Por Juliana Marino (*)
Fotografía de portada, Marisa Adano (**)
No es fácil escribir mientras el mundo y los paradigmas estallan. Afortunadamente estamos juntas con lazos de confianza que nos permiten volcar sinsabores, perplejidades y quizás futuros posibles. En medio de una guerra que no se inició recién (Ucrania, el genocidio de Gaza, Venezuela, sanciones, bloqueos, saqueos) -que imaginábamos posible pero deseábamos remota-, recibimos como una primera señal horrenda,el bombardeo a una escuela donde fueron asesinadas más de 160 niñas -para garantizar el monopolio territorial y atómico de Israel – y como un acto criminal sin retorno, el asesinato de las más altas autoridades de Irán mientras se los engañaba con negociaciones, acerca de las cuales el país persa había manifestado públicamente su determinación de un uso pacífico de la energía nuclear.
No es la primera vez que el engaño y la traición a acuerdos entre naciones enluta nuestro planeta, no es la primera vez que se le eliminan a los pueblos sus líderes más genuinos (recientemente el secuestro del presidente Maduro y la primera dama y diputada Cilia Flores), no es la primera vez que mueren mujeres y mujeres niñas. Esto nos lleva a pensar la guerra una vez más en claves de liberación política y liberación feminista. Desde la política nos unen varios ideales: de soberanía, de justicia social, de no opresión, de estatalidad, de integración solidaria de nuestros países, de irreductible antimperialismo, propósitos que inspiran a Libertadoras.
Desde el Feminismo la tarea a realizar es inmensa y difícil. Aunque nunca fue conveniente hablar de «las mujeres» como un todo, ni de «la mujer» por su esencialismo conceptual, bien sabido es que durante siglos nuestro papel como mujeres en las guerras de la humanidad fue diferente al de los varones y mucho se ha escrito acerca de la masculinidad, su agresión guerrerista y el Patriarcado y su naturaleza basada en la dominación. También mucho se ha escrito acerca de los hombres en los frentes de batalla y las mujeres en la retaguardia social y del hogar, proporciones que han ido cambiando al compás de la integración de las mujeres en los estudios, trabajos, profesiones, ciencia y tecnología, ámbitos económicos, políticos y de poder.
Sin embargo, podemos asegurar que lo que no ha cambiado es la violencia sexual como arma de guerra fundamentalmente sobre las mujeres y las niñas, para desmoralizar al enemigo, para aterrorizar a las poblaciones durante sus éxodos; la prostitución forzada, engendrar niñxs como víctimas de las víctimas, cuando no el robo de niñxs o la matanza de las mujeres y sus hijos, tal como comenzara ahora mismo la guerra en la escuela de Minab. He escogido abrir mi nota de esta manera porque tendremos una gran tarea para «combatir» la guerra y proponer la paz, sobre todo porque el concepto de PAZ no es un concepto bobo o sentimental, sino noble, complejo y a veces sabio. La paz no es la rendición, es la lucha -sin bombas sobre poblaciones inocentes-, por la vida, la libertad y la justicia social y que solo a través de ellas se logra. De allí que desde nuestro feminismo como paradigma de equidad, no opresión y valores de protección y cuidado de crianzas y de la Naturaleza, tendremos que encontrar las palabras para convocar a las mujeres del mundo a parar la muerte, celebrar la vida y luchar por ello.
Aún a sabiendas de la escasa influencia de las Naciones Unidas en los conflictos mundiales, mantengamos en alto el principio establecido por CEDAW en Pekín en 1995 «el mantenimiento de la paz y la seguridad a nivel mundial, regional y local, junto con la prevención de las políticas de agresión y depuración étnica y la solución de los conflictos armados, es de importancia decisiva para la protección de los derechos de las mujeres y las niñas así como para la eliminación de todas las formas de violencia contra ellas y su utilización como arma de guerra».
No hemos logrado hacernos oír mundialmente frente al genocidio en Gaza ni parar la masacre de miles de seres humanos, de mujeres y niñxs bajo las bombas, el frío, la sed y el hambre. Tampoco hemos logrado levantar el ahora extremadamente agravado bloqueo a la República de Cuba. Deberá ser una acción masiva y permanente en las calles, un grito desgarrado pero definitivo que interpele a los guerreristas del mundo y reúna a las mujeres y los varones de buena fe. para decir rotundamente BASTA, NUNCA MAS, NO EN NUESTRO NOMBRE.
Tantas transformaciones ha habido y hay en la vida social, que nos encontraremos con mujeres patriarcales insertas en los núcleos del poder y la dominación, y habrá que discutir con ellas y ser muchas más las que no concebimos un mundo supremacista y depredador yneutralicemos el efecto legitimador de la presencia femenina en los actos de crueldad actuales. No por nada el neoliberalismo y la etapa fascista del imperialismo capitalista dedicaron sus últimas acciones y relatos a denostar al feminismo, sus organizaciones y sus agendas. «Demasiada libertad, demasiada igualdad, demasiada autonomía» dijeron, y comenzaron a arrasar agendas y políticas públicas que habíamos logrado establecer en los organismos nacionales y supranacionales.
Argentina mi país, es una prueba de ello. Desataron la contienda en todos los planos de la batalla cultural y consiguieron el desmontaje de leyes que garantizaban derechos, de estructuras de sostén, de avances en los niveles ejecutivos; naturalizaron ataques a figuras femeninas, periodistas, artistas, intelectuales y mediante el lawfare propio de las guerras híbridas se encarceló y proscribió a las dos veces presidenta de Argentina, Cristina Fernández y se mantiene prisionera desde hace diez años, a la dirigenta social Milagro Sala.
El gobierno de Milei eliminó el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad, con destrucción y desarticulación de áreas programáticas y políticas destinadas a reducir las desigualdades, la violencia de género y los femicidios; suprimió todas las medidas destinadas a la protección y sostén de las políticas de cuidado de las niñeces, personas con discapacidad, adultos mayores; abolieron la jubilación para amas de casa, el blanqueo de trabajadoras del servicio doméstico, las políticas contra la trata de personas y se produjo enorme retroceso en todos los avances y facilitación del acceso a la justicia y a las políticas de salud sexual y reproductiva; se desfinanciaron la aplicación de la ley de Educación Sexual Integral y el plan ENIA de prevención del embarazo no intencional en la adolescencia, que en sus 5 años de funcionamiento habían logrado disminuir los embarazos adolescentes en un 50% y la mortalidad materna. Se abandonaron planes de vacunación y de sostenimiento de prevención y atención de enfermedades crónicas, de medicamentos y logística para el cuidado de personas con discapacidad, niñas y niños y adultos mayores, una tragedia que cae sobre las espaldas de las mujeres argentinas.
A la naturalización de la persecución y violencia digital hacia las mujeres y diversidades y a la promoción de discursos de odio por parte de estructuras de poder gubernamentales, se agregó el retroceso en la política internacional pertinente con el retiro de Argentina de organismos como la OMS y espacios clave de derechos humanos en general y de derechos de las mujeres en particular, oponiéndose a conceptos como «género» o «población LGBT», abandonando conceptos de antidiscriminación, negando el derecho al cuidado, a la salud sexual y reproductiva y el gobierno argentino ostenta el impresentable «mérito» de haber sido el único país que se opusiera a la mención de «igualdad de género y empoderamiento de las mujeres» en la Declaración del G 20.
Esta apretada síntesis no da cuenta de todo el arrasamiento gubernamental sufrido, pero explica que hayamos sido elegidas como enemigo a vencer y es elocuente de la importancia que el fascismo imperante le otorga a la fuerza de nuestros ideales, a nuestra organización, a la fortaleza de nuestros vínculos sociales y a las posibilidades de constituirnos en un sujeto social de trascendencia en la batalla antifascista universal que habremos de mantener y consolidar.
No desconocemos nuestra centralidad como protagonistas en la vida social. Tenemos memoria y acumulamos una extraordinaria experiencia militante expresada en movilizaciones masivas, incidencia en los parlamentos, visibilidad en los medios de comunicación, victorias judiciales, de lo que dan cuenta leyes que parecían imposibles como la Ley de Paridad en la representación política o la IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo) con acompañamiento constante en las calles, testimoniando los 8 de marzo y las agendas de transformaciones exigidas, coronadas recientemente con la más nutrida marcha antifascista que se desplegara en Argentina.
Si volvemos a contagiar nuestros ideales, si apretamos nuestros vínculos y profundizamos nuestra conciencia, si politizamos activamente nuestro feminismo, si enhebramos nuestros propósitos y elevamos nuestra voz y las acciones de denuncia y propuestas, tal vez logremos detener la tragedia de la época y comencemos a construir un mundo igualitario, solidario y más humano.
(Tomado de:)
Por la Sororidad internacionalista antimperialista de la lucha feminista por la humanidad
(*) Juliana Marino, Argentina, Militante peronista y feminista, sus dos identidades políticas. Periodista, Secretaria de la Mujer Partido Justicialista, Concejala y Legisladora CABA, Diputada Nacional (mc), ex Embajadora en la República de Cuba, Asesora Consejo Asesor Ministerio de la Mujer Nacional. Tres hijas y cinco nietos. REDH Argentina.
(**) Marisa Adano, fotógrafa uruguaya, colaboradora de Mate Amargo, es autora de múltiples publicaciones, miembro de la REDH y de su colectivo local LibertadorasAntifascistas.uy