Editorial

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Los tiempos que corren muestran que el mundo se conforma en grandes bloques. Asia por un lado, con China e India, como elemento central. Europa, con Alemania al frente, más allá de la crisis que azota a esa región. América Latina con el MERCOSUR y la UNASUR a la cabeza conforman otro bloque regional.

El Mercosur, que surge como un proceso de integración exclusivamente económico, ha tenido -al amparo de los gobiernos progresistas y de izquierda en la región- el impulso para convertirse en un sólido bloque con capacidad de accionar política. Pero, para que la integración sea definitiva e irreversible, esta no debe limitarse a procesos políticos y comerciales comandados por los gobiernos, sino que debe cimentarse en la integración y complementariedad de los movimientos sociales y fuerzas políticas de izquierda.

La llegada a los gobiernos por parte de los partidos de izquierda y alianzas progresistas han traído aparejado otros problemas. Los espacios de coordinación política han trasladado su eje, y los espacios de gobierno han concentrado gran cantidad de cuadros que estaban insertos políticamente en otros sitios. Esto ha provocado que las instancias de coordinación y debate se den casi exclusivamente en ámbitos de gobierno y estos están sujetos muchas veces a resolver en función de sus realidades internas sin poner la mirada en un proceso de integración que los trascienda.

Es importante que los espacios políticos comunes de las organizaciones de izquierda trasciendan lo declarativo, e intenten construir un plan en común que materialice en cada uno de los territorios los acuerdos alcanzados. Generalmente no salen de la retórica a la hora de construir. Las organizaciones políticas de izquierda deben tener la capacidad de superar estas complejidades, formando y multiplicando sus filas militantes. Logrando conciliar las contradicciones internas que se generan por estar al frente de un estado burgués.

Este es el desafío histórico en esta etapa, sin perder de vista que todavía seguimos en el marco de una estrategia de carácter defensivo, ya que el socialismo, la integración desde esta perspectiva, está lejos de tener un componente regional y mucho menos mundial.

Desde su fundación el MLN -enmarcado en el tiempo histórico de su accionar- se condujo desde el entendido que las reivindicaciones de los pueblos son comunes, y por tal motivo se vincula con otras organizaciones populares con objetivos comunes a fin de extender la lucha a un marco territorial más amplio: si la necesidad de liberación es común, común debe ser la lucha que abarque todo el continente americano.

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Por: Colectivo Mate Amargo

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