El estrecho de Ormuz derrotó y humilló el aventurerismo de Trump, y al igual que el Triángulo de las Bermudas, devoró la doctrina de seguridad israelí

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Ayer, miércoles 17 de junio, entró en vigor la primera fase del Memorando de Entendimiento de Islamabad, que en 60 días de negociaciones debería conducir al fin de la guerra. El sabotaje de Israel al contenido del acuerdo marco, podría descarrilar las conversaciones y desencadenar una nueva conflagración

Por Carlos Fazio (*)

Tras más de cien días de una guerra de agresión no provocada iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero pasado, el presidente Donald Trump y su homólogo iraní, Masoud Pezeshkian, firmaron de forma digital ayer, miércoles, un “Memorándum de entendimiento” condicionado, vinculante y verificable, que incluye, entre otros temas, detener las hostilidades militares en todos los frentes, incluido el Líbano, el levantamiento del bloqueo en el estrecho de Ormuz por EU y la liberación de activos iraníes.

Inicialmente, el documento estaba previsto para suscribirse el viernes 19, en Ginebra, Suiza, pero un diplomático de un país mediador declaró a Axios que se había adelantado para acelerar la apertura del estrecho de Ormuz. Ahora, ambas partes cuentan con 60 días para negociar a partir de la fecha de entrada en vigor del memorando, ayer 17 de junio. Según las fuentes del medio, Trump firmó de manera virtual el documento durante una cena en Francia con el presidente Emmanuel Macron. El programa de los equipos negociadores de Irán y Estados Unidos en Ginebra se mantiene, pero no se celebrará ninguna ceremonia de firma en Suiza.

Desde Teherán, el presidente del Parlamento de la nación persa, Mohammad Bagher Ghalibaf, afirmó en una entrevista televisiva que Irán “prevaleció” sobre Estados Unidos e Israel, a los que describió como “las principales potencias militares del mundo”, y que no les permitió alcanzar “ninguno de los nueve objetivos” que habían anunciado el 28 de febrero pasado. Ghalibaf aseguró que Irán seguirá “con el dedo en el gatillo” y que está preparado para actuar ante cualquier incumplimiento de los compromisos por parte de Estados Unidos. “Si el enemigo intenta traicionar, nosotros somos gente del campo de batalla; la distancia entre la diplomacia y el campo de combate no es grande para mí, y tenemos el dedo en el gatillo”, recalcó.

A su vez, la Cancillería persa señaló que Irán derrotó a dos potencias nucleares que contaban con el apoyo de otros países, en alusión implícita a varias potencias europeas de la OTAN que han sufragado la guerra y suministrado armamento a Israel, y a varias petro-monarquías del golfo Pérsico que han cobijado bases militares estadunidenses en su territorio, desde donde partieron varios ataques del CentCom contra Irán.


¿Qué contiene el memorando?

El memorando de 14 puntos formulado por la mediación de Islamabad, publicado el lunes por la agencia de noticias iraní Mehr y confirmado oficialmente este miércoles por la Casa Blanca tras las protestas de medios estadounidense, compromete a Estados Unidos, Irán y sus respectivos aliados en la guerra, al cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, y a que, en lo sucesivo, no iniciarán ninguna guerra ni operación militar entre sí, se abstendrán de la amenaza o el uso de la fuerza entre ellos y garantizarán la integridad territorial y la soberanía del Líbano (punto 1).

Inmediatamente después de la firma del llamado “Memorándum de entendimiento de Islamabad”, EU e Irán se comprometen a negociar y a alcanzar un acuerdo definitivo en un plazo máximo de 60 días, prorrogable con el consentimiento de las partes. Ya suscrito el acuerdo marco, EU deberá comenzar a levantar su bloqueo naval en el estrecho de Ormuz y cualquier interferencia u obstrucción contra la República Islámica, poniendo fin por completo al bloqueo en un plazo de 30 días (punto 4). Durante ese período, el paso de buques se ajustará a los niveles de tráfico previos a la guerra establecidos por Irán. Estados Unidos también se comprometió a retirar sus fuerzas militares de la zona circundante a Irán en un plazo de 30 días a partir de la firma del acuerdo definitivo.

A su vez, Irán deberá adoptar todas las medidas posibles para garantizar el paso seguro de los buques mercantes, sin coste alguno, durante un período de 60 días, desde el golfo Pérsico hasta el mar de Omán y viceversa (punto 5). El tráfico de barcos mercantes comenzará de inmediato, pero considerando la necesidad de eliminar los obstáculos técnicos y militares y realizar el desminado por la parte iraní, Teherán tiene un plazo de 30 días para llevar a cabo esas tareas. A la vez, Irán y el Sultanato de Omán mantendrán conversaciones para determinar la futura administración y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz, de conformidad con el derecho internacional aplicable y los derechos soberanos de los Estados ribereños del estrecho de Ormuz, e intercambiarán, asimismo, puntos de vista con los demás Estados ribereños del golfo Pérsico.

Estados Unidos se comprometió, junto con sus socios regionales, a elaborar un plan definitivo y consensuado, con un presupuesto mínimo de 300 mil millones de dólares, para la reconstrucción y el desarrollo económico de Irán. El mecanismo para la implementación de este plan se definirá como parte de un acuerdo final en un plazo de 60 días. EU otorgará todas las licencias, exenciones y permisos necesarios para las transacciones financieras pertinentes. Además, EU se comprometió a poner fin a todo tipo de sanciones contra Irán, incluidas las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, resoluciones de la Junta de Gobernadores del OIEA, y todas las sanciones unilaterales estadunidenses, primarias y secundarias, según un calendario acordado como parte del acuerdo final.

El punto 8 señala que Irán reafirma que no adquirirá ni desarrollará armas nucleares. Asimismo establece que EU y Irán acordaron resolver la disposición del arsenal de material enriquecido iraní mediante un mecanismo que se acordará mutuamente, con la metodología mínima de desnaturalización in situ bajo la supervisión del OIEA. Ambas partes también acordaron debatir la cuestión del enriquecimiento y otros asuntos relacionados con las necesidades nucleares de Irán, sobre la base de un marco satisfactorio que se acordará en el acuerdo final. A la espera del acuerdo final, EU e Irán acordaron mantener el statu quo: Irán mantendrá su actual programa nuclear, y EU no impondrá nuevas sanciones ni desplegará fuerzas adicionales en la región del golfo Pérsico.
Washington se comprometió a que, inmediatamente después de la firma del memorando y hasta la finalización de las sanciones, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitirá exenciones para la exportación de petróleo crudo iraní, productos derivados del petróleo y todos los servicios asociados, incluidas las transacciones bancarias, los seguros, el transporte, etc. (punto 10).

El punto 11 establece el compromiso de EU de liberar los fondos y activos iraníes en cuentas bancarias en el extranjero, congelados o restringidos por las sanciones internacionales. Ambos países acordarán mutuamente los procedimientos para la liberación de esos fondos durante las negociaciones. Dichos fondos, ya sea mediante la obtención de la cuenta original o mediante transferencia, se pondrán a disposición para el pago a cualquier beneficiario final designado por el Banco Central de la República Islámica de Irán. Estados Unidos se comprometió a emitir todas las licencias y autorizaciones necesarias.

Ambos países acordaron establecer un mecanismo ejecutivo para supervisar la correcta aplicación del memorando y el cumplimiento futuro del acuerdo final. Después de su firma, y sujeto al inicio de la implementación de cinco párrafos específicos (1, 4, 5, 10 y 11), y la implementación continua de esas medidas, EU e Irán comenzarán negociaciones sobre el acuerdo final exclusivamente sobre los demás párrafos.

El punto 14 establece que el acuerdo final será ratificado mediante una resolución vinculante del Consejo de Seguridad de la ONU.

Los saldos después de las batallas y el sabotaje israelí

Como se deduce del contenido del memorando firmado, no forman parte del mismo ni el sofisticado programa de misiles iraní, ni el cese del apoyo de Teherán a las fuerzas del “eje de la resistencia”, conformado por el movimiento libanés Hezbolá, el palestino Hamas, Ansarolá de Yemen y milicias iraquíes, exigidos por Israel. 

En síntesis, según los términos acordados, tras su firma la Casa Blanca acabó aceptando la esencia de lo que EU había rechazado durante 25 años, lo que representa una importante victoria estratégica de Irán. O de otra manera, lo pactado significa un retorno a la situación previa a la guerra de agresión ilegal desatada por EU e Israel el pasado 28 de febrero, pero ahora con Irán controlando el geoestratégico estrecho de Ormuz, nudo crítico de importancia geopolítica por su impacto en la economía mundial. 

Sin embargo, desde el domingo mismo los cimientos del memorando comenzaron a resquebrajarse, debido a una flagrante violación de sus principios fundamentales por parte de los países agresores, en particular del régimen expansionista israelí −que trató la estipulación explícita relativa al Líbano como una simple nota al margen y volvió a bombardear Beirut, profundizando además la política de tierra arrasada de sus fuerzas de ocupación en el sur del país de los cedros, considerada una “zona de seguridad” por el primer ministro Benjamín Netanyahu−, lo que exhibe un juego de alto riesgo en el que las reglas están siendo reescritas incluso antes de que se seque la tinta.

Al respecto, cabe citar que el sábado 13 de junio, el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, afirmó que junto con el primer ministro Netanyahu habían instruido a sus fuerzas en Líbano y los territorios árabes ocupados, prepararse para preservar la capacidad autónoma de actuación frente a Irán y sus aliados. El ministro aseguró que Israel no se retirará de las “zonas de seguridad” en Líbano, Siria y Gaza, donde las fuerzas israelíes mantienen posiciones militares. Miles de casas en el sur del Líbano han sido arrasadas durante la ofensiva de Tel Aviv en el marco de la frágil tregua, forzando desplazamientos masivos. En redes sociales se difundieron videos que muestran la destrucción en la zona y a soldados israelíes derribando entre risas y aplausos las viviendas civiles.

A su vez, en declaraciones a los medios israelíes el lunes por la noche, la ministra israelí de Ciencia y Tecnología, Gila Gamliel, afirmó sin rodeos que el régimen sionista no está obligado por el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán. “No somos parte del acuerdo y, desde nuestra perspectiva, continuaremos hasta lograr el objetivo de desarmar a Hezbolá”, subrayó la integrante del gabinete político y de seguridad israelí. Fue aún más allá, admitiendo abiertamente el plan del régimen expansionista de mantener el control sobre la zona invadida en el sur del Líbano los dos últimos meses, e impedir el regreso de los civiles libaneses desplazados, en una tácito objetivo encubierto por gazatizar esa región. “Siendo realistas, estamos profundamente afianzados en el Líbano y no tenemos intención de retirarnos de las zonas que controlamos hasta el río Litani y el castillo de Beaufort… no permitiremos que la población regrese hasta que Hezbolá sea desarmado”, agregó.

En ese contexto, el periodista israelí Barak Ravid reveló el lunes, que Donald Trump criticó duramente a Netanyahu en una conversación telefónica reciente. “Una de las cosas que Trump me dijo, es que cree que Netanyahu ‘no tiene ningún puto criterio’. Usó la palabra con ‘P’ creo que tres veces durante nuestra llamada, en el contexto de lo que hizo Netanyahu cuando ordenó el ataque en Beirut”, dijo Ravid en una entrevista con CNN. Según su relato, más tarde ese mismo día, el mandatario estadunidense transmitió directamente ese mensaje a Netanyahu y “le dejó claro que esto tiene que parar”.

En ese mismo tenor, el martes Trump advirtió que el primer ministro israelí debe actuar con mayor responsabilidad. Dijo: “He tenido una excelente relación con Bibi (Netanyahu), pero ahora tiene que ser más responsable con respecto al Líbano”. Trump también indicó que había sugerido a Israel “que dejara que Siria se ocupara de Hezbolá”. “Porque, para ser sincero, creo que ellos lo harían mejor», enfatizó. 

Por otra parte, llamó la atención hasta ayer, miércoles, que en contra de su comportamiento habitual de adelantarse a los acontecimientos para intentar capitalizarlos y presentarse como el ganador de la guerra,  Trump no divulgara el contenido de los acuerdos negociados por el vicepresidente JD Vance, Steve Witkoff y su yerno, Jared Kushner, y que según reportó Axios −medio cercano a su administración−, habría sido objetado dentro de su gabinete por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe.

¿Frágil tregua o pausa estratégica antes de la próxima guerra devastadora?

Varios observadores han señalado que el memorando de entendimiento diseñado por los mediadores de Pakistán y Qatar, no es un instrumento diplomático ordinario, sino un cambio tectónico: un mecanismo cuidadosamente calibrado que ha redefinido de manera fundamental el equilibrio entre obligaciones, capacidad de presión y consecuencias. En esencia, se trataría de una jugada estratégica magistral de los negociadores iraníes, que transforma los compromisos de alto el fuego asumidos por sus contrapartes estadunidenses, en un marco vinculante de rendición de cuentas, aplicación y disuasión.

Lo que hace extraordinario a este memorando no es únicamente su contenido, sino también su arquitectura. Irán ha entrelazado la retirada militar israelí del Líbano, las negociaciones nucleares con Trump, el alivio económico al país devastado por la aviación estadounidense-israelí y los mecanismos de aplicación en una cadena indivisible. Cada eslabón depende del otro. Sin implementación no hay conversaciones. Sin retirada no hay paz. Sin cumplimiento no hay alivio. 

Desde esta perspectiva, la continua presencia de las fuerzas de ocupación israelíes en el sur del Líbano no constituye una complicación residual, sino una prueba irrefutable de que la condición para poner fin a la guerra sigue sin cumplirse. Si la ocupación persiste, entonces la guerra también persiste.

Según la posición iraní, una guerra impuesta no puede considerarse terminada si continúan, en cualquier frente, la agresión militar, la ocupación ilegal de territorios y las presiones coercitivas.

De acuerdo con una análisis de Hispantv, las continuas amenazas de una nueva guerra por parte de los más altos dirigentes estadunidenses, incluido el propio Trump, junto con los ataques permanentes del ejército israelí y la ocupación de partes del territorio libanés, no constituyen simples errores diplomáticos, sino un desmantelamiento sistemático del propio entramado del acuerdo.

Esa situación plantea una pregunta crucial: ¿puede sobrevivir una paz edificada sobre una base tan frágil o se trata simplemente de una pausa estratégica antes de la próxima guerra devastadora?

En el núcleo de la cuestión no se encuentra únicamente la pregunta de si una guerra ha terminado formalmente, sino si el comportamiento de los actores involucrados se ajusta al espíritu y a las condiciones del propio acuerdo.

Si las amenazas belicistas continúan después de la firma, si la presión militar persiste en escenarios paralelos y si las condiciones pactadas siguen sin cumplirse, entonces el entendimiento sobre el “fin de la guerra” previsto para ser allanado en 60 días, no puede considerarse, en términos significativos, plenamente concluido. En su lugar, emerge una fase híbrida: ni guerra activa ni paz genuina, sino una pausa estratégica moldeada por la coerción, las señales de fuerza y objetivos aún no resueltos.

Según la perspectiva iraní, tales amenazas belicistas no constituyen excesos retóricos, sino violaciones estructurales del propio espíritu del entendimiento. Si el acuerdo marco destinado a poner fin a la guerra pretende eliminar la coerción como instrumento de negociación, entonces la reintroducción de amenazas militares −como las formuladas ayer, miércoles, por Trump, en el sentido de que si Teherán “no se comporta bien y me satisface (…) volveremos a dispararles y a lanzarles bombas sobre la cabeza”− socava la premisa fundamental de la diplomacia de posguerra. Reconfigura la diplomacia no como un paso de alejamiento respecto al uso de la fuerza, sino como una prolongación de esta por medios alternativos.

Según el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Seyed Abás Araqchi, el memorando de entendimiento fue concebido mediante un enfoque de dos fases para abordar la profunda desconfianza de Teherán hacia Washington. Una desconfianza nacida de décadas de promesas estadunidenses incumplidas y agresiones que configuran crímenes de guerra y delitos de lesa humanidad, incluidos sendos actos de perfidia y traición cometidos por Trump durante las fases de negociaciones sobre el tema nuclear que desembocaron en la llamada guerra de “los 12 días” en junio de 2025 y en la actual guerra de Ramadán en febrero de este año.

Con el agregado de que el comportamiento estadunidense no ha cambiado desde el alto el fuego del 8 de abril, prueba de lo cual son los ataques del Comando Central (CentCom) del Pentágono de comienzos de junio contra instalaciones militares, radares y centros de inteligencia en el sur de Irán, cuando las negociaciones se encontraban en pleno desarrollo y Trump afirmaba que se registraban avances para poner fin a la guerra.

Ese “enfoque pendular”, que oscila entre amenazas extremas y discursos de paz en cuestión de horas, destruye cualquier apariencia de confianza.

Según el memorando de entendimiento, la primera fase está destinada explícitamente a garantizar un fin inmediato y permanente de la guerra en todos los frentes, incluido el Líbano. De acuerdo con ello, el cese de las amenazas, la retirada de las fuerzas de ocupación en territorio libanés y la suspensión de las hostilidades militares deben constituir los pilares sobre los cuales se construiría la segunda fase: las negociaciones sobre cuestiones nucleares y el alivio de las sanciones.

No obstante, Israel −considerada por Irán parte de las fuerzas agresoras junto con Estados Unidos− se ha negado a cumplir, como se dijo arriba, el marco de entendimiento. Lo que plantea una preocupación estructural más profunda acerca de la manera en cómo funcionan las negociaciones en entornos donde la opción militar no ha sido completamente abandonada.

Para Teherán, cuando una de las partes continúa sugiriendo la posibilidad de una nueva guerra, el propio espacio de negociación queda distorsionado. Deja de ser un ámbito neutral para el compromiso mutuo y se convierte en una extensión de la presión coercitiva, donde los resultados se moldean bajo la sombra implícita de la fuerza en lugar del reconocimiento recíproco de las limitaciones existentes.

Según Araqchi, el memorando entre Teherán y Washington no se limita a una única esfera bilateral. El canciller iraní ha insistido repetidamente, en que el fin de la guerra en el Líbano constituye una parte “inseparable” de cualquier acuerdo de paz. Y dado que los campos de batalla estaban interconectados, la paz también debe estarlo. Si uno de esos frentes continúa activo −ya sea mediante la ocupación o agresiones militares intermitentes−, entonces la integridad del marco general queda inevitablemente cuestionada.

Sin embargo, en abierta contradicción con este principio, Netanyahu y su ministro de Defensa, Katz, han declarado públicamente, como se dijo antes, que las tropas israelíes permanecerán en las zonas que actualmente ocupan en el Líbano durante el tiempo que consideren necesario. Se trata de una señal clara de que la guerra no ha terminado por completo y de que el requisito previo para iniciar la segunda fase de negociaciones no se ha cumplido.

Trump debe amarrar a su perro de ataque israelí

Tras la firma oficial del memorando, la situación refleja una preocupación más amplia acerca de la secuenciación en la diplomacia internacional. En conflictos complejos, los acuerdos por fases están diseñados para generar confianza de manera gradual. Sin embargo, también son vulnerables a la asimetría, cuando una de las partes percibe el cumplimiento como algo opcional o negociable, mientras que la otra lo considera un elemento fundacional.

Cuando surge tal asimetría, el propio acuerdo corre el riesgo de degenerar en una guerra de interpretaciones en lugar de proporcionar claridad operativa.

En los últimos días, los negociadores iraníes, incluido el ministro Araqchi, han señalado que Estados Unidos presentó exigencias adicionales que siguen siendo objeto de discusión incluso después del anuncio del memorando, lo que demuestra que Washington continúa intentando obtener concesiones bajo la sombra de su poder militar.

Para las autoridades iraníes, proseguir con negociaciones de “posguerra” mientras se sufre bombardeos y amenazas equivaldría a establecer un precedente catastrófico. Transmitiría a EU e Israel el mensaje de que las amenazas y la agresión son herramientas eficaces para arrancar concesiones, garantizando así que el ciclo de guerra, alto el fuego y negociación se repita en el futuro.

Un informe de Hispantv de este miércoles, señala que la respuesta iraní, frente a estas reiteradas violaciones, debe ser calculada, proporcional y decisiva. Aunque la posición oficial de Teherán hasta ahora ha consistido en negarse a entablar diálogo hasta que se cumplan todas las condiciones estipuladas en el memorando, el siguiente paso debe definirse con claridad.

Según el medio, si la próxima ronda de conversaciones llegara a iniciarse y las violaciones persistieran −ya fuera mediante la continuación de las amenazas estadunidenses o de la ocupación israelí−, Irán debería activar sus propios instrumentos de presión. Esto incluiría la activación de opciones militares y, de manera crucial, el estrecho de Ormuz. Se trataría de una “respuesta proporcional” al incumplimiento por parte del enemigo estadunidense-israelí de sus compromisos y el único “lenguaje comprensible” para un adversario que solo entiende la fuerza.

Se parte del análisis de que, en última instancia, la estrategia actual de Estados Unidos y su proxy Israel, está diseñada para obligar a Irán a negociar desde una posición de debilidad, aceptando un acuerdo que reproduzca los peores aspectos del pacto de 2015 o que garantice una guerra futura. De allí que la única forma de romper este ciclo y asegurar una paz estable y duradera, es reafirmar que el fin de la guerra no es negociable.

De acuerdo con el contenido del Memorándum de Islamabad, Estados Unidos debe demostrar su compromiso con la paz mediante hechos y no únicamente con palabras y documentos firmados; de allí que sería imperativo  detener a su perro de ataque rabioso israelí y obligar a Netanyahu y su gabinete de sádicos talmúdicos, a que desocupen de inmediato los territorios libaneses. Mientras la sombra de las armas continúe proyectándose sobre la mesa de negociaciones, no habrá ningún “arte del acuerdo”, sino únicamente el arte de la supervivencia.

 

(*) Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Capítulo México).

(**) Fotografia de portada TeleSur

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