Por Alfredo Rada (*)
Estados Unidos
En lo que parece una expresión de impotencia, más que de prepotencia, Donald Trump acaba de lanzar una andanada de críticas contra países europeos que se han negado a respaldar una ofensiva directa contra Irán. evidenciando fisuras dentro del bloque occidental.
El mandatario cuestionó la falta de compromiso de sus aliados, sugiriendo que Estados Unidos podría retirarse del escenario bélico, sin asumir mayores responsabilidades en la apertura del estratégico estrecho de Ormuz. Esta afirmación es muy poco creíble dada la histórica implicación militar estadounidense en la región y la necesidad de mantener funcionando el sistema financiero a base de petrodólares.
Trump se atrevió a señalar que “Europa debería aprender a luchar por sí misma y tomar el petróleo”, frase que sintetiza una visión transaccional de las alianzas internacionales. Mientras tanto, reportes sobre ataques, amenazas cruzadas y riesgos como un posible derrame petrolero o un accidente nuclear, aumentan la presión global en un conflicto que daña la estabilidad energética mundial.

Israel
El parlamento israelí dio un paso de profundas implicaciones al aprobar una ley que instaura la pena de muerte contra palestinos y palestinas acusados de haber quitado la vida a soldados israelíes, consolidando un endurecimiento del aparato punitivo en los territorios ocupados.
La normativa establece que estos casos serán juzgados por tribunales militares en Gaza y Cisjordania, lo que refuerza un esquema jurídico diferenciado que ha sido rechazado por organismos internacionales. Esta medida institucionaliza un régimen de apartheid al aplicar criterios legales distintos según la identidad nacional de los acusados, violando principios fundamentales de igualdad ante la ley y debido proceso.
La decisión se produce en un contexto de creciente violencia y ocupación prolongada, donde las condiciones de vida de la población palestina continúan deteriorándose. La legalización de la pena capital en estos términos no solo agrava la crisis humanitaria, sino que también reduce las posibilidades de una solución política sostenible, evidenciando que el “Plan de Paz” de Trump fue sólo un engaño.

Brasil
iguen las repercusiones negativas de la participación de Flavio Bolsonaro en una reunión de líderes de ultraderecha, celebrada en Dallas (Estados Unidos). El neofascista explicitó una alineación absoluta con la agenda guerrerista de Donald Trump.
Durante el encuentro, el senador adoptó una postura que es calificada de servil por amplios sectores, al ofrecer sin condiciones de soberanía el acceso a las vastas reservas de tierras raras del país sudamericano, recursos estratégicos clave para la industria tecnológica global.
Hijo del exmandatario Jair Bolsonaro, condenado judicialmente por el intento de golpe de Estado de 2022, Flavio busca posicionarse como candidato presidencial en las elecciones de octubre. Sus declaraciones han generado críticas tanto en la oposición moderada como en sectores nacionalistas, que consideran inadmisible ceder recursos estratégicos a intereses extranjeros.
El episodio pone en problemas al denominado bolsonarismo, y muestra la importancia de las tensiones internas sobre soberanía, recursos naturales y orientación política en Brasil.
(Contrapunto por gentileza del autor)
(*) Alfredo Rada, economista, asesor sindical, investigador, comunicador y docente boliviano con estudios en sociología. Fue viceministro y ministro. Es autor de varios libros y publicaciones.