Dos demonios y la cola de Lucifer

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@mateamargouy

Ricardo Pose

El pedido de Mercedes Vigil, portavoz del ultra derechista Foro de Montevideo, de liberar a los militares recluidos en la cárcel de Domingo Arena, a lo que se suma el proyecto de Cabildo Abierto de prisión domiciliaria para mayores de 65 años, reabrió el debate sobre el pasado reciente, con una visión reduccionista de las circunstancias históricas.

El proyecto de Cabildo Abierto de prisión domiciliaria para mayores de 65 años que en todo el país son poco mas de 150, no deja lugar a dudas a quienes beneficia tras el reconocimiento del diputado cabildante Eduardo Lust que está dirigido para los militares presos en Domingo Arena.
Falta ver si el Instituto Nacional de Rehabilitación cuenta con los recursos suficientes para hacer efectivas la prisión domiciliaria u oficiará por la vía de los hechos como una libertad disfrazada de sentencia. También hay que ver como reaccionarán los presos de mas de 65 años que no fueron condenados por delitos contra los derechos humanos, cuando su prisión domiciliaria no se haga efectiva, aunque alguno servirá al cumplirse la ley, como prueba para acallar voces.
Lo de Mercedes Vigil y los contenidos de la carta no merecen mayor discusión; en Domingo Arena no está presa la democracia ni cosa que se le parezca, ni son soldados los militares recluidos porque en la cadena de mando ellos tenían responsabilidad directa y fueron encargados de dar órdenes. Ni están presos por “faltas”, aunque si se toma literal si están presos por la falta de ciudadanos que aún siguen desaparecidos.
Pero esta situación reabrió un debate que reduce el debate histórico como el cuento del gallego que decía: “si vos le pegas a mi hijo, yo le pego al tuyo”.

Los dos demonios

Lo primero sería decir que en éste debate entiendo una buena parte de la izquierda uruguaya está eximida del debate; la historia sufrida le ha dado contundentes elementos de sobra para que sus razones estén mas que laudadas.
El debate sigue centrado en ese espacio que se reivindica democrático, en esa población que votó verde pero luego no votó la derogación de la ley de Impunidad, y en quienes votaron amarillo, que su voto pudo haber sido otro de haberse encontrado a fines de los 80 los cuerpos enterrados y en particular el de Julio Castro, ejecutado con un tiro.
Ese espacio en el que se encuentra una parte del progresismo, sostiene la teoría de los dos demonios. Por esta teoría, el golpe de Estado en Uruguay y los desmanes de los militares fue una reacción a la presencia y accionar de los movimientos guerrilleros.
Los mas reduccionistas sostienen mas como consigna que como fundamento argumentado, que de no haber existido los tupamaros no hubiera habido golpe de estado, y que la guerrilla tupamara nació y combatió a un gobierno democrático, de una democracia imperfecta.
El golpe de estado cívico- militar dado por Bordaberry no fue el correlato de la historia uruguaya. Bajo los gobiernos democráticos de José Batlle y Ordoñez, existieron brutales movimientos subversivos que por su tamaño sumergieron al país en una guerra civil, pero ni a Batlle ni a los militares que mandaron plomo a las huestes de los Saravia, se les ocurrió quebrar la legalidad vigente.
Por otro lado, movimientos guerrilleros hubo en todo el tercer mundo y aunque se pueda cuestionar el uso de la violencia politica, hubo movimiento sindical y organizaciones sociales reprimidos por los gobiernos democráticos.
En Uruguay es imposible no tomar en cuneta el contexto de la militarización de los trabajadores bancarios, de los públicos, de los trabajadores del puerto, la clausura de medios de prensa, las medidas prontas de seguridad.
Y el candidato a la presidencia por el Partido Nacional y el herrerismo, el General Aguerrondo, promovía un golpe de Estado al estilo brasilero tomando como justificación las huelgas obreras, pero impulsando la aplicación de la doctrina de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

La cola de Lucifer

Cuando militares uruguayos y de la región que fueron a la Escuela de Las Américas en Panamá a adoctrinarse en la doctrina de la Seguridad Nacional, los tupamaros ni siquiera existían.
Lo que si circulaba entre la oficialidad y Brasil fue en la región el primero en aplicarle, era la Doctrina dela Seguridad Nacional impulsada por los Estados Unidos en la época de la guerra fría.
Estados Unidos consideraba amenazas a la seguridad, su seguridad, el expansionismo de la Unión Soviética (del cual consideraban a Cuba un avance), pero también las crisis económicas (de allí la alianza para el Progreso) y evaluaban como una medida efectiva el control militar de los Estados.
Las relaciones bilaterales de los Estados Unidos con los países de la región fue estrictamente militar; impulsó la instalación de sus bases, dio apoyo técnico y cooperación militar, bajo la atenta mirada y presencia de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
El adiestramiento implicaba novedoso (y casi quirúrgicos) métodos para obtener delaciones de los detenidos.
Los militares presos en domingo en Arena, y los que aún deben ser procesados por acción u omisión tienen cara de Demonio, pero se montaron en la cola de Lucifer.

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