«España, Inglaterra, también Portugal
Y ahora es a los yanquis que les toca actuar
Llevamos ya dos siglos trabajando al sol
No haciendo otra cosa que cambiar patrón»
(Jorge Salerno, fragmento «La senda está trazada»)
Por Gabriela Cultelli (*)
Dibujo Adán Iglesias Toledo (**)
En estos días, el pueblo uruguayo, su izquierda y sus luchas históricas, así como la región y los pueblos del mundo, hemos sufrido la agresión de las amenazas del imperio en decadencia, que muestra sus garras ante la debilidad del comienzo de su caída. Sobre el peligro de las amenazas en la “Cumbre Global contra el Terrorismo Político”, comentaremos en este artículo, aunque haya que ir más atrás, pues se trata de una doctrina que los engloba y representa como imperio, la doctrina Monroe y de la eguridad Nacional, que podría resumirse en América para los norteamericanos, más específicamente para los estadounidenses, donde perdemos hasta el derecho de negarnos a ser sumisos.
Viene de lejos… Desde la vieja doctrina Monroe
La llamada Doctrina Monroe fue proclamada por EE. UU. a fines del siglo XIX, en tiempos de expansión imperialista estadounidense sobre el imperio inglés y otros europeos de otrora. Eran tiempos de cambio de etapa capitalista, levantándose así la fase imperialista, que tiene su corolario en el convulso siglo XX, dos guerras mundiales y su adaptación teórica y práctica para los distintos momentos del nuevo, hoy viejo, imperio.
La doctrina se levantó como principio de política exterior estadounidense, que supuestamente no permitiría la intervención de las potencias extranjeras en América, a pesar de que hasta hoy seguimos teniendo más de 10 colonias en la región, y no solo en el Caribe, sino aquí al sur, en Malvinas. Es de 1823, cuando fue presentada ante el Congreso, pero ya a fines del siglo XIX mutaba en una doctrina imperialista desde la expansión por tierras mexicanas y del Caribe, hasta la intervención militar y ocupación territorial, pasando por todo tipo de formas intervencionistas.
José Martí ya advertía al respecto: “… ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país, y por mi deber, puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo, de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuánto hice hasta hoy, y haré, es para eso.
… se ha de cegar, y con nuestra sangre estamos cegando, de la anexión de los pueblos de nuestra América al Norte revuelto y brutal que los desprecia… Viví en el monstruo, y le conozco las entrañas; y mi honda es la de David…“
La Doctrina Monroe se modificó y adaptó en distintos momentos a través de los llamados “corolarios”, especie de enmiendas que adoptaba uno u otro gobierno de acuerdo a las necesidades de expansión y dominio (corolario Hayes de 1880, corolario Roosevelt de 1904 o el corolario Kennan de 1950). Así se estableció primero en 1880 como zona de influencia exclusiva estadounidense Centroamérica y el Caribe, y esa fue la suerte del canal de Panamá, inaugurado en 1914, o la ocupación de Nicaragua entre 1912 y 1933, incluido el asesinato de Augusto César Sandino en 1934, o la primera ocupación con la enmienda Platt y más tarde las mediaciones de Sumner Welles en Cuba y la frustrada revolución de 1933, para citar algunos casos que nos permitan comprender la etapa.
La doctrina Monroe fue la estrategia estadounidense en Latinoamérica también luego en los tiempos de la Guerra Fría. Intervenciones directas, militares (Guatemala, República Dominicana, Bahía de Cochinos en Cuba) y de asesoramiento represivo y político (caso Mitrione en Uruguay), apoyo e impulso a golpes de Estado y dictaduras (Uruguay, Chile, Argentina), o contrarrevoluciones como los alzados del Escambray en Cuba, o la contra de Nicaragua. Es oportuno recordar en estos tiempos el TIAR (Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, 1947) que fue convocado en distintas ocasiones, y a Washington le sirvió para conseguir la suspensión de Cuba de la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1962 y el comienzo del bloqueo genocida a partir de febrero de ese mismo año y que hasta hoy sigue vigente y agravado.
Recién en 2013 con el gobierno de Obama se declara el fin de esta doctrina y ante la OEA, pero sin detenerse la intervención yanqui en la región como lo vivimos, no solo en Cuba a la cual no se le levantó el bloqueo, sino dramáticamente en Venezuela, donde el bloqueo comienza en 2015. El mapa, aunque desactualizado, es ilustrativo.

La Doctrina de la Seguridad Nacional
En el medio de todo esto aparece como concreción del entendido imperial de “América para los americanos”, la doctrina de la seguridad nacional, típica de la Guerra Fría y que hoy también Trump reflota.
El concepto se levantó supuestamente para la “defensa militar y la seguridad interna”, frente a las amenazas de revolución, la inestabilidad del capitalismo y por tanto, del poder imperial y del capital. Y así fuimos protagonizando el devenir de un imperio que se convertía en juez y gendarme mundial, desembocando para la década de los 90, en un mundo unipolar, poderío único en todas las esferas del desarrollo, con todas las contradicciones del caso.
De hecho, lo militar pasaba al primer plano de la vida política mundial. La idea que predominaba en el continente – y similar al hoy – era que a partir de la “seguridad” del Estado se garantizaba la de la sociedad, y para ello (obviamente) se requeriría del control militar o como decía aquel militar brasilero a mediados de los años 50, el general Golbery do Couto e Silva, definiendo esta doctrina como “aquella que busca asegurar el logro de los objetivos vitales permanentes de la nación contra toda oposición, sea externa o interna, evitando la guerra si es posible, o llevándola a cabo si es necesario con las máximas probabilidades de éxito.” Así fue como se trastocó “el enemigo” externo en interno, y al tiempo que EEUU combatía directamente a la URSS y a Cuba, los ejércitos nacionales combatirían a los pueblos en sus países de la manera que fuera. En definitiva, se trató de una doctrina militar del Estado y la seguridad con todas las nefastas implicaciones del caso y según quedó la prueba sangrienta e histórica. Ella involucró entre otras prácticas, la intervención y la formación militar (Escuela de las Américas, por ejemplo, incluyendo formación en represión y tortura).
Con estas doctrinas se lograría mantener alineada a la región con los EEUU, sometiendo necesariamente a sus organizaciones populares y populares armadas, combinándolo con una ideología anticomunista atroz, y contra todo aquello que limitara o intentara limitar el proceso de acumulación capitalista, en medio de crisis crónicas que solo se superarían tras un proceso de expoliación de la riqueza y acumulación del capital brutal.

Hoy vuelven con todo… de Monroe a Donroe, reviven la doctrina de la seguridad nacional, el Escudo de las Américas y una peculiar reunión “Ministerial sobre el resurgimiento del terrorismo político” citada por Marco Rubio
Destacando el rol de la segunda administración de Donald Trump que levanta lo esencial, aunque renovado, de la vieja doctrina Monroe, aquello de “América para los americanos”, cuando “los americanos” parecen ser solo los estadounidenses, que no es más que la consideración de la región como “su patio trasero”, o remarcar su área de influencia, ante un mundo multipolar naciente, la vieja, y nunca abandonada doctrina, pasó a nombrarse Donroe.
En ello, el revivir de la Doctrina de la Seguridad Nacional a fines del 2025 y no por casualidad, con el despliegue militar en el Caribe, la invasión a Venezuela y el secuestro de su presidente, el sitio a Cuba en un proceso de asfixia tras la agudización brutal del Bloqueo que va incluso más allá del cerco petrolero y la amenaza de intervención militar constante. Previamente se había sumado la guerra de aranceles como chantaje económico, interviniendo directamente en la justicia Brasilera por ejemplo, marcando injerencia en cuanta elección se sucediera en el continente, como por ejemplo las argentinas en noviembre pasado o las de Honduras, sin olvidar las amenazas a México, Colombia y Groenlandia, o más recientemente al pueblo boliviano y su resistencia.
El Escudo de las Américas confluye en la última reunión que, en palabras del propio Marco Rubio, buscaría reeditar lo que se había hecho en décadas anteriores en la lucha contra los movimientos de izquierda. Aparece así otro punto de inflexión en la subordinación del continente a las fauces imperiales.

Paso a paso fueron dándose los acontecimientos y reuniones, desde las cumbres de las Américas. La primera en Miami en 1994, luego la coordinación judicial nacida en la segunda cumbre en Santiago en 1998, en supuesto interés de coordinar la lucha contra las drogas. En Quebec 2021, en la 3.ª cumbre, la agenda se ampliaría declarativamente bajo los eslóganes de “seguridad y defensa de la democracia frente a nuevas amenazas”, y en Monterrey 2004 ya se incorporó “la seguridad multidimensional, el terrorismo y el crimen organizado”. La V Cumbre fue en Puerto España en 2009, pero es la cumbre de 2022 de Los Ángeles que definió dejar fuera a Cuba, Nicaragua y Venezuela.
Sin embargo, todas estas cumbres tienen una marcada diferencia con la reunión de Doral, Florida, en marzo de este año, que no solo vine dada por lo selecto de su invitación, sino por la propia conformación del “Escudo de las Américas” y su continuidad en el último encuentro en días pasados.
El “Escudo de las Américas” reafirmaría la primacía yanki, destruyendo lo que pudiera quedar de soberanía, impulsado en la Estrategia de Seguridad Nacional de fines del 2025. Allí en Doral, el secretario de Guerra de EEUU, Pete Hegseth refería a que potencias extranjeras buscaban redefinir a la región en un nuevo espacio, el “Sur Global” que no incluía a EEUU y otras naciones occidentales, pero integraba a potencias no occidentales y otros adversarios. El secretario de guerra se alejaba de esta manera no solo del concepto Sur Global, si no que reafirmaba la amenaza real que un imperio decadente implica para los pueblos del mundo.
Y llegamos, con ritmo acelerado, a días pasados cuando 61 gobiernos de la región (incluido el uruguayo) participaron de una selecta reunión donde Marco Rubio definió un “terrorismo político” que nos incluyó con nombre y apellido, MLN- tupamaros, parte de la izquierda, del pueblo uruguayo y su gobierno, entre otros de la región y del mundo; ahora sin tapujo alguno, interviniendo directamente en nuestras definiciones soberanas, sin dejar espacio para posiciones intermedias (si es que alguna vez lo hubo). La llamada Cumbre Global contra el Terrorismo Político, encabezada por el propio Marco Rubio, apuntó a la neutralización de los movimientos de izquierda que ellos llaman radicales, atentando contra la democracia (del tipo que sea) y nuestra soberanía, siendo la demostración de influencia regional más significativa de los últimos días.
No creemos que sea “un viraje drástico en las prioridades de seguridad para el hemisferio” como plantean algunos analistas, sino que se trata del desnudo de sus prioridades de siempre, que, a estas alturas, tienen poco o nada de engañoso, a la vez que compartimos el espíritu de la declaración que al respecto publicara el Frente Amplio de Uruguay.

(*) Gabriela Cultelli, Economista, asesora, investigadora y docente uruguaya. Co- directora de este medio de prensa alternativo, MateAmargo, Coordinadora del capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad y del colectivo feminista de la REDH «Libertadoras».
(**) Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capítulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales, y ha sido premiado más de 40 veces en su país y otros países.