Algunos enfoques teóricos sobre la cultura (II)

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¿Qué se entiende por cultura?

En el artículo anterior, creímos interesante plantear una serie de interrogantes cuyo único objetivo reflejara la humilde expectativa de contribuir a la reflexión. En esta oportunidad, profundizaremos sobre una de esas preguntas: ¿qué entendemos por Cultura popular? 
 
Al igual que la ideología, la cultura forma parte de lo que Marx llama “superestructura”. Por consiguiente, es un producto histórico social, comprendido en un determinado tiempo histórico, un proceso de acumulación, siendo su principal protagonista, la sociedad en su conjunto y no un individuo aislado. Ahora bien, podemos tomar como base dos grandes mojones en la historia, el primer mojón, en el marco de una sociedad sin clases (hegemónica) donde el concepto de cultura no presenta mayores problemas; el segundo, a partir de la división del trabajo, la estratificación social que como consecuencia genera una interminable serie de desigualdades, donde la dinámica cultural exige tener presente la existencia del conflicto. Tanto los opresores como los oprimidos (la clase dominante y la clase dominada) viven y sienten la realidad de manera muy diferente. Esa vivencia antagónica de intereses se ve reflejada en lo cultural; dando origen a dos culturas la “burguesa” y la “popular”, reflejándose en las expresiones culturales como la música, la literatura, la pintura entre otras las propias contradicciones de clase. En el marco de la sociedad capitalista, la cultura es parte del mercado, es una mercancía que juega con las reglas del sistema, vendible, intercambiable, viéndose despojada de sus propiedades concretas y cualitativas. En ese arte burgués el artista tiene como principal objetivo la búsqueda de la distinción, el artista popular está comprometido, es parte de, está inmerso, y toda la creatividad es en gran medida, producto del colectivo al que pertenece, por tanto representa.
 
Mientras que la “Cultura” impuesta por el sistema, es hegemónica, con grandes intereses ocultos, tanto económicos y  sociales, actúa en función de los intereses de la clase dominante como herramientas para la dominación. La cultura popular es el producto de una acumulación, aprehendida, de saberes que confluyen en la apropiación del colectivo. Eduardo Galeano lo define como: ”un complejo símbolo de identidades que el pueblo preserva y crea”.
 
La Cultura popular ha sido de resistencia en distintas etapas de nuestro país y en toda Latinoamérica. En el período de la dictadura cívico-militar tanto el teatro, la música, la literatura, la pintura, entre otras manifestaciones culturales, cumplieron un rol preponderante durante esta etapa oscura plasmando en sus obras la denuncia permanente; apuntando con frecuencia al contexto político y social presente; respondiendo a una necesidad colectiva de un discurso que rompiera con la complicidad del silencio para generar la complicidad del entendimiento y la resistencia; creando instrumentos para quebrar la ya instalada “cultura del miedo” que se pretendía imponer desde el poder. Desde el teatro, en las pocas salas que no se clausuraron, se presentaron obras en las que se hacía referencia al contexto social del país, a la represión y la situación política. Desde el discurso teatral, heterogéneo y diversificado, claramente contradictores del discurso oficial, anti totalitario, se reivinidicaba la libertad y la democracia política.
 
La música como otra expresión de la Cultura Popular cumplió también un rol de resistencia y denuncia, con grandes exponentes como Zitarrosa, Larbanois Carrero, Los Zucará, entre otros, los medios de comunicación radial como lo fue la CX30 (Germán Araujo) también fueron el reflejo de la denuncia y la voz del pueblo.
 
En fin, consideramos como aspectos de la cultura popular a los modos y prácticas que surgen como respuesta a las demandas de grupos que comparten una situación social y económica de dominación. Terreno dinámico donde se cruzan intereses y proyectos opuestos y es allí donde los sectores populares viven la dominación en su propio terreno, donde desarrollan sus herramientas, saberes, prácticas, discursos y visiones, para poder estructurar formas de participación, protesta y resolución de conflictos.
 
Como reflexión final dejaremos planteada  una segunda interrogante: ¿es la auto gestión una herramienta para el cambio cultural? Brevemente y tomando en cuenta lo planteado, entendemos a la auto gestión como una manera de resistencia a las formas convencionales de producción y gestión cultural donde los individuos o colectivos organizados pueden dirigir sus actividades hacia el logro de sus objetivos autónomamente y sin injerencias externas en el proceso de distribución de sus recursos.
 
Es desde aquí donde retornaremos  nuestro próximo artículo.

Por: Alejandra Goinheix

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