Por Orestes Hernandez Hernandez (*)
Hace unas horas en Nueva York, en la Asamblea General de la ONU, el embajador estadounidense Mike Waltz se ajustó la corbata y anunció, con la solemnidad de quien pretende descubrir el agua tibia que el bloqueo contra Cuba es un “mito”.
“No hay bloqueo”, proclamó, y para que no queden dudas de su cindición ufana añadió la definición técnica de su cosecha:
“Un bloqueo es un anillo de barcos de guerra alrededor de una isla. Eso no existe”.
La sala, acostumbrada a que la mayoría vote año tras año contra el bloqueo seguro parpadeó.
Entonces ocurrió lo que el guion no preveía. La delegación cubana se puso de pie. No se levantó para aplaudir la farsa, sino para confrontarla.
Con el ministro Bruno al frente, la delegación avanzó el tono, clavó la mirada en el embajador gringo y apuntó con el dedo acusador al mentiroso.
El gesto no es un ademán de salón, es un florete moral en mitad de la Asamblea. “Miente de manera incivilizada, cruda y grosera”, le espetó la representación cubana, mientras Waltz, impertérrito, insistía en que el bloqueo es un invento y un “teatro político”.
Los delegados de otros países observaban la escena con estupor.
Unos contienen el aliento; otros tomaban notas; varios, discretamente, asistian. Ante sus ojos se desarrolló un choque de dignidad contra maldad, la dignidad de un pueblo que lleva décadas soportando un cerco que su verdugo niega, frente a la maldad bufonesca de quien exige que llamemos “mito” al hambre, a la escasez y a las trabas financieras.
Por eso la delegación cubana se paró, confrontó y apuntó con el dedo acusador al mentiroso. Porque hoy esa delegación defendió a Cuba y al mundo, defendió la verdad frente al relato, la memoria frente al olvido y la soberanía frente al cinismo.
Y aqui lo increíble.
Marco Rubio, secretario de Estado y arquitecto de la política hacia la isla, concedió una entrevista hace unas semanas, en la que en un arrebato de sinceridad que debe haber hecho temblar los cimientos del Departamento de Estado, soltó:
“Le hemos puesto las sanciones más fuertes en la historia de la relación que hemos tenido con Cuba. Trágicamente, el pueblo cubano está sufriendo”.
La frase entonces es un bofetón a la tesis de Waltz.
Rubio no solo admite que hay sanciones, el “bloqueo” que su embajador niega, sino que reconoce su impacto trágico.
Por primera vez, el secretario de Estado ha reconocido la aplicación contra Cuba de las sanciones más fuertes de la historia.
El embajador Waltz, mientras tanto, debe estar buscando en el diccionario la palabra “contradicción”.
Y para cerrar el círculo bufonesco, el presidente Donald Trump firmó al menos un memorando que endurece la política hacia Cuba.
El documento restablece las restricciones de viaje, prohíbe el turismo y refuerza el cerco financiero.
Es decir, el presidente de la misma administración cuyo embajador en la ONU dice que no hay bloqueo firma un documento que intensifica el bloqueo.
La lógica es tan demente que merece ser expuesta en el Museo de Cera de las Contradicciones.

Así queda la cosa: un embajador que niega el bloqueo, un secretario de Estado que lo reconoce y se regocija y un presidente que lo profundiza por escrito. La comunidad internacional asiste al espectáculo con estoicismo.
Mientras tanto, los cubanos seguimos esperando que alguien de la «troupe» se ponga de acuerdo sobre si el anillo de barcos existe o es una alucinación colectiva.
Porque de tanto negar el bloqueo, y si no fuera por los casi 2000 niños que mueren en Cuba antes de cumplir un año, van a terminar convenciéndonos de que el hambre, la escasez y las trabas financieras son también un “mito” de mal gusto.
Y enfrente, erguida, queda la imagen de una delegación que hoy defendió a Cuba y al mundo: .
La dignidad señalando con el dedo a la maldad.
Y como dice un forista que leí hace minutos:
«‘A los que están criticando que si Bruno, que si los cubanos, que si la forma, que si la educación, se van al carajo.
Esta batalla es a lo mambí
¡Al machete y con la lu’ apagá!
(*) Orestes Hernandez, Ministro Consejero Embajada de Cuba
(**) Prof. Adán Iglesias Toledo, Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC. Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero.
