… confianza plena en un pueblo que ha resistido como ninguno en esta, nuestra Patria Grande, y con capacidades aún hoy por explotar, producto de más de medio siglo de Revolución que supo poner el acento en las personas.
Por Gabriela Cultelli (*)
Desde lejos y en la comodidad que nos ofrece el uso y consumo de la energía eléctrica, es complejo opinar. Se agregan las limitaciones propias de la información estadística disponible y otras fuentes de información, no porque en Cuba escasee más que en otros países, sino porque son un dato de la realidad que proviene hasta de nuestra propia capacidad de conocimiento, entre otras cosas, como la debilidad y parcialidad de los diferentes enfoques sobre una realidad tan compleja.
Lo primero que ponemos en duda es la utilidad de los razonamientos de manual, vengan de donde vengan, y sobre todo si vienen de aquellos que apenas variaron a lo largo de más de un siglo una función de producción que lo explicaba todo a través de la combinación matemática de 3 variables (Tierra, Trabajo y Capital según los neoclásicos) y hoy, como gran cosa, hacen intervenir a 5 factores (Tierra, Trabajo, Capital, Capacidad empresarial, y datos). América Latina ha sufrido con creces estos modelos.
De todas maneras, si no tuviéramos ese concepto artiguista y martiano de Patria Grande, no daríamos lugar a este tipo de análisis, que simplemente pretenderá exponer, y con las disculpas del caso, algunas constataciones, y la confianza plena en un pueblo que ha resistido como ninguno en esta, nuestra Patria Grande, y con capacidades aún hoy por explotar, producto de más de medio siglo de Revolución que supo poner el acento en las personas. Esa es la riqueza, también productiva, fundamental de Cuba, con la que se recuperó en otras oportunidades, proeza que seguramente reiterará en estos tiempos.

El contexto
Como dice un brillante economista cubano, Liu Mok, en artículo recientemente publicado en este mismo medio, que el país enfrente una de las crisis más profundas, bloqueo y asfixia Yanki mediante, es un diagnóstico de consenso. Lo que no estoy tan segura (tal vez sí), es que si al diagnóstico se suman de forma generalizada dos cosas:
- La crisis económica del sistema capitalista a nivel mundial.
- Las capacidades productivas internas, encabezadas por una fuerza de trabajo con alto nivel de escolaridad y cultura.
En cuanto al primer elemento, la crisis mundial, que de hecho es una crisis estructural y de imperio, tenerla presente puede prepararnos mejor para delinear impactos futuros de estas y otras medidas económicas, su posible eficacia y utilidad.
Más allá incluso de la distribución de poder, que siempre implica un paquete de esta naturaleza, y sobre todo de los objetivos explícitos que pretende, la economía cubana, y a pesar del bloqueo, no dejó de ser abierta, máxime cuando el vuelco estructural obligado de la década de los 90, redimensionó al sector turismo como eje más dinámico (no único) del desarrollo social y económico. Por tanto, una crisis mundial (y más, con las características de la actual, en tanto que cambio de época) tendría, en nuestra modesta opinión, que tomarse en cuenta, además del bloqueo y otros elementos externos de tal magnitud que, en el corto y mediano plazo, actúan como endógenos al desarrollo interno.
Por ejemplo, si observamos la evolución reciente del PBI cubano entre 2005 y 2018, que nos permite hacer la ONEI (Oficina Nacional de Estadística e Información de la República de Cuba), vemos los efectos de la crisis mundial de 2008/2009, en el caso cubano de efecto menor y rápida recuperación en términos de crecimiento, así como de la crisis que comienza en 2019 y que luego se agudiza con la pandemia. Porque en Cuba, el último año de crecimiento fue el 2018, y los años que siguieron a la brutal caída del PBI no llegaron a restablecer los niveles de aquel año, para volver a caer desde el 2023 hasta hoy con seguridad, según marcan los indicadores que comparan enero/abril de 2025 con 2026 (ver gráficos anexos).
¿Cuál es el problema derivado de lo planteado? Que las medidas aprobadas implican una suerte de apertura, flexibilización y privatización en búsqueda de nueva inversión, fundamentalmente privada y extranjera, entendidas como centrales para la continuidad del proceso soberano, cosa que no es objetivo discutir aquí, pero de – al menos- dudosa concreción, más en el contexto cubano (bloqueo asfixiante) y en el contexto crítico mundial actual mencionado.
Toda crisis económica capitalista suele resolverse con una concentración y centralización de capital mayor, pero mientras el reajuste final no se sucede, los capitales suelen mantener cierta quietud en torno a nuevas inversiones, recapitalizando capacidad productiva ya instalada y adquirida a bajo costo y retirándose a sus países de origen, hasta que el ciclo vuelve a su fase de recuperación y mayor movilidad, pero en todo caso el factor “confianza” es importante, no como subjetividad, si no atado a la Ley económica fundamental, que le da vida y movimiento, o sea, la obtención de masas crecientes de plusvalía. La inestabilidad generada desde EE. UU. permite avizorar en el corto plazo riesgos de inversión; la realidad muestra fuga de capitales, que habrá que ver cómo desalentar (o intentar redireccionar planificadamente), al tiempo que las necesidades de importación redundan en medidas como la flexibilización para generar cuentas de personas físicas y jurídicas fuera del país, alentando tal comportamiento.
Encausar las formas monetarias, que se prestan para esas fugas improductivas en el mercado de capitales y divisas será también papel del estado, dónde las políticas de cambio múltiples se suponemos que se levantarían dejando de afectar la producción y el trabajo en el sector público, pudiendo buscar, tal vez en el corto o mediano plazo, reservas que tiendan a una canasta de monedas, de acuerdo a las tendencias mundiales del mundo multipolar naciente y el declive del patrón dólar.
Las estadísticas nos permiten afirmar (volvemos a tomar como fuente la ONAI) que Cuba vivió un período de crecimiento relativamente largo, que comenzó incluso 5 años antes del triunfo de Chávez en Venezuela (ver primer gráfico anexo), lo que corrobora una vez más aquello que planteaban los regulacionistas franceses: el motor del campo es el propio campo. Obviamente que el triunfo del chavismo y luego toda la primera ola progresista aceleraron ese crecimiento interno, y de hecho se mantuvo por 24 años (entre la fase de recuperación de la caída durante el llamado período especial y la fase de auge). Nada menor teniendo en cuenta las características de nuestros países empobrecidos y en particular de Cuba. Sin embargo, para el año 2019 (antes de la pandemia y de este último recrudecimiento del bloqueo) el segundo modelo o la nueva estructura productiva generada, mostraría sus primeros síntomas de agotamiento.

La fuerza de trabajo y la pregunta central
Cierto es que lo pasado ya no tiene sentido retomarlo, si no es para tratar de no repetir errores, y uno de ellos es tener en cuenta las condiciones que objetivamente nos rodean, para poder medir ex- antes, los efectos posibles de las medidas a tomar.
Aunque una sabia expresión popular nos dice que atrás ni para tomar impulso, a veces se requiere de cierto “repliegue táctico”, también en términos económicos, sobre todo si tenemos presente que la economía política analiza y responde a relaciones sociales de producción y, por tanto, a la distribución del poder real, social en tanto que material, proceso de acumulación y producción de riquezas. Como plantea el economista cubano mencionado, “La pregunta central es otra: ¿quién controlará los recursos del país y quién se beneficiará de la riqueza que estos generen?”.
En ese sentido, y teniendo presente el segundo elemento mencionado (la fuerza de trabajo cubana), podría pensarse en la capacidad potencial y productiva de la misma.
Si bien las medidas planteadas incluyen elementos de flexibilidad para las formas cooperativas, que podríamos intuir como flexibilizar trabas que limitan su desarrollo, no puede olvidarse el papel de apoyo que tiene que jugar el estado en la búsqueda de mercados, entre otros factores como el apoyo requerido en infraestructura y servicios vinculados a las distintas producciones.
A su vez, el comercio internacional no tiene las características de un mercado interno cualquiera que sea este, de allí que suponemos que la instrumentación de estas medidas cuente con la experticia de funcionarios públicos que llevan más de 60 años de aprendizaje. Incluso podría pensarse en formas colectivas, cooperativas o las que puede habilitar la ley, de profesionales con diversa especialización para asesoramientos desde equipos multidisciplinarios. Trabajos que en definitiva podrían aportar a las arcas universitarias, sector claramente presupuestado y público.
El trabajo colectivo es trabajo potenciado. Con menor inversión puede atender múltiples necesidades, incluso ahorrar para futuras inversiones, pasando tanto por las tareas más sencillas como por las más complejas y calificadas. Pero necesita los espacios territorio para su concreción. La comunidad, puede observarse como sujeto o como objeto de los cambios.
Cuba tiene amplia experiencia en ello. Si los primeros años de Revolución no hubieran contado con ese altísimo porcentaje de aprobación que nos describe Hobsbawm en su libro ¨Viva la Revolución¨(¨Los horizontes de Cuba¨, pág. 35, Ed. Crítica 2018) y según encuesta de sondeo de opinión consultada (88% de apoyo al proceso revolucionario, que en el interior del país ascendía al 94%), difícilmente hubiese salido adelante. Recordemos el éxito obtenido por aquel modelo, que, tomando formatos estatistas, más característicos del socialismo que del mal llamado «modelo soviético», contuvo una serie de características propias que buscaban cierta diversificación estructural de una vieja economía mono productora y mono exportador, además de las grandes diferencias en el desarrollo de sectores como la cultura, la educación y multiplicidad de diferencias políticas y distributivas. En definitiva, no parece oportuno llamar «fracasado» a un modelo socialista que tuvo, seguramente, 20 años o más de crecimiento con distribución y diversificación sectorial, cosa muy rara en América Latina, recordando «El casillero vacío» de la CEPAL.

Los modelos o conjuntos de políticas económicas, transcurren por diferentes fases históricas. Tienen tiempos de maduración, auge y posterior agotamiento, dado por el propio dinamismo social. Esto marca la necesidad de cambio para no llevarse, en su depresión, a las bases mismas de la acumulación y al sistema en que se basan, si no llegara a tiempo su transformación.
Esa transformación, como suponemos que pueda suceder hoy, aunque descentralice poder hacías las diversas formas organizacionales colectivas y populares territorializadas como forma de existencia, tendrá que orientar no solo las formas de organización para que los y las trabajadoras rompan con la enajenación del producto de su trabajo, sino con la orientación de todas las formas de inversión para el desarrollo en el corto, mediano y largo plazo, en tanto que a lo largo de la historia de la humanidad no se ha demostrado jamás que el mercado por sí solo genere estrategias socializantes de producción y distribución. Incluso, si observamos los modelos de apertura chino y vietnamita, fueron en ambos casos, bajo la férrea dirección estatal, plasmada en sendos planes estratégicos. La planificación se vuelve esencial, más en momentos que la escasez obliga, lo cual no puede entenderse como centralización. Y esa orientación se hace sustancial para que la inversión pequeña, mediana, y sobre todo la grande, no redunde en captación de remesas por privados, y se enfoque, de esa manera, al crecimiento productivo necesario y sostenible, o sea con distribución, característica distintiva del socialismo.
La democracia participativa, es vital para la reestructuración económica y sectorial requerida. Sabemos que Cuba tiene trabajadoras y trabajadores muy conocedores de las dificultades de los distintos sectores económicos y sus industrias, acostumbrados a trabajar en condiciones adversas como ninguno. Ahí está seguramente el potencial productivo mayor, pues el incremento de la productividad necesario no puede asociarse a salarios bajos, aunque los primeros momentos lo requieran, fundamentalmente en las formas privadas o capitalistas que demandarán seguramente de la adecuación de la agremiación laboral para discutir, también a nivel micro, para quién y en qué parte se distribuye el producto del trabajo. Si se readecua el capital, tendrá que readecuarse el trabajo, y allí la presencia del estado, pero sobre todo de las organizaciones políticas y sociales, es fundamental.
Ejemplos de soluciones colectivas cuando la comunidad toma el papel protagónico hay miles en Cuba, porque no creo que haya que explicarle las consecuencias del bloqueo al pueblo, que las conoce y sufre en carne propia, sino más bien apoyar con herramientas concretas para que resuelvan o reduzcan sus efectos.
Un sencillo ejemplo, que conocí en mi última visita a la Isla me viene a la memoria ahora, y como ese supongo hay muchos: en una manzana (en el barrio habanero de Alamar), tras múltiples trámites ante el municipio que unas vecinas llevaron adelante (cosa que parece aligerarse con las nuevas medidas), y recogiendo una módica suma de dinero por apartamento, se financió a 2 trabajadores que con un caballo y su carro, recogen la basura día a día, y la vuelcan donde el municipio indicó, resolviendo un agobiante problema para la colectividad, que sacando cuentas fáciles puedo tratarse de unas 300 familias o más, dadas las características de ese barrio habanero.
Son estos tiempos difíciles para Cuba, América Latina y los pueblos del Mundo, son momentos en que como dijo Artigas «Nada tenemos que esperar si no es de nosotros mismos». Pero sin dudas, y como expresó Martí “Es la hora de los hornos, en lo que no se ha de ver, más que la luz¨, tomando de esta frase su sentido concreto si el enfoque sectorial derivara en soberanía energética con la sustitución de la matriz preexistente y soberanía alimentaria, donde tanto desarrollo puede imprimirle las formas colectivas (socialistas) de producción, distribución e incluso comercialización colectiva.

Anexo para pensar

Nota: De acuerdo con datos de la ONEI relativos a la venta de servicios y bienes, su comportamiento entre el 2024 y el 2025 en precios constantes, así como el gasto en los mismos y las pérdidas por concepto impositivo, sugiere que no hubo crecimiento al menos importante en ese año (2025). Los mismos indicadores muestran una caída entre el primer cuatrimestre de 2025 y el de 2026.


Nota: si bien y de acuerdo a los datos brindados por la ONEI se puede observar la estructura de la producción hasta el 2022, elegimos dejarla hasta el 2017, para poder observar los efectos sectoriales del modelo último. Téngase presente que casi todos los sectores crecieron, lo que a diferente tasa. Solo el sector pesca tuvo un decrecimiento absoluto en precios constantes al menos entre 2005 y 2017, según puede constatarse de acuerdo a los datos disponibles, otro de los sectores que podría apuntalarse y que permite la producción comunitaria, aunque el cuello de botella que se le presenta hoy por hoy podría ser por mantener la cadena de frío y transporte para la comercialización, que podría tal vez subsanarse con energía fotovoltaica.
(*) Gabriela Cultelli, Economista, asesora, investigadora y docente uruguaya. Co- directora de este medio de prensa alternativo, MateAmargo, Coordinadora del capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales, Artistas y Movimientos Sociales en Defensa de la Humanidad y del colectivo feminista de la REDH «Libertadoras».