La doble estrategia contra Cuba

0

Por Carlos Novoa (*)

Portada, Adán Iglesias Toledo (**)

 

Desde enero de 2026 hasta el presente, la política de “máxima presión” de Estados Unidos contra Cuba ha tenido dos aristas relevantes. Por un lado, el sistema de sanciones sistemáticamente reforzado ha apostado por aislar a Cuba de todo el ecosistema de socios comerciales y proveedores que conforman la economía de la nación. Particularmente efectiva ha sido esta política en materia de energía, impidiendo durante casi diez meses la entrada efectiva de combustible a la isla proveniente de cualquiera de los países y empresas no norteamericanos que tradicionalmente han abastecido la demanda energética del país.

A la par que se refuerza el aislamiento internacional, se refuerza la dependencia de Cuba de la economía norteamericana. Mediante el sistema de licencias de la OFAC, con límites en cuanto a la adquisición y el tipo de mercancía, Estados Unidos se ha ido convirtiendo en el único proveedor de un conjunto clave de productos para el país. Esto, lejos de aliviar la situación de la isla, funciona como un paliativo político que sirve a la administración Trump, y particularmente a su Secretario de Estado, para negar la existencia del Bloqueo.

En la misma lógica del criminal cerco israelí contra Gaza, los que asedian a Cuba y su pueblo dejan solo entrar lo mínimo indispensable para que el país no colapse por completo y, al mismo tiempo, al controlar la única vía efectiva de entrada de recursos vitales, la amenaza de cerrar completamente la puerta de acceso sirve como un factor de presión adicional que refuerza sus planes neocoloniales.

Las cifras de un comercio unilateral

Entre enero y agosto de 2026, las exportaciones totales de Estados Unidos a Cuba ascendieron a 876,5 millones de dólares. Esta cifra supera la totalidad de lo exportado en todo el año 2025, donde ascendieron a 809,6 millones de dólares. Solo el combustible representa 231,7 millones de dólares en ese período, ascendiendo en el mes de agosto a la cifra de 74,8 millones de dólares. Para tener una referencia del salto que implican estos niveles de importación de combustible, apuntar que en 2025 solo se compraron en Estados Unidos alrededor de 300 mil dólares de combustible.

Este combustible que se compra desde Cuba en Estados Unidos tiene varias condiciones. Solo puede ser adquirido por el sector privado y no se puede adquirir en formatos mayores que isotanques de 25 mil litros. Asimismo, una vez en Cuba, no se puede almacenar en ninguna de las instalaciones pertenecientes a la empresa cubana CUPET, sancionada por Estados Unidos. CUPET posee la mayor y más eficiente red de almacenamiento y distribución de combustible existente en el país. Al no poder usar sus instalaciones ni las de otras empresas relacionadas, este combustible debe almacenarse y transportarse no pocas veces en condiciones irregulares, aumentando el riesgo absurdamente, como consecuencia de las múltiples prohibiciones norteamericanas.

Asimismo, la dependencia de la isla para adquirir productos alimenticios claves, medicamentos y otros insumos se ha reforzado en esta etapa, también como consecuencia de las sanciones a proveedores y la casi paralización de la actividad de las navieras extranjeras con Cuba. Este comercio, como ya se apuntó con anterioridad, es unilateral y limitado. Cuba no puede comprar todo lo que desee en el mercado norteamericano y no puede vender sus productos en este país.

Contextualizando los datos

En una reciente entrevista que el Ministro de Energía y Minas de Cuba, Vicente de la O Levy, diera a Reuters, este aclaró que la cantidad de combustible importada desde Estados Unidos a la isla, aunque parezca un número sustantivo, equivale apenas a un 3 por ciento de las demandas totales de combustible del país en la etapa. En circunstancias normales, la economía cubana demandaba unos 8 barcos de combustibles y derivados al mes para mantener una actividad económica normal. El impacto de estas ausencias es significativo. Apagones de más de 20 horas en muchas localidades del país y un déficit crítico en servicios claves, como la transportación. En una ciudad de dos millones de habitantes, como La Habana, circulan apenas 100 buses públicos, de unos 3000 que necesitaría la capital para funcionar con normalidad.

Cuba actualmente produce alrededor del 40 por ciento del combustible que necesita y ha logrado instalar 144 parques solares con potencia para generar unos 1418 MW. Asimismo, millones de vehículos eléctricos han ido reemplazando los tradicionales vehículos de combustión.

A pesar de estos logros, la situación de la vida en el país sigue siendo crítica. Los efectos de la carencia de combustible y la crisis derivada de la política de sanciones recrudecidas contra Cuba han sumido en una profunda crisis económica a la sociedad. Cada mes que la comunidad internacional permite que se arrecie el cerco contra la isla, se agrava un poco más la situación del pueblo cubano.

 

(*) Carlos Novoa, escritor y periodista

(**)  Profesor Adán Iglesias Toledo, Dibujante Gráfico Cubano, Caricaturista Editorial y Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC, la UPEC y la REDH (Capítulo Cuba). Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero. Autor de varios logotipos y campañas publicitarias, posee en su haber múltiples exposiciones individuales y colectivas, talleres e intervenciones nacionales e internacionales, y ha sido premiado más de 40 veces en su país y otros países.

Comments are closed.