Raspando la olla – El Brandi

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@mateamargouy

Ismael Smith

Desde el Colectivo de Mate Amargo, nos propusimos recorrer algunas ollas en la periferia de Montevideo.

Primero, para  ponernos  a la orden -nuevamente-, pudiendo dar además,  una versión en territorio de la realidad que día a día deben afrontar quienes mantienen estos espacios, cuyo objetivo básico es poder garantizar el plato de comida de las familias que se arriman, tratando donde se pueda, de dejar un poquito de organización local, de paso.

Teníamos además la sensación, y ese es el motivo más movilizador y preocupante, que había una situación que podría, seguramente, llegar a  agravarse, ya que entramos en el invierno, el frío ya es cruel, la situación económica de miles no parece mejorar y el Estado, tristemente,  no da señales claras de que le importe o vaya a  tomar medidas que resuelvan la situación. Además, sabemos que las ollas vienen trabajando y apelando a la solidaridad durante más de 4 meses. Esto hace, intuimos, cada vez más complicado el poder abastecerse de recursos, que son en su amplia mayoría , donaciones, ya sea de comercios, organizaciones barriales, sindicales, o el aporte de los vecinos que se arriman.

A esto le sumamos, muchas veces, la situación de quienes sostienen, diariamente las ollas, aportando su trabajo voluntario y militante, día a día, y que en muchos casos, se les está complicando, ya sea por situaciones laborales, ya sea por situaciones personales, poder mantener el ritmo diario que estos proyectos demandan.

Creo que todos tenemos, si nos esforzamos más o menos, un conocido cercano o lejano,  amig@ o compañer@, que ha estado / está o estuvo, vinculado/a o cercano/a   a una Olla Popular.

Ya sea desde los que las sostienen diariamente, sea desde quienes han arrimado su aporte solidario, ya sea desde el lugar de quienes van a refugiarse en el calor de un fuego que garantiza una vianda mínima para ellos y  su familia.

Y decimos esto, justamente, para reafirmar la idea de que esto -que como un deja vu, vuelve a darse como un mal sueño rememorando hechos de la crisis del 2002-  sucede en nuestros barrios, nuestros lugares cercanos, como respuesta a una situación que detona, por carencias estructurales que se arrastran desde mucho tiempo atrás, pero básicamente, como una respuesta cuasi emocional, de reflejo frente a la inoperancia, abandono y negligencia de una Política Estatal que no está, no responde, invisibiliza y excluye.

Arrancamos así, un fin de semana de esos bien fríos, en un barrio que conocemos bien, el barrio Conciliación, y nos arrimamos al Club Brandi. El Barrio Conciliación (El Conci, para los que lo hemos caminado) ha ganado la peor de las publicidades: primero, como el sitio que ganó triste fama, cuando allá por la crisis del 2002, y el anterior gobierno de coalición, encabezado por Jorge Batlle, trascendía la noticia, que recorrió el mundo,  de que habían niños que comían pasto. Y luego, desde la satanización de los medios, calificandolo de “zona Roja”, marginal y peligrosa, con la carga y prejuicios que conlleva, y la afectación que significa para l@s vecin@s que allí viven…

Nos encontramos, así,  sorprendidos frente a la rápida respuesta que dieron los vecinos de la zona, movilizados básicamente por gurises muy jóvenes.

Comenzamos entonces, conversando con Darío,

(Cabe resaltar, que cuando hicimos la entrevista, hacía 3 meses que los vecinos del Brandi encararon la tarea de sostener la olla, y hoy siguen al pie del cañón…)

Mientras se preparan para ir armando la comida, con un quemador y una olla gigante, vemos como van arrimándose también, parte de la barra de jóvenes que se han hecho cargo de la situación:

Darío nos cuenta cómo se han venido organizando

Un hecho que se  destaca del laburo de estos gurises,  es la división de tareas, ya que el hecho de que sean muchos alrededor de la olla, les posibilita el  que pueden hacer una atención por  turnos, moviéndose alrededor de 25 vecinos.

Pudimos ver también, como para ir arrancando, lo que es en  trabajo real y en en horas hombre, el sostener un proyecto social con estas características.

Es en parte esto, también, lo que nos da las razones de que, como ya veremos, muchas ollas que hemos registrado, hayan cerrado, desde el momento de la entrevista al día de hoy.

Para ir cerrando, y por eso de que las casualidades no existen, el día que visitamos el Club Brandi, nos encontramos con un viejo conocido del barrio, quien es en estos momentos integrante del Concejo de Vecinos, que estaba haciendo un relevamiento de las ollas activas, para organizar las donaciones.

 Pero ese será el comienzo de la próxima nota…

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