Varones antipatriarcales.

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Un encuentro que busca ser semilla.

Por Claudia Suárez Delgado(*)

El próximo sábado 8 de agosto se llevará a cabo en el Centro Cultural de Ciudad de la Costa el 1° Encuentro de varones antipatriarcales. Los tres colectivos organizadores son  Varones por la igualdad, la Red Masculinidades uy y el colectivo VARRA Varones antipatriarcales por la reflexión, revisión y acción.  El cupo es para cien varones y está casi agotado.

Conversamos con Geru Aparicio Aviña y Rodrigo, ambos organizadores del encuentro, les pido que se presenten y me cuentan:

Geru Aparicio es psicóloga con un magíster en victimología y un magíster en derechos humanos, especialista en masculinidades. Feminista defensora de derechos humanos, representante del punto focal de la red de masculinidades Uruguay, de MenEngage, que es una organización global. También es la presidenta de la red global MX, Capítulo Uruguay, que es toda la comunidad de mexicanos y mexicanas en Uruguay. Por su parte Rodrigo decide presentarse diciéndonos: “yo soy Rodrigo, soy uruguayo, viví unos años en Buenos Aires, no tengo títulos académicos, no terminé el liceo. Soy feminista, participo en el colectivo Varra, Varra con V, Varones Antipatriarcales por la revisión, reflexión y acción. Nos conformamos hace dos años más o menos, tenemos talleres mensuales para trabajar la masculinidad, trabajar sobre nuestra masculinidad cotidiana y la afectación hacia terceras personas, sobre todo a mujeres”

Al preguntarles sobre cómo surge este encuentro, me cuentan que todo empezó con un picnic. A principios de año, el colectivo Varra hizo su habitual juntada de enero en el Parque Rivera. Vinieron compañeros de Varones por la Igualdad y llegaron con una propuesta: hacer un encuentro nacional. «Nosotros dijimos que sí, inmediatamente», dice Rodrigo. La primera idea era hacerlo en Minas, lejos de Montevideo, para descentralizar. La logística lo complicó. Canelones quedó como el punto de equilibrio: accesible desde distintos departamentos, fuera de la capital pero no demasiado lejos. Ya hay varones confirmados de varios departamentos del interior y ya están por cubrir los 100 cupos planificados.

«Para mí es de mucha emoción», dice Geru Aparicio Aviña, «porque viene siendo una apuesta ciudadana. Hombres que están interesados en la despatriarcalización y que a partir de sus convicciones están buscando transformar una masculinidad machista.»

La convocatoria apunta a la diversidad de recorridos. Apunta a los que empiezan a percibir que el modelo viejo ya no les funciona. «El modelo de masculinidad tradicional, machista, está siendo obsoleto y poco funcional en este momento histórico», dice Geru. El encuentro propone mesas temáticas, espacios conversatorios horizontales y los participantes eligen a cuál ir según sus intereses: uno sobre sexualidad y feminismo; uno sobre violencia y cómo afecta a los propios varones además de a mujeres, niñeces y personas de la diversidad, uno sobre violencia simbólica y las posturas machistas que están en la cultura; y una mesa feminista, cofacilitada por la coordinadora de la Red Uruguaya contra la violencia doméstica y sexual Raquel Hernández, la directora del Paso: Andrea Tuana, especialista en abuso sexual infantil y trata, y Noelia Millán del área de salud de la Intendencia de Canelones.

En el formulario de inscripción se invita a los varones a elegir entre cinco grupos temáticos: El orden patriarcal y el machismo en sus expresiones cotidianas; Las violencias y la muerte están en nuestras manos: ¿cómo las impedimos?; Género, política, violencia simbólica y batalla cultural; Conversando en el boliche sobre sexualidad y el modelo dominante de la hombría; Relaciones de los varones igualitarios con los feminismos y el movimiento de la diversidad.

«Nosotros estamos plenamente en la oscuridad», dice Rodrigo. «¿Cuándo son puros varones? No sabemos nada. Entonces la forma de encontrar un camino es que el feminismo nos guíe. Si no, arrancamos por cualquier parte.»

El ENVAI (Encuentro de Varones Antipatriarcales hacia la Igualdad) tiene postura ética política feminista. Hay encuentros de hombres sin esa interlocución que terminan derivando en lo que Geru llama «victimización masculinista»: los discursos de falsas denuncias, de varones unidos contra el sistema. El ENVAI elige explícitamente otro camino.

Rodrigo dice: «Yo he sido violento. Cada día que pasa soy menos violento. He discutido, dejado de hablar, hecho gestos que no eran violencia física pero sí eran violencia. Y los elijo cambiar.» Nos cuenta que cuando dice eso en público, le caen. Los varones se sienten tocados, heridos. «Yo digo que somos todos violentos, todos tenemos hechos de violencia, y me matan», dice. «Se sienten tocados en que ellos son santos.»

Usa una metáfora para explicarlo: si nadie te dijo que tocar el timbre cinco veces está mal, lo tocás cinco veces. No porque seas malvado, porque nadie te dijo que eran dos. «Si uno me dice dos, toco dos y listo. Ahora, si nadie me dice nada, toco el timbre hasta que me aburro. Y así vivimos la vida.» y continua poniendo ejemplos: El chiste de que la mujer no sabe dónde queda la cocina. Dicho una vez: chiste, dicho tres veces: violencia. «Es un hecho de menospreciar a la mujer. Pero está muy naturalizado.» Llamar a la compañera «la bruja”, hablar de «la mía» como si fuera una propiedad. Cosas pequeñas, constantes, acumuladas. Eso es lo que el encuentro intenta nombrar.

Nos cuenta también que le gusta andar de pollera. En su casa, en Barrio Sur, con «los trogloditas del barrio», prefiere salir en jean. «No tengo ganas de andarles explicando. Mi masculinidad sigue siendo mi masculinidad. No cambia por lo que tenga puesto.»

Uno de los temas centrales del encuentro es la salud mental y también la física.

«Es muy difícil encontrar varones que cuiden su salud física», dice Rodrigo. Él va al médico una vez por año, un chequeo general. «Me cuesta, me lleva mucho tiempo” y recuerda que su padre nunca se hizo un control. Un día cayó. «Tener un problema de salud, sos un débil», dice. «No estás bien visto en la machosfera. El varón es una máquina que produce sin parar.»

Geru plantea las estadísticas de autoeliminación, de consumos problemáticos, de homicidios, de accidentes. Todo eso, visto desde el enfoque de género, se explica en buena parte por el mandato de masculinidad. «Esta autodeterminación de reconocerse como un tipo de hombre es en menoscabo al propio individuo de manera integral.»

Los varones no pueden decirle a un amigo que están mal en el laburo, en casa, con lo que sea. «Nos enseñaron que nuestra única emoción o sentimiento válido que podemos expresar es la violencia», dice Rodrigo. «O en el fútbol, donde las masculinidades se desdibujan un poco. Dos varones se besan festejando un gol y después si lo ven desde afuera de la cancha no lo entienden.»

Rodrigo tiene un solo amigo varón con quien habla de verdad. Vive en Buenos Aires. Cuando se juntan, no hablan de fútbol aunque los dos son de River. Hablan de la familia, de los hijos, de los proyectos, de lo que les pasa. «Le digo te quiero. Con él sí. Con ningún otro.»

El encuentro se hace en un contexto en que los organizadores comparten la preocupación por el retroceso y el aumento de discursos antiderechos. «Vamos viendo que cada vez va creciendo e identificando en esta machosfera los intereses fascistas de la ultraderecha», dice Geru. «Cómo a partir de una legítima molestia masculina ante el contexto, se están aprovechando y, a partir del algoritmo, monetizan.»

Aparecen los nombres de Andrew Tate, ya detenido por abuso de menores, violación, trata. El Temach y su “Modo guerra” en México. El asesor de Milei. Y en Uruguay, Pablo Laurta, el hombre que cometió femicidio y homicidio y que había construido una audiencia con discursos de ese universo.

«Los jóvenes caen en eso. Se prenden y empiezan a seguirlo», dice Rodrigo. Los varones de hasta 25 años son, en su lectura, los más de derecha, los más fachos. Las mujeres jóvenes, al revés: más de izquierda, con pensamiento más crítico y más empático. «Los varones pensando en ellos, en su universo. Las mujeres con crítica social, con pensamiento empático hacia la sociedad.»

El problema no es sólo ideológico. Es que el plan de vida que les ofrecen a esos gurises no funciona. «No es real, no es sano, no tiene viabilidad», dice Geru. «Y entonces la propuesta no es chocar con ellos sino tener conversaciones honestas, cercanas, respetuosas. Darles herramientas de análisis crítico. Las pedagogías de la esperanza, las pedagogías del oprimido de Freire.» No se trata de adoctrinar. «Siéntate y ten conversaciones honestas. No de ir a convencerlos. El algoritmo facho ya implementó su virus. Nosotros tratamos de generar, en esa metáfora, no una vacuna, pero sí una herramienta de análisis crítico.»

El encuentro intenta desterrar la idea de que el feminismo le quita algo a los varones. «Habilitar esos mismos privilegios a todas las mujeres no nos cambia porque no perdemos nada», dice Rodrigo. «Es una ampliación, no una pérdida. Es una apertura. Si logramos reconocer eso tenemos un avance enorme.» Y que lo que las mujeres han construido sin esos privilegios —la capacidad de charlar, de vincularse, de pedir ayuda, de cuidarse— es algo que los varones tienen que aprender.

«La sensibilidad, el poder charlar, el poder exteriorizar lo que te pasa», dice Rodrigo. «Tener esa facilidad de encontrar una oreja que te escucha y la facilidad de soltarlo. Tenemos que aprenderla los varones. Y si no lo miramos en estos ámbitos, no lo vamos a poder aprender. En la cancha lamentablemente no se ve.»

El 24 de octubre del año pasado, los colectivos marcharon. En la plaza Independencia, leyeron una proclama. La frase que la resumía era: “nos hacemos cargo”.

«Esa es la parte sustancial de ser antipatriarcal», dice Geru. «Que los compañeros varones asuman la parte de ser el representante social del privilegio patriarcal. Es la línea base para empezar la despatriarcalización.» La fecha responde a una marcha de hombres contra la violencia realizada en el año 2006, convocada por el entonces intendente Erlich. El plan es repetir la marcha este año también.

«Hay muchos varones que quieren ser parte de este proceso y se sienten muy solos», dice Geru. «No encuentran el espacio para estar con otros.»

El ENVAI quiere ser ese espacio. Me cuentan que no es el primero, en 2019 hubo un Encuentro Latinoamericano de Varones Antipatriarcales en Parque del Plata, plurinacional, que la pandemia cortó en 2020. Después del encuentro, los tres colectivos van a publicar las memorias. Quieren presentarlas en un evento abierto, con medios, en el espacio Colabora. La idea es darle visibilidad, acostumbrar el oído de la gente a que esto existe. «Eso habilita, da permiso a otros», dice Geru.

La aspiración es que el ENVAI sea una iniciativa de largo aliento. Que el próximo año sea en otra ciudad, que rote, que se descentralice de verdad. Que cada varón que pase por los talleres se convierta, en sus palabras y en sus ambientes, en una semilla. «No se trata de ir a adoctrinar a nadie», dice Geru. «Sino a tener conversaciones honestas. Porque finalmente hay posturas que son a favor de la vida y hay posturas que no lo son.»

Los comentarios en las redes, cuando hacen notas, son terribles: que somos homosexuales, que buscamos mujeres, que nos paga no se sabe quién. Rodrigo dice, ya no les presta atención. «Si se molestan, estamos haciendo ruido.»

El ENVAI se realiza en el Centro Cultural Ciudad de la Costa, Canelones. Para inscribirse pueden llenar este formulario bit.ly/inscripcionenvai

o informarse en las redes del encuentro Instagram : https://www.instagram.com/envai2026?utm_source=ig_web_button_share_sheet&igsh=ZDNlZDc0MzIxNw==

 

 

 

(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología,  especialista en Gestión Cultural, ceramista, integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim, parte del colectivo Libertadoras antifascistas.uy

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