Donald Trump: el empresario devenido en Leviatán

0

Por Ricardo Pose (*)

Dibujo, Adán Iglesias Toledo (**)

 

El político y estratega militar chino Sun Tzu, enseñaba que para combatir al enemigo había que llegar a conocerlo, tanto como a uno mismo.

Tanto como conocer sus tácticas en el campo de batalla, resultaba fundamental conocer su pensamiento, su visión de organización de la sociedad, sus intereses inmediatos y a futuro.

Algunos analistas políticos se vienen sumando a una campaña que busca denostar la imagen del Presidente de Estados Unidos Donald Trump, aludiendo a los problemas de salud mental de una persona de 80 años, y anuncian como una victoria cercana, que la baja de su popularidad y la posible derrota en las elecciones de noviembre del 2026, implican poco menos que el fin del imperialismo de Estados Unidos.

Nada de esto tomaría Tzu como un análisis serio, y lo ubicaría dentro de una campaña que, a pesar de alguna pirria victoria propagandística o de cierto alivio ante lo inconmensurable,  mella las armas de la batalla estratégica.

“Yo soy Napoleón”

Muchas personas internadas con graves alteraciones en su salud mental, se hicieron famosos porque creían ser Napoleón; esa imagen al menos era parte de la leyenda urbana y del imaginario colectivo, cuando se quería describir a un loco, o dar un ejemplo de locura.

Esta no parece ser la situación de Trump.

Pero analicemos algunas conductas que se califican de locura, término que es utilizado para sustituir en el mundo actual lo que se ha impuesto como, lo “políticamente correcto”.

Lo primero es recordar que Donald Trump fue electo presidente por segunda vez, luego incluso de su primera gestión y de su asonada contra Biden.

Trump encarna no solo un programa reaccionario que representa a una buena parte del electorado, por lo tanto de la sociedad política de Estados Unidos, sino también  a las derechas que en Europa y en nuestro continente, vienen logrando triunfos electorales o mayor presencia parlamentaria.

Lo “políticamente correcto” en el discurso político (ese niño mimado del progresismo), cuando no coincide con los hechos, es catalogado por ciertos sectores de la sociedad sin distinción de clase, de que en la política son todos iguales, y buscan el discurso que rompa la naturalización de una “armonía política” que les suena a hipocresía, cuando los anuncios, no coinciden con la gestión (sobre todo si esa gestión no llega a los bolsillos)

Agréguese a eso, lo atractivo que resulta un discurso confrontativo para los sectores de pensamiento nacional chovinista, patriarcal, etc., etc.

Si fuera en el sur del continente, Trump sería un caudillo del siglo XXI, la encarnación de un liderazgo político que ofrece cuestiones materiales tangibles.

El empresario

La presencia en la gestión política de empresarios tampoco es una originalidad de Trump, pero importa comprender porque ciertos sectores de la sociedad, toman ese origen como un valor político casi determinante.

En el caso uruguayo, recordar la presencia de importantes empresarios durante el gobierno de Jorge Pacheco Areco en 1968, y otros.

A lo largo del tiempo, la política, y buena parte de la izquierda, ha dejado de ver con malos ojos, la participación política directa de integrantes de las burguesías u oligarquías.

En una sociedad en general donde ha desaparecido la estabilidad y la seguridad del mundo laboral, para los propios sectores empresariales, pero también para los sectores proletarios, un empresario exitoso, da ciertas garantías de manejo de la economía o de planes de reconstrucción de la misma, siendo parte integrante del elenco político.

La fortuna de Donald Trump se estima en U$S 6.500 millones de dólares, (según la revista Forbes). Este patrimonio neto lo posiciona entre los más ricos del mundo y se ha visto impulsado recientemente por el valor de sus inversiones inmobiliarias, su participación en empresas de redes sociales y el crecimiento de sus proyectos en criptomonedas.

A grandes rasgos, su riqueza se divide en activos inmobiliarios, empresas de redes sociales, criptomonedas y otros negocios como licencias y clubes de golf, siendo alguna de sus importantes inversiones:

  • Bienes Raíces: Su imperio inmobiliario está tasado en aproximadamente U$S1.100 millones de dólares, e incluye propiedades de gran valor comercial como la Trump Tower en Nueva York, Mar-a-Lago en Florida y varios hoteles y campos de golf alrededor del país.
  • Trump Media (Truth Social): A pesar de la volatilidad del mercado, gran parte de su patrimonio más líquido y cotizado proviene de sus acciones en Trump Media & Technology Group, la empresa matriz de Truth Social.
  • Criptomonedas y otros negocios: Durante su mandato, sus proyectos ligados a activos digitales han sumado cientos de millones a su cartera, mientras que los negocios de licencias y otros activos superan los U$S2.500 millones.

Si uno analiza las propuestas de “acuerdos de Paz” como el ofrecido a Palestina, resulta hasta ridículo que ese plan contenga una propuesta de inversión inmobiliaria; podía dar la tónica de un empresario que hace de la reconstrucción de lo devastado por la guerra su negocio, y es justamente eso.

Tampoco es originalidad de Trump, es el esquema del Plan Marshall luego de la segunda guerra mundial.

Leviatán

Por sus propios méritos o el de sus asesores, así como Trump entendió como inversión financiera y herramienta política la importancia de las tecnologías de la comunicación,  también entiende el rol del desarrollo tecnológico en el campo militar.

Es su momento histórico de acceder a la IA como la nueva herramienta revolucionaria en el campo de las confrontaciones bélicas, que lo hacen tener esa conducta explícitamente beligerante.

El uso de nuevas armas no conocidas y por lo tanto no convencionales contra el gobierno revolucionario de Venezuela, la participación junto a Israel en el genocidio palestino y la guerra contra Irán, y la amenaza de invasión militar a Cuba, se fundamenta en ésta nueva etapa histórica, que diferencian a Trump de las conductas belicistas desde Nixon a la fecha.

Lo fundamenta su gente de MAGA, explícitamente en el documento de su reelaborada estrategia de Seguridad Nacional: la reposición del dominio estadounidense basado en el poder de su ejército.

Y ese poder militar, que como en el juego del WAR o el cajón de arena, impone su retaguardia militar en territorio latinoamericano, es lo que está sembrando Trump, apostando a perpetuar la hegemonía yanqui más allá de su propia existencia.

Es el impulso del proyecto Palantir en la Patagonia argentina, el desarrollo militar de la IA que suplantará el escenario de una guerra nuclear.

Trump no pasa de ser dios del Mercado a dios de la guerra solo por su propia voluntad y poder político de sus huestes; lo hace porque ha coincidido con un momento histórico en la lucha de clases que le ha sido favorable.

En el plano internacional, lo obsoleto de los mecanismos de funcionamiento político de los organismos internacionales, también obran a su favor.

La prudencia rusa y la paciencia china, le dan margen; Europa se ha convertido en el abuelo rezongón de Estados Unidos, en el que igual confía como reservorio y defensor de la cultura occidental.

Entre el espasmo y la agonía

Desde hace muchos años que se viene anunciando la crisis existencial del imperialismo yanqui, idea que se refuerza con la anhelada derrota política de Trump.

Yo prefiero caracterizar la etapa de espasmo, esa contracción repentina pero que de ninguna manera pone en peligro, en el breve plazo, su existencia.

Trump no parece tener el mejor horizonte electoral para las elecciones de noviembre, pero ya viene de la derrota ante Biden hace años atrás.

En todo caso, la medición debería centrarse más en las posibilidades futuras de MAGA, de Marco Rubio, que un Trump donde es la biológica, más que la política, que puede determinar su derrota.

Para los intereses de la soberanía de nuestros pueblos, la ancestral política imperial de Estados Unidos no terminará con la derrota política de Trump, ni con el triunfo del líder demócrata que incluso pueda representar a las minorías de las minorías yanquis.

Estados Unidos, la sociedad de mayor consumo energético per cápita del mundo, le quedan según estimaciones de la OPEP, 5 años de extracción de sus propias reservas petroleras.

No parece estar en los planes ni programas de los partidos políticos estadounidenses, orientar una baja del consumo ni abandonar la tecnología que dependa del combustible fósil (entre ellas la de guerra).

Pero además, toda la tecnología basada en los data center, también va en búsqueda de otros recursos naturales.

En breve síntesis, post Trump, hay imperialismo para rato de la peor calaña y no tener este escenario asimilado, pone en riesgo la soberanía de aquellos países intervenidos por Estados Unidos, que viven la injerencia con la ilusión de que el imperialismo caerá por sus crisis autóctonas.

La pulseada

A pesar de todo lo dicho, y aludiendo a uno de los mayores descubrimientos de nuestros pueblos originarios sobre los conquistadores, “los dioses sangran”.

Sin embargo, hasta el momento, como condicionados por una determinante histórica, los procesos de liberación de nuestros pueblos se dieron cuando los imperios no pudieron sostener su presencia fundamentalmente militar y política, por tener otros frentes militares abiertos.

Estados Unidos viene arrastrando una dura batalla geopolítica en el campo de la influencia económica por parte de China.

China y Rusia fundamentalmente, representan para Estados Unidos poderosos enemigos como en su momento lo fue,  para el reino de España, la Francia Napoleónica.

No es aventurado afirmar que a la hora de mover las fichas geopolíticas, en Trump prevalece su condición de empresario.

Sus definiciones económicas se basan en el proteccionismo: con la implementación de aranceles estrictos a la importación para proteger la industria nacional y reducir el déficit comercial; la Desregulación con la reducción de los controles gubernamentales corporativos y de las regulaciones ambientales para incentivar la inversión y la producción energética nacional, acompañado de recortes fiscales, mediante el mantenimiento y extensión de recortes de impuestos a corporaciones e individuos para estimular el crecimiento interno.

Posiblemente sea el gasto militar el que se le ha ido de los planes, pero seguramente también lo valore como una inversión si logra adueñarse del acceso a los recursos naturales.

Para los pueblos del Sur global, por el momento,  la tarea es enfrentar el trumpismo, y a los trumpístas dentro del sur, porque en política,  nada cae por su propio peso.

 

(*) Ricardo Pose, es Periodista en: Mate Amargo, Caras & Caretas, Ceiba Periodismo con Memoria; Coordinador WEB Telesur; Columnista de El Otro País, periódico España; y radial en Cadena del sol (Rocha-Uruguay), Radio Gráfica de (Bs. As.-Argentina), Voces en Conversa (Maracaibo-Venezuela). Blog personal «El Tábano». Participa en Foros de debates de Lauicom (Universidad de la comunicación Venezuela). Integra la RedH capítulo Uruguay y la Dirección (suplente) del Sector Prensa Escrita de la Asociación de la Prensa Uruguaya (APU)

(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capítulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales, y ha sido premiado más de 40 veces en su país y otros países.

Comments are closed.