Lula: Esperanza de millones

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Por Héctor Tajam

El domingo próximo, en las elecciones de Brasil está en juego el poder de gobernar la 9ª economía del mundo, donde el valor de su producción anual se mide en billones de dólares. Está en juego recuperar la esperanza no solamente de millones de brasileños, sino también la de millones de latinoamericanos que ven en un Brasil progresista un balance frente al siempre presente peligro de la agresión del imperio norteamericano. La importancia de integrar a este país continente a la nueva etapa del progresismo latinoamericano que desafía al pensamiento único del mercado y del individualismo, que desafía a las políticas intervencionistas y de bloqueo en el marco de un proyecto solidario e integrador.

En Brasil se da una conjunción atípica de candidatos a presidir su gobierno. Uno de ellos, Jair Bolsonaro, un representante del neoliberalismo más radical, con evidentes facetas fascistas y autoritarias, combuinadas con manifestaciones de lo que se ha llamado populismo de derecha. Esto es, un intervencionismo estatal más allá de la violencia reaccionaria y antipopular, que también llega a las esferas de la política asistencialista y del gasto público oportunista. Bolsonaro en diciembre de 2021 puso fin al programa insignia de Lula “Bolsa Familia” para iniciarlo con nombre cambiado:  “Auxilio Brasil”. Su aparente contradicción con su programa neoliberal se diluye en un oportunismo electoralista[i] que implicó el aporte de 7.500 millones de dólares a este programa de transferencias, de ayuda social, en la búsqueda del voto de las personas más pobres. Todo esto sin ninguna garantía de continuidad, que podría tener fin inmediato si lograra su reelección.

El programa Bolsa Familia puesto en acción desde el primer gobierno de Lula iniciado en 2003, fue el principal responsable de la disminución de la pobreza en Brasil, nada menos que 30 millones de personas salieron de esa inhumana condición, con lo cual el país quedó fuera del “Mapa del Hambre” de la FAO-ONU. Pero el programa Auxilio Brasil creado por Bolsonaro, también basado en transferencia de ingresos, fue insuficiente para paliar la pobreza y enfrentar el impacto de la crisis internacional provocada por la pandemia Coovid19. Según un informe publicado el 29 de junio por el Centro de Estudios Económicos Fundación Getúlio Vargas (FGV), durante los primeros tres años de Gobierno de Bolsonaro, la pobreza aumentó en 10 millones de personas[ii], un 44% de los niños menores de 2 años viven en hogares pobres.

El candidato de izquierda en esta elección, Luis Ignacio “Lula” da Silva, también tiene características propias de la realidad del país norteño. Desde que inició su experiencia de gobierno, Lula debió manejarse sin mayorías parlamentarias y con la necesidad de construir alianzas con el centro derechista, y por lo tanto compartir el diseño de la política a implementar. ¿Construyó en ese marco un populismo de izquierda como aseveran algunos analistas? ¿Fue Bolsa Familia un programa electoralista? En primer lugar, por sus resultados, de ninguna manera. Pero además fue acompañado por políticas educativas inclusivas que permitieron que jóvenes provenientes de esas mismas familias accedieran a carreras universitarias, que se sumaron en un esfuerzo de resultados estructurales en la lucha contra la pobreza. Bolsonaro en cambio gasta sin objetivos de inclusión social duradera, nada ha hecho por mejorar la educación en sus diferentes niveles.

Es ineludible acudir a otras comparaciones. En lo que hace a la esperanza de vida, en 2003 era de 70 años, al cabo de los dos gobiernos de Lula se había equiparado al promedio de América Latina (73 años). Hoy con Bolsonaro se regresó a los 73 años, nuevamente por debajo del promedio del continente (74 años).

La mortalidad infantil fue otro logro muy importante de la administración Lula, que logró descenderla de 26 en cada mil nacidos vivos a 16. En el Brasil de Bolsonaro se ha estancado en 13 por mil. El desempleo es otro ejemplo a favor del candidato de izquierda: en 2003 superaba el 9% de la población activa y al fin de su 2º mandato en 2010 había bajado a 6,7%. Aunque haya descendido, hoy el registro de desempleo se remonta al de 2003.

Si nos ubicamos en el terreno del crecimiento económico, basta observar que en promedio el resultado de Lula al cabo de dos mandatos fue de 4%. En su primer cuatrienio, acumulado 15% y 4% de promedio anual. Bolsonaro no despega de un promedio de 1,1%, cierto que, con pandemia incluida, pero para 2022 las proyecciones no superan un modestísimo incremento del PIB de 2,5%. Crecimiento escaso con aumento del endeudamiento externo, que ya se eleva al 41% del PIB. Casi del mismo tenor que el recibido por Lula hace 20 años atrás, solo que al cabo de 8 años lo había reducido al 20%.

Revisando logros y resultados parecería inevitable un triunfo de la izquierda en Brasil, pero la disputa electoral se muestra muy incierta, aunque Lula mantiene cierto margen a su favor.  El poder económico, financiero, mediático, del país y del mundo hegemónico hoy trabaja incesantemente para un triunfo de Bolsonaro. Una lucha desigual sin duda, como desiguales son las propuestas y los compromisos de clase de cada uno. Por ellos y por nosotros, LULA VA.

 

[i] “Uno de los puntos fuertes en materia económica de Jair Bolsonaro fueron sus anuncios de recortar gastos en ayudas sociales, algo que fue aplaudido por sectores privilegiados, financieros y empresariales”. https://www.france24.com/es/america-latina/20220927-así-fueron-los-gobiernos-de-lula-y-bolsonaro

[ii] https://cps.fgv.br/destaques/fgv-social-lanca-pesquisa-mapa-da-nova-pobreza

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