católica lo eligió para gestionar mejor la relación con su administración.
En su imagen, generada por inteligencia artificial, Trump aparecía como una figura mesiánica que realiza sanaciones sagradas con la luz divina que emana de sus manos, junto a la bandera estadunidense y la Estatua de la Libertad.
Ambos hechos desataron críticas en los ámbitos político y religioso; sus declaraciones fueron consideradas “desquiciadas” y “abominables”, y su imagen remplazando a Jesús, como una peligrosa proyección de un “complejo de mesías”.
James Martin, un destacado sacerdote jesuita, escribió que si bien dudaba que el papa León XIV perdiera el sueño por el ataque antes de su peregrinación a África, “nosotros sí deberíamos, porque es una locura, una falta de caridad y un acto anticristiano”. “¿Acaso no hay límite para esta miseria moral?”, preguntó. A su vez, la representante Pramila Jayapal, demócrata por Washington, calificó las declaraciones de Trump de “desquiciadas y repugnantes”, y cuestionó si esto podría finalmente llevar al vicepresidente Vance a invocar la Enmienda 25 para destituirlo de su cargo. El reverendo Benjamin Cremer denunció que Trump se había presentado literalmente como Jesús y no estaba haciendo nada para acallar las acusaciones de ser el “anticristo”. Y ante el silencio de los seguidores religiosos de Trump, añadió una crítica mordaz: “Si algún presidente demócrata hiciera esto, los cristianos evangélicos implosionarían”.
El académico Michael Rectenwald, escribió: “Trump atacó al Papa y luego se hizo pasar por Jesús, todo en la misma noche. Esto apenas una semana después de que escupiera a los cristianos en Pascua. Trump se burla del cristianismo por orden de sus amos”. Por su parte, el comentarista político Pedro L. González afirmó que Trump “atacó al Papa y publicó una imagen de sí mismo como Jesucristo el mismo día por una razón: tiene un complejo de mesías y entiende correctamente que su movimiento es un culto a la personalidad en el que él es el líder político y espiritual”. González afirmó que Trump está sometiendo ahora a sus seguidores “a una prueba de fe para ver si su lealtad está con él o con el Dios que dicen que está por encima de todos los demás”.
Consultado por CBS News, Trump explicó por qué, en medio de su enfrentamiento con León XIV, decidió eliminar de sus redes sociales la polémica imagen suya en la que se asemeja a un Jesucristo sanador. Dijo: “Normalmente, no me gusta hacer eso. Pero no quería que nadie se confundiera. La gente estaba confundida”. Asimismo, sostuvo que su intención era proyectar la figura de un médico, no la de Jesús.
Durante una entrevista concedida a CBS News, los cardenales estadunidenses Cupich, McElroy y Tobin, afirmaron que según las enseñanzas de la doctrina católica, la conflagración contra Irán no cumple los criterios de una “guerra justa”. Consultado sobre si el conflicto puede considerarse legítimo, uno de los purpurados respondió de forma categórica: “No. Según las enseñanzas católicas, esta no es una guerra justa”. La doctrina establece condiciones claras: una guerra debe tener un objetivo concreto orientado a restablecer la justicia y la paz, no responder a múltiples intereses. “Estamos en presencia de una guerra ‘de elección’, la cual refleja un patrón más amplio de conflictos continuos,” señaló.
En declaraciones a los periodistas en un vuelo a Argelia antes de una gira de 10 días por varias naciones africanas, León XIV, dijo: “No le temo al gobierno de Trump, ni a hablar en voz alta del mensaje del Evangelio, que es para lo que creo que estoy aquí”. Al preguntarle directamente por los comentarios de Trump en Truth Social (la llamada “red social de la verdad” propiedad del magnate), el Papa respondió: “Es irónico: el propio nombre del sitio. No se diga más”. Y añadió: “Seguiré hablando alto y claro contra la guerra, tratando de promover la paz, fomentando el diálogo y las relaciones multilaterales entre los Estados para buscar soluciones justas a los problemas. Demasiadas personas sufren en el mundo hoy. Demasiados inocentes están siendo asesinados. Y creo que alguien tiene que alzar la voz y decir que hay una mejor manera”.
El miércoles, León XIV hizo una enérgica condena a la violencia, las guerras, la injusticia y las mentiras en el mundo y reafirmó que Dios “no está con los malvados, con los prepotentes, con los soberbios”. Trump no se quedó callado: compartió en Truth Social una imagen en la que aparece junto a Jesucristo. “Puede que a los lunáticos radicales de izquierda no les guste esto, pero creo que es algo bastante lindo”, rezaba la publicación.
El pontífice ha criticado los ataques de Trump contra Venezuela e Irán, y pareció distanciarse de los esfuerzos de Pete Hegseth, secretario de Guerra, por presentar la campaña estadunidense-israelí contra Irán como una misión cristiana. Las declaraciones del pontífice coincidieron con un momento en el cual el presidente Trump y miembros de su administración invocan elementos religiosos para justificar la ofensiva castrense. Fanático por naturaleza, Hegseth, quien ha dejado claro que cada misil que Estados Unidos dispara, cada bomba que lanza, cada iraní que mata, es por Jesús, promueve desde el Pentágono un evangelio de masacre. En ese contexto, fue difundido un video donde Trump aparece en el Despacho Oval acompañado de pastores orando en apoyo a la guerra.
El conflicto con León XIV podría ir mucho más allá de la polémica pública y tener consecuencias políticas dentro de EU, afectando a la base electoral de Trump y al equilibrio de fuerzas dentro del Partido Republicano. En Estados Unidos viven más de 53 millones de católicos, lo que representa alrededor del 20 % del total de votantes. En las elecciones de 2024, Trump logró el apoyo del 55 % del electorado católico. Sin embargo, la actual escalada retórica contra León XIV podría complicar las relaciones de Trump con este grupo clave, especialmente en vísperas de las elecciones intermedias de noviembre próximo.
Al menos ocho miembros del gabinete de Trump son católicos, incluyendo al vicepresidente, J. D. Vance, y al secretario de Estado, Marco Rubio. La situación se complica aún más por el hecho de que ambos están considerados como los candidatos republicanos más probables para las elecciones presidenciales de 2028. En declaraciones a Fox News, Vance restó importancia a la imagen de Trump caracterizado como Jesucristo, diciendo que el mandatario la había publicado a modo de broma. Rubio aún no ha hecho comentarios sobre el tema.
¿Aprontes de invasión terrestre?
Al cierre de esta edición de Mate Amargo, Rusia advirtió que Estados Unidos e Israel podrían estar usando las conversaciones de paz para preparar una operación militar terrestre contra Irán, mientras el Pentágono continúa aumentando el número de tropas en la región. Citando datos del Comando Central de EU, el Consejo de Seguridad de Rusia afirmó que actualmente hay más de 50 000 militares estadunidenses desplegados en Medio Oriente. Esa cifra incluye 2 500 elementos pertenecientes a la 11.ª Unidad Expedicionaria de los Marines, más de 1 200 efectivos de la 82.ª División Aerotransportada, así como fuerzas especiales Delta y el 75.º Regimiento de Rangers.
El informe también aborda la presencia aérea y naval: aproximadamente 500 aeronaves de la Fuerza Aérea de EU están estacionadas en bases de Asia Occidental, de las cuales más de 250 son aviones tácticos. Asimismo, la Armada mantiene más de 20 buques de guerra desplegados en aguas de la región.
Según el Consejo de Seguridad ruso, si las negociaciones entre Irán y EU no logran un acuerdo para poner fin a la guerra, las hostilidades podrían reanudarse con mayor intensidad en un plazo de dos semanas.
En cuando a la preparación iraní para una eventual reanudación de la contienda, el Consejo señaló que la República Islámica conserva una importante capacidad armamentística, lo que contradice las afirmaciones de las autoridades estadunidenses e israelíes sobre la destrucción de buena parte del potencial de combate del país.
(*) Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Capítulo México)
(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capitulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos, y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales y ha sido premiado por más de 40 veces en su país y otros países.