Por Colectivo Mate Amargo (*)
En 1921, cuando su padre, Juan Cultelli, anarquista de origen italiano, militaba en la fundación del Sindicato Único de la Aguja, y su madre, Guiazul Chiribao, Andrés Cultelli era anotado como hijo de aquel matrimonio, procedente del orfanato que atendían las monjas en el barrio Palermo. “Llévese ese que es el más inteligente”, contaba la madre que le dijeron, y la foto de aquel pequeño niño lucía ampliada hasta su muerte en 1974, junto a otra en que aparecía en un atardecer, muy joven y pescando en una chalana. Es que luego, regresaron a Rocha de donde su madre era oriunda, y vivió allí toda su infancia y adolescencia en un pueblo llamado Potrero Grande y que, según él mismo relataba, en aquellas épocas decían “voité por decir usted”. No recordaba a qué edad había comenzado a trabajar con la yunta de bueyes de la familia. Ya más grandecito le gustaba salir por las estancias arreando bueyes ajenos que su abuelo vendía, y a los 9 años de edad ya trabajaba por un jornal en una taberna de la zona. Su tía Blanca Chiribao fue la maestra que fundó la escuela de Castillos, y de primero a tercero los hizo allí, atravesando campos para poder ir a la escuela. Así pasó su infancia y ya adolescente se iba a trabajar al arroz, viviendo en taperas y con las sanguijuelas que ardían en las piernas.
Montevideo vio a Cultelli llegar en la caja de un camión ya con 16 años. A los 17 años se incorpora al Partido Socialista, tras previa militancia sindical. Corría el año 1938, la pobreza no cedía, y allí su primera experiencia de huelga. Con su padre ya en Montevideo, recorre sindicatos y aprende de aquellas luchas, estudia, aprueba la secundaria por exámenes libres y estudia en la facultad de derecho obteniendo el título de procurador, para defender a las y los trabajadores. Su primer trabajo profesional fue precisamente allí en el sindicato de la carne. Contaba que por aquellos años (fines de los 40 y principios de los 50), la mayoría de los juicios y acusaciones eran por el trabajo infantil que, a pesar de la legislación ya vigente, los frigoríficos seguían usando como mano de obra barata. Cuentan sobre sus andanzas en la construcción y asesoramiento de las cooperativas pesqueras del este, las luchas por las zonas de pesca y allí los pescadores le construyeron un rancho de paja (cocina, comedor y cuarto, con letrina fuera) donde frente al mar realizaba su trabajo de defensa. También UTAA y los cañeros de Artigas, donde fue como abogado a partir de la detención de Raúl Sendic; la FUS ya más adelante y otros. Fue padre de 5 hijes, y el amor de su vida, su compañera hasta el final, fue Isabel Delfino, trabajadora y luchadora incansable. Los tiempos eran complejos y los primeros años de la década del 60 lo encontraron entre los primeros fundadores del Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros.
En 1968 pasa a la clandestinidad. En 1969 participa en la acción de la toma de la ciudad de Pando, donde ve por última vez a su hijo mayor, Alfredo Cultelli, quien fue fusilado por el ejército al regreso a Montevideo. En agosto de 1970 cae preso por primera vez y luego de ser torturado, lo pasan al juez y al Penal de Punta Carretas, donde sale un año después hacia el Chile de Allende. De Chile viaja a Cuba y allí quedan a salvo sus hijas y esposa. Vuelve a la pelea, pasando de Chile a la Argentina, donde cae preso en abril de 1975 y hasta 1980 sufriendo los horrores del trabajo conjunto de las fuerzas fascistas que luego se convirtieron en el Plan Condor. Al salir en libertad, viaja a Europa y a Cuba, donde nuevamente se reúne con su familia y retoma estudios filosóficos, recuperando el tiempo perdido; de allí vuelve a estas tierras en la clandestinidad obligada de los tiempos aún dictatoriales, hasta 1985 que con la “democracia” regresa legalmente al Uruguay para seguir peleando, esta vez incorporándose además a las gremiales de jubilados y pensionistas, fundando la agrupación de Lezica, Colón y adyacencias. A los 82 años de edad muere en Montevideo un 14 de agosto de 2003, día de los mártires estudiantiles.
Revolucionario antimperialista y latinoamericanista como Artigas, Martí, Bolivar, pero sobre todo un marxista de esos que temen tanto los enemigo de clase, que temen los enemigo de las y los pobres de la tierra con los que echo su suerte, parafraseando a Martí. Fue de esos que siempre molestan a las huestes del poder, incluso hoy a 13 años de su muerte, cuando las y los humildes del barrio COTRAVI, allá por donde dio sus primeras luchas con las y los trabajadores de los frigoríficos, ponen su nombre al parque céntrico que alberga la alegría de los niños y adolescentes con espacios de juego y deporte, ferias que dan trabajo, y un centro comunitario que verá muchos amaneceres tras 28 años de lucha en la transformación de ese barrio morada de tantas/os humildes de Montevideo. Y allí de alguna manera, y como muestra la fotogalería de la actividad realizada el pasado sábado en la inauguración de ese sueño hecho realidad, quedó Andrés Cultelli, renaciendo, porque sí se puede.








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