Por Carlos Novoa (*)
Portada Adan Iglesias Toledo (**)
En el complejo escenario actual de Venezuela, con la abierta intromisión norteamericana en los asuntos internos del país, pensar el arpegio de escenarios de futuro posibles resulta sumamente complejo. La realidad del país, a influjos de la acción combinada de las fuerzas externas, los terribles desastres naturales que lo ha azotado este año y las poderosas fuerzas internas, resulta cambiante y sumamente compleja.
El intelectual venezolano Luis Britto García habla de Venezuela como un protectorado en el momento actual. Y este es, sin dudas, uno de los principales elementos que condiciona cualquier escenario para el país. La capacidad de las fuerzas ocupantes para conducir el destino nacional en el marco de sus intereses imperialistas y la capacidad del modelo político que construyan con ese fin para contener el disenso y la contradicción internos. Ahora, cualquier proyección tiene que contar, indefectiblemente, con el hecho de que pase lo que pase en las elecciones de medio término en Estados Unidos y sea quién sea el presidente electo en 2028, el control de los recursos naturales de Venezuela es un viejo anhelo bipartidista que no va a variar. Las opciones están dentro del espectro de enfrentarse a este control, intentar negociar aspectos puntuales con el fin de lograr ciertas concesiones o acomodarse dócilmente a él.
Gestionar la transición
El escenario actual pudiera dilatarse por un período de tiempo más o menos prolongado. Tanto Trump como la presidenta encargada coinciden en su discurso de que el país no está preparado para elecciones, contrario a los reclamos de numerosos sectores de la oposición. Esta situación pareciera responder a una doble realidad: la falta de un liderazgo real con capacidad aglutinadora en la oposición y la existencia de una mayoría popular chavista que no admitiría fácilmente el retorno de oportunistas políticos y operadores norteamericanos como María Corina y Edmundo González.
La continuidad del liderazgo chavista resuelve el tema de la contención de las fuerzas populares al tiempo que se configura el nuevo régimen de sujeción que permita a Estados Unidos incidir decisivamente en los destinos de la nación por un período indeterminado de tiempo. Los acuerdos petroleros anunciados y los que seguramente vendrán en otros órdenes de la economía nacional, la presencia militar norteamericana en el país, incluyendo operadores militares sionistas, las visitas de los servicios de inteligencia y de diferentes carteras dentro de los Estados Unidos, que se han ido sucediendo en Venezuela con regularidad, son parte del ejercicio de construcción de esta red de dominación sobre el país.
Normalizar esta realidad, al tiempo que comienzan a abandonarse los símbolos del chavismo revolucionario, incluyendo los reclamos por la libertad del presidente legítimo Nicolás Maduro, contribuye a la creación de un status quo que facilite, en un futuro no muy lejano, una transición en el país. Transición que debe ser “pacífica y ordenada”, para no afectar los millonarios intereses petroleros norteamericanos en la nación.
Para Washington, sin dudas, la transición ideal sería pasar de un gobierno chavista a un gobierno firmemente en manos de la oposición. Aquí choca con dos problemas fundamentales, que ya hemos comentado antes. El primero es la falta de liderazgo en la oposición. Décadas de desgaste, subordinación al extranjero y corrupción han llevado a la oposición venezolana a ser una sombra con escasa base social. Derrotas como la de Capriles en 2013 frente a Nicolás Maduro, experimentos desestabilizadores y violentos como la mayoría ganada en la Asamblea Nacional en 2015, que llevó al país la violencia de las guarimbas, el violento intento de golpe de estado en 2019 seguido del escape de su cabecilla Leopoldo López, el saqueo consumado de los recursos del país bajo el ridículo experimento Guaidó y la farsa de María Corina y Edmundo González, incluyendo la abyecta actitud de María Corina con Trump en todo momento, han vaciado completamente las filas de la oposición. Sobre todo, luego de sucesivos escándalos que han expuesto el latrocinio de estos individuos y grupos en torno a los recursos públicos del país y al dinero aportado por Estados Unidos y otros gobiernos europeos para la subversión.
A raíz de la agresión perpetrada el 3 de enero de 2026, ansiada por importantes sectores de esta oposición apátrida, hemos visto numerosas solicitudes y propuestas de acuerdo con la potencia ocupante. María Corina ha cruzado todos los límites de la abyección con tal de ser tomada en cuenta por Donald Trump y el cadáver político de Henrique Capriles ha vuelto a deambular por los barrios humildes de Caracas atormentando a sus moradores.
El segundo obstáculo de Washington en sus planes es la fortaleza institucional y social del chavismo, lo cual pudiera llevar a la administración Trump a buscar dentro de este movimiento un sustituto moderado que continúe la agenda de acomodamiento y sujeción, manteniendo de cara a las bases una cierta apariencia de militancia y rebeldía. Esto, que sobre el papel parece fácil, no lo es tanto en la realidad.
Las bases del chavismo se han educado en décadas de militancia antiimperialista. Chávez jugó un importante papel en la formación de la conciencia y la educación revolucionaria del pueblo venezolano, en sus largas alocuciones televisadas, programas, intercambios con representantes de diversos sectores de la sociedad venezolana, etc. Desde esa perspectiva están midiendo las fuerzas revolucionarias en el país el accionar de las diferentes estructuras gubernamentales. Un paso en falso, una actitud abiertamente lesiva de la dignidad nacional (que se sume a la ya dolorosa impronta de la invasión del 3 de enero), o la simple acumulación de cambios cuantitativos que apuntaba Hegel, pueden llevar a la agudización de la confrontación y a un escenario de resistencia popular abierta al imperialismo norteamericano que no es, todavía, el que tiene hoy el país.
Otro elemento a tener en cuenta son las propias fuerzas armadas venezolanas, en cuyo seno hay miles de mujeres y hombres, chavistas y patriotas, que muy seguramente están avergonzados por las decisiones que tomó el alto mando en la madrugada del 3 de enero y que miran con recelos el devenir del país. La historia del comandante Chávez puede ser en sí misma un estímulo para que emerja dentro del seno de las fuerzas armadas un nuevo movimiento bolivariano y patriota. Al fin y al cabo, tras varias décadas, ese es un ejército educado por la revolución en las ideas de Bolívar y Chávez.
Otro factor que añade complejidad al asunto es la emergencia de otras voces críticas con el gobierno dentro del espectro del chavismo. Es el caso de Elías Jaua, quien fuera parte del equipo de gobierno de Chávez y que luego del reajuste del poder con la llegada a la presidencia de Nicolás Maduro, pasara a conformar una especie de chavismo crítico. Jaua junto a otras figuras de prestigio de la comunicación y la política ha capitaneado un proceso de oposición y denuncia del acuerdo petrolero, sobre la base de su inconstitucionalidad de acuerdo con el Derecho Internacional, al ser un acuerdo firmado en condiciones de ocupación militar del país. Este discurso sin duda resuena con fuerza en importantes sectores del chavismo que acumulan un descontento sordo con la situación del país. Y habría que ver si logra la suficiente tracción política para convertir lo que hoy es una oposición marginal dentro del chavismo en algo con más peso e influencia política y social.

¿Qué hacer?
Esta pregunta que se hizo Lenin en 1902, gana fuerza en cada nueva encrucijada histórica que deben confrontar las fuerzas y proyectos revolucionarios. Nuestro deber, siguiendo a Lenin, es proyectar siempre la salida revolucionaria, entendiendo que es la única forma posible de cortar el nudo gordiano que atenaza a las fuerzas sociales en un momento histórico determinado. Las soluciones moderadas solo sirven para paliar los problemas, sin apuntar a su solución radical.
Por desgracia, careciendo de la aguda visión de Lenin, solo podemos apuntar algunos elementos estratégicos que consideramos claves para el escenario interno de Venezuela y para la articulación internacional en solidaridad con las fuerzas revolucionarias en el país:
- Es preciso pensar críticamente lo que ocurrió y está ocurriendo en Venezuela. Aunque pueda resultar molesto o doloroso, siguiendo la premisa leninista, solo una comprensión revolucionaria de la realidad permitirá la articulación de una práctica revolucionaria.
- La función del análisis crítico debe ser, ante todo, comprender la articulación de fuerzas y clases al interior del país, con especial énfasis en el momento en que se encuentran allí las fuerzas revolucionarias. Entendiendo que las principales reservas en este sentido están al interior del chavismo como articulación política de dimensión nacional.
- En relación a la articulación internacional en solidaridad con las fuerzas revolucionarias, es preciso concentrar las responsabilidades en el agresor y no en las víctimas. Más allá de las limitaciones, contradicciones, etc, que pueda confrontar el movimiento a lo interno, el principal responsable de la situación interna del país es el imperialismo norteamericano. También la articulación debe contribuir a sostener y ampliar las relaciones de las fuerzas revolucionarias del país con movimientos similares en todas las latitudes.
- Las disputas entre revolucionarios facilitan la labor de fractura del imperialismo. Las oleadas de reproches en redes entre militantes venezolanos y militantes de otras latitudes no favorecen a nadie y profundizan brechas. El análisis crítico, insisto, no es una herramienta para el reproche. Es un arma para la mayor comprensión de la realidad y una mayor efectividad de la acción solidaria y en defensa de la Revolución Bolivariana.
- Las concesiones teóricas se traducen en concesiones prácticas. Substituir el discurso revolucionario de Chávez y las categorías teóricas que estructuraban su práctica por conceptos y expresiones nebulosos y generales, que ni implican nada ni comprometen a nada, es una forma de abandonar la historia revolucionaria de estas décadas y ceder sus conquistas, aunque parezca que todo se mantiene.
- La situación actual por la que atraviesa el país no es irreversible, pero solo será posible cambiarla a través de un acto de rebeldía nacional organizada. Eso es la Revolución Bolivariana: un gran acto de rebeldía contra el imperialismo y el gran capital. Superar la situación actual implica, entonces, volver a las raíces.
- Las fuerzas revolucionarias venezolanas deben estar preparadas para la oleada reaccionaria que, muy posiblemente, sobrevendrá una vez concluya esta etapa de transición. Desde la judicialización de líderes, hasta el asesinato o aprensión por acusaciones de narcotráfico u otros crímenes. La parapolítica, que existió en Venezuela y existe hoy con mucha fuerza en Colombia, puede regresar al país. Sin contar los afanes revanchistas de la oposición apátrida, que ya ha mostrado con creces en el pasado su desprecio por la vida de sus connacionales.
Aunque el escenario actual es, sin dudas, de revés, no es la primera encrucijada que la Revolución Bolivariana debe enfrentar. Desde un punto de vista más amplio, la historia de todo esfuerzo revolucionario está marcada por retos y reveses de igual o superior magnitud. Las fuerzas de la reacción, sean estas las viejas monarquías europeas o el imperialismo como fase superior del capitalismo, siempre apuestan por hundir en sangre y desesperación a cualquier proceso social que se atreva a adversar el orden establecido.
Hoy, en su fase de crisis hegemónica, el imperio norteamericano intenta recuperar violentamente la primacía sobre los recursos hemisféricos en un intento por preservar sus privilegios frente a potencias emergentes. En este contexto, el petróleo y los extraordinarios recursos naturales de Venezuela la convierten en un “botín” especialmente deseado. Sus acciones del 3 de enero, con la violenta agresión que llevó al secuestro del presidente Nicolás Maduro, han determinado el momento actual. La decisión de no luchar tomada por sectores de la dirección política del chavismo terminó de condicionar el presente impasse. Pero ninguna situación de desequilibrio es sostenible indefinidamente.
Personalmente, soy de los que cree, como el Comandante Chávez luego del fracaso de las acciones del Movimiento Revolucionario Bolivariano 200 en 1992, que la victoria del imperialismo en Venezuela es solo un “por ahora”. Las hijas e hijos de Bolívar y Chávez se encargarán de devolver la historia a su justo curso. ¡Venezuela vencerá!
Nota Mate Amargo:
Acceda aquí a la Parte 1 y 2 de este artículo:
(*) Carlos Novoa, periodista y escritor
(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capítulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales, y ha sido premiado más de 40 veces en su país y otros países.