Por Carlos Novoa (*)
A la hora de hablar de la situación actual de Cuba, de la política de la actual administración hacia la isla y, en general, de las políticas históricas de Estados Unidos contra la mayor de las Antillas, hay un factor que resulta particularmente relevante: el de la comunidad cubana y de descendientes de cubanos dentro de los Estados Unidos. Algunos datos resultan útiles para comprender la naturaleza y dinámica política de esta comunidad en el presente.

Los números del “exilio”
Un estudio del think tank sin filiación partidista Pew Reseach Center en 2024 arrojaba que en Estados Unidos residían en esa fecha en torno a dos millones 940 mil cubanos o descendientes de cubanos. De esta cifra, más de un millón 600 mil habían nacido en Cuba. Del total de cubanos residentes en Estados Unidos, aproximadamente el 23 por ciento habían arribado a este país entre 2019 y 2024.
Este aumento exponencial de la migración coincide cronológicamente con la primera administración Trump y el recrudecimiento de su política de “máxima presión” contra Cuba. Política cuyas medidas esenciales la administración Biden no modificó y cuyo impacto económico y social se vio agravado por pandemia de la COVID-19. En 2025 esta tendencia continuó, en la medida en que el retorno de la administración Trump con un cubanoamericano formado políticamente en el sur de la Florida como Secretario de Estado, agravó sostenidamente las condiciones de vida en el país, llegando en 2026 al paroxismo del cerco petrolero total.
El autodenominado como “exilio cubano” está compuesto de muchas capas sociales distintas. El “exilio histórico” lo componen los acaudalados propietarios que abandonaron Cuba al triunfo de la Revolución cubana e individuos que se beneficiaron del clima político confrontacional para ganarse su lugar en la jerárquica estructura social de la comunidad cubana del sur de la Florida. Con la ayuda de fondos federales esta clase reconstruyó sus fortunas y convirtieron a Miami y la Florida en bastiones del anticomunismo, no solo para Cuba, sino para toda América Latina.
Un ejemplo emblemático de este grupo económicamente poderoso e influyente lo es la familia Fanjul. Los Fanjul eran propietarios de tierras y centrales en Cuba antes de 1959. Luego del triunfo de la Revolución cubana fueron parte del amplio grupo de propietarios que abandonó el país, convencidos de que era solo cuestión de meses antes de que Estados Unidos derrocara al nuevo gobierno en la isla. Con el paso de los años reconstruyeron su imperio azucarero, gracias en buena medida a generosas ayudas federales, y llegaron a convertirse en uno de los mayores productores de azúcar del país, con empresas como Florida Crystal, Domino Sugar y American Sugar Refining, esta última la mayor procesadora de caña de azúcar del mundo.
Para 2024 la fortuna de la familia Fanjul, diversificada en múltiples negocios además del azúcar, se estimaba en unos ocho mil millones de dólares. Una parte de esta fortuna se invierte, sistemáticamente, en los Comités de Acción Política (PAC por sus siglas en inglés, es el nombre legal que reciben los numerosos lobbies existentes en la política norteamericana). El dinero y la influencia política de este sector, del cual los Fanjul son solo una parte, ayuda a entender la desmedida influencia del lobby anticubano en la política de Estados Unidos, a pesar del relativamente pequeño tamaño de la población cubana en el país, en comparación con otras nacionalidades. Ellos han financiado y financian la carrera de los numerosos políticos de origen cubano que hoy ocupan diferentes cargos en el aparato legislativo y administrativo de los Estados Unidos, incluyendo al actual Secretario de Estado.
Las migraciones posteriores han seguido una tendencia exponencial al aumento, sobre todo a partir de la década de los 90 y su carácter ha sido más económico que político. Por la facilidad del idioma y los lazos familiares, muchas de estas oleadas migratorias se han establecido preferencialmente en el estado de Florida. Aunque su principal motivación no sea política, estos migrantes si han debido, en gran medida, supeditarse al clima político imperante en esta comunidad, so pena de no lograr una adecuada inserción o no contar con los apoyos laborales o familiares. Por decirlo con otras palabras: para poder hacer una vida con relativa normalidad en la Florida, los recién llegados deben pagar un “peaje ideológico” que implica asumir la retórica de la dictadura y muchas otras narrativas construidas por el exilio histórico en torno a la Revolución cubana.
Una relación compleja
La relación de muchos de estos emigrados con Cuba ha sido diversa y compleja. Más allá de la retórica que deben sostener, la gran mayoría de esta comunidad ha mantenido un vínculo cercano con sus familiares en la isla, manteniendo vuelos regulares y siendo un sostén económico importante para la industria del ocio en el país. En los breves años de la etapa Obama se evidenció que muchos de ellos estaban incluso dispuestos a regresar e insertarse económica y socialmente en el país, siempre que la mejoría de las condiciones materiales lo permitieran.
Con el ascenso de Donald Trump y el movimiento político MAGA el escenario cambió. El trumpismo promovió al poder una serie de figuras políticas y mediáticas que enfocaron buena parte de sus esfuerzos en fracturar las relaciones entre las dos comunidades de cubanos separados por el Estrecho de La Florida. La creciente derechización en importantes sectores de esta comunidad llevó a que en su primera presidencia y, particularmente, en las elecciones de 2024, el apoyo de la comunidad cubana se moviera mayoritariamente hacia Trump.
Un estudio de la Florida International University entre votantes cubanos del condado de Miami-Dade en vísperas de las elecciones de 2024, arrojó que el 68 por ciento declaró la intención de votar a favor de Trump, un 23 por ciento a favor de Kamala Harris y un 5 por ciento se declaró indeciso.
A pesar de este apoyo, esta segunda presidencia de Trump ha sido una de las peores para la comunidad cubana dentro de Estados Unidos en la historia. En 2025, la administración deportó al menos 1379 cubanos directamente a Cuba mediante vuelos de deportación. Human Rights Watch estima 4.353 deportaciones de cubanos a México entre enero de 2025 y marzo de 2026. Aunque no hay una cifra confiable de cuántos cubanos han sido detenidos por ICE, si se conoce que al menos cuatro han muerto hasta ahora bajo custodia de las autoridades norteamericanas. Se conocen al menos otros cuatro casos de cubanos deportados a África.
Esta situación, sin embargo, raramente encuentra expresión en una comunidad atrapada entre la lealtad a un movimiento que no los acepta y el temor a la masiva campaña de deportación y revocaciones de visa emprendida por esta administración. Sin embargo, en medio de este contexto, también se alzan voces que enfrentan la política de esta administración hacia Cuba.
Varios movimientos de cubanoamericanos han emergido en los últimos años con un discurso que se opone a la creciente radicalización de la comunidad sobre todo en la Florida. Sus posiciones son, ante todo, reivindicativas del derecho de los cubanos en la isla a tener una vida digna y, por tanto, de rechazo al Bloqueo norteamericano, sobre todo en su variante Trump-Rubio, que ha llevado el cerco a niveles sin precedentes. Por supuesto, dentro de la comunidad cubana en la Florida siempre han existido voces que defienden la lógica del diálogo por encima de la confrontación. Lo interesante es que el actual movimiento se nutre de muchos jóvenes y es una reacción a las circunstancias actuales.
Frente a la retórica de los influencers y políticos que han hecho su negocio de la hostilidad contra Cuba, este tipo de movimiento surgidos en el seno de la misma comunidad, son una bocanada de aire refrescante, que ayuda a entrever la complejidad y diversidad del tejido social que hay en fondo de una comunidad que es mucho más compleja que la presentación que tres o cuatro voceros quieren hacer de ella.
Desde Cuba se han venido dando desde hace tiempo varios pasos tendientes a reconstruir los vínculos con la migración y, particularmente, con la migración radicada en Estados Unidos. En este momento en que desde la Casa Blanca se impulsa una retórica de agresión contra Cuba en la cual, según declaraciones de altos mandos del ejecutivo, no se descarta “la opción militar”, la comunidad cubana dentro de Estados Unidos puede jugar un importante papel no solo en la forma en la cual se resuelva el momento actual, sino en los múltiples caminos posibles de futuro en la relación entre ambos países.
(*) Carlos Novoa, periodista y escritor