Encuentro Feminista Popular

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Mujeres y disidencias de todo el país se reunieron para construir agenda y estrategia colectiva

Por Claudia Suárez Delgado (*)

 

Durante dos jornadas intensas, el 11 y 12 de abril, los locales de SUTEL y FUCVAM en Montevideo fueron sede del Encuentro Feminista Popular, un espacio de confluencia entre organizaciones sindicales, territoriales, culturales y colectivas feministas, organizado por Vía al 8M: federación de colectivos feministas que entre otras actividades viene organizando la marcha del 8M en Montevideo.

El sábado 11 de abril, desde bien temprano, mujeres y disidencias comenzaron a llegar al local de SUTEL. Se habían inscripto más de 450 personas, venían desde 18 departamentos del país, con trayectorias distintas y banderas diversas: sindicalistas, militantes territoriales, cooperativistas, estudiantes, integrantes de colectivas feministas, organizaciones barriales y culturales. El Encuentro Feminista Popular las convocó bajo una apuesta clara: que la diversidad no es un obstáculo sino la principal fortaleza del feminismo popular, nos atraviesa el mismo sistema y las mismas problemáticas, la diversidad de nuestras miradas y herramientas es nuestra mayor riqueza.

La apertura estuvo a cargo de Carolina Spilman, vice presidenta del PITCNT, encargada de la Secretaría de Género, quien en nombre de SUTEL (su sindicato de origen) dio la bienvenida, a quienes llegaban,  a lo que definió como «esta casa de trabajadoras y trabajadores organizados, que hoy se transforma también en casa de todas». Su discurso marcó el tono político de las jornadas: un feminismo que no se abstrae de la realidad material, que reconoce en la articulación entre movimientos su mayor capacidad transformadora, y que entiende el encuentro mismo como un acto de resistencia frente a un sistema que, según sus palabras, «nos quiere aisladas, fragmentadas, compitiendo entre nosotras».

«Vivimos tiempos donde crece la desigualdad, donde se concentra la riqueza en pocas manos, donde los discursos conservadores intentan desacreditar nuestras luchas», planteó Spilman. Y frente a ese diagnóstico, la respuesta del encuentro fue organización, debate y construcción colectiva de estrategia.

La metodología elegida fue el trabajo en grupos, en base a cuatro ejes de discusión, tomando la Proclama de la marcha 8M de 2026 como disparadora de la reflexión, dejando para el trabajo de la tarde el pienso y generación de propuestas para intervenir y avanzar en las realidades compartidas. Los cuatro ejes propuestos, de los cuales cada participante tuvo que elegir uno, fueron:

  1. Coyuntura regional e internacional ante el avance fascista.
  2. Derechos e institucionalidad.
  3. Alternativas populares y comunitarias
  4. Territorio y conflictos ambientales

Luego de dos jornadas de compartir intercambio, experiencias, preocupaciones y hasta en algunos casos la pesadez de la impotencia, se llegó a una declaración que se hizo pública desde las redes sociales de los colectivos participantes. La declaración exige al Estado una política transformadora que asigne presupuesto real para hacer efectiva la normativa vigente, «fruto de la lucha de nuestro movimiento». En ese marco, el encuentro adhirió a la reivindicación del movimiento sindical de gravar con un 1% al 1% más rico de la población, entendiendo que «solo así será posible una reparación justa para quienes han sido sistemáticamente vulneradas y vulnerados por la ausencia del Estado».

El documento también denuncia explícitamente la responsabilidad del Estado en las violencias que sufren mujeres y disidencias, así como el retroceso en derechos humanos e igualdad de género que impacta con mayor fuerza sobre los sectores más vulnerados y en el interior del país. Y se posiciona con contundencia frente al contexto internacional: contra el apartheid, el genocidio y la guerra, y en solidaridad con los pueblos que resisten la opresión.

«Porque sin feminismo popular no hay justicia social. Porque sin redistribución de la riqueza no hay emancipación posible. Porque frente al genocidio, la guerra, el saqueo y la opresión, levantamos organización, lucha y esperanza», concluye la declaración.

Porque se trata de un feminismo de clase que reconoce al patriarcado y capitalismo como ejes de la opresión, que trabajan juntos explotando el trabajo invisible y no remunerado de los cuidados, que perpetúan la violencia para sostener un sistema que favorezca la acumulación de unos pocos.

Frente a esto retomamos las palabras de Carolina Spilman en el discurso de apertura: «Ninguna organización por sí sola puede transformar esta realidad. Necesitamos tejer alianzas, reconocernos en nuestras diferencias, construir agendas comunes sin borrar nuestras particularidades».

El Encuentro Feminista Popular 2026 cerró con la convicción de que reunirse es, en sí mismo, resistir. En un contexto marcado por el avance de discursos conservadores y fascistas, el ajuste en políticas sociales y la persistencia de la violencia machista. La declaración final lo dice sin rodeos: «Reivindicamos nuestra fuerza transformadora y nuestra capacidad colectiva de crear futuros donde el cuidado de la vida y la diversidad estén en el centro».

El encuentro tuvo un cierre artístico, una forma de celebrar lo vivido, no solo desde el pensar sino desde el sentir, que el feminismo popular también se expresa, resiste y sueña a través de la cultura y la creatividad.

(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología, ceramista,  especialista en Gestión Cultural, feminista, militante social e integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim en el colectivo Libertadoras antifascista.uy.

 

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