Las voces de dos periodistas brasileños
Por Maribel Acosta Damas
Día de la elección: 4 de octubre de 2026.
| Paulo de Tarso:
Día de la elección: 4 de octubre de 2026. 8.38 am- Hoy es un día muy tenso aquí. Estamos jugando el partido de semifinales por la democracia. Hubo un tiempo (después de la dictadura) en que cada elección era una fiesta. Hoy vamos a votar con el corazón en un puño. 9.53 pm- Lula irá a la segunda vuelta el 25 de octubre. Pero ya hemos sufrido una terrible derrota en el Senado frente a la ultraderecha. La derecha en el Congreso tendrá fuerza incluso para decretar el juicio político a los jueces de la Corte Suprema. Aunque Lula ganara la segunda vuelta (lo que considero dificilísimo), tendría que gobernar bajo el control casi absoluto del Legislativo, que ya domina una parte importante del presupuesto público y desea aumentarla. Estamos en el peor de los escenarios.
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Día posterior a la elección: 5 de octubre de 2026:
Maribel Acosta Damas (MAD): – ¿Qué evaluación podemos hacer del resultado electoral?
Moises Mendes:- El resultado de la primera vuelta de las elecciones en Brasil es el último retrato de una democracia enferma, que hace apenas cuatro años emergió de un intento de golpe de Estado. El líder del golpe, Jair Bolsonaro, se encuentra bajo arresto domiciliario, condenado a 27 años de prisión, y su hijo, Flávio, se enfrenta a Lula. El PL, su partido, logró la hazaña de elegir a 121 diputados federales, un récord desde 1988. Ocupa el 24% de los 513 escaños de la Cámara de Diputados. Y ahora cuenta con 28 senadores, de un total de 81 en el Senado. Además, se eligieron cinco gobernadores más en la primera vuelta, también la mayor cantidad entre todos los partidos, y continúa compitiendo en otros estados en la segunda vuelta.
Se trata de un escenario sin precedentes desde la redemocratización, con un detalle preocupante para Lula y la izquierda: la ultraderecha brasileña tiene un gran poder para renovar líderes, figuras intermedias y mandatos en funciones públicas ejecutivas y legislativas.
Otro aspecto alarmante es que el crecimiento del PL de Bolsonaro reduce lo que en Brasil se conoce como el «centro», una mezcla de centro y derecha de diversos partidos que apoyan a quien esté en el poder. La ultraderecha ha aniquilado y podría exterminar la relevancia de la vieja derecha de partidos como el PP, el PSD, Republicanos, União Brasil y el MDB, que forman parte de este «centro». El PL ha canibalizado a la derecha y se ha apropiado de sus bastiones en todo Brasil, con excepción del noreste.
¿Qué le queda a Lula en una segunda vuelta? Obrar otro milagro y alcanzar un cuarto mandato. Pero con el 8% del electorado correspondiente a los candidatos derrotados, la mayoría (se estima que el 70% de este 8%) se inclina por Flávio en la segunda vuelta que se celebrará el 25 de octubre.
(MAD): – ¿Qué sucedió en Brasil para que la extrema derecha lograra un crecimiento inesperado?
Moisés Mendes: –El desgaste natural del tiempo del PT en el poder (desde 2003, con una única interrupción entre 2016 y 2021). El también subestimado ascenso de Jair Bolsonaro y su capacidad para resistir y seguir actuando, incluso estando condenado y bajo arresto domiciliario. Además, el control del gobierno por parte del Congreso, con dos tercios de los parlamentarios de derecha. La malversación de 60 mil millones de reales anuales mediante enmiendas parlamentarias sin ningún control. Y, como resultado de todo esto, el crecimiento de la extrema derecha en los municipios. La extrema derecha está muy extendida en Brasil, presente en ciudades pequeñas, medianas y grandes. Para colmo, aunque Flávio Bolsonaro está siendo investigado en varios frentes por lavado de dinero y otros delitos (recibió 62 millones de reales del banquero Daniel Vorcaro, implicado en el mayor escándalo financiero de Brasil), todas las cuestiones morales ya no tienen ninguna relevancia en este contexto. Ni siquiera con sus vínculos comprobados con las milicias de Río de Janeiro. Al votante que lo elige no le preocupan los valores éticos y morales, porque lo que importa es derrotar a Lula. Todo esto forma parte de un conjunto de hechos que dibujan el panorama de una sociedad enferma desde 2018, y que ahora se agrava aún más en el contexto internacional del auge del fascismo bajo el liderazgo de Trump.
(MAD): – ¿Cuáles aprendizajes pueden sacarse de estos resultados?
Moisés Mendes:- La principal lección, ante el crecimiento arrollador de la ultraderecha y la ocupación de los espacios de la vieja derecha, es esta: la izquierda no se ha preparado para enfrentar al fascismo donde más prospera, que es el entorno de las redes sociales. La ultraderecha brasileña ha manejado las herramientas de internet con mayor destreza que la izquierda desde 2018. Además, las grandes corporaciones mediáticas conservan su capacidad para sabotear a los gobiernos de izquierda desde el golpe militar de 1964, los grandes grupos de comunicación Globo, Folha y Estadão han marcado la agenda política hasta el día de hoy y generan titulares que la ultraderecha reproduce en sus propios círculos. No son medios de comunicación pro-Bolsonaro, pero sí abiertamente anti-Lula. Los principales medios de comunicación en Brasil siguen siendo relevantes como audiencia y protagonistas en la política.
Este es el panorama actual en Brasil, con la posibilidad real de un segundo gobierno de ultraderecha, que sin duda intentará evitar los errores del primero. Un regreso al poder del bolsonarismo controlaría el gobierno, el Congreso, las universidades públicas y el Tribunal Supremo, y colmaría de cargos a la Policía Federal y a todas las instituciones que pudieran utilizarse para perseguir a los enemigos, como ABIN, el servicio de inteligencia, utilizado con este fin por Jair Bolsonaro durante su gobierno de 2019 a 2022.

| La politización de la Corte Suprema
Paulo de Tarso:
Existe otro aspecto en esta elección que podría representar una amenaza terrible para la democracia en Brasil: el próximo presidente nombrará a los sustitutos de cuatro de los 11 magistrados del Supremo Tribunal Federal, que dejarán sus cargos por jubilación obligatoria al cumplir 75 años. Durante su mandato, Jair Bolsonaro nombró a dos magistrados «terriblemente evangélicos», políticamente leales a él y a su esposa. Si su hijo «01» gana esta elección, la extrema derecha contará con 6 de los 11 magistrados del STF. Además, gracias a la amplia mayoría que obtuvo en el Senado, podría incluso destituir (mediante un juicio político o impeachment) —tal como amenazó durante la campaña electoral— al magistrado Alexandre de Moraes, el juez que dictó la condena contra Bolsonaro padre. De este modo, siete de los 11 magistrados de la Corte Suprema quedarían al servicio del bolsonarismo y de la extrema derecha. Este escenario es sumamente amenazador. Fue uno de los ejes principales de la campaña electoral de la extrema derecha: la intervención en el Supremo Tribunal Federal mediante la facultad del Senado para destituir a los magistrados. En esta elección, la derecha obtuvo 49 de los 81 escaños, lo que representa el 60,5 % de la Cámara. Con los votos de los cinco senadores de centro, alcanzará los dos tercios necesarios para imponer su voluntad al país, al propio presidente e incluso al Poder Judicial. La izquierda contará únicamente con 27 senadores. Desde las detenciones derivadas del intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023 —que incluyeron el arresto de generales y del expresidente Jair Bolsonaro—, el odio de la extrema derecha se ha concentrado contra el Tribunal Federal, incluso más que contra Lula, a quien se le impidió nombrar a un nuevo magistrado, precisamente para reservar el espacio para la derecha, ante la hipótesis de su victoria en la elección que concluirá el domingo 25. |
MAD: – ¿Qué particular tiene este proceso para Brasil, para América Latina y para la geopolítica mundial?
Moises Mendes: – Argentina, Perú, Chile, Colombia y Ecuador, todos recientemente subyugados al poder político de la derecha y la ultraderecha, no representan a todo Brasil. Puede parecer una exageración, pero lo que Trump quiere, después de interferir en las elecciones de todos estos países (y de haber dominado Venezuela), es tener el control de Brasil. Brasil es el gran trofeo, por su liderazgo en la región y por la reputación global que se ganó Lula. Trump quiere derrotar a Lula y tomar el control de Brasil a través de la familia Bolsonaro.
Y ya se sabe que existen acusaciones con pruebas de interferencia en las elecciones, con la asignación de US$1 millón para ataques al Tribunal Supremo. El sitio web de UOL informó esta semana:
“Documentos de la administración de Donald Trump y del Congreso de EE. UU., obtenidos por UOL, citan el lobby del exdiputado federal Eduardo Bolsonaro (PL) ante las autoridades estadounidenses para obtener sanciones contra el ministro Alexandre de Moraes y revelan detalles del fondo secreto de US$1 millón (equivalente a R$5 millones al tipo de cambio de ayer) liberado por Washington para financiar acciones contra el STF (Supremo Tribunal Federal). El programa, denominado Batizado de «Countering Lawfare and Censorship in Brazil» (algo como «Contra el Lawfare y la Censura en Brasil»), fue patrocinado por el Departamento de Estado y los fondos se liberaron el día 30, cinco días antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales”.
La pregunta es: ¿qué más habrá como intervención estadounidense en la segunda vuelta? Sabiendo que los ataques virtuales masivos se han estado produciendo principalmente desde 2022, con redes nacionales de desinformación conectadas a estructuras internacionales trumpistas en lo que desde hace tiempo se conoce como guerra híbrida.
Y aquí también, como en Cuba, el enviado estadounidense para los contactos con la ultraderecha brasileña es Marco Rubio, a quien Lula ya ha definido como «un latinoamericano frustrado». En este momento en que intentamos comprender cómo continuarán interfiriendo, alguien dentro de Brasil actúa en connivencia con Rubio para sabotear las elecciones.
También vale la pena recordar que el caudillo argentino Fernando Cerimedo, encarcelado en Bolivia por ordenar el asesinato de su exesposa, estaba dispuesto a actuar en Brasil a instancias de los estadounidenses en estas elecciones. Su exesposa, Nadia Beller, ya ha concedido varias entrevistas a medios brasileños afirmando que Cerimedo estaba listo para actuar en una virtual guerra cuando fue arrestado en agosto. ¿Quién reemplazó a Cerimedo en esta misión? ¿Quién recibió el dinero que los estadounidenses asignaron a los golpistas brasileños?
El próximo 25 de octubre será la segunda vuelta electoral en Brasil. Latinoamérica está a la expectativa.
(*) Maribel Acosta Damas, Dra. en Ciencias de la Comunicación Social, Periodista cubana y docente de la Universidad de La Habana, trabaja y colabora con varios medios de su país y de otros países.