Cuba: Historias compartidas.

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El Dr. Garzón

Por Maribel Acosta Damas (*)

El Dr. Alexander Garzón es cirujano ortopédico de columna. Tiene 51 años. Trabaja en el mayor complejo ortopédico de Cuba: el Hospital Frank País. Ha integrado las brigadas médicas cubanas en dos extremos del mundo: Belice y Burundi. Ha realizado entrenamientos de alta tecnología en Europa y colabora con proyectos internacionales que se realizan en su hospital por médicos extranjeros de elevado prestigio como la Fundación Dr. Soldado.  Vive en el popular reparto habanero de Lawton y en estos tiempos difíciles, muchas veces va y viene al hospital en bicicleta (32 km ida y vuelta). Siempre dice que le gusta tanto operar que lo haría hasta los domingos por la tarde. Para todos es simplemente el Dr. Garzón o Garzoncito porque su padre también era el Dr. Garzón. 

Maribel Acosta Damas (M.A.D.)– ¿De dónde vienes en este mundo? 

Dr. Garzón– Mi origen es médico. Mi papá, médico, procedente de una familia obrera de Cabaiguán en el centro de la isla.  Mi mamá era enfermera, procedente de una familia campesina.

Aunque nací en el hospital materno de la ciudad de Santa Clara, estoy inscrito en el registro civil del poblado de Fomento como natural de Sopimpa, un pueblo de la serranía, en el medio de la sierra del Escambray, porque papi era el médico del hospital rural en ese tiempo. Ahí estuve los primeros dos años de mi vida. Eso y mis raíces deben ser lo que me liga tanto al campo y hace que me gusten tanto los animales y la sierra. Cuando estudiaba, los fines de semana y las vacaciones iba con mi abuelo para el campo. Ahí aprendí a trabajar como un campesino y a tenerle amor a la tierra, a las plantas, a los animales y a las cosas que crecen. Aun cuando después estudié medicina y amo lo que hago, nunca me he desvinculado de mis raíces.

M.A.D.– ¿Cómo te hiciste cirujano ortopédico de columna?

Dr. Garzón – Con mi padre me acerqué desde pequeño, igual que hizo después mi hija.  Conocí un hospital y un salón de operaciones antes de comenzar a estudiar medicina y nunca tuve dudas de que quería ser médico y que la especialidad que me gustaba era ortopedia.

Estudié en la Universidad de Ciencias Médicas de la provincia cubana de Santi Spíritus. Terminé mis estudios de medicina con excepcional rendimiento académico y me otorgaron la vía directa para mi residencia en ortopedia. Y desde los primeros años siempre me motivó la cirugía de columna.  La columna es el eje del cuerpo humano. Tiene dentro estructuras nerviosas y está rodeado de estructuras vasculares. La cirugía de columna es preciosa, hay que dominar la anatomía, las técnicas quirúrgicas y no es la cirugía clásica que la gente se imagina, un ortopédico con un taladro, una sierra, poniendo tornillos… Lleva un extraordinario nivel de precisión y los resultados son espectaculares. Te digo la verdad: yo vuelvo a nacer y vuelvo a hacerme ortopédico y cirujano de columna.

M.A.D.– ¿Desde cuándo trabajas en el hospital Frank País?

Dr. Garzón – Mi historia con el Frank País es larga. En el 2002 yo vine a hacer cuarto año de la residencia a La Habana como parte de mi programa por excepcional rendimiento. Así hice cuarto año en el hospital Frank País y aquí terminé mi especialidad.  

Sin embargo, al interesarme la columna, los profesores con más experiencia de esa especialidad estaban en ese otro gran complejo de salud que es el Hospital Hermanos Ameijeiras. Entonces primero estuve en un diplomado de un año y medio de cirugía de columna allí con eminentes profesores. Mantenía los vínculos con ambas instituciones y cuando en 2018 regreso de misión internacionalista en Belice, me proponen incorporarme al servicio de cirugía de columna del Hospital Frank País y aquí estoy hasta hoy.

M.A.D.– ¿Qué has hecho y haces en este hospital?

 Dr. Garzón – Comencé como cirujano del servicio de cirugía espinal y posteriormente, con el tiempo, me nombraron jefe del servicio de cirugía de columna, que realicé junto a la asistencia médica. ¡Eso nunca lo voy a dejar de hacer! Y luego comienzo con la vice dirección de asistencia médica, que la llevé durante tres años de conjunto con mi labor de cirujano. Nunca he dejado de ser médico. Nunca lo voy a dejar de hacer. Siempre hago mis guardias, mis consultas, mi cirugía, además de las responsabilidades administrativas. Ahora asumí la vice dirección primera del hospital junto a mi trabajo como médico.  

M.A.D.– Cuéntame un día de tu vida…

Dr. Garzón – Estos son tiempos difíciles y uno tiene que crecerse.  Llegar al trabajo cuesta, no hay combustible, vivo lejos…  el transporte público está muy difícil, y el transporte que pusieron para nosotros los médicos, aunque resuelve un gran problema a otras instituciones, a la nuestra no, porque queda muy lejos, apartado y además complicado desde la zona donde yo vivo. Entonces mi bicicleta, que inicialmente fue concebida para hacer ejercicios, es hoy lo que me mueve para ir y venir del trabajo la mayor parte de los días. Me levanto un poco más temprano, vengo en la bicicleta para el hospital, me baño en la oficina, me cambio de ropa y por la tarde cuando termino, me vuelvo a poner la ropa de ciclista y me voy para la casa. Son 32km de ida y vuelta. 

En estos tiempos duros hay que multiplicarse: unas veces estamos con la bata blanca dando una conferencia, otras veces estamos vestidos de verde en un quirófano, que es lo que más nos gusta hacer y otras veces tenemos el overol de mecánica para ayudar a reparar la caldera del hospital cuando tiene alguna dificultad. Es que todo ortopédico tiene dentro un buen mecánico en un taller y hay que apoyar para el arreglo lo mismo de una bomba de agua que de una autoclave; o la caldera, con la ayuda de muchos amigos, pacientes, familiares. Ahí está Michel, el esposo de mi cuñada, persona buena e inteligente que prácticamente sabe hacer de todo. ¡Él me ayuda muchísimo! Y a veces me paso el día en el hospital en lugar de con la bata, con un overol puesto, arreglando las cosas para que continúe la actividad asistencial, porque eso sí lo tenemos claro: los enfermos no tienen responsabilidad con lo que se rompe, con las piezas que no tienen un repuesto: ¡Hay que darle soluciones y buscar creatividad en estos tiempos tan difíciles!  

M.A.D.- Cuéntame anécdotas de tus días, de tus pacientes, de tus orgullos como médico…

Dr. Garzón – Todos los días hay anécdotas que me hacen sentir orgulloso de ser médico, de haberme hecho ortopédico y cirujano de columna. Tengo recuerdos de una persona que me vio un día trabajando en el campo con un sombrero, unas botas de goma y montando caballo. Después dudaba de mi posible capacidad o pericia para yo atender un problema de columna, hasta que me tuvo que ir a ver y salió muy satisfecho con la atención y el resultado. Fue motivo de muchas risas entre los dos. Recuerdo también que estando de misión internacionalista, un jefe de estado, que se había operado dos veces en los Estados Unidos, con una espalda fallida, tenía mucho dolor post quirúrgico y le habían hablado de mí varias veces. Tenía un dolor insoportable, sin poder caminar. Me mandó a buscar y al final terminó operándose con nosotros aquí en Cuba y resolviendo los problemas de salud. Es así. La gratificación más grande que puede tener un médico es operar a un paciente y verlo bien. No hay nada, ninguna satisfacción comparable con ver recuperase a un ser humano. Y esas anécdotas, afortunadamente, son el día a día de nosotros en el servicio de cirugía de columna del Hospital Frank País. 

M.A.D.- ¿Cómo no te has rendido en estos tiempos? ¿Por qué?

Dr. Garzón – Mira, no me he rendido ni me voy a rendir nunca. Y hay varias razones: Primeramente, está el respeto, la consideración a la memoria de los que me educaron, desde mi abuelo, mi papá, mis profesores; los que me enseñaron a ser así, a todos los días dar el paso adelante por difíciles que sean las circunstancias, a poner primero los problemas de otros seres humanos, sobre todo los de salud, a estar por encima de los problemas personales o económicos o políticos que pueda haber en algún momento o alguna situación en el país o en la institución.

Me enseñaron a no rendirme y no me voy a rendir. Segundo, ¿qué ejemplo le daría yo a las nuevas generaciones? Estoy hablando de mis alumnos, de mis residentes; estoy hablando en especial de Ana Karla, mi niña, que está en cuarto año de medicina, con un futuro brillante, que quiere ser ortopédica y cirujana de columna también. ¿Qué ejemplo le doy si me viera rindiéndome? ¿Qué ejemplo le daría a mi sobrina Amanda, que recién termina el bachillerato y va a comenzar una carrera universitaria?

 Además, hay otra cosa: Cuando uno decide estudiar medicina firma un compromiso sagrado con la humanidad donde antepone al paciente, a la salud del ser humano ante cualquier otra cosa. Mientras haya un ser humano que necesite mi ayuda, mientras mis esfuerzos puedan contribuir con la salud y el bienestar de una persona, de un niño, de un anciano, de una madre, yo voy a estar ahí y no me voy a rendir nunca.

De eso tú puedes estar completamente convencida. 

 

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