Tres horas de ida

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Por Juana Francisca Gómez(*)

 

Griselda Mendieta es productora rural familiar de la zona de Canelón Chico. Con ella conversamos sobre el rol actual de la mujer rural, las condiciones de posibilidad y  perspectiva de una agenda propia que vale la pena traer al ruedo.

 

Mate Amargo – ¿Desde cuándo sos productora rural?

Griselda Mendieta – Para que tengan una referencia, Canelón Chico está ubicado entre Sauce y las Piedras, exactamente a la mitad de donde vivo yo. Es una zona rural.

Tengo plantación de higos, membrillos, viña, manzana, durazno. Como verán, no me falta casi nada. Trabajo desde que tengo siete años en el campo con mi papá.

El primer trabajo que hice él me mandaba a manejar el buey en cosecha de uva, lo que se llama la vendimia. Mientras yo hacía eso, él sacaba los cajones. Desde esa época siempre he trabajado en el campo. Después me casé a los 18 años con un productor rural y seguí en lo que sé hacer y me gusta, que es trabajar en el medio rural.

 

M.A. – ¿Y actualmente?

G.M. – Me gustan todos los trabajos, desde que empieza la planta hasta la cosecha, todo el proceso lo hago junto a mi compañero. Tengo dos hijas, ya adultas, casadas, ellas no están en el medio rural, estudiaron. Yo digo que son mi mejor cosecha. En los tiempos que yo podía haber estudiado, mis papás no me dejaron ir porque en esos tiempos el único ómnibus que había pasaba tres veces al día y no quedaba bien visto que una niña de 12 años estuviera todo el día en la ciudad. Así que me encerraron en mi casa y no estudié.

Además de trabajar, en el tiempo de ocio me gusta la parte social, juntarme con otras mujeres, en la Fomento nos encontramos y se arman los grupos.

M.A. – ¿Qué proyectos están desarrollando?

G.M. –  Ahora estamos en Transformadora, por la parte vitivinícola. Es la primera vez que sale un grupo de mujeres en este programa. Somos trece mujeres, con el propósito de hacer vino de la cepa Albariño, envasarlo y posteriormente venderlo. Así que estoy embarcada en ese proyecto y muy contenta. Es un proceso, cada una en su predio va a tener una plantación de esta cepa, INAVI, ayudar a plantar media hectárea. Ya pudimos registrar la marca. Aunque la mayoría de nosotras  somos veteranas, estamos pensando en el futuro, nos parece una muy buena opción, porque es una uva que se paga muy bien. Es una uva blanca que no da muchos kilos, porque bueno, hay que ralear para que tenga su buena aireación y su buena maduración, por supuesto que salga sana de las pestes que siempre hay en los viñedos. Es un racimo chico.

La que tengo ahora es la que se llama uva de mesa, es la Moscatel de Hamburgo, son esas uvas grandes y rosadas. Con la uva hay que tener mucho cuidado para que no se enferme, porque si la planta se enferma se pierde todo, en el caso de la uva no se puede salvar nada, no madura y se pudre. Las rosas que se plantan cerca de la vid porque avisan: si la rosa está enferma, la planta está enferma también.

M.A. – ¿Qué otras cosas producís?

G.M. – Tengo membrillos, es una planta que da muchos kilos. Ha tenido sus problemas de consumo, fresco no se consume mucho por más que se ha luchado para que la gente lo conozca y aprenda a cocinar con él. A veces no saben cocinarlo, entonces se está tratando de hacer campaña con ayuda del Ministerio y la UAM con la “Lista Inteligente” que promueve la comida saludable y de estación.

En exposiciones y ferias se regala la fruta a la gente con una receta hecha por Hugo Soca que ha apoyado para que aprendan a usarlo fresco. La venta a la industria es muy escasa, además, no te pagan ni 10 pesos el kilo, con lo caro que sale producirlo. Es un rubro que es muy difícil, muchas veces se tira.

Hace cinco años nosotros donamos para una ONG y la Intendencia de Canelones coordinó para repartir más de 20.000 kilos que de otra manera iban a quedar en la planta.

Vinieron voluntarios a ayudarnos a juntar, en una fábrica se hizo dulce y se llevó a los jardines y escuelas primarias. ¿Sabés qué? ¡Era tan lindo entregarlo! Había niños locos de la vida con un pedacito de pan con dulce. Eso valió el esfuerzo de todo el trabajo que llevó producirlo. Así pasa con el boniato, pasa con muchas cosas, tomate, hay gente que prefiere tirarlo antes de darle a la gente.

Nosotras cuidamos el suelo, cuidamos todo, eso es una de las cosas que conversamos cuando nos reunimos con las mujeres, decimos: vos le convidas una fruta a alguien que viene y el aroma y todo lo que tiene, no es ni parecido a lo que se puede comprar por ahí.

También hago dulce de higo. Lo vendo a principios de febrero, el higo no lo curo, lo riego bien para sacar un higo de buen tamaño. El tema del riego es un tema, pude hacer una laguna con un fondo que gané. La producción de higo la envío a una fábrica que queda a unos tres kilómetros de donde vivimos, ahí lo seleccionan, envasan y lo llevan a grandes superficies, no te pagan un montón pero te pagan.

 

M.A. – ¿ Y tus vecinos también producen lo mismo?

G.M. – Nosotros somos vecinos con otro señor que también es quintero. Frutícola vamos quedando muy poco. Es muy caro producir y la gente no lo consume. Vamos quedando dos o tres nomás. La mayoría es hortícola y tienen invernáculos.

Nosotros tenemos cuatro quintas, en una tenemos unas vaquitas y un toro que heredamos de mi suegro. Esto también ayuda a solventar todo lo demás. Porque te contaré que para que te paguen la vaca, como te dicen en la tele, tiene que tener más de tres años y pesar 300 kilos o más. Tenés que vender un animal bien, un animal vacunado, con su buen pelaje o sea que te lleva tres años o más tener ese animal. Además de plantar pasto, en invierno hay que darle forraje, agua y abrigo. A una vaca hay que darle atención, no la podés dejar que coma pasto mojado porque se descompone, tiene que estar seca, no es tirar una vaca ahí para que paste y ta, como dicen algunos.

 

M.A.-  ¿Qué rol tiene la mujer en la ruralidad hoy?

G.M. – Las mujeres, no solo la rural, sino la mujer en general, no llega a tener empleo de importancia, a ser parlamentaria, por ejemplo, y el tema ahí es el tiempo de cuidado. La que no tiene el abuelo, tiene el suegro, tiene la mamá, hijos en la escuela o los hijos adolescentes.

En el 2015 fue la primera reunión de mujeres rurales. Eso ha cambiado un poco en estos años. Ahora muchas son jefas de hogar. Tienen su plata y no tienen que depender del compañero, del hermano, que le den algo. Ahora tienen su vaca, tienen su invernáculo o tienen su pedazo de viña. Eso hace que tengan su plata y entonces se manejan diferente.

Pero el tema de cuidado es un tema en el debe. El Sistema de Cuidados no llega al medio rural, porque cuatro horas en este medio son insuficientes, porque no es subir a un auto y en 10 minutos estás en algún lado. Además no todas tienen auto. En el medio rural debería ser de 8 horas, que cuiden por ejemplo a los abuelos. La mujer está muy atada. Para algunas llegar al primer pueblo cerca les lleva tres horas de ida.

La generación mía, la mayoría quedó así con primaria, nos hemos esforzado para que las hijas tengan otro porvenir, si lo quieren. Algunos se han quedado trabajando en el campo y les gusta, pero otros no tuvieron la oportunidad de elegir. A veces ni se pueden quedar porque el campo no da lo suficiente para mantener a dos familias entonces igual se tienen que ir.

Por otra parte se pide tierra para las mujeres, y también que exista una co-titularidad de la tierra en algunos casos.

Para las mujeres jóvenes es importante que tengan acceso a todo lo que tiene que ver con reproducción humana asistida y lo que es el cuidado ginecológico. Hay una ley pero se está notando que en el campo no llegan a hacerse los controles.

Hay mucha violencia basada en género en el medio rural, y está escondida por eso mismo, porque queda lejos todo, porque muchas de las veces la autonomía no le alcanza a la mujer y tiene que quedarse ahí.

 

M.A.- ¿Estos temas se conversan?

G.M. – Se conversan. Ahora los talleres que vamos a hacer son de información de todas esas cosas que repercuten a la mujer y a la familia. Esos talleres siempre están.

¿Y sabes qué es lo bueno de eso?, muchas de las veces hay gente que lo está sufriendo en silencio y ahí pude hablarlo. He participado varias veces en grupos de mujeres y es como que está todo perfecto, pero cuando ya están en confianza y las técnicas están escuchando, sienten un respaldo, se ponen a llorar y cuentan. Ahí salen muchísimas cosas.

Después que se van de ahí y no sabés, las jóvenes de 30 y algo que están a veces con dos o tres gurises y se van para el medio del campo, vos no sabés de verdad cómo está viviendo esa mujer después que se fue.

 

(*) Juana Francisca Gómez es escritora y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)

 

Apuntes para seguir la conversación:

 

Agenda de Mujeres Rurales 2026

https://www.gub.uy/ministerio-ganaderia-agricultura-pesca/sites/ministerio-ganaderia-agricultura-pesca/files/2026-10/Agenda%20%2B10.pdf

 

Instituto Nacional de Colonización

https://www.colonizacion.com.uy/tierra-de-mujeres

 

Voces de mujeres rurales organizadas 2015

https://www.gub.uy/ministerio-desarrollo-social/sites/ministerio-desarrollo-social/files/2020-10/agendamujeresdigitalweb.pdf

 

Lista inteligente

https://www.listainteligente.uy/listainteligente

 

Película Tejedoras

https://www.retinalatina.org/peliculas/tejedoras/

 

https://www.mateamargo.org.uy/2025/11/09/sosteniendo-la-tierra/

 

https://www.mateamargo.org.uy/2025/11/23/cuantas-vueltas-da-el-arado/

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