La semiótica crítica analiza cómo los signos, relatos e imágenes producen sentidos y reproducen relaciones de poder en la sociedad.
Por Fernando Buen Abad (*)
Portada, Marina Cultelli Delfino (**)
Una semiótica crítica como ciencia de las apariencias y como estudio riguroso de los procesos de significación permite comprender que la realidad humana nunca se presenta de manera inmediata, transparente o neutral. Los signos, las imágenes, los relatos, los símbolos y los dispositivos de representación forman parte de una trama histórica donde se disputan sentidos, memorias, identidades y proyectos colectivos.

La apariencia no debe entenderse como una simple falsedad superficial, como un engaño aislado o como un error individual de percepción. Constituye una forma social de manifestación donde aparecen condensadas relaciones materiales, conflictos históricos y estructuras de poder que organizan la experiencia cotidiana. La semiótica crítica examina la distancia entre aquello que aparece y las condiciones que producen esa aparición.
Toda imagen social contiene una historia de producción, circulación y apropiación. Un discurso dominante puede presentar intereses particulares como si expresaran necesidades generales; puede transformar relaciones construidas por procesos económicos y políticos en fenómenos que parecen naturales, inevitables o eternos.
La tarea científica consiste en reconstruir las mediaciones que articulan los signos con las prácticas humanas, revelar las fuerzas sociales que intervienen en su elaboración y comprender cómo participan en la organización de la conciencia. La lucha de clases también se desarrolla en el territorio de los significados. Las sociedades no disputan únicamente recursos materiales, espacios de decisión o formas de propiedad; disputan interpretaciones del mundo.
Quien controla los sistemas de producción simbólica posee una capacidad considerable para orientar percepciones, establecer prioridades y delimitar aquello que puede ser pensado dentro de una época.
La conciencia de clase emerge como una comprensión histórica de la posición que ocupan los sujetos dentro de las relaciones sociales, una comprensión que supera la experiencia fragmentada y permite reconocer conexiones entre vivencias individuales y procesos colectivos.
Una semiótica crítica estudia cómo se construyen los consensos, cómo se naturalizan jerarquías y cómo ciertos relatos consiguen ocultar contradicciones sociales. La publicidad, el entretenimiento, los discursos institucionales, las plataformas digitales y los lenguajes informativos forman parte de campos donde se organizan valores, aspiraciones y modelos de comportamiento.
Ninguno de estos espacios funciona al margen de las relaciones económicas y políticas que atraviesan la sociedad. La producción simbólica posee una dimensión material porque interviene en la formación de sujetos, en la aceptación de órdenes establecidos y también en la creación de posibilidades transformadoras. La revolución de las conciencias no representa un acto de iluminación individual separado de las condiciones históricas.
Implica un proceso colectivo de conocimiento, reflexión y acción donde las personas desarrollan capacidades para interpretar críticamente las formas de dominación que atraviesan su existencia. La conciencia no aparece terminada; se forma mediante experiencias, conflictos, aprendizajes y prácticas compartidas.
La emancipación humana requiere comprender que las ideas poseen raíces sociales y que toda transformación profunda necesita modificar las condiciones que producen determinadas formas de pensar.
Desde una perspectiva humanista inspirada en la tradición marxista no dogmática, la crítica semiótica reconoce que los seres humanos producen significados mientras producen su propia historia. La cultura no es un adorno colocado sobre la vida material; constituye una dimensión fundamental donde se expresa la creatividad humana, la memoria colectiva y la capacidad de imaginar futuros distintos.
La transformación social requiere atender simultáneamente las condiciones económicas y los universos simbólicos que reproducen o cuestionan esas condiciones. La ciencia de las apariencias no busca destruir toda apariencia para alcanzar una supuesta esencia aislada.
Busca comprender el movimiento complejo mediante el cual la realidad se muestra, se oculta y vuelve a manifestarse bajo nuevas formas. La apariencia posee información sobre la realidad porque contiene huellas de los procesos que la generan. La investigación rigurosa debe analizar esas huellas, establecer relaciones entre fenómenos dispersos y superar explicaciones reducidas que separan la conciencia de la historia.
Los sesgos burgueses aparecen cuando se presenta una determinada organización social como expresión definitiva de la naturaleza humana, cuando se niega el carácter histórico de las instituciones o cuando se reduce la vida colectiva a decisiones individuales desconectadas de sus condiciones materiales.
Una semiótica crítica rechaza esas limitaciones porque entiende que los significados nacen dentro de relaciones sociales concretas. El sujeto humano no existe fuera del mundo que transforma y que también lo transforma. La conciencia de clase no consiste en repetir fórmulas ni en adoptar identidades prefabricadas.
Representa una elaboración intelectual y práctica que permite reconocer intereses comunes, analizar conflictos estructurales y participar en procesos de transformación con responsabilidad histórica.
Su desarrollo exige pensamiento abierto, investigación permanente y capacidad para revisar las propias interpretaciones frente a la complejidad de la realidad. La semiótica crítica aporta herramientas para comprender la batalla cultural como una dimensión inseparable de la vida social.
Allí donde circulan signos circulan también relaciones de poder, posibilidades de resistencia y formas de cooperación humana. La interpretación crítica de los lenguajes permite recuperar la capacidad colectiva para producir sentidos propios, defender la dignidad humana y construir horizontes donde la libertad no sea privilegio de minorías, sino condición compartida por quienes participan en la historia.
La revolución de las conciencias requiere entonces una ciencia de los signos vinculada con la vida concreta, con el trabajo humano, con las contradicciones sociales y con la búsqueda de formas superiores de convivencia. Comprender las apariencias significa penetrar en los procesos que las generan, reconocer las fuerzas que actúan detrás de ellas y abrir caminos para que la humanidad pueda intervenir conscientemente sobre su propio destino.
(*) Fernando Buen Abad, Especialista en Filosofía de la Imagen, Filosofía de la Comunicación, Crítica de la Cultura, Estética y Semiótica. Es Director de Cine egresado de New York University, Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Máster en Filosofía Política y Doctor en Filosofía. Miembro del Consejo Consultivo de TeleSur. Miembro de la Asociación Mundial de Estudios Semióticos. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad. Miembro del Movimiento Internacional de Documentalistas. (Ciudad de México, 1956).
(**) Marina Cultelli, Es una de las artistas uruguayas contemporáneas más versátiles, integrante de la RedH y de su colectivo feminista Libertadoras. Es Licenciada en Artes Escénicas, Magister y fue Profesora en Facultad de Artes (UDELAR), donde integró órganos directivos además de dictar cursos en otras universidades latinoamericanas. Recibió premios nacionales e internacionales. Fue Asesora en Educación y Arte. Desarrolló trayectoria teatral y es autora de varias publicaciones individuales y colectivas. Realizó exposiciones de pintura y performances.