Una poética de los oprimidos

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           (Presentación del libro de Neri Mutti: “El loco Manuel y poemas”) 

 

Por Marina Cultelli(*)

 

Comenzaremos por situar al autor en su contexto, mencionando que sus palabras dan testimonio de una época en que, siendo integrante del MLN Tupamaros, luchó por hacer la revolución en nuestro país. Sin embargo este no es un libro cuyo género sea el testimonio. Existe pues una evocación a la memoria de aquellos años que atraviesan sus páginas. Prevalece el amor en sus mejores textos. Estamos pues, situados ante un autor, un militante cultural, que convoca una politicidad inherente a sí mismo.

Más allá de que todos somos seres políticos, en su condición humana, aquí nos encontramos frente a un hecho revelador, que resulta en sí mismo, inquietante. En la contratapa, ustedes verán que el propio autor se define a sí mismo como un militante político. “Practicaba las ideas de la Teología de la Liberación. Se integró al MLN” ; y fue preso político “durante 13 años”. El autor es alguien que “hasta hoy sigue siendo integrante de dicha organización”, y “un luchador social comprometido con los destinos de los pueblos de la Patria Grande”, sueño de Artigas. En la tapa se señala que lo escrito “Expresa esa cosa que tenemos dentro, que ama, que sueña, que imagina caminos, que odia el respeto a lo establecido.” Habría que añadir: a lo establecido por la hegemonía reaccionaria de las derechas conservadoras, y también contra el respeto de establecimientos burocráticos que las izquierdas suelen establecer y que no siempre constituyen nobles caminos imaginados ni menos aún soñados.

¿Porqué comenzar con reflexiones situadas en la propia definición del autor sobre sí mismo? ¿Qué nos indica esta obviedad?

La primera observación corresponde a una persona que para hablar de sí mismo menciona 3 cuestiones muy importantes, tal vez fundantes de este libro: 1) La Teología de la Liberación. 2) Su espacio de militancia política como militante, 3) El amor de su esposa y familia.

En ese hablar de sí mismo, como si se tratara de una modestia equivocada, el propio autor invisibiliza el quehacer de su escritura cómplice, como si la misma asumiera una clandestinidad que hoy corresponde a otra época. Hoy cuando las redes sociales, los trols y las fake news nos invisibilizan, es preciso levantar el estandarte de agitación y propaganda de todo lo que hacemos, como una forma de re-existencia.

 

  1. La Cultura como un derecho

Antes que todo debemos aclarar una cuestión inherente, constitutiva de la cultura en nuestro país.

El paradigma desde el cual me sitúo está constituido por el derecho a la cultura, concebido este derecho no solo por mejorar y maximizar el acceso a la misma.

La Ley de Cultura aprobada en nuestro país durante el gobierno de Mujica enfatiza no solo hacer más accesible la cultura, y para ello necesariamente descentralizarla, sino que hace prevalecer el derecho que tiene todo ser humano a ser PRODUCTOR de cultura. En virtud de estos aspectos vemos que el libro que presentamos es en primer lugar, una producción cultural de un autor del interior del país.

 

“La poesía debe ser hecha por todos”

Vale recordar a la “Generación del 45” (integrada entre otros intelectuales y poetas brillantes, por la excelencia de la obra de Idea Vilariño, Benedetti, Ida Vitale, Ángel Rama, Onetti), que cuestionó las narrativas de opresión dominantes y hegemónicas, con gran elocuencia, profundidad intelectual, agudeza de sentido crítico y exquisita sensibilidad poética.

Pero también hay una última situación que vale recordar aquí, es la siguiente acción artística cuya politicidad rebasó los cánones existentes hasta el momento, que le faltó el respeto a lo establecido por la ilustre, pródiga, rica y crítica influencia de la “Generación del 45.” Se trata de lo siguiente: Cuando Clemente Padín, artista que fue preso político en dictadura durante años, reconocido internacionalmente, hacedor de múltiples performances que llegó al museo Reina Sofía, en el año 2008, al principio de su quehacer artístico realizó en 1970, en el hall de la Facultad de Humanidades una performance titulada “La poesía debe ser hecha por todos”: validó la expresión por la palabra en su intencionalidad poética como derecho humano y convirtió  al espectador participante de la acción poética en creador. Fue en 1970, que un gran artista poco conocido en los ámbitos no artísticos reconoció y defendió la poesía como un bien público y como un derecho de todos.

Es necesario aclarar que ambas posturas, la de la “Generación del 45” y la de Clemente Padín, son igualmente pertinentes, valientes, paradigmáticas y poseen un profundo sentido creador, poético y político.

 

El proceso. Lo colectivo

Como plantea H. Read, sostener la más amplia libertad de expresión a través de la palabra escrita, es una dimensión necesaria en el aprendizaje de todo ser humano, y es parte inherente a la totalidad de la expresión por el arte.

Además, es preciso comprender que esta formación puede ser autodidacta, pero nunca es en soledad. El ser humano aprende y se forma y forja sus conocimientos en comunidad. Por lo tanto, si Neri Mutti desarrolló su creatividad es porque hubo una colectividad acorde, impulsora, transgresora, multiplicadora, que agenció su pensamiento, lo agudizó en conjunto y educó su sensibilidad. “Mi poesía no existe si estoy solo”, dice.  Habría que preguntarle al autor: ¿Es entonces este libro producto de la interacción con los otros; de aquellos personajes sencillos, de situaciones históricas críticas por las que atravesó el MLN Tupamaros, aquí mitificado en sus valores de heroicidad no buscada?

La expresión creadora inherente al ser humano y su integración a la vida humana es constatada por el autor que elige la expresión por la palabra como baluarte de la memoria, como un  acto de libertad creativa y de defensa de la verdad como justicia. He aquí un valor cultural y educativo, tal vez excesivamente didáctico.

Por supuesto que es necesario dar fe de lo inseparable: la evidencia de una dependencia creativa de la ideología que produce el discurso, dentro de una estructura narrativa donde el autor organiza sus textos. Es preciso reconocer una estructura narrativa subyacente de forma directa, como si se tratara de un estilo periodístico. Es allí donde se sitúan las palabras que integran lugares comunes, colectivos: “patria”, “compañero”, “lucha”, “mundo nuevo”, “pueblo”. Estamos, pues, frente a un acto donde el compromiso político, social, ideológico, se expresa a través de la palabra y busca denunciar injusticias. Con ello el autor parece intentar mover el pensamiento y el sentir de quien leerá estas páginas con el objetivo de transformar la lectura en otro acto creador hacia la reflexión y el compromiso social y político, a partir de la identificación con el texto.

La práctica de la lectura del mundo, la lectura de la realidad, que antecede a las palabras, como diría Freire, estimula el desarrollo de las capacidades creativas. Para aprender del arte hay que practicarlo y es su práctica lo que da sentido a su creación. Esta acción genera una autoexpresión y apreciación que posibilita el encuentro consigo mismo, donde la persona se encuentra con su subjetividad creadora, y esto es eminentemente transformador y, a la vez, un acto de resistencia cultural. Al encontrarla se une a su singularidad dentro de una comunidad que también resiste, se transforma en la lectura, y le da sentido. El ser en su expresión creativa, es un ser social. Recordemos tres actividades específicas: la autoexpresión, la observación e intervención en la realidad y la apreciación. La autoexpresión en su práctica nutre la intención de comunicar emociones, sentimientos. La observación de la realidad posee el rol de herramienta con que la persona se vincula sensiblemente (no de cualquier forma), sensiblemente con aquello que pervive en su cuerpomemoria. Por último está el lugar que ocupa la justa apreciación de aquella actitud del autor que respeta y valora críticamente otras expresiones artísticas.

Cabe aclarar además que: quien culmina la obra de cualquier obra escrita siempre es el lector. Por lo tanto la escritura de Neri Mutti se concibe como un ejercicio que, como ya dijimos no es solipcista, sino una propuesta liberadora de expresión de la subjetividad  de quien escribe.

 

Artivismo

El propio autor nos brinda los elementos que él considera sustanciales dentro del universo de su propia subjetividad creadora. Es por este motivo que esta presentación se centra en el Artivismo como respuesta activista (militante) dentro de la expresión, como manifestación creativa del autor.

Nos encontramos ante la palabra usada como instrumento, como otra práctica militante dentro de una creación popular, que asume al pueblo como contingente, como comunidad  co-creadora de este quehacer. Es en este sentido que la lectura nos propone acercarnos a la definición contemporánea de ARTIVISMO, ya que esta obra pretende ser una intervención política sobre la realidad, vista desde un punto de vista específico, la vida militante del autor, que como sujeto político se expresa a través de lo que hoy, dentro de las estéticas contemporáneas, llamamos artivismo.

Hoy, donde le estamos jugando una partida a la IA, este libro es un acto de resistencia. Propongo esta resistencia como táctica, como proyecto. Ello concibe un compromiso, ser cada día con mayor conocimiento, luchar dando la batalla del conocimiento y de la calidad estética, no sólo en la poesía sino en todos los ámbitos del arte. Pero por sobre todo de los saberes populares, de aquella cotidianidad de una vecindad memoriosa, de aquella comunidad irremplazable que nos da sentido para vivir.

Por otra parte, a través de la expresión liberadora del arte inherente a todo ser humano propongo que si todos hiciéramos arte y nos manifestáramos a través del arte se reduciría considerablemente el poder hegemónico de la IA, porque el SER humano se distingue de los animales entre otros factores porque puede crear arte, hecho que es inherente a su resistencia y re- existencia.

Una poética de los oprimidos

El artivismo ya mencionado nos convoca a la relación entre arte y política, tema que se vincula a una Poética de los Oprimidos.

Finalmente después de dialogar con el autor, vale citar a Paulo Freire: “Sería una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollen una forma de educación que proporcionase a las clases dominadas percibir injusticias sociales de manera crítica”. Si existe una pedagogía de los oprimidos, podemos decir aquí que también los pueblos son portadores de una poética, no para los oprimidos, sino de los oprimidos. Vale recordar el “Teatro de los oprimidos”, de Augusto Boal. Para continuar pensando en una poética de los oprimidos, este libro, nos acerca por este camino, ya que podríamos inscribirlo dentro de lo que hoy inauguro como una poética de los oprimidos, categoría que integra las diferentes estéticas de los oprimidos. Son potencialidades de reconocimientos, de resistencias para ser abrazadas, leídas, y seguir construyendo juntos, senderos próximos de libertad.

 

De ese pan

Sabes qué quieres

preguntas ¿por dónde?

 ¿por dónde?

El camino ¿Cuál es?

quieres tener tú el camino

por acá, por allá, saber el futuro

Te amordaza esa tarea imposible

Estudias y estudias,

aprendes, aprendes

Todo se complica

Más sé, más me ato

Más sé, más dudo

Más sé, más me alejo.

Da un paso, solo uno

con todo eso, con todo lo que sabes

ciegamente,…metete en la vida

Mira las caras, los ojos y las manos

huele sus ropas y sus camas.

Si esas caras no te dicen

si esos ojos no te hablan

si esas manos no te duelen

si su aroma lo rechazas

No se lee como se ama

el aroma más humilde

es el de la esperanza

Si así entiendes la vida

intelectual de esta hora

te quiero allí en la trinchera

solo allí serás aurora

No será tuya la gloria

porque a eso te convoco

levadura de ese pan,

de ese pan

 

(*) Marina Cultelli, es Licenciada en Artes Escénicas en  el ISA, Cuba, Magister en Educación por Udelar. Fue asesora en Educación y Arte del MEC durante el primer gobierno progresista. Posee reconocida y extensa trayectoria artística, como dramaturga y directora teatral, poeta. Ha realizado exposiciones de pintura y performances,   audiovisuales, trabajado durante décadas en la docencia del arte y más de veinte años también como docente en Facultad de Artes llegando a integrar órganos directivos en dicha institución.  Ha impartido cursos, seminarios y conferencias en distintas universidades  de América Latina: Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Cuba.

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