Pepi trabaja en el cine

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 Por Juana Francisca Gómez(*)

 

No es sencillo editar una entrevista de Irene. En su vida hay muchas vidas, propias y ajenas. Las historias que se cuentan, a través de su relato, del episodio cotidiano más sencillo, portan consigo este y otros mundos posibles. Ella habla en cine. Nos hace una suerte de etnografía social desde una sensibilidad que no se queda en el registro. Protesta y produce. Conversamos con Pepi Goncalves sobre cine y género.

Mate Amargo – ¿Cómo ves el tema de cine y género?

Pepi Goncalves – Yo tengo un discurso que no es tan de mis contemporáneas. Que tiene que ver con el entorno en el que me crié, con la mirada de las mujeres alrededor de las que estuve de niña. Y eso también ayuda a veces a tener una posición crítica sobre el tema de los espacios de las mujeres. Ahora estuve en Brasil, en un congreso, porque a mí me interesa empezar a hacer un lazo entre el tema del cine y el turismo. Porque es como que no se ve, digamos, todo lo que se está conectando en otras partes del mundo, de las dos industrias. Y me fui a un congreso y había un montón de gente interesantísima, de la academia de ámbitos de experiencia política, de intermediarias cinematográficas. Y me hice muy amiga de una economista que hizo una charla muy buena. Y le dije: lo que le falta a todas estas charlas es género. Nosotros no tomamos en cuenta que de cada varón que entra a una sala de cine o teatro, entran cuatro mujeres. Estamos siempre partiendo de equívocos porque es muy importante analizar la recepción. Quiénes son los que van a verlo. Y quiénes son después, quiénes deciden los viajes, el turismo dentro de la familia, los paseos. Entonces hay un montón de agujeros que surgen, en la observación, inclusive en la del consumo cultural, que tienen que ver con no mirar la diferencia que hay entre lo que las mujeres consumen y lo que consumen los varones. Tampoco se diferencia el nivel educativo de las niñas respecto al de los niños. O sea, dónde llegan, dónde llegan las niñas estudiando, dónde llegan los varones. Entonces, y ahí hay un montón de cosas que tienen que ver después con las historias que se cuentan y la participación que hay en el mercado. Se va a dar una película ahora creo que el 10 de abril, de dos directoras jóvenes. Bueno, ya son las señoras Claudia Abend y Adriana Loeff. Entre la primera película que hicieron y la segunda, pasaron 10 años. Y en esos 10 años tuvieron hijos, eso fue lo que pasó. La película que hicieron se llama “La flor de la vida”. Y es una película en la que entrevistaron a gente que había empezado a hacer algo después de los 80 años. Es muy buena la película. Una investigación con 500 personas. Y así eligieron a sus protagonistas. Y después, cuando se pusieron a filmar quedaron con uno solo. Porque, realmente, la historia pesaba mucho sobre las demás. Era un hombre, que la mujer a los 80 años decide divorciarse y lo deja solo. Yo les decía. Estaba haciendo una película en favor del divorcio. En favor de, más bien, que las mujeres no se casen. Estuvieron 10 años criando hijos y ahora hacen una película que es una especie de oda a sacarse de arriba al marido.

M.A. – ¿cómo empezaste a trabajar en cine?

P.G. – Bueno, yo empecé… yo empecé estando. Empecé a hacer unas pequeñas fugas cuando estaba estudiando. Iba a la clase de Ravaioli en vez de ir a la clase de otro profesor. En realidad, que en segundo año tenía cierta cantidad de horas, yo entraba a las horas de tercer año. Me colaba a las horas de tercer año. En tercer año hacía las horas de tercero y me colaba a las de cuarto. Es decir, me metía en la materia. Y con otros compañeros empezamos a participar haciendo pequeños trabajos para alguien que estaba haciendo una tesis, necesitaba un video, empezamos a trabajar haciendo esos cortos. Casi siempre en el rol de producción. Y eso fue como una primera experiencia en la que pagaban poca plata o algunas veces no nos pagaron. Pero bueno, esas fueron como experiencias de realización en un ámbito, que si bien estábamos estudiando, afuera no estaba pasando demasiado.

Después, empecé haciendo un comercial como directora de arte en Imágenes, en una campaña que habían inventado no sé quién era la agencia, ni nada, y ahí de a poco, a final de los 80’, empecé a trabajar en producción. Actualmente trabajo con un profesor que también hicimos comerciales juntos en los años 80’. O sea me fui enganchando de a poco en el circuito.

 

M.A. – Además trabajabas haciendo otras cosas…

P.G. – Hacía de todo, diseño gráfico, trabajé para organizaciones sociales, que en ese momento post-dictadura estaba lleno. Incluso había productoras que eran ONGs, tanto CEMA como Imágenes. Ahí en CEMA fue que conocí a Elena (Roux). Trabajé haciendo cosas para prensa. Ilustré para Brecha, más de tres años. Hice eventos, producción de eventos, cumpleaños de 15. De todo, lo que pintara. Acá en Maldonado también hay como una cultura de trabajar en verano. Entonces, a los nueve años me profesionalicé con un teatro de títeres y empecé a hacer cumpleaños infantiles. Entonces, me pasaba todo el invierno trabajando, iba a la escuela y los fines de semana, con una amiga hacíamos títeres. Y eso después fue creciendo, yo también fui creciendo hasta un punto que me quedé yo sola con el teatrito y con él trabajé hasta los 19 años. Todos los fines de semana. Hice una fortuna de plata a 200 dólares por hora. Era una locura.

Además en mi casa había un taller de cerámica, a mis padres los habían corrido en la dictadura y yo empecé también de chica a hacer todos los trámites de banco, pagar a los artesanos a los que mis padres les vendían cosas. Después mis padres empezaron a exportar. Como niña de los mandados, hacía gestiones en el banco, en el correo. Después mi padre tuvo un local y atendíamos también toda la temporada alta, digamos. Hacía la mañana o hacía la noche y el cierre con él. Trabajé mucho tiempo así. A los 16 años empecé a trabajar de promotora. Mi vida laboral es bastante larga. Atender público y todo eso. Tengo mucha experiencia en la temporada de Maldonado. Yo tengo esa imagen, de volver muerta a las 12 de la noche en un ómnibus y ver a Los Zucará en el mismo ómnibus para Maldonado. Tengo esas imágenes de chica, de volver parada en el ómnibus, con la gente que estaba haciendo la temporada. Tengo esas cosas que te da el trabajo, ¿no?

 

M.A. – ¿Y cuándo te fuiste a Montevideo?

P.G. – Me impresionó horrible que la gente de Montevideo no conocía la ciudad y no tenían ningún tipo de conexión con el mundo laboral. Y me pasa hasta el día de hoy que tengo estudiantes que nunca han trabajado. Me resulta rarísimo eso, que tengas 19, 20 años y que nunca trabajaste.

 

M.A. – ¿Cómo fue la etapa de la Escuela de San Antonio de los Baños?

P.G. – Fui, de ahí, la primera generación. Es más, estuve ahí cuando se inauguró la Escuela. Aguante muy poco tiempo. Estuve cuatro meses. La primera cosa que vi me resultó importante. Los profesores de dirección eran varones, eran directores y sus esposas eran productoras. Eso ya me quemó. Tuve unas clases con una profesora y no me convencía para nada como enseñaban que eso era la producción. Y ahí tuve una crisis. Hablé con el viejo Fernando Birri que era el Director. Pasaron los meses y mi conflicto se fue agudizando. Venía Marzo y sabía que empezaba todo en Uruguay. Marqué volverme el día que cumplía mi madre y volví. Fue un escándalo. Me daban vuelta la cara en la fila de Cinemateca. Después volví en el 95’ y en el 2007, que fue la primera vez que una mujer dirigió la Escuela. Era una egresada de la primera generación, era una amiga muy querida. Ella me desafió a que fuera y cambiará la forma en que se formaban los productores. Me dio una oportunidad increíble, me dio carta libre. Así que fui y estudié cómo era que se formaban los productores y efectivamente los formaban para que hicieran cortometrajes. Me parecía que era una pérdida de tiempo increíble para una persona que está cuatro años formándose, viviendo en un régimen de internado con la cantidad de horas de clase que tienen en San Antonio. Y ahí cambié todo el sistema para que formaran gente para producir largometrajes. También abrimos un pequeño mercado para que los estudiantes hicieran práctica efectiva en el Festival de la Habana. Eso existe hasta el día de hoy y ha crecido de forma espectacular.

Lo que me permitió la Escuela fue volcar mi experiencia en un programa sistematizado y poder discutir después el funcionamiento, ver cómo se adaptaba.

De ahí salió gente de países que realmente no tienen nada de cine como Puerto Rico o Costa Rica, que tenían muy pocos fondos o muy poco acceso. Eso para mí fue muy valioso. A la Escuela le tengo tremendo amor. Siempre que puedo voy porque es una experiencia que me marcó un montón, todo ese lugar, la experiencia, el mismo nivel de locura de los que la inventan porque no puedes estar bien de la cabeza haciendo una cosa tan pero tan distinta como esta. La formación que hay es para la industria norteamericana y después tengo esto que es todo lo contrario. Tenés la diversidad internacional de miles de cabezas que han ido pasando por ahí viendo las cosas de otra manera. Es muy interesante.

 

M.A. – En tu artículo “el Síndrome de la Productora-Esposa” nombraste a mujeres destacadas del Cine Latinoamericano que se encuentran invisibilizadas como: Bertha Navarro de México, con treinta y seis títulos y descubridora de Guillermo del Toro; a Assunção Hernándes y a Mariza Leão, ambas brasileñas con más de 20 títulos

P.G. – Lo que yo configuro ahí es esa cuestión de cómo esa generación o todo ese pensamiento tan revolucionario de Cine Latinoamericano fue profundamente machista y patriarcal. Claramente las mujeres quedaron fuera del relato y del reconocimiento. Las mujeres que quedan están en un rol siempre muy secundario. Para mí eso es una muestra también de cómo hasta el día de hoy es tan difícil que en América Latina se pueda ver el potencial y la fuerza de las mujeres. Siempre tiene que ver con esa cosa de que hay un rol y que el rol -digamos- “doméstico”, vendría a ser el rol de producción. Como que el rol creativo queda en manos de los varones. Eso me parece que es una de las cosas que hay que dar vuelta notoriamente, en el Uruguay si vos mirás un poco el canon de los últimos 30 años hay una tendencia que el reconocimiento lo dan varones, a varones. Después hay cosas muy concretas que nosotros tenemos recuperadas, no es que yo estoy hablando de cosas abstractas ¿no? A mi hermana se le ocurrió investigar sobre una cineasta que es la primera mujer que hizo un largometraje en Uruguay: Rina Massardi. Ella recibió una llamada por teléfono de un crítico diciendo que no valía la pena que estudiara sobre esa mujer. Él mismo llamó a otro escritor que investiga sobre cine uruguayo y lo llamó también porque había leído un artículo que había escrito sobre Ruina Masardi. El odio, el veneno es impresionante.

Ahora estoy preparando una charla para ese ciclo que se llama Mapa de Creadoras, que son las mujeres de la Facultad de Arquitectura que empezaron a hacer un reconocimiento sobre las mujeres arquitectas que se habían quedado en la sombra a veces trabajando junto con los maridos. En muchos casos en proyectos en los que ellas quedaron totalmente fuera de los reconocimientos. Ampliaron también creadoras en otras áreas y me invitan a hablar de las mujeres en el siglo XX en el Uruguay. Y me pongo a mirar todas las que hicieron largometraje, vienen de vivir en otro país, algunas son extranjeras otras son Uruguayas.

Después las críticas repulsivas, es una cosa muy interesante de ver, de tomárselo como un asunto que no es casualidad. Hay un aparato para reprimir a las mujeres en el mundo de la cultura, claro, nítido. Siempre que sale alguien adelante es considerada la excepción.

El gobierno del Frente fue bastante conteste de aplicar una convención firmada por Uruguay en el año 95’. “Belém Do Para” es la convención para eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres. El único que realmente nunca estuvo a tono es el Ministerio de Cultura hasta el día de hoy. Las políticas de género del Ministerio son absolutamente ridículas. Es, por ejemplo: promover un concierto de mujeres en marzo, eso no es nada.

Hay cero trabajo real, profundo, en la igualdad. Si no nos hubiéramos puesto a insistir no tendríamos cuota como tenemos en los premios de cine. Que así como un día te lo ponen al otro te lo sacan, porque te hacen jurados que son tres varones y no salen proyectos de una mujer ni por casualidad. En el Informe de Imaginarios y Consumo Cultural que ha realizado el propio MEC dice que de cada cuatro mujeres que entran en una sala, entra un hombre, entonces ¿a quién están hablando las películas hechas por los varones?, ¿por qué hay baja recepción del cine nacional? En parte por temas de género, porque bueno, vos no le estás hablando al consumidor. Pero eso no se discute, jamás se habla esto.

Por ejemplo, el éxito de “En la puta vida”. Es una película que estaba pensada para tener éxito, sí, trabajada al lomo de una sola mujer, ¿no?

La última vez que trabajé con Elena Roux, fue acompañando a Beatriz Flores en la previa de la Puta Vida, trabajamos un montón de productoras, ayudándola en los días previos al arranque.

M.A. – Parecería que así se teje mucha cosa en distintos ámbitos, ¿qué pensás?

P.G. – ¿Vos viste que el Ministerio de Cultura tiene una cosa que se llama el FEFCA? que es un fondo que se parece mucho a una beca Guggenheim, es un fondo para las artes que estaba establecido, que va a haber mil fondos de eso para la ciencia, y lo que hace es sostener durante un año los gastos básicos de tu vida. Y eso te permite tener un espacio de tiempo para crear. Entonces, estaba el FEFCA y estaba el premio de la ciencia, y supuestamente iban a haber mil artistas y mil científicos. Hasta que llegó el momento de dar a los artistas, hubo solo 80. Ahora creo que hay 53. El detalle interesante es que la primera vez que lo largan, son tres funcionarios del Ministerio del MEC que seleccionan. Hubo seis mujeres ganadoras de los 80 premios. Las seis bailarinas. Hice una publicación en Facebook y se armó una bataola porque un montón de mujeres que en ese momento no hablaban de este tema, ni lo tocaban, empezaron a repostear. No había llegado ni una menos, ni nada de eso. Bueno, te imaginas cómo se pudrió todo. ¿Por qué no les dio vergüenza en el momento que vieron que eran 80 y solo había seis mujeres para reconocer? No le dio vergüenza.

M.A. – ¿Cómo fue que surgió en su momento el Movimiento de Mujeres del Audiovisual?

P.G. – Eso está desarmado, lamentablemente. Fueron dejando de a una la militancia. Fue una pena eso, la verdad. 2019 creo. Y estuvo muy bueno para mí. Había hecho unas cifras, armado un esquema de cuántas entradas habían vendido las películas producidas por

mujeres en base a datos oficiales y se había llegado a la conclusión de que las mujeres vendíamos el doble de entradas. Eso era algo para reivindicar. Y ahí surgieron temas de acoso y abuso, entre otros, que para mí fue muy relevante todo lo que pasó. Eso fue en enero y el 9 de marzo hicimos una juntada de 80 mujeres. Ahí salieron todos los temas vinculados con la maternidad, muchísimo el intercambio. Y ahí nos pusimos a hacer la investigación. Al mismo tiempo la Intendencia mandó hacer una que dió lo mismo. En mayo surgió una denuncia de una actriz que había sido violada hace 10 años en un casting y nosotros hicimos una nota de apoyo y la firmamos. Y entonces el acusado que era colega nuestro nos quiso hacer un juicio a nosotros por difamación. Nosotros juntamos la plata para apoyarla a ella con su abogada, acompañamos ese proceso. Fue una cosa importante para mí. Que fue una movilización que tuvo un sentido, ¿viste?

Lo último que hicimos antes de desarmarnos fue una lucha de tres años, donde hubo muy buena disposición de parte de la Intendencia, con la idea de hacer un protocolo para que los que utilizan locaciones en Montevideo, sea en Uruguay o sobre otros países tengan que firmar un protocolo que garantice que no va a haber abuso ni acoso, porque entre todo ese tiempo hubo otra situación de abuso en un rodaje con una muchacha que estaba limpiando en un baño. El mundo del cine es un espacio no seguro, eso hay que cuestionar fuertemente. Así que, bueno, no terminó nada. Dos años nos metieron en un ritmo de tantos técnicos y expertos y reuniones todos los meses, y que cuando hubo que concretarlo estábamos agotadas absolutamente, porque, por supuesto, que perdíamos el día de trabajo para asistir a esas reuniones, acompañar todo ese proceso, viajar, etc., era todo un sacrificio para todas. Es lo último a lo que llegamos, pero yo creo que nos tenemos que re-organizar. Estoy convencida que hay que volver a atar las puntas porque las organizaciones no se hacen cargo. El Estado tiene un rol y tiene una obligación. Es decir, todos los que invierten y sacan provecho no dan garantías, porque en este caso que mencionamos el casting fue en un apartamento.

M.A. – ¿Te parece que esta situación va a empeorar?

P.G. – Tiene que haber una didáctica. En el centro educativo que coordino, empezamos a poner el tema de que sólo el 19% de las películas están dirigidas por mujeres, y eso fue entrando en la cabeza de los profesores varones. Desde que hemos empezado a tratar el tema, se empezó a naturalizar el liderazgo femenino, y la mayor parte de los cortos que salen son dirigidos por mujeres. Es así. Cada vez que empiezan los cursos nos planteamos conversar sobre qué es lo que pasa dentro de la actividad. Plantear ¿cuántas directoras vas a mostrar?, ¿cuántas directoras vas a llevar?, ¿cuántas invitadas vas a tener? Todo eso importa, es relevante.

M.A. – ¿cuál fue la producción, la tarea, o lo que te gustó más hacer todo este tiempo?

P.G. – Mirá, yo descubrí la política a través de la política del sector audiovisual, a través de Asoprod. Descubrí ahí que me gusta esa construcción. Para mí, eso, que después me llevó a la política partidaria, en conjunto -básicamente- con género, a mí me resultó un aprendizaje muy interesante de la sociedad, de todo, y me sirvió, inclusive, cuando me volví a vivir a Maldonado. Terminé aterrizando en Maldonado después de 25 años de no vivir acá, y a mí eso, digamos, lo de la participación política y todo eso, esa construcción social me resultó lo más interesante. Creo que yo pude tener un compromiso político porque me atravesó el tema del cine, tuvo que ver con eso. Y después como un compromiso con la cultura en general, con la lucha por los espacios de la cultura. Que eso es algo que no lo tenía antes, ¿entendés? Yo muchos años trabajé en temas de supervivencia, o sea, trabajé veintipico de años haciendo publicidad, haciendo lo que viniera, lo que hubiera para poder levantar la olla. Fue muy sufrido también, todo eso, porque estás haciendo cosas que no te interesan. Y si bien, digamos, eso me dio toda una práctica cuando empezó a armarse acá, la nueva ola, digamos, del cine nacional y empezó a haber como la posibilidad de que hubiera películas, y que hubiera películas independientes, y que hubiera películas de bajo

presupuesto. Yo ahí también, desde un determinado momento, me descubrí como formadora, cosa que yo siempre había rechazado, el tema de poder educar gente. Para mí eso fueron como los descubrimientos más importantes, creo que son los de la experiencia esa de la lucha porqué hubiera condicionantes para que el cine nacional existiera en el Estado que también se incluyó a la Intendencia, por supuesto. A veces, enfrentamientos más amables, otros menos. Y hasta el Parlamento, a mí todo eso me sirvió como para asumir un compromiso que me parece que fue un mensaje muy bueno. Por supuesto que para mí no es el proceso de “Aparte” con Handler, fue un proceso increíble para mí. Hice como una gira de prensa, porque Mario estaba mal de salud. Recorrí todo el interior que para mí fue también sumamente valioso por ver el Uruguay. Era el 2003, había un montón de cosas que estaban pasando. Pero más allá de eso, todo el proceso de la construcción del tema del cine me ha dado como riqueza en la vida. Incluido por supuesto el proceso con las mujeres en la audiovisual, con las Mau. Acá durante ocho años tuvimos tratando de armar una organización y ya la tenemos fundando hace dos años, que es una organización que tiene la gente que está acá en la región. Lleva todo un proceso incluir a los jóvenes, a los egresados recientes, un montón de gente que tiene trayectoria, me parece que todo eso tiene un sentido. Te vas convirtiendo en una persona que participa dentro de un área y es esa perspectiva también de que estás aportando algo a la sociedad, estás dando para que exista algo más importante.

 

(*) Juana Francisca Gómez es escritora y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)

Fotografías:

Apuntes:

Investigación ¿Quiénes cuentan las historias? https://icau.mec.gub.uy/innovaportal/file/124800/1/mau-publicacion-digital-1.pdf Convención Interamericana de Belém Do Para https://www.impo.com.uy/bases/leyes-internacional/16735-1996

https://www.mateamargo.org.uy/2025/09/14/entre-la-solidaridad-el-espanto-y-el-deseo/ “Grafitis y vandalismo en los tardíos ochenta” de Pepi Goncalves en https://www.fing.edu.uy/biblioteca/bibliografias/570782.pdf

 

Películas disponibles y trailers: https://www.retinalatina.org/peliculas/en-la-puta-vida/ https://www.retinalatina.org/peliculas/el-automata/ https://www.retinalatina.org/peliculas/lecciones-de-tai-chi/ https://www.retinalatina.org/peliculas/aparte-mario-habdler/ https://cinemateca.org.uy/peliculas/411

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