En la primera línea

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 Por Juana Francisca Gómez (*)

“Casavalle es casi un barrio
en América Latina
donde el Uruguay sumerge
lo que crece y lo margina
crece el hambre crece el grito
la violencia que termina
puesta en los televisores
a la hora de la comida
qué comida qué trabajo
cuando las generaciones
se acostumbran a durar
salteándose los renglones…”
Jorge Schellemberg

 

Pasaron ya 10 años de la inauguración del Centro Cívico Luisa Cuesta, en el mismo sitio donde estaba ubicada la vieja Policlínica Casavalle. En esa policlínica se podían ver huellas de balaceras en sus paredes. Luego de mucho trabajo toda esa zona cambió notoriamente. Hoy conversamos con Marisa Ledesma, directora del Centro, para que nos cuente las realidades y desafíos que caracterizan esta nueva etapa.

Mate Amargo – ¿A qué se dedica el Centro Cívico Luisa Cuesta actualmente?

Marisa Ledesma – El Centro Cívico busca el acceso o facilitar el acceso a los derechos humanos de vecinas y vecinos de Casavalle. Esto parece muy amplio y se dice muy rápido, pero en realidad tiene una complejidad importante porque hay que marcar dónde estamos ubicados, con qué población trabajamos y cómo hacer esto de buscar este acceso.

Entonces, lo primero que tenemos que decir es que el Consejo Cuenca trabaja con una población de unos 80.000 habitantes que tiene particularidades. Mayoritariamente son minorías. ¿Qué quiero decir con esto?: hay mucha población afrodescendiente, integrantes de la comunidad LGBTQ+, hogares monoparentales, personas vinculadas al sistema carcelario, bajo nivel educativo, alto índice de personas desempleadas o vinculadas a la informalidad, la vivienda. Muchas de estas personas viven en asentamientos irregulares y viviendas precarias.

Esto hace que se prenda una luz roja con respecto a los derechos humanos. ¿Qué es lo que está pasando acá? Muchas veces nos encontramos naturalizando determinadas situaciones de vida que no son comunes ni para nada adecuadas para la mayoría del resto de la población de Montevideo. También es importante dar un espacio para hablar justamente del derecho a la cultura. El derecho a la cultura está sumamente vulnerado. Se entiende como algo secundario y sin embargo creemos que cumple un rol fundamental en la vida de todas y de todos. Desde el Centro Cívico tenemos una biblioteca con distintas propuestas, que van desde el abordaje a instituciones educativas que acá hay muchísimas como el servicio directo a la comunidad. Y también somos parte de intervenciones en el barrio, de habitar las plazas, de habitar los espacios y construir con vecinas y vecinos propuestas educativas, recreativas y culturales. Creo que la cultura tiene un efecto sanador y nos hace parte y nos construye como personas y como parte de una comunidad. Nos da identidad. Por eso trabajamos profundamente esos temas.

Es así que se decide generar un espacio con estas características que aterrice de forma muy concreta este acceso a los derechos humanos. Acá en el Centro Cívico funcionan distintos organismos del Estado, como MIDES, dentro de mides, UCC, ETAF, Inju Avanza, Enlace educativo, después la Intendencia con Comuna Mujer, con el Comunal 11 sacamos Partidas de Nacimiento. En algún momento tuvimos BPS, ahora nos gustaría volver a tenerlo, estamos trabajando para eso. También funciona el Centro de Mediación del Poder Judicial, el Círculo de Mediación del Uruguay y la Universidad de la República con Consultorio Jurídico. Hay distintos organismos que funcionan acá, pero el concepto del Centro Cívico es un concepto integral. Es escuchar a la persona, recibir a quien viene y comprender qué recorrido tiene que hacer para mejorar la situación donde está y acompañarlo en ese proceso.

Esa es la diferencia con cualquier otro espacio que esté funcionando actualmente. Ese acompañamiento y esa escucha activa que dignifica su lugar y construye junto a esa persona una necesidad y cómo acceder a ella. A veces se da dentro del Centro Cívico, a veces implica movimientos a otros espacios y también esa es otra característica, es el trabajo en red. El Centro Cívico siempre funcionó dentro de distintas redes que funcionan en el municipio y crea otras nuevas para fortalecer este entramado porque por la complejidad de las dificultades a las que nos enfrentamos, nada se logra solos ni solas, tenemos que poder articular entre las distintas propuestas, pensar de forma creativa y tratar de dar solución a las problemáticas que se presentan. Dentro de las redes que funcionan está una mesa intersocial que forma parte del Consejo Cuenca Casavalle, Plenarios de vecinos, Red de Adolescencia, Afrodescendencia, Diversidad de infancias, esas son algunas de las redes en las que se participa.

Después dentro de la Intersocial y del Consejo Cuenca hay una Mesa de Salud Mental de la que también somos parte y estamos en construcción de la Primera Casa de Salud Comunitaria en la zona. Uno de los grandes proyectos del Centro Cívico es poder impulsar, acompañar esta casa de salud mental comunitaria porque vemos que es una de las demandas más importantes de la comunidad. Después también funciona una Mesa de Convivencia que tiene que ver con abordar las diferentes violencias. Esto es impulsado por la Mesa Intersocial y el Mides.

M.A. – ¿Desde qué momento fuiste parte del proceso del Centro?

M.L. – Estoy en el Centro Cívico desde sus comienzos y hemos acompañado este crecimiento junto a otras compañeras y compañeros que también están desde ese primer momento. Realmente, en este tiempo lo que se construyó, junto a vecinas y vecinos, es la pertenencia a este lugar. Entonces creo que vecinas y vecinos se sienten parte del Centro Cívico, así como yo también. Siempre digo, yo habito este espacio la mayor parte del día, este es mi lugar. Lo siento como un lugar que me genera expectativas, proyectos, ganas de construir junto a otras y otros. Así que, bueno, esa es la historia con el Centro Cívico.

M.A. – ¿Por qué se acercan las y los vecinos al Centro?

M.L. – Yo siempre digo que las vecinas y los vecinos, por esto de esta construcción de pertenencia, al primer lugar que se les ocurre venir por cualquier necesidad es acá, y eso es muy lindo, eso nos permite ir trabajando y bueno…a veces tenemos la solución, a veces no, creo que la mayor demanda de vecinas y vecinos tiene que ver con el trabajo, con la vivienda y lamentablemente con la alimentación, esa es la mayor demanda. Tratamos de trabajar para eso, estamos impulsando cooperativas laborales, hay tres cooperativas laborales que funcionan dentro del Centro Cívico, un proyecto es generar encuentros de cooperativas laborales para que puedan apoyarse, compartir saberes y poder entre todas y todos construir esta propuesta laboral. En relación a la alimentación, integramos distintas comisiones y hablamos muchísimo con INDA (Instituto Nacional de Alimentación) por las situaciones que vemos con respecto a la alimentación acá, qué dificultades, a qué están accediendo, realmente esa es una preocupación muy grande del Centro Cívico.

M.A. – ¿Qué proyectos tienen este año?

M.L. – Como proyecto fundamental el impulso de la Casa de Salud Comunitaria, creemos que es muy necesario y que es importante ser parte de ello. Fortalecer el Plenario de vecinos porque la participación activa y en relación a otras y otros, no de manera individual, nos parece que da herramientas mucho más duraderas que cosas concretas. En relación a proyectos culturales, tenemos varias muestras previstas con respecto a lo que tiene que ver con mujeres escritoras, una muestra del Pepe Mujica, trabajar a nivel de murales con jóvenes que es una población que nos cuesta llegar, pero que a su vez nos demandan propuestas acordes. Ahora ellos están planteando que quieren ver el barrio más lindo de colores seguramente vamos a buscar la manera de llegar a talleristas, tratar de hacer un proceso pero seguramente se pintan esos murales y ellos otra vez se alejen. En diálogo con ellos y buscándolos por el barrio logramos construir otra demanda como en algún momento fue el Taller de Percusión, se acercan un tiempo y pasan unos meses y se distancian nuevamente. Sé que es una población de por sí difícil y muy, muy, golpeada en este barrio por la falta de proyectos, la falta de trabajo para jóvenes. Muy castigado en cuanto a cómo los ve el resto y les cuesta muchísimo poder sostener. Tienen muy baja tolerancia a la frustración y también esto de que cuando surge algo que les da alguna posibilidad, ya sea de empleo o de ingresos de dinero se desconectan con todo el resto porque este parece ser el objetivo final. Cuesta mucho construir un proyecto de vida. Entonces eso si es un proyecto a largo plazo, trabajar con jóvenes de forma seria y adecuada

M.A. – ¿Cuáles son las perspectivas a mediano plazo?

M.L. – Dejé para el final el tema de las violencias que nombré arriba, pero creo que es un tema para abordar aparte porque, sin duda alguna, son múltiples las violencias que se viven en este barrio. La violencia física es una muy importante, pero hay otras violencias como las condiciones de pobreza extrema, inseguridad vital, alimentaria y habitacional, violencias de género y generaciones, agresiones sexuales, agresiones intrafamiliares, duelos no resueltos, asesinatos, violencias estructurales potenciadas por el micro tráfico, el narcotráfico y los desplazamientos forzosos. Todas estas violencias hacen que la población tenga un sufrimiento muy grande desde primera infancia hasta adultos mayores.

Creo que esto hay que buscar una manera de abordarlo institucionalmente y socialmente, pero no es un problema de Casavalle, es un problema de la sociedad entera. Me pregunto cómo vamos a abordar esto. Este abordaje va a hacer la diferencia del país que tengamos, porque Casavalle somos todas y todos. Hay distinto tipo de expulsiones, algunas tienen que ver con medidas puntuales donde se expulsa a la gente de la zona costera para traerlos a esta zona hasta otras formas menos visibles, como pueden ser expulsiones que tienen que ver con lo económico. La gente que viene a vivir acá de repente encuentra alquileres más baratos o puede hacerse un ranchito en algún lugar y van a demorar mucho más en ser desalojado, por lo menos el Estado. No así la realidad que viven con respecto al micro tráfico y al narcotráfico, que es cruel, controla porque da recursos económicos y a su vez la controla a partir del miedo. Son dos elementos fundamentales. Tiene un control punitivo. Y por otro lado, tiene y da recursos económicos que es la demanda más grande: ¿qué como?

Y como decía anteriormente, es lo que se constituye como un fin en sí mismo y no como medio para acceder a otra cosa. La plata, el recurso económico por las grandes necesidades que hay, por la falta también de perspectiva, es un fin en sí mismo. Eso creo que es importante entenderlo para poder construir otras cosas, como otros proyectos, otros horizontes y pensados muy a largo plazo.

(*) Juana Francisca Gómez es escritora y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)

 

Apuntes y otras lecturas

 

Fragmento Casavalle» Jorge Schellemberg Primer tema del álbum AntroPOPfagia Zapatito, Montevideo, 2006 extraído del libro “Casavalle bajo el sol” Investigación etnográfica sobre territorialidad, identidad y memoria en la periferia urbana de principios de milenio de Eduardo Álvarez Pedrosian, disponible en el siguiente enlace: https://www.colibri.udelar.edu.uy/jspui/bitstream/20.500.12008/50896/1/Alvarez_Pedrosian_ Casavalle.pdf

https://www.mateamargo.org.uy/2023/03/19/ellas-se-cuentan-y-construyen-entrevista-a-un-colectivo-que-escribe-a-fuego-de-vida/

https://www.mateamargo.org.uy/2025/10/12/segunda-temporada/

 

Documentos de la zona: https://municipiod.montevideo.gub.uy/programas/plan-cuenca-casavalle

Fotos gentileza del Centro Cívico Luisa Cuesta

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