Por Carlos Novoa (*)
Portada Marina Cultelli, Tinta China (**)
Para sorpresa de pocos, Estados Unidos e Israel retomaron este 28 de febrero las hostilidades contra Irán. Netanyahu no quedó satisfecho con la conclusión de la Guerra de los Doce Días, en junio de 2025 y desde entonces ha venido presionando sistemáticamente a Estados Unidos para retomar la agresión contra el país persa.
Mientras pretendía negociar, Trump comenzó a concentrar masivos recursos militares en la región, incluyendo dos portaviones con sus grupos de asalto. También comenzaron la retirada progresiva de todo el personal no esencial del área. Todo parece indicar que la operación actual se da a pesar del criterio sostenido por muchos especialistas militares en Estados Unidos, incluyendo del Pentágono, que según reportes de la prensa norteamericana en los días previos al inicio de la agresión advirtieron reiteradamente al presidente sobre los riesgos de una operación de este tipo y confirmaron que, contra un país tan grande, no existía la posibilidad real de asestar ningún golpe operativo que resultara concluyente.
Por razones difíciles de explicar con la información disponible, el presidente parece haber persistido en la idea de que podía replicar en el país persa el modelo de actuación que siguió en Venezuela, así se lo dijo a la prensa el día 1ro de marzo y que, asesinando al Líder Supremo de Irán, Alí Khamenei y algunos altos mandos del ejército, la resistencia en el país se desmoronaría. Muy probablemente las razones de este engaño residan en el ego y limitaciones de comprensión geopolíticas de Trump, las insuficiencias de su Secretario de Guerra y la influencia del lobby sionista sobre las decisiones de Estados Unidos.
En las primeras 96 horas, Teherán y otras 150 ciudades iraníes han sufrido ataques de diversa magnitud. La aviación combinada de Estados Unidos e Israel han atacado centros de inteligencia, policiales, prisiones, cuarteles, la sede de las telecomunicaciones estatales y de varios medios noticiosos. Pero también han atacado infraestructura civil, incluyendo una escuela de niñas en la ciudad de Minab, asesinando a más de 150 menores. Al cierre de este 2 de marzo, la Media Luna Roja iraní contabilizaba más de 700 personas muertas y varios miles de heridos en el país. Este conteo seguirá en aumento, dada la brutalidad sostenida de la agresión contra el país.

A pesar del duro golpe militar, político y religioso asestado en su contra, Irán ha implementado una respuesta militar que redimensiona completamente el conflicto en la región. Sus misiles y drones han comenzado a sobrevolar el espacio aéreo de casi todos los países a su alcance, en sucesivas oleadas de la operación “Promesa Veraz 4”. Hasta el momento del cierre de esta información, los activos de Estados Unidos, Israel y sus aliados habían sido atacados en más de 15 países de la región. Desde Arabia Saudita, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos hasta Chipre y el Kurdistán iraquí, hemos visto arder las bases de Estados Unidos, sus barcos, centros de comunicaciones, reservas de armamentos, en una dimensión sin precedentes.
Cuatro misiles balísticos fueron lanzados contra el portaaviones Abraham Lincoln. Un radar FP132 ubicado en Catar, con un alcance de cinco mil kilómetros, capacidad de detección temprana de lanzamiento de misiles y drones y un valor estimado de más de mil millones de dólares fue destruido por drones iraníes. Tres F-15 norteamericanos fueron derribados sobre el espacio aéreo de Kuwait. Al menos dos embarcaciones de suministro de la marina estadounidense y unos cinco petroleros han sido inhabilitados por Irán. El estrecho de Ormuz está cerrado permanentemente y miles de millones de barriles están detenidos. Las infraestructuras críticas de varios estados petroleros del Golfo han sido atacadas o han cesado sus operaciones por temor a ataques, elevando sostenidamente el costo de la energía y disparando el costo de los futuros de gas y combustible en la Unión Europea y otros mercados globales.
La irresponsabilidad del sionismo y el imperialismo, dos caras de una misma moneda, han desatado un conflicto con potencialidad para convertirse en una guerra mundial. Ya es una guerra regional, con repercusiones para la seguridad de numerosos actores geopolíticos centrales. La estabilidad de Irán es clave para evitar el ascenso del fundamentalismo islámico y el terrorismo, algo que preocupa sobremanera a Rusia y China. Pero también a Europa, sumamente vulnerable a las fluctuaciones del suministro energético proveniente de esta región del mundo y cuyo territorio ha sido objeto en múltiples oportunidades de atentados terroristas masivos.
El Israel de Netanyahu se está jugando mucho en este paso para completar el sueño colonial del Gran Israel. Por un lado, ya han dejado “resuelto” el tema palestino, iniciando la virtual anexión de Gaza, canonizada por la Junta de Paz trumpista. Ha quedado claro que puede, progresiva y sostenidamente, asesinar y expulsar a los palestinos sin que la comunidad internacional haga absolutamente nada. Han diezmado críticamente a Hezbollah y facilitado el ascenso en Líbano de un gobierno débil y prooccidental. Al mismo tiempo, con la caída de Assad, la otrora amenaza siria se ha visto reducida a un país fragmentado, con un gobierno débil y corrupto enfrentado a diversas facciones antagónicas, sin aviación, artillería o marina. El único obstáculo real a la hegemonía militar israelí en Asia Occidental hoy es Irán. Y sí, Israel ha arrastrado a Estados Unidos a una guerra cuyo desenlace es incierto.
En Washington han hecho todo lo posible por presentar esta guerra como inevitable. Rubio afirmó que Irán atacaría a Estados Unidos e Israel de cualquier manera, así que solo se adelantaron a este posible golpe. Sin embargo, lo cierto es que para Washington es clave la supervivencia de su aliado más importante en la región y, al mismo tiempo, preservar su capacidad de proyección de poderío, dada la relevancia geográfica, comercial y política del área. Un Irán fuerte contraviene estas prioridades.
Adicionalmente, el programa nuclear iraní genera, no me cabe dudas, serias inquietudes para Washington y Tel Aviv. Aunque no hay evidencias de que Irán haya intentado construir el arma nuclear y el programa nuclear del país con fines pacíficos forma parte del derecho internacionalmente reconocido, la posibilidad, por remota que sea, de un Irán con armamento nuclear constituye algo inaceptable para ambos países. Eliminaría la hegemonía nuclear sionista y, sumado a las capacidades misilísticas del país persa, constituye un motivo aún mayor de preocupación.
A diferencia de otras agresiones anteriores contra países del área, desde las campañas de Bush hijo contra Afganistán e Iraq, la agresión de Obama a Libia o, incluso, la anterior guerra contra Irán en 2025, en esta ocasión la nación persa se está desplegando en una respuesta prácticamente de carácter existencial. Casi como si el fracaso de las negociaciones en las cuales invirtieron tantos esfuerzos y el asesinato de su líder supremo hubieran convencido a los altos mandos y al pueblo iraní de que se juegan el todo por el todo en el actual conflicto.
Contrario a la narrativa occidental, 96 horas después de iniciada la agresión no han estallado las masivas revueltas contra el gobierno dentro de Irán y, por el contrario, se han visto multitudinarias marchas de apoyo a la Revolución Islámica y en luto por el líder asesinado. Probablemente esta incongruencia entre el relato y la realidad se deba a la incomprensión occidental de las genuinas raíces populares del proyecto político en el país.
La respuesta iraní ha dejado claro las inmensas capacidades militares de la nación persa y su capacidad de subvertir el orden regional, incluyendo el desmontaje sin precedentes de la arquitectura militar que Estados Unidos necesitó décadas para construir en el área. Si la guerra cesara mañana, veríamos que no hay ninguna base y prácticamente ningún activo estadounidense o relacionado que no haya sido atacado. Algunas de las bases, incluso, han sido llevadas a la total inoperabilidad. Algo sin precedentes contra la arrogancia imperial.
Sin dudas el costo humano en todas las partes está siendo y será aún más terrible. La guerra es la peor de todas las plagas. Esta, en específico, era evitable, si Estados Unidos hubiera apostado por el camino de la auténtica negociación y no se hubiera dejado empujar por el sionismo y su agenda delirante. Ahora todas y todos estamos en peligro de una guerra mundial, y donde no golpeen las bombas, golpeará la inflación. Y, mientras tanto, los pirómanos, sus aliados y sus lacayos salen por los medios de comunicación diciéndonos que no nos preocupemos, que todo estará bajo control, que es probable que “en cuatro o cinco semanas” ya el problema esté resuelto.
(*) Por Carlos Novoa, periodista y escritor venezolano
(**) Marina Cultelli: Es una de las artistas uruguayas contemporáneas más versátiles, integrante de la RedH y de su colectivo feminista Libertadoras. Es Licenciada en Artes Escénicas, Magister y fue Profesora en Facultad de Artes (UDELAR), donde integró órganos directivos además de dictar cursos en otras universidades latinoamericanas. Recibió premios nacionales e internacionales. Fue Asesora en Educación y Arte. Desarrolló trayectoria teatral y es autora de varias publicaciones individuales y colectivas. Realizó exposiciones de pintura y performances.