Por Darío Rodríguez (*)
El espectáculo, largamente anunciado, estuvo en duda hasta la media tarde. Es que “el señor” tenía que optar si continuaba con las lluvias sabatinas, muy demandadas por los otros señores, “los del agro”, o habilitaba el “buen tiempo”. Entonces, reivindicándose popular dio luz verde al espectáculo carnavalero, con presencia de la bicampeona montevideana Doña Bastarda que sintonizó rápidamente con el numeroso público sentado en las gradas, en la propia cancha, cerca del escenario o en sus propias sillas plegables.
El ritual pautado para las 21 hs del sábado 21 de marzo comenzó, a la uruguaya, pasada largamente la hora señalada. Quizás ello tenga más que ver con la necesidad de dar tiempo para que la denominada “plaza de comida” trabajara que con la contumaz costumbre nacional de empezar todo más tarde.
(Doña bastarda: la patria o la tumba)
Niños pequeños eran cargados por sus madres, por ir solas o por tener compañías poco afectas a cargar con “esos locos bajitos”. Esta vez, ¡raro!, no correteaban ni daban el tono de la noche, fue todo muy disciplinado. ¿Habrá tenido que ver el suelo blando, con algunos charquitos y la humedad de los bancos de portland? No lo sabemos.
Como abundan, -si se organizan, pueden complicar al ser humano-, un pequeño y simpático perro, dicen que era invitado, se paseaba entre las gradas, rosando las piernas de la gente; que no se molestaba.
Jóvenes miraban el espectáculo carnavalero desde el muro que da a Vizconde de Mauá y, por momentos, era un ir y venir entre los asientos y la “plaza de comida”. Sobre todo, al inicio y en los intervalos que dejaron la comparsa Sandumbé, parodistas Sinvergüenzas y Murgas Eran las de antes y en la previa, el “plato fuerte de la noche”, Doña Bastarda.

(¡Prorróguese el carnaval!)
Infinidad de vehículos bordeaban la cancha, como si los conductores no se quisieran perder una inusual moña al borde del área chica para luego comentar, en el vecindario, “yo la vi”.
Quien fungía de animador resaltaba, una vez sí y otra también, “¡la noche que nos hizo!” y agradecía la presencia de yunguenses, gente de Concepción del Uruguay, Fray Bentos, Salto y vecinos de Paysandú. “La gente quiere carnaval” sentenciaba.
Con su espectáculo “la patria o la tumba”, la murga capitalina rápidamente tuvo la complicidad del público, donde el cuplé tuvo momentos de muchísimo humor, con un personaje, José G Artigas, sobresaliente y una crítica feroz al posicionamiento del gobierno uruguayo en relación a Palestina. Pero también saludó la huella dejada por José Pepe Mujica, “a veces humilde y arrogante”.
El mensaje hacia la labor de las maestras uruguayas, sensibiliza. La propuesta, con voces nítidas, potentes, quiso rescatar el rol de la escuela pública.
Se puede compartir con el animador, “¡la noche que nos hizo!” y agregar, “¡y lo que vimos”.

(La cuerda enciende los cuerpos)
Antes de irse, rumbo a la Av. Salto, distante dos cuadras, una mujer se acomodó el sombrero; sacó 250 pesos y se comió un chorizo, pasada la medianoche, sin “bajarlo” ni con una birra ni con una bebida cola. No quería alterar demasiado su economía, pues el domingo era día de feria para esta clasemediera. Era hora de emprender el regreso.
“¡La noche que nos hizo!”.
(*) Darío Rodríguez es Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UdelaR), periodista y asesor en temas de cooperativismo, vivienda y hábitat