Música en Uruguay: éxito de público, deuda con lo local

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Por Sebas Silva (*)

 

En Uruguay se venden más de cinco millones de entradas al año para espectáculos musicales. Los grandes shows internacionales llenan salas y confirman que la música es una de las industrias culturales más activas del país. Sin embargo, detrás de ese crecimiento, la escena local enfrenta una realidad mucho más compleja.

Mientras artistas extranjeros convocan multitudes, miles de músicos uruguayos sostienen su actividad en circuitos pequeños, tocando en bares y espacios reducidos para públicos limitados. El recambio existe, pero su desarrollo es lento y con pocas oportunidades reales de crecimiento.

La música, además, genera trabajo en múltiples niveles: técnicos, proveedores, transporte, gastronomía. Cada show activa una cadena productiva importante.

El punto de tensión aparece en el rol del Estado. Muchos festivales públicos replican la lógica de los privados: grandes convocatorias con artistas internacionales, pero con entrada gratuita. Esto, si bien amplía el acceso del público, genera una fuerte competencia para los músicos nacionales, que necesitan cobrar entradas para que sus shows sean viables.

La escena local, que aún se recupera del impacto de la pandemia, enfrenta así un desafío central: cómo crecer en un contexto donde el público accede gratuitamente a grandes espectáculos mientras la música nacional lucha por sostener su propio espacio.

El debate sigue abierto. Porque más allá del éxito de convocatoria, la pregunta es otra: ¿cómo se construye una industria musical que también funcione para quienes la hacen todos los días?

(*) Sebas Silva es Gestor cultural y músico uruguayo. Líder del grupo CoFF CoFF y representante gremial en la Federación Uruguaya de Músicos. Integra la directiva de Cooparte y la Comisión Administradora del Fondo Nacional de Música. Participa activamente en espacios vinculados al desarrollo cultural y artístico.

 

 

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