La institucionalidad para liderar la Innovación requiere una urgente reformulación

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Los hechos han mostrado que no es lo ideal que la política nacional de Innovación, tan relevante para el desarrollo de una economía dinámica (www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/3062-65vadenuevo01), esté dirigido a nivel de gobierno por un organismo colegiado (Gabinete Ministerial de la Innovación: GMI) integrado por cinco ministros ninguno de los cuales tiene a la innovación como su única y principal responsabilidad. Todos los ministros del GMI deben atender múltiples asuntos muy importantes de sus carteras y no pueden dedicarle a este tema la atención que el mismo requiere. Sin embargo, el GMI puede proporcionarle al sistema una deseable diversidad de puntos de vista.

Vale la pena valorar la posibilidad de crear un Ministro sin cartera (https://www.vadenuevo.com.uy/index.php/the-news/519-19vadenuevo02), que se dedique a tiempo completo al diseño y ejecución de las políticas de Investigación e Innovación y que dependa directamente de la Presidencia de la República, integrando tanto el Consejo Ministros como el GMI. Así el GMI se mantendría como órgano de carácter consultivo a nivel ministerial, asesorando a ese Ministro sobre todos los temas estratégicamente relevantes relacionados con sus ministerios, pero generándose, a su vez, a través del nuevo Ministerio sin cartera, unos procedimientos de gestión ágiles compatibles con la necesaria mayor agilidad en la toma de decisiones.

En lugar de crear una estructura ministerial típica, es mucho mejor rodear  a ese Ministro de un equipo pequeño pero política y técnicamente sólido, que le permita operar sobre los diferentes  resortes del Estado que es necesario coordinar para dirigir con un rumbo estratégico claro las políticas públicas de investigación e innovación que son esencialmente transversales a todo el Estado. Uno de los miembros de ese equipo ministerial debería integrar el Directorio de la ANII, en los términos que se explicitan más adelante, para asegurar un relacionamiento fluido y eficaz entre el máximo nivel de decisión política en esta temática (el Ministro) y la estructura responsable de la instrumentación de la misma (la ANII).

También es necesario hacer cambios en la dirección de la ANII, ya que un directorio de 7 miembros, cinco de ellos representando a cada uno de los miembros del GMI, y ninguno de ellos con atribuciones formales (dadas por ley) de director ejecutivo, no es un mecanismo apropiado para dirigir estratégicamente a la ANII, como los hechos han demostrado. Para eso hace falta un directorio más compacto, representativo y eficaz, que podría integrarse por: i) un Director Ejecutivo que responda al Ministro sin cartera e integre su equipo de trabajo; ii) un Director propuesto por los investigadores, y iii) un Director propuesto por el sector empresarial. El Director Ejecutivo debería tener dedicación exclusiva y dirigir la actividad cotidiana de gestión de la ANII, fungiendo como Secretario Ejecutivo y delegando algunas funciones gerenciales en el Gerente General (cargo que se separaría del actual cargo de Secretario Ejecutivo de la ANII que es también Gerente General) y, a través de él, en todo el equipo gerencial, pero manteniendo el Director Ejecutivo la responsabilidad por el conjunto de la gestión y en comunicación permanente con el Directorio y con el Ministro.

Es necesario pues crear ese Ministerio “sin cartera” que se ocupe de la Investigación y la Innovación, con un muy fuerte acento en lo político por sobre lo científico-tecnológico. O sea, privilegiando los objetivos políticos de desarrollo del país y poniendo lo científico-tecnológico al servicio de ese desarrollo. Como la estructura operativa de la ANII es un sustituto mejorado para estos fines (y que puede seguir evolucionando) de una estructura ministerial típica, esta última (o sea la “cartera”) sería redundante y, por tanto, innecesaria al menos en una primera fase. La “cartera” de ese Ministro sería la ANII.

En definitiva, las actividades de diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas de investigación e innovación se deben ubicar al máximo nivel dentro del Estado, para que el Poder Ejecutivo pueda ejercer un fuerte liderazgo político en esta temática, conduciendo a la sociedad hacia la necesaria  reconversión hacia una matriz productiva intensiva en innovación.

En resumen ese Ministerio de Investigación e Innovación constaría de un Ministro dedicado exclusivamente a estos temas y que trabaje en estrecha colaboración con un equipo de gestión ministerial integrado por cuatro directores, uno de ellos responsable de Innovación, otro de Investigación, otro de Articulación y otro de Relaciones Internacionales. Aunque el Ministerio se ocupe, entre otras cosas de la ciencia. es muy importante que el Ministro tenga un fuerte perfil político y no sea un científico, pues su rol es político y no científico.

Por otro lado el director responsable de Innovación sería el encargado de promover la innovación en todos los terrenos, tanto a nivel privado como público. Este director sería el delegado del Ministro en el Directorio de la ANII, al que presidiría como Director Ejecutivo, y, por tanto, estaría involucrado en la operativa de la ANII, a diferencia de los otros 2 miembros del Directorio que tendrían una función sólo estratégica y no operativa.

El director de Investigación sería el responsable de la interacción con el CONICYT (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y de llevar al equipo ministerial propuestas sobre los temas de investigación básica que exijan acciones por parte del Estado sean estas ejecutadas o no por parte de ANII.

El director de Articulación tendría la responsabilidad de promover y consolidar el relacionamiento entre todos los actores públicos y privados del Sistema Nacional de Innovación (SNI), optimizando el uso de los recursos en el sistema.

El director de Relaciones Internacionales sería el responsable de establecer y consolidar los nexos internacionales de Uruguay en el ámbito de la investigación y la innovación, poniendo en marcha mecanismos de coordinación con el Ministerio de Relaciones Exteriores (MRREE) con ese fin.

El equipo de gestión ministerial, formado por estos cuatro directores y el ministro, tendría un funcionamiento sistemático y permanente, para darle la máxima coherencia y operatividad al ministerio. A su vez habría que reubicar al GMI en este nuevo marco institucional, como un órgano de asesoramiento y consulta del Ministro quien pasaría a integrarlo y presidirlo. Ese Gabinete estaría encargado también de apoyar la necesaria articulación entre los diferentes actores dentro del Estado que están involucrados en esta temática y que funcionan en el ámbito de los ministerios que integran el GMI.

Por: Alberto Nieto

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