Frente Amplio: Los puntos sobre las ies

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Los que miran al FA desde el exterior y desde una coalición de partidos quieren construir un frente amplio en su país. Olvidan que, ante todo, el FA fue la culminación de un proceso de unidad desde la base. Y ese proceso empezó por la construcción de la unidad sindical: las distintas centrales sindicales existentes en el Uruguay –que respondían a distintas corrientes o partidos políticos- se unificaron en la Convención Nacional de Trabajadores.

Ello se dio en dos etapas: la primera se concretó -en 1964- cuando se reunieron varios sindicatos, pertenecientes a distintas centrales, alrededor de una marcha cañera; la segunda –dos años después-  cuando la inmensa mayoría de los sindicatos –solo quedó afuera la Federación Autónoma de la Carne- dieron origen formal a la CNT.

En 1965, a mitad de camino de ambas instancias, se realizó el Congreso del Pueblo. En el se aprobó el Programa del Pueblo, de fundamental importancia en la historia posterior de nuestro Uruguay. El programa tenía cuatro ejes básicos: Nacionalización de la Banca y el Comercio Exterior, Moratoria de la Deuda Externa y Reforma Agraria. Este programa sirvió de elemento unificador de la Convención Nacional de Trabajadores.

Sin embargo, no se puede dejar de considerar que, para que se produjera la aproximación de distintos sindicatos que eran orientados por diferentes corrientes políticas, tuvo que haber existido, con anterioridad, la voluntad y la decisión política de esos mismos partidos o corrientes. Pero lo realmente importante fue que se produjo, por primera vez, la unidad sindical en el Uruguay.

Desde 1966 hasta 1971 corrió mucha agua bajo los puentes uruguayos: prohibieron partidos políticos y medios de prensa, creció la movilización obrera y los estudiantes ganaron las calles, mataron estudiantes y reprimieron a sangre y fuego a los trabajadores, se  gobernó durante más de tres años bajo medidas prontas de seguridad, la lucha armada irrumpió en la vida política del país…

Durante todo ese tiempo se debatió sobre el carácter de la movilización y la unidad necesaria para triunfar. Y luego, a cinco años de la fundación de la CNT y en medio de la unidad que se había ido construyendo en la calle, se fundó el Frente Amplio. El programa que se elaboró tuvo como base los mismos ejes del programa del pueblo: un programa que respondía a las necesidades del momento y pautó la orientación política de toda una época.
 
El tercero en discordia

El FA rompió el bipartidismo tradicional ya en su primera presentación electoral. Pero fue el tercero en discordia. El Partido Colorado ganó las elecciones y asumió Juan María Bordaberry como presidente de la República. Luego se produjo el golpe de Estado y el Frente se dispersó en el Uruguay, en el exilio y en las cárceles de la dictadura.

Resurgió, públicamente, cuando se realizaron las elecciones internas de los Partidos Políticos, en 1982, y, aunque existían distintas posiciones frenteamplistas ante esas elecciones y el enfrentamiento a la dictadura, Seregni, desde la cárcel, planteó que había que votar en blanco, para resaltar la existencia del FA.

Los 80 mil votos, o algo más, que obtuvo en esa instancia mostró un FA herido, pero resistiendo y volvió a ser el tercero en discordia.

Luego fue legalizado parcialmente y participó en las negociaciones de los Partidos Políticos con los militares. Posteriormente participó en las primeras elecciones post dictadura, aumentando la votación que había obtenido en 1971, y luego fue activo partícipe de la vida política en nuestro país.
 
El fiel de la balanza

En 2002 se produjo la mayor crisis de los últimos tiempos y el FA planteó medidas absolutamente diferentes a las que promovió el gobierno blanquicolorado para combatir la crisis. Digo gobierno blanquicolorado porque, a pesar de que el Partido Nacional dejó los cargos ejecutivos luego de 2002, siguió dándole al Partido Colorado las mayorías necesarias para gobernar.

El modelo económico, político y social blanquicolorado tocó fondo; no solo destruyeron el país, sino que también hizo agua el modelo neoliberal: en nuestro país, en Argentina, en Brasil, en la región entera…

En Uruguay el modelo fue criticado por los trabajadores, los productores y los comerciantes, puesto que sus intereses habían sido continuamente postergados en función de la defensa de los bancos y el capital financiero. Hasta que se volvió insoportable y dio razón a la prédica política tantos años sostenida. La Concertación para el Crecimiento fue la expresión del descontento social y el Frente Amplio expresó políticamente a una sociedad herida por la crisis.

Nadie esperaba un nuevo triunfo de blancos o colorados y ello no sucedió: por primera vez en la historia de nuestro país triunfó la izquierda y el FA quedó al frente de los esfuerzos por reconstruir un país destruido.

Sin embargo, el FA no ganó con el programa del 71, sino que ganó con el programa económico, político y social que reflejaba y daba cuenta de los problemas del momento. Programa que expresaba las necesidades de las grandes mayorías: trabajo, salario, jubilaciones, producción, comercio interno y externo, salud, educación… y que afirmaba claramente que no se iban a encontrar soluciones sin cambios.

Un programa de transición tiene que ser eso: un instrumento que, expresando los problemas y las soluciones de cada momento y cada lugar, apunte a los grandes objetivos históricos. Los grandes objetivos expresan las características de toda una época, la caracterizan, marcan el  camino, pero ese camino hay que recorrerlo dando cuenta de los problemas que le duelen a los trabajadores y a los productores en las diferentes instancias. Los que dan  pie a las grandes movilizaciones de las organizaciones de masas, las que no se detienen hasta que no encuentran solución.

En 2002, 2003 o 2004 no iba a encontrarse solución al desempleo, cierre de fábricas y comercio, pérdida de salario, endeudamiento rural… si no se cambiaba radicalmente el enfoque y se ponían las finanzas al servicio de la producción y del trabajo, si no se iba hacia políticas de mayor solidaridad económica y social. El Frente Amplio expresó esa necesidad y por eso ganó en las elecciones de 2004.

En solo nueve años pasamos de la peor crisis de los últimos cincuenta años a uno de los mejores momentos del Uruguay contemporáneo: se recuperó el país productivo y se reactivó fuertemente la economía; reabrieron fábricas cerradas y se conocieron nuevos emprendimientos productivos; se terminó el endeudamiento rural y se reactivó la producción agropecuaria; reabrieron comercios cerrados y abrieron nuevos comercios; bajó sustancialmente el desempleo y mejoraron los salarios y las jubilaciones; se aprobó la reforma de la salud y, luego de aprobada la reforma educativa, muchos más jóvenes se incorporaron al sistema educativo; se aprobaron leyes que reconocieron derechos por los que hacía años que se peleaba; el Uruguay cada vez más se integró a la región y al mundo y encontró grandes reconocimientos por ello…

De aquí en más

Sin embargo, los logros del gobierno han generado nuevas demandas que hay que atender. Además, quedaron pendientes muchos cambios por realizar. Pero ellos no se pueden realizar sin mantener, mejorado y aumentado, el gran proyecto nacional que se empezó a construir en 2005. No es cambiando el proyecto que se podrá avanzar todavía más: no se necesita cambiarlo, se necesita profundizarlo.

Se necesita seguir apuntando al programa histórico, dando cuenta de las necesidades puntuales de los trabajadores, los productores y los comerciantes que necesitan del desarrollo del país soberano para seguir avanzando, pero que requieren del cumplimiento de objetivos más amplios, generales, para poder realizarse: cambios en la matriz productiva, diversificación de la matriz energética, desarrollo logístico, como la construcción del Puerto de aguas profundas en el este del país, Regasificadora, navegación fluvial y fortalecimiento del sistema de puertos, trazado de vías férreas e instalación del ferrocarril, incorporación de nuevos recursos a la producción nacional, educación para el desarrollo…

No es posible, en el Uruguay actual, mejorar el empleo de calidad, obtener más y mejores empleos, mejorar el salario sumergido, profundizar el país productivo… no es posible -en pocas palabras- redistribuir riquezas, si no se emprende el camino de los cambios que anteceden a otros cambios.

Y esa, precisamente, tiene que ser la tarea del Frente Amplio: seguir profundizando el proyecto nacional, el modelo de país, apoyado en la organización de las fuerzas sociales de los cambios: trabajadores y productores, comerciantes, intelectuales y artistas, profesionales y estudiantes, jubilados y organizaciones barriales.

El programa histórico en el horizonte, el programa de transición en el día a día.

Por: Eduardo Bonomi

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