Por Maribel Acosta Damas (*)
Dibujo de portada, Juan Eduardo David Posada. (**)
Emiliano Raya Aguiar es mexicano, Doctor en Ciencias Históricas. Tiene treinta y ocho años, es maestro y especialista en Historia de México y de América Latina. Trabaja en el Instituto Michoacano de Ciencias de la Educación y en la actualidad se encuentra en Cuba participando en la 31° Brigada Latinoamericana y Caribeña de Trabajo Voluntario y Solidaridad. Fidelista de ideas y praxis, afirma que no buscó a Fidel. ¡Lo encontró!
Emiliano Raya Aguiar (ERA). – Tengo que reconocer que en realidad yo no busqué a Fidel, sino que Fidel llega a mi vida heredado. Mi abuelo es un profesor normalista rural en México y él tuvo un intercambio de una valija diplomática con Cuba. Y entonces a él le llegaban acetatos con los discursos, las declaraciones de La Habana…
Maribel Acosta Damas (MAD). – ¿Es en qué años?
(ERA). – Eso inició en la década de los 40-50 en México; después, con el triunfo de la Revolución. Entonces, en mi familia, Fidel se convierte en un referente desde mi abuelo, en un personaje de la intimidad política de la familia. Luego mis padres vienen a estudiar a Cuba, estudian aquí, en la ciudad de Camagüey y en La Habana. Estudiaron Economía. Son economistas. Y la casa estaba llena de libros de Fidel desde que yo nazco…
(MAD). – ¿Tú naciste en México o en Cuba?
(ERA). – Yo nací en México. A los 3-4 años de que mis padres regresan de Cuba, nazco yo. Y ellos regresan con una biblioteca, que por demás fue casi gratis. Hasta le deberíamos pagar por eso también a los cubanos… (y sonríe).
Ese referente que es Fidel, ha sido un icono en mi familia… y cuando entro a la universidad, me decido por estudiar Historia, la Historia de México y la Historia de América Latina. Y es imposible entender esta historia sin la Revolución Cubana y sin personalidades clave como Fidel Castro o como Julio Antonio Mella.

(MAD). – ¿Cómo continúa tu acercamiento a Fidel? ¿Cómo lo entiendes?
(ERA). – Yo creo que a Fidel se le puede entender en diferentes etapas y perspectivas. Cada una de ellas tiene validez en su contexto. Por ejemplo, Fidel el guerrillero tiene validez en el momento de la lucha guerrillera en América Latina, después él mismo señaló que la lucha armada ya no era la vía para el continente. De modo que esa lectura de Fidel podría estar alejada del contexto de hoy. Pero el personaje como tal, creo que se puede sintetizar en una frase de Fabricio Gómez Souza, que es un maestro mexicano, un luchador social, un político muy potente, que decía que el marxismo es el más grande de todos los humanismos. Y creo que Fidel logró entender esa posición. Bajo esa premisa, Fidel nunca puede estar fuera de nosotros.
Mientras nuestra especie siga siendo la especie dominante en este planeta y sigamos siendo la especie que tenga la capacidad de transformar el mundo con su trabajo, Fidel seguirá como baluarte y referente para la humanidad. Es imposible entender el siglo XX en América Latina y en el mundo sin entender a Fidel. Vivimos en un mundo que no ha mejorado, entonces Fidel sigue haciendo falta. A lo mejor las tesis de Fidel pueden llegar a caducar en el momento en que las logremos superar, pero aún no se han logrado superar ni remotamente.
Al contrario, vemos incluso vicios de barbarie que son cada vez más monstruosos, son cada vez más bestiales. Y en ese sentido, Fidel sigue siendo el referente. O sea, cuando nosotros enfrentamos esa deshumanización, tenemos que hacerlo con la humanidad de Fidel. Y en ese sentido, Fidel es un referente. No solo en términos morales, sino también en términos científicos. Ese Fidel que se muestra como un intelectual potente, que está siempre buscando cómo resolver los problemas, que está siempre tratando de adquirir los conocimientos más avanzados para lograr identificar cómo estos se insertan en las mejoras sociales, tiene que ser también un referente como investigador. Ahí está esa otra validez del pensamiento y de la figura de Fidel en la actualidad.
(MAD). – Me gustaría que te refirieras a algo que parece pasado de moda, pero que es central en Fidel, que es el sentido de la solidaridad, de la generosidad humana como seres sociales.
(ERA). – Por eso me refería al humanismo de Fidel, que Fidel entiende el mundo no como cubano, sino como una parte de la humanidad. Y en ese sentido entiende que las injusticias contra cualquier persona y contra cualquier pueblo del mundo -como decía el Che- son injusticias que nos atañen también a nosotros. Y Fidel lo entiende no solo en términos de sentirse afectado por la injusticia, sino de plantear qué hacer para contrarrestar esa injusticia desde la práctica revolucionaria. Y como ejemplo de su legado a los pueblos están las brigadas de alfabetizadores en África, en Asia, en América Latina; las brigadas de médicos cubanos que atienden a millones de personas en el mundo, donde incluso los mismos médicos de sus países no se atreven a llegar porque están en espacios tan inhóspitos que las condiciones del ejercicio profesional son muy difíciles. Se ocupa de tener mucho corazón, de tener mucha conciencia para poder atender esos espacios. Eso lo hace Fidel. O sea, Fidel entiende así el humanismo.
Fidel entiende que la solidaridad es un elemento sine qua non a la Revolución. No se puede entender una revolución si no se es solidario. Y no se puede entender al ser humano aislado de sus pares. No por nacionalidades, no por razas, no por géneros, sino por nuestro género, nuestra especie. Es cierto que esto supone romanticismo y parece a veces un ideario “anacrónico” el hecho de ser solidarios, de ser entregados con otros pueblos. Pero Fidel recuerda constantemente que eso es un elemento esencial de cualquier persona que pretenda transformar las condiciones de su realidad.
(MAD). – ¿Cómo articulas tu interpretación del pensamiento de Fidel con tu profesión de maestro e historiador?
(ERA). –Académicamente es imposible tener un ejercicio serio como historiador si no se tienen precisiones historiográficas sobre las figuras de Fidel Castro, del Che Guevara, de Camilo Cienfuegos, de Raúl Castro. En mi práctica política en la universidad esto es fundamental. No hay forma de hacer una práctica política si no se tiene como referente a Cuba y si no se tiene como referente a Fidel. Ahí empieza un ejercicio académico y político mucho más profundo para recuperar no tanto a la efigie, sino recuperar tesis políticas y lecturas históricas que den sentido a su pensamiento y práctica revolucionaria.
Fidel tiene una habilidad extraordinaria para leer el momento histórico, muy difícil de comparar con otra personalidad de la historia política. A nivel de historia universal está a la par de Lenin y de Mao. Creo que son los tres grandes referentes en cuanto a su capacidad de lectura de las culturas históricas.
Fue entonces esa habilidad la que nos acercó a Fidel para tratar de desentrañar cómo desarrollamos nuestra práctica política. En términos académicos, mi facultad, la Facultad de Historia de la Universidad Michoacana, es una institución que se constituyó en los años setenta y la historiografía de la que venía era de orientación hacia el materialismo histórico. Entonces ahí teníamos estos referentes. Sin embargo, a Fidel se le estudiaba como un personaje dentro de la historia, pero no como un académico. Y fue justamente un compañero cubano quien nos introdujo en una lectura diferente de Fidel, de Lenin, de Gramsci, de Mao, en cuanto a leerlos desde una perspectiva no academicista, sino desde una lectura del intelectual que comprende el momento histórico. Eso es lo que Fidel me heredó a mí.
(MAD). – ¿Qué es lo que más te identifica con Fidel?
(ERA). –¿Lo que más me identifica? Sus teorías políticas, que me parecen sumamente atractivas, pero lo que más me identifica con Fidel, y a lo mejor va a sonar muy soso, es su personalidad. Era un tipo sumamente agradable. En las entrevistas, en los comentarios, era jocoso, era atrevido. Se alejaba mucho de esta figura acartonada del político, sobre todo del político tradicional mexicano.
Fidel era una figura cercana al pueblo. Pero una cosa que me parece a mí maravillosa, y un legado extraordinario de Fidel, de la Revolución Cubana en Cuba, es esta capacidad autocrítica que tiene Fidel. O sea, cuando se cometen errores, Fidel lo reconoce y no se avergüenza. Y las revoluciones triunfan porque uno reconoce los errores que se cometen y lo que uno hace es tratar de enmendarlos o de no repetirlos.
(MAD). – ¿Para ti, que te es útil de Fidel?
(ERA). –Bueno… Fidel es útil para casi para todo el mundo. Tiene hasta consejos culinarios…
Fidel es útil casi para cualquier cosa. Pero para mí es muy útil – como dejó expresado Eduardo Galeano- esta idea de la utopía que permite ir avanzando. Nosotros estamos seguros de que la figura de Fidel será irrepetible por muchos años…
Y Fidel nos es referente, está ahí para alcanzar los sueños. Y nosotros, estamos aquí, tratando de formarnos como Fidel, pero también de formar a las nuevas generaciones en ese sentido… Porque Fidel es inconmensurable. Y entre todos podremos construir un Fidel.
(*) Maribel Acosta Damas, Dra. en Ciencias de la Comunicación Social, Periodista cubana y docente de la Universidad de La Habana, trabaja y colabora con varios medios de su país y de otros países.
(**) Juan Eduardo David Posada. JUAN DAVID. Cuba. Las Villas, el 25 de abril de 1911 y fallecido en La Habana el 8 de agosto de 1981. Fue un destacado artista y humorista gráfico cubano. Destacó en las disciplinas de dibujo humorístico, pintura e ilustración. A lo largo de su carrera logró los siguientes premios, en 1939 Premio. «XI Salón de Humoristas. Círculo de Bellas Artes», La Habana. En 1950 «Primer Premio Caricatura Personal. XVI Salón de Humoristas». La Habana. En 1950 Segundo Premio Dibujo Humorístico. XVI Salón de Humoristas, La Habana. En 1955 «Primer Premio en Caricatura. XXI Salón de Humoristas». Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, Cuba. Su obra forma parte de las colecciones del «Museo del Humor», San Antonio de los Baños, La Habana y del Museo Nacional de Bellas Artes, La Habana, Cuba.