Por Claudia Suárez Delgado (*)
Contamos con la presencia de Rita Segato en Uruguay para participar de la ceremonia de apertura, en el Palacio Legislativo, del 9º Congreso de Extensión Universitaria de AUGM (Asociación de Universidades Grupo Montevideo), celebrado bajo el lema «Extensión y sociedad: diálogos emancipatorios para construir lo común».
A partir de allí diferentes actividades se fueron sumando a su agenda como el curso de Posgrado “Pensamientos incómodos en tiempos de crueldad”, organizado por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República (Udelar) y el Área de Sociología de lo Común / Doctorado en Sociología. La conferencia en el Instituto de Profesores Artigas “Los derechos humanos en América Latina: una lectura en clave antropológica y feminista”, la participación en el coloquio impulsado por el proyecto Democracias Desafiadas en el Siglo XXI en el edificio de posgrado de la Facultad de Derecho de la Udelar.
Además de las actividades organizadas en el marco de los espacios académicos principalmente de UDELAR, la presencia de Rita Segato habilitó un Encuentro de Mujeres políticas, invitada por la Bancada Bicameral Femenina, realizada en el salón de actos del Palacio Legislativo y que convocó a mujeres de los partidos políticos integrantes de esta bancada.
Este artículo, sin pretensiones de neutralidad, rescatará algunas de las ideas vertidas por Rita que desde mi entender aportan a la reflexión y comprensión de fenómenos que transitamos.
Las ideas son los bloques que construyen la estructura que nos permite conocer, comprender y de esta forma modificar el espacio que construimos día a día, por tanto en el acuerdo como en el desacuerdo el intercambio de pensares y sentires en la búsqueda de una vida más justa y sana, es siempre bienvenido.

A Rita se le ha definido su pensamiento como incómodo, nombre de su cátedra en la Universidad de San Martín (ella cuenta que le generó mucho enojo al inicio este nombre), por su lado en la Universidad de Guadalajara la cátedra Rita Segato se plantea “como pensamiento en conversación”.
La antropóloga insiste en el valor de la palabra, poner nombre, poder explicitar las cosas, poder decir aquello que ya se sabía pero no podía ser comunicado. Desde este postulado ha trabajado nombrando las estructuras de poder, sus actos, brindando visibilidad a aquello que sostiene los sistemas.
Siempre recuerda que el feminismo no es una lucha por las mujeres sino contra un sistema patriarcal que se impone sobre la vida de todas las personas, dañándolas de diferentes formas. “El feminismo y las propuestas de las mujeres no son para las mujeres contra los hombres. Son por la vida y por la humanidad de todo hombre, mujeres, bichos, plantas.”
Para ejemplificar las violencias, que funcionan como herramienta de sostén y reproducción de este sistema, apela a la idea del iceberg, donde uno puede ver los picos visibles del mismo (violencia física, feminicidio, abuso sexual) pero esta violencia se sostiene en todo el hielo que queda invisible por debajo generando la estructura de sostén. Hace alusión a las microviolencias que las mujeres viven en los espacios públicos a la hora de asumir la palabra, relatando como ella misma vivió cuando recibía un premio académico como uno de los señores presentes no paraba de bostezar a la hora que ella asumió la palabra, contando también la ovación que recibió cuando le planteó al Sr. que podía retirarse de la sala porque era notorio que no se sentía bien y que estaba extremadamente cansado. La ovación se debía a que estas conductas de desprecio y minimización eran frecuentes en esta persona hacia las mujeres.
Plantea como estas violencias no son actos que los varones realicen por placer, únicamente por motus propio, sino que cumplen con un mandato. “El violador no es un ser anómalo porque la mayor parte de las violaciones son hechas en grupos, más del 50%, y aún cuando el violador esté solo, tiene un interlocutor en sombras, o sea, en su paisaje psíquico existe un observador, existe un compañero, existe alguien que le exige que haga algo, existe alguien ante quien tiene que rendir un examen.” Esto se da en un marco donde “La masculinidad es un título, no es un dato de la naturaleza, es un título que los hombres tienen que adquirir. O sea, hay exámenes de masculinidad.” Los varones se ven obligados todo el tiempo a demostrar su hombría, so pena de quedar en un rol pasible de violencia, es por esto que ella habla de un pacto patriarcal que además de obligar a fidelidad y silencio, para proteger a sus congéneres, les exige demostrar que no tienen características femeninas. Esto priva a los varones de su sensibilidad, de disfrutar de tareas de cuidado y autocuidado.
En esta narrativa del poder y la crueldad advierte sobre el cambio que toda la humanidad está haciendo hacia la lectura de «La bondad es un defecto, la compasión hoy para mucha gente es un defecto. Esto es lo que estamos viendo en el mundo: la razón humanitaria en absoluto declinio.». De esta forma nos invita a pensar como la pedagogía de la crueldad ha modificado la forma en la que percibimos las cosas y cuánta violencia somos capaces de soportar.
Plantea “Hay una humanidad sobrante hoy, una humanidad que es disfuncional con el capital, con la acumulación y concentración, y debe desaparecer.”, en ese marco la máquina de odio funciona descartando grandes cantidades de población, esta situación la ha llevado a declarar que no desea ser más llamada como “humana”, porque entiende que en la medida que somos capaces de convivir con genocidios (como los que se llevan a cabo en Palestina) ella no desea pertenecer a la categoría de humano.
Desde el inicio de sus investigaciones, la mirada sobre los racismos ocupa un espacio importante en su reflexión. “La raza no es del cuerpo, la raza no es del sujeto, la raza no es de la persona. La raza es una relación.”, de esta forma ella trae como el racismo se juega en el vínculo y trasciende las características de la persona racializada, para Rita la raza no está en el cuerpo: está en el ojo que mira.
“La raza no es una realidad biológica sino una atribución histórica posterior a la conquista. Es una categoría inventada para estabilizar la extracción de plusvalía de los cuerpos vencidos: al biologizar la condición del conquistado, se vuelve mucho más difícil la movilidad social. La raza está en el ojo que mira y en la historia de derrota que ese ojo conoce, no en los rasgos físicos de la persona racializada.”
Para ella «La plusvalía racial y la plusvalía de género son mucho más estables, permanentes y difíciles de modificar que la movilidad de clase.», rescatando estos ejes como estructurales de la explotación.
Esta mirada racializada y patriarcal no solamente es visible en aspectos económicos, sino también en la producción y circulación de saber. La academia continúa siendo eurocéntrica y de esta forma continúa respondiendo a los intereses del varón, blanco.
Rescata cuatro teorías producidas en América Latina que han logrado romper la hegemonía del norte sobre el sur: la pedagogía de Paulo Freire, la teología de la liberación, la teoría de la dependencia y la colonialidad del poder de Quijano. Aunque también alerta del bajo nivel de circulación de estas y el poco reconocimiento a sus aportes.
En el encuentro de mujeres políticas Rita diferenció «la política» presente en las instituciones, parlamentos y leyes…de «lo político»: lo que se transforma en los vínculos, los comportamientos y la convivencia. No resta importancia a los derechos conquistados, pero advierte sobre la distancia entre la norma y su apropiación social de lo que se conquista, en esa medida la fragilidad de los avances en derechos y muchas veces las leyes vacías por falta de designación presupuestal, por ejemplo.
En el marco de “la política”, muchas veces nominado como política partidaria, plantea a las mujeres presentes que “Los cargos tienen género”, muchas veces las mujeres (yo agrego también otras subalternidades), para poder ejercer un cargo, ser parte, terminan siendo ocupadas por el cargo, obligadas a mostrar características del rol hegemónico que se supone debe detentar ese poder.
Para ella las transformaciones históricas ocurren con los pies en la tierra y no desde el Estado. Entiende que las revoluciones que intentaron tomar el Estado fracasaron todas. La historia real cambia cuerpo a cuerpo, palabra a palabra, en las relaciones cotidianas. Pone especial atención en el desafío de imaginar otras formas de poder, de vínculos, nuevas formas de entender la felicidad.
“Con más vínculos y menos cosas somos en realidad más felices. Hay que darnos cuenta cuánta felicidad viene de la vincularidad”
En este sentido plantea que la familia nuclear como modelo y la reclusión de los cuidados a su égida, implicó una pérdida de poder para las mujeres y una pérdida de centralidad a las actividades que hacen a la reproducción de la vida. Que quedaron enmarcadas en lo privado, advierte los cuidados “casa adentro” como pérdida de poder de lo femenino, poniendo en contraposición otros modelos comunitarios.
Nos dice “El cuidado es político, maternar es político, es tejer la piel ética, la sensibilidad ética.» y llama a centralizar la lucha poniendo atención en los aspectos que hacen a los vínculos y la vida.
A continuación compartimos tres de las charlas brindadas por Rita Segato en estos días.
(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología, ceramista, especialista en Gestión Cultural, militante en organizaciones de la economía solidaria, feminista, integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim, parte del colectivo Libertadoras antifascistas.uy