Por Claudia Suárez Delgado(*)
Participamos del taller “Mujeres, organización colectiva, sindicatos y poder”, coordinado por Carolina Spilman en el marco de la Jornada “Mujeres trabajo e Industria: ¿Dónde estamos y dónde queremos llegar?” que nucleó a mujeres sindicalistas de industria y comercio.
La jornada inició con una mesa central con la presencia de Fernanda Cardona, Ministra de Industria, energía y minería; Soledad Salvador, Economista CIEDUR; Carolina Spilman, Vicepresidenta adjunta y responsable de la Secretaría de género PIT-CNT y Rosana Falero de la Dirección de la Confederación de Sindicatos industriales.
En el taller que me tocó participar, comenzamos compartiendo los resultados de una encuesta realizada a mujeres sindicalistas. Los datos compartidos mostraban que en la rama de industria, la sindicalización es levemente más baja que en el resto de los sindicatos, estando en 32 por ciento.
Cuando se les pregunta al resto ¿por qué no están sindicalizadas? aparecen como razones el descreimiento, la disconformidad, la falta de representación o de interés. Un quince por ciento plantea no estar sindicalizada pero que le gustaría. En un número menor aparecen la presión de los empleadores, también está el hecho de que no exista sindicato en su rama o las dificultades para participar por las características de su trabajo.

Más allá de estos datos, entre las mujeres sindicalizadas de la industria se presenta una mayor participación en actividades sindicales, ya que el 68 por ciento participa en comparación con el 31 por ciento de otros sindicatos. Las asambleas y comisiones se presentan como las actividades con mayor índice de participación, seguido por los paros y movilizaciones.
Al preguntarles en la encuesta ¿por qué no participan? surge como primera respuesta, con mucha distancia por sobre otras, “la falta de tiempo”, frente a esto se plantea en el taller un ejercicio: Se le pide a las presentes que estimen la cantidad de horas, minutos, que utilizan por día para: Trabajar, cocinar, hacer mandados, hacer ejercicio, tareas de limpieza, ayudar en los deberes de los hijos e hijas, la militancia, dormir, ocio, autocuidado, cuidado de otros, estudiar, construir en la cooperativa. Luego se les pidió que sumaran esas horas, los números de la suma por día fueron; 34h, 28h, 33h, 30h… muchas remarcaban que realizan más de una tarea a la vez generando superposición de actividades o que duermen menos de lo que deberían: “mientras cocino controlo los deberes”, “No nos da la vida”, “Estamos fatigadas estamos atendiendo 20 cosas a la vez”.
“Vamos a terminarla que me cierra el super” planteaba como anécdota una participante, refiriéndose a la dificultad de sostener reuniones que se extienden hasta altas horas de la noche. En este sentido se plantea la importancia de contar con espacios de cuidado en los lugares de reunión sindical para habilitar la participación.
Se trabajó sobre la doble o triple explotación de las mujeres.
“Este mundo no está hecho para nosotras pero tenemos la responsabilidad que esté hecho para nosotras, si no nos organizamos seguimos sosteniendo este mundo para otros”. Se trae también la brecha salarial “Las mujeres hacemos las tareas menos remuneradas”, trayendo también las dificultades para aceptar algunos trabajos o tareas sindicales porque implican ausentarse del hogar, poniendo como ejemplo las tareas de transporte o visitadores médicos.

En cuanto a los impactos de la participación en cargos de responsabilidad se plantea la dificultad en relación a los ascensos. Por otro lado, el descreimiento y cuestionamiento del trabajo sindical, discursos como “No vienen nunca” o la necesidad de sacar fotos y ponerlas en los estados para que se crea que están participando. Aparece la desconfianza muchas veces estimulada desde las empresas “favorecen a desvalorizar “. Finalmente aparece el miedo a las sanciones, perder beneficios o por ejemplo la quita de horas extras por parte de las empresas.
Continuando con la encuesta se intercambia sobre la respuesta que plantea que el 25 por ciento dice no sentirse preparada para asumir roles de responsabilidad a nivel sindical. Plantean como en el ambiente aún prevalecen las actitudes masculinas, “tenés que golpear la mesa”, “te juzgan por la voz finita”. Plantean que el patriarcado está muy arraigado y a la hora de elegir quien representará se termina eligiendo un varón, “siempre son los mismos que están ahí”. Se plantean el objetivo “Formemos compañeras, acompañemos”.
En cuanto a la existencia de comisiones de género, el 51 por ciento conoce su existencia, este número se ubica bastante por encima del resto de las asalariadas que plantea conocerlo en un 26 por ciento. A su vez el 79 por ciento de las trabajadoras de industria cree que es positiva su conformación. Sobre este tema se plantean algunas situaciones particulares, como en una empresa que se dijo que no era necesario porque todas eran mujeres, en el taller no se estuvo de acuerdo planteando que de todos modos es necesaria y útil su conformación, ya que aún pueden existir situaciones de violencia o acoso.
Se recuerda a las participantes que más allá de tener o no protocolos específicos por rama, existe un protocolo marco del Pit Cnt y también la importancia de generar estos espacios bipartitos y defender su configuración con participación de los y las trabajadoras.
Finalmente intercambian sobre las múltiples violencia que una mujer puede recibir día a día, violencia en la calle, violencia en el hogar, violencia en las redes, violencia en el trabajo y la violencia política, plantean que todo el tiempo tenés que “aguantar”, “Llega un momento que una explota”, se cuestionan ¿Cómo puede ser que todo esto esté tan habilitado? “Te vas descuidando a vos misma, te dejas pisotear”. De allí la importancia de estar “atentas a lo que le pasa a la otra, nos falta detectar lo que nos pasa a nosotras”. “Preparamos a nuestras hijas para esto, para la violencia, con respeto pero si está mal, está mal”. Se reflexiona que estamos en un momento complejo con discursos de odio, avance de la ultraderecha y el imperialismo y como forma de resistencia a esto es necesario permanecer juntas.
A partir de este encuentro aprovechamos a realizar dos preguntas a Carolina Spilman.
Mate Amargo – Durante este mes se han dado varios encuentros de Mujeres sindicalistas, ¿qué emergentes han surgido de estos encuentros? y ¿cuáles son las potencialidades que surgen de estos encuentros?
Carolina Spilman – Durante este mes, los encuentros de mujeres sindicalistas han dejado ver con claridad varios emergentes políticos y organizativos. Por un lado, aparece con fuerza la centralidad del trabajo de cuidados y del trabajo no remunerado como un eje estructural de desigualdad, que atraviesa la participación sindical y las condiciones de vida de las trabajadoras. También se visibiliza la persistencia de brechas de género en salarios, acceso a cargos de decisión y condiciones laborales, junto con la necesidad de abordar de forma más decidida la violencia basada en género en los espacios de trabajo. A su vez, se consolida una lectura común desde el feminismo de clase, que vincula estas desigualdades con las lógicas del sistema económico y no como problemas aislados o individuales.
En términos de potencialidades, estos encuentros fortalecen la construcción de una agenda común entre mujeres sindicalistas, generando acumulación política, articulación entre sectores y mayor capacidad de incidencia dentro del movimiento sindical. Abren la posibilidad de disputar sentidos, incorporar los cuidados como eje estratégico en la negociación colectiva y avanzar en cláusulas de género más integrales. Pero además, potencian la organización desde abajo, la formación política y la construcción de liderazgo colectivo, consolidando un feminismo sindical con perspectiva de clase, capaz de incidir en la coyuntura y proyectar transformaciones estructurales.

Mate Amargo – ¿Cómo evalúas la interrelación del Pit cnt con otras organizaciones de los feminismos?
Carolina Spilman – La relación entre el PIT-CNT y las organizaciones feministas viene consolidándose como un proceso político de encuentro entre luchas que no siempre fueron de la mano. En los últimos años se ha profundizado el diálogo con el feminismo popular, generando espacios de articulación donde el movimiento sindical aporta su capacidad organizativa y el feminismo amplía la mirada hacia dimensiones como los cuidados, la violencia y las desigualdades estructurales. Este cruce ha permitido construir agendas comunes y reconocer que la defensa de los derechos de la clase trabajadora requiere integrar la perspectiva de género de forma transversal.
Al mismo tiempo, este proceso no está exento de tensiones, vinculadas a diferencias en las estrategias, en los marcos políticos y en las formas de construcción. Persisten desafíos en la articulación con feminismos que no priorizan la dimensión de clase, Aún así, la articulación entre feminismo y sindicalismo tiene una gran potencialidad para construir una agenda común más integral, que permita disputar no sólo mejores condiciones de trabajo, sino también transformar las bases materiales de la desigualdad.
Agradecemos a Carolina y a las participantes del encuentro por habilitarnos a participar, compartir el saber y la oportunidad de difundirlo.
Fotografía y texto
(*) Claudia Suárez Delgado es licenciada en Psicología, ceramista, especialista en Gestión Cultural, integrante de la Red de intelectuales y artistas en defensa de humanidad (REDH) y de la Fdim, parte del colectivo Libertadoras antifascistas.uy