La Continentalidad de la lucha.

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Entrevista con Víctor Estradet

¨Por ser la Revolución continental, la estrategia será continental¨ (1)

 

¨No digo nombre ni seña

Solo digo compañeros¨

(Solo digo compañeros fragmento, Daniel Viglietti)

Por Gabriela Cultelli Delfino (*)

  

   Víctor Estradet me dijo que la frase más linda del Che que él había adherido siempre, era aquella que deja en su carta de despedida a Fidel, en agosto de 1965, y que el líder de la Revolución Cubana leyera por primera vez en público el 3 de octubre de 1965, cuando se constituía el PCC (Partido Comunista de Cuba) y el periódico Granma: “luchar contra el imperialismo dondequiera que esté”.

Hijo de trabajadores, Víctor Estradet, recuerda a su padre trabajador de ANCAP, que era del interior del país, militante del PCU (Partido Comunista del Uruguay) y a su madre, trabajadora doméstica que militó muchísimo por la liberación de su hermano, Luis Estradet, tupamaro preso por más de 13 años. Era del barrio obrero de La Teja, donde se formó ideológicamente. A todo ese entorno le agradece por deberle su forma de pensar y vivir. Andar guerreando revoluciones lo llevó a Cuba, allí formó familia, su compañera y sus hijos son cubanos.

 

Mate Amargo (M.A.): ¿A qué edad te sumaste a estas luchas?, ¿Cómo y por qué? ¿La continentalidad de la lucha la asumiste desde un principio o fue en el devenir de aquellos tiempos?

Víctor Estradet (V.E.): Me sumé a la lucha a principios de 1969. Me atendió una compañera y cuando más o menos pensó que podía estar claro, me introdujo en un grupo. Me sumé a la lucha en el Movimiento de Liberación Nacional -Tupamaros (MLN-T) porque consideré que la lucha por meras razones económicas no daba para mucho. Había estado en un conflicto en el supermercado donde trabajaba. Allí iniciamos una huelga por aumento salarial y otras reivindicaciones, pero la perdimos. Me di cuenta de que ese no era el camino. El camino para cambiar las cosas era otro en aquel momento, en aquella coyuntura histórica. Y me pareció que eran las armas.

En aquel momento se destacaba toda la lucha del MLN-T; ya mi hermano estaba en el MLN-T y otro compañero, el loco Iglesias (Alberto Iglesias), a quienes yo admiraba mucho, y es el que me da el contacto para integrarme al MLN-T como colaborador. Primero me mandaron a hacer relevamientos y después me introdujeron en un grupo, donde también estaba Candan Grajales, que simpatizaba mucho con la gente de La Teja.

Fui preso a los 17 años a causa de un mal reclutamiento. Se equivocaron con un tipo que era un lumpen, y nos cantó, delató mi casa y todo eso. Estuve 7 días detenido y fui torturado, me asusté un poco, pero no canté el local. A partir de allí hice un impasse de unos 10 meses y retomé la militancia.

En la militancia del liceo del cerro, logramos hacer mucho trabajo de masas y alguna acción militar. Participamos en el tejazo, y con mucho orgullo lo cuento porque, la verdad, es que fue lindo, por su resultado. Fue una operación, la operación TERO la llamamos nosotros, que permitió colaborar con la fuga de los 111 compañeros de Punta Carreta, distrayendo la acción de la policía hacia el oeste de la ciudad (La Teja).

M.A.: ¿Cuál fue tu caminar en aquellos años de «exilio» o de otros territorios? ¿Siempre por la Patria Grande? Cuéntanos de Cuba y Nicaragua

V.E.: En el año 1972 hubo una gran ofensiva del ejército, fueron cayendo compañeros y locales. Estuve tres meses clandestino y el último día, antes de irme a la Argentina, fui a mi casa a despedirme de mi madre. Mi madre pidió que me quedara, que no habían venido los milicos, pero esa misma noche en la madrugada cayeron. Vino Gavazzo y me pude fugar por una ventana, porque era una casa en La Teja, pero de dos pisos, y me fugué por la azotea.

Fuimos a parar primero a Argentina y por la solidaridad del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), que nos consiguieron los documentos, pasamos a Chile. Nunca había andado ni en barco ni en avión, éramos como dos canarios con el otro compañero Guillermo Díaz, un gran compañero. Yo tendría unos 20 años y él 18 o 19. Para nosotros era todo un mundo nuevo.

Llegamos a Chile, y había rumor de golpe de estado, aunque lo dieron al otro año. se dio una ronda de discusiones, donde ya algunos compañeros decíamos de quedarnos a pelear en Chile, otros decían no, pero ya había compañeros que planteamos dentro de la Continentalidad de la lucha, que era una cosa que el MLN nos la había transmitido. Ya en nuestras cabezas estaba la solidaridad con otros pueblos, por suerte.

Después fuimos a Cuba y ahí sí en Cuba y en nuestras cabezas, ya se fue afianzando aún más el espíritu internacionalista. Trabajamos con la mejor gente, los micro brigadistas de Alamar (2). De ahí salieron combatientes que fueron a pelear a Angola, internacionalistas, salieron custodios, es decir, ahí la gente era muy trabajadora. Trabajamos mucho, recuerdo un promedio de 13-14 horas por día, con mucha satisfacción, nada obligado, sentíamos, por lo menos de mi parte, que estábamos aportando algo la Revolución.

Nunca me hubiera imaginado, pero hice un curso de paracaidismo porque pensaba en los compañeros nuestros del penal y me veía tirándonos en paracaídas en las inmediaciones del penal, tratando de liberar a los compañeros, vivía ese sueño. Después vinieron las cosas duras, la organización se dividió en cuatro fragmentos.

Nos quedamos en Cuba y con otro compañero, el Pocho Coronel, hicimos cartas para ir a pelear a Angola, a Viet Nam, pero no teníamos suerte, hasta que me dice un compañero, hay unos compañeros en Santiago de Cuba, ofreciéndose para ir a pelear a Nicaragua y ¨yo sé cómo pensás vos¨. Estaba en La Habana, porque habían ido a operar a mi hija, que tenía poca edad, como 17 meses, chiquitita estaba, y le dije a él, apúntame y fue y firmó por mí. Cuando volví de La Habana, a un pueblo, Levisa, bastante lejos de Santiago, como a tres horas y pico, me llama el compañero, y me dice, ¨andate a Santiago, te están esperando para llenar la ficha¨. Me anoté enseguida, y como al mes ya salió el primer grupo, y luego nos citaron y salimos en el tercer y último grupo. Todo el mundo voluntario, la verdad que todo el mundo quería ir a pelear contra Somoza, que era un tirano, hijo de puta, sanguinario, y llevaba muchos años en el poder. Yo combatí en el Frente Sur

Nos sentíamos bien, pero empezó a pasar el tiempo, y teníamos miedo de no ir, pero fuimos y muy bien preparados. Fidel nos habló, nos despidió. Supimos que iban también tres compañeros del Partido Comunista Uruguayo y cuando llegamos a Panamá, busqué contacto con ellos, íbamos en el mismo viaje, y les pido una charla dado su nivel, y nos la dieron. Hicimos mucha confraternización con ellos.

Cuando matan a Altesor en la guerra, el primer compañero que se ve con el hermano, con Iván, soy yo, y nos abrazamos y lloramos, la verdad, los dos con mucho corazón. Ahí no había nada de sectarismo, había mucha compenetración con los compañeros, y eso es la lucha, la unidad que se forma en la lucha, es una lesión que debemos sacar. Como lo decía Fidel: unidad, armas y pueblo para tomar el poder, para luchar por el poder. Fue así en aquel momento, en aquella coyuntura histórica.

En un combate que recuerdo le hicimos 16 bajas al enemigo, en otro se dio de baja al tercer tipo del somocismo junto a un grupo de tropas, también dimos baja a francotiradores, etc. Hasta Fidel narró nuestras historias como la de compañeros que estaban tirando con un mortero, el mortero explota, ellos vuelan para los costados, se recomponen, buscan otro mortero y siguen tirando. En general, hubo muy buen concepto de los tupamaros en la guerra en Nicaragua. Nuestra gente guapeó como loco ahí. Hubo 10 heridos, podían haber sido 10 muertos. La única baja, lamentablemente, la del Meme Altesor. Hubo mucha hermandad en el grupo.

Hoy hay cosas que sí, la unidad, la solidaridad, el internacionalismo, en cualquier circunstancia deberían estar vigentes, como en el caso del terremoto, o en lo que fuera. El pueblo cubano lo sigue haciendo con las de la brigada médica, y con la brigada de rescate, que están ahora, en este momento en Venezuela, a pesar de toda la situación política de Venezuela.

Yo también rescato eso de los cubanos, que valoran mucho la historia y las luchas pasadas. No podemos olvidarnos, porque es una lucha que parece que quieren borrar de la memoria. Y ahí perdemos nosotros, perdemos todos. Que sirva esto para transmitirles a las generaciones más jóvenes.

M.A.: El regreso, y hoy ¿cómo vez la situación de América Latina y el Caribe?

V.E.: En 1985 volví, pero realmente no me adapté. Trabajé mucho en propaganda central, en la unidad del movimiento, el Bebe nos pidió una mano en eso.

Nos solidarizábamos con todos los conflictos en aquel momento que había en Uruguay. Todo el dinero que había lo volcábamos en afiches, en fuerzas de trabajo. Mucha dinámica tuvo ese año. Estuve en la dirección de propaganda central del movimiento incluso, porque tuve la suerte y la satisfacción de que Sendic y el Pepe Mujica confiaran en mí.

Trabajé, me acuerdo, repartiendo pan. Iba en una bicicleta, repartía pan en pocitos y a la una ya estaba en el local y estaba ahí hasta las 3, 4 de la mañana igual. Estábamos imprimiendo y reuniones. Fue una dinámica muy grande ese año. Pero no me llenó y regresé a Nicaragua a la guerra contra la contrarrevolución. Estuve del 86 al 90 en la guerra. Después me mantuve en Nicaragua un tiempito más.

Hicimos tareas diversas. Unas salieron bien, otras mal. Colaboramos con las guerrillas salvadoreñas. Pasó el tiempo y me agarra el año 2002 en Cuba. Escucho un discurso de Chávez. Y la verdad es que me cae bien. Y lo hablo con la familia y fui para Venezuela, donde estuve cuando el golpe de Estado contra Chavez. Luego decidí volver a Cuba, hasta el año 2005.

En el 2005, de regreso en Uruguay, el MLN-T me propone ser chofer del intendente Erlich. Después Ana Olivera, sale elegida intendente y me elige, pide que me quede. Yo la conocía de Chile. Estuve cinco años más cumpliendo la función de seguridad con ella y de chofer. Y después ya me llegó la edad de la jubilación.

Ahora lo que hago, voy a la Federación de la Carne donde hay un museo obrero, junto con otros compañeros hablamos de las luchas del frigorífico. Que fueran luchas muy particulares de la zona.

Se es solidario con la gente de la zona. Hemos hecho actividades por Cuba. En toda esta crisis. Y hacemos lo que podemos ahí. En el tiempo que podemos. Porque bueno, ya tengo 74 años y me lo siento.

Desde Mate Amargo, nos queda agradecer a la vida por permitirnos compartir con estos hombres y mujeres de la Patria chiquita, como Víctor, aunque sea pedacitos de una historia que sabemos cierta, y guardar otros, no por menos ciertos ni menos valiosos, sino porque ya llegará su tiempo. Los tiempos de los Víctor de las victorias, de esos que se emocionan recordando sus combates junto a otros de la Patria Grande, como lo hizo Estradet en mayo del 2026 cuando viajó con otros compañeros a depositar un busto de Raúl Sendic Antonaccio en el corazón de nuestra América, en una comuna caraqueña, La Piedrita, porque por allá también anduvo caminando, tejiendo redes y luchas antimperialistas donde quiera que esté.

 

Notas de Mate Amargo:

  • Citado de Documento No. 1 – Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros 01/06/1967 (Continentalidad de la Lucha)
  • Alamar es un barrio de trabajadores y trabajadoras, del municipio Habana del Este en la provincia capitalina de La Habana, Cuba. Los y las trabajadoras se organizaban en aquellos años por centro de trabajo en las llamadas micro brigadas, y tras 3 años de trabajo en la construcción para los hombres y 1 para las mujeres, podían acceder a un apartamento en aquellos edificios construidos por sus propias manos. Allí fueron a aportar su granito de arena los compañeros y compañeras que cuenta Víctor en esta entrevista, y Marisa Adano en otra, pues construían Revolución. Así lo supimos todos y todas las que por aquellos años de una u otra forma fuimos participes e incluso habitamos aquel barrio.

 

 

(*) Gabriela Cultelli, Economista, Master en Historia Económica, asesora, investigadora y docente uruguaya. Co- directora de este medio de prensa alternativo, MateAmargo, Coordinadora del capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad y del colectivo feminista de la REDH «Libertadoras».

(**) Fotografías gentileza de Víctor Estradet y archivo Mate Amargo

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