El derecho a volver a empezar

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Por Diego Duarte Calleja (*)

 

Hace un tiempo conversaba con una persona que después de muchos años había vuelto a visitar el lugar donde vivió buena parte de su juventud. No había regresado prácticamente nunca y tenía bastante curiosidad por volver a recorrer aquellos lugares, pasar por la casa donde había vivido, ver qué comercios seguían estando abiertos, cuáles habían cerrado, si reconocería a alguien, etc.

Me contó algo que me quedó dando vueltas. El lugar estaba, más o menos, como siempre. Algunas casas habían cambiado, otras no, había comercios nuevos, calles diferentes y personas que naturalmente ya no estaban, porque se habían mudado o fallecido. Pero lo que más le había llamado la atención era otra cosa, se había pasado años imaginando que algún día volvería y, cuando finalmente lo hizo, descubrió que aquel lugar que tanto recordaba ya no existía. O por lo menos no existía como él lo recordaba.

Pienso que algo de esto nos pasa a todos. Solemos creer que podemos volver. Volver a una casa, a una ciudad, a un trabajo, a una relación, a una época en donde fuimos felices. Decimos incluso frases como: “quiero que todo vuelva a ser como antes”. Pero ¿se puede realmente volver? ¿Podemos regresar a algún lugar después de veinte años y pretender encontrar aquello que dejamos? Creo que no.

Pienso que algunas veces, más que volver necesitamos, pasar raya y empezar de cero.

Esto me hizo acordar a La buena suerte, la novela de Rosa Montero publicada en 2020.

Rosa Montero nació en Madrid en 1951 y es una de las escritoras españolas contemporáneas más conocidas. Periodista, novelista y ensayista, ha escrito una cantidad importante de libros. Entre ellos.: La loca de la casa, La ridícula idea de no volver a verte, La carne, El peligro de estar cuerda y, por supuesto, La buena suerte.

En esta última novela Pablo Hernando viaja en tren cuando, por alguna razón que al principio no conocemos del todo, decide bajarse en Pozonegro, un pequeño pueblo bastante dejado. Desde la ventanilla el personaje, ve un apartamento en venta y termina comprándolo. Así, de golpe. Un hombre con una vida aparentemente resuelta decide quedarse en un lugar que no conoce, en un apartamento bastante feo, frente a unas vías de tren en un barrio abandonado. Uno leyendo se pregunta: ¿Por qué alguien haría algo así? Sin dudas eso engancha al lector a prestar atención.

Poco a poco vamos conociendo la vida de Pablo y entendiendo que no está simplemente buscando un lugar donde vivir. Hay cosas de las que escapa, otras que no puede cambiar y algunas con las que tendrá que aprender a vivir. En Pozonegro conoce a Raluca, una mujer que también carga con su propia historia. No quiero contar mucho más porque vale la pena leerla.

Pero La buena suerte me dejó pensando en algo bastante, ¿tenemos derecho a empezar de nuevo?

La pregunta parece fácil. Por supuesto que sí, podríamos contestar. Sin embargo, no estoy tan seguro de que en la vida real nos resulte tan sencillo hacerlo, al menos como lo imaginamos

 Hay personas que siguen viviendo durante años marcadas por algo que hicieron, por una decisión equivocada, por una relación que terminó mal, por un trabajo que perdieron, por una oportunidad que dejaron pasar o por cosas bastante más graves. A veces son los demás quienes no nos permiten salir de determinado lugar. Pero otras tantas somos nosotros mismos. Nos cuesta aceptar que aquello que hicimos forma parte de nuestra historia, pero no necesariamente tiene que determinar todo lo que viene después.

También sucede algo curioso con la edad. Cuando somos jóvenes parece que podemos empezar de nuevo todas las veces que queramos. Cambiamos de carrera, de trabajo, de ciudad, conocemos gente, terminamos relaciones y comenzamos otras. Después, no sé muy bien cuándo, empezamos a sentir que algunas decisiones son definitivas. He escuchado expresiones como: “Ya estoy grande para esto”. “A esta altura no voy a cambiar”. “Tendría que haberlo hecho antes”. “Ahora ya es tarde”. ¿Tarde para qué?

Conozco personas que han cambiado completamente de trabajo después de los cincuenta años. Personas que volvieron a estudiar siendo grandes, que se fueron a vivir a otro lugar, que encontraron pareja después de pensar que no volverían a tenerla, etc.

No siempre empezar de nuevo significa hacer algo extraordinario. No hace falta vender todo e irse a vivir a otro país, o recorrer el mundo, como esas historias que aparecen cada tanto en las redes sociales. A veces empezar de nuevo puede ser algo bastante más pequeño. Volver a estudiar, pedir perdón, dejar un trabajo que no nos gusta o nos afecta, comenzar una actividad que siempre quisimos hacer, alejarnos de un vínculo que nos hace mal, llamar a alguien o simplemente cambiar alguna cosa de nuestra vida con la que hace años no estamos conformes.

Claro que tampoco podemos empezar completamente de cero. Pablo no llega a Pozonegro convertido mágicamente en otra persona. Lleva consigo todo lo que vivió. Y quizá ahí esté una de las cosas que más me gustaron de la novela. Empezar de nuevo no significa borrar lo anterior. No podemos borrar nuestra historia. Tampoco creo que debamos hacerlo. Podemos cambiar de ciudad, cambiar de trabajo, comenzar otra relación, pero lo anterior no desaparece por arte de magia. Podemos intentar corregir algunas cosas que hicimos mal, pero no podemos hacer como si nunca hubieran pasado, eso sería sencillamente mentirnos.

Entonces empezar de nuevo quizá es empezar desde donde estamos hoy. Con nuestras cosas buenas y malas, nuestros aciertos, errores, pérdidas, personas que ya no están, oportunidades que dejamos pasar y también con aquello que todavía tenemos por delante.

La buena suerte habla mucho de todo esto, pero también habla, obviamente, de la suerte. De las cosas que nos pasan sin que las hayamos elegido y de qué hacemos después con ellas. Porque uno puede planificar muchísimo la cosa, organizarse, imaginar dónde estará dentro de cinco o diez años y tomar decisiones pensando que más o menos tiene todo bajo control. Hasta que nos pasa algo, bueno o malo, pero nos pasa; y nos cambia los planes.

Quizá la buena suerte no consista solamente en que nos pasen cosas buenas siempre, porque es difícil que eso nos suceda. Tal vez también tenga que ver con encontrar, después de algunas cosas malas, un lugar desde donde volver a empezar.

No desde cero, sino desde donde estamos.

 

 

(*) Diego Duarte Calleja es Licenciado en Trabajo Social (Facultad de Ciencias Sociales– Universidad de la República). Especialista en Estudios Urbanos e Intervenciones Territoriales por Facultad de Ciencias Sociales (UdelaR) y Doctorando en Estudios Urbanos por la Universidad Nacional de General Sarmiento UNGS de Bs As Argentina.

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