8M: contra toda forma de opresión

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Feminismo en tiempos de crisis civilizatoria occidental

Por Lucía Sigales Noguera(*)

“…la exclusión de ciertos contenidos de cualquier versión dada de la universalidad resulta ella misma responsable de la producción de la universalidad en su versión vacía y formal. Los mecanismos específicos de exclusión producen, por así decirlo, el efecto de formalismo en el nivel de la universalidad” Judith Butler(1)

Si algo he aprendido, he sintetizado, en mis experiencias de militancia estudiantil, sindical, política, feminista y cultural…es que en cada una de esas luchas peleamos por lo mismo: liberarnos de la opresión. Una opresión que tiene muchas formas pero solo una cara y un solo cuerpo: capitalismo.

Todas hemos pasado por ese momento de impotencia cuando identificamos que los beneficiarios de este sistema se cuentan por decenas o centenas y la opresión que los beneficia nos condena a miles de millones de personas en todo el planeta. Cuántas veces hemos indagado, pensado y re pensado, ¿qué hacer para que los oprimidos del mundo podamos unirnos contra nuestro único enemigo?, ¿por qué es tan difícil de ver?, ¿por qué es tan difícil de vernos?

Sería menospreciar la capacidad de la élite que nos gobierna, creer que es de pura suerte, así como sería menospreciar nuestra capacidad de conciencia y lucha pensar que nunca llegará el día en que podamos librarnos de nuestras cadenas.

¡Ay los títulos!

El pasado 8 de marzo miles marchamos en todo el país (no solo en Montevideo). Y como sucede todos los años, más mujeres se sumaron a cada una de las instancias organizadas en distintos departamentos del Uruguay. También, como viene sucediendo desde hace algunos años, la multitudinaria concentración intenta ser opacada o apropiada por retóricas que sugieren la existencia de un “enemigo interno”. Haciendo hincapié en denuncias sobre atentados a la unidad del colectivo mayor, terminan atentando propiamente contra esa unidad que bajo ningún concepto se plantea o debería ser planteada como unanimidad.

La marcha tuvo varias consignas, siempre las tuvo y las tendrá, porque de lo que se trata es de tejer redes. Entonces ¿por qué genera tanto ruido la proclama del PIT CNT?, ¿a quiénes les genera tanto ruido?

Si analizamos el contexto actual internacional, la proclama de nuestra central única sindical -a la que se adhirieron unas cuántas organizaciones sociales convocantes-: «8M Antiimperialista. Por la soberanía de los pueblos, no pasarán» es, por demás, acertada. El movimiento feminista así como las organizaciones sociales y sindicales, son en primera instancia internacionalistas, por eso es que también en nuestra marcha feminista debemos denunciar: el asedio militar y los bloqueos económicos que sufren los países de América Latina; representantes de gobiernos fascistas que van a los meetings de Trump en Miami, aplaudiendo genocidios e infanticidios; secuestros de Presidentes; la liberación de narcos; la arenga constante de invasiones y guerras; el silencio y la falta de ayuda humanitaria de algunos países a nuestras hermanas y hermanos caribeños, asediados por el enemigo extranjero Estados Unidos en conjunto con la entidad sionista que ocupa Palestina.

En la creación y elección de la proclama del PIT CNT participaron mujeres trabajadoras, que saben bien lo que es ganar poco trabajando mucho y sin remuneración alguna por las tareas de cuidados que tienen al llegar a sus hogares, cuidando niños, viejos y enfermos. Mujeres trabajadoras que también tienen que soportar a algún violento que le pone la mano encima, la mata, la acosa por la calle, abandona a sus hijos y -por supuesto- no paga la pensión alimenticia. La central única sindical tiene bien claro que cuando el imperialismo azota a nuestros países hermanos y bombardea población civil, somos las mujeres las primeras que lloramos a nuestros compañeros de vida y a nuestros hijos asesinados. Basta con escuchar los testimonios de mujeres palestinas para saber que, en las peores condiciones de existencia, deciden seguir pariendo hijos como un acto de resistencia.

La alienación aunque se vista de seda, alienación se queda

Sería casi imposible saber a qué cantidad de mujeres, que estaban en la marcha, les molestó la consigna antiimperialista. De la misma manera que sería imposible, y no vendría al caso, saber qué cantidad de mujeres que participan de la marcha se consideran feministas o qué cantidad de mujeres que participan de la marcha actúan con un horizonte feminista antes y después de cada 8 de Marzo. Es un poco el debate, aunque más que debate sería un desangre, al que nos quieren llevar las que no se contentan con la masividad y la siempre creciente participación de mujeres en la marcha, y pretenden usar varas feministas, morales, para decretar lo que se puede y lo que no, lo que es y lo que no. Mujeres que, no casualmente, hablan no en representación de colectivos (que no sabemos si los tienen porque se presentan como sujetos individuales) sino porque tienen el poder de hacerlo: en un medio, por el prestigio de su carrera académica o amparada en la superficialidad y la falta de profundidad de un análisis en redes sociales…que, irónicamente, fetichiza a las personas volviéndolas un producto, una marca, una tendencia.

No puedo no identificar, además de una diferencia política abismal, una falta de empatía, de sororidad con las víctimas de los actuales conflictos imperialistas, una necesidad de imponer una cierta moralidad. Una necesidad que es, en esencia, sistémica, como cuando los Estados les hacen una radiografía a los pobres para ver si pueden ser candidatos para alguna irrisoria asistencia económica pero ni le pregunta el origen de los fondos a las multinacionales que vienen a instalarse en nuestro país porque decidimos exonerarles los impuestos.

Nada nuevo bajo el sol, lucha de clases y alineamientos simbólicos de un progresismo en decadencia, arrastrado por la agonía de la sociedad occidental que lo parió.

Decía Freud en ‘El malestar de la cultura’: “Y uno puede muy bien suspirar al darse cuenta de que a algunos individuos les ha sido concedido el don de sacar de sus propios sentimientos, y sin esfuerzo, las apreciaciones más profundas, a las que los demás tenemos que abrirnos camino a tientas y con tortuosa inseguridad.”(2) Es, por lo menos, raro que no se visualice el peligro militar que azota nuestras soberanías, que hacen que los precios de todo aumente (alimentos, transporte, salud, goce), que hacen que el salario caiga, que perdamos nuestros trabajos y quedemos en la calle. El imperialismo es la imagen nociva, abusiva, asesina, es el enemigo de nuestros pueblos agotados ya de tanto saqueo. ¿Alguna de nosotras podríamos afirmar que nos hemos salvado de este opresor?, ¿podríamos negar que estamos frente al recrudecimiento de la violencia supremacista, misógina y genocida? O, por otro lado, ¿pensarán algunas de esas académicas y periodistas progres, que el resto de las mujeres somos tan inocentes o poco inteligentes para comprender que esto está sucediendo y sus posibles repercusiones?

La burbuja académica no es, ni debería ser, un impedimento para reconocernos colonizadas y occidentalizadas. El conocimiento es una herramienta para la liberación y no para delimitar fronteras, de forma conservadora, apelando a una universalidad que de tan universal nos hace perder nuestras identidades y pretenden reducirnos a una única identidad. Muy lejos de las ideas de la escritora afroamericana Gloria Jean Watkins, mejor conocida como “bell hooks”, para quien el feminismo nunca fue un club de mujeres privilegiadas disputando una cuota de poder sino la búsqueda de justicia social, un proyecto político anti capitalista que cuestiona el sistema que nos enferma a todos y a todas. Un sistema que se alimenta de desigualdades, de jerarquías de género, de racismo, de explotación económica y de la ilusión de que podemos resolver todo con más reglas de castigo. bell hooks lo llamó “feminismo para todo el mundo” (3), no para un nicho moralmente puro de “buenas mujeres” que se creen con derecho a señalar culpables y víctimas desde un pedestal.  Por su parte, para Verónica Aravena Vega (4) el feminismo no debería confundirse con un sistema judicial extendido donde se persiguen pecados y se coleccionan sentencias sociales. Eso es igual de letal que cualquier aparato patriarcal. Cuando convertimos las heridas históricas en un contrato político eterno, el feminismo corre el riesgo de transformarse en una identidad defensiva e inamovible.

Y para profundizar el debate

La conciencia de clase y un posicionamiento antimperialista fueron pilares en la consolidación y expansión del feminismo, pero recordemos que el movimiento solo tiene un siglo de existencia. El feminismo no es vanguardista, porque -justamente- el vanguardismo pretende hacer estático un movimiento caracterizado por el cambio constante.

La vanguardia del feminismo blanco, progre y de clase media arrasa con la multiplicidad de identidades, muchas vamos aprendiendo sobre esto y vamos entendiendo la cuestión. Esto lo traduce muy clara y convincentemente la escritora afro colombiana Valeria Angola “Aunque muchas de mis hermanas negras se reconozcan feministas negras, decoloniales o antirracistas- cosa que no les cuestionaré- no podemos negar que nuestras ancestras no leyeron a Simone de Beauvoir para oponerse a las condiciones de injusticia y desigualdad que experimentaron durante el período de la esclavitud y la colonia. Nuestras ancestras no necesitaron leer la definición de patriarcado de Kate Millet para entender que el sistema racista está mal. Nuestras ancestras han resistido individual y colectivamente sin necesidad de los libros y las disertaciones académicas. Mis ancestras, las nuestras, resistieron desde las cocinas, los cuidados, la yerbatería, la partería, la danza y la música” (5).

Es necesario que lo escriba Valeria Angola, que lo volvamos a leer, que interioricemos que las luchas feministas fueron precedidas por 500 años de lucha contra la esclavitud y la opresión blanca, y un montón de otros años de opresión capitalista. Somos hijas del genocidio más grande en la historia de la humanidad, también por eso estamos en la lucha, también por eso estamos vivas mucho antes de las olas y los reconocimientos. Mucho antes de las conquistas de las sufragistas blancas y occidentales.

Por favor, que no se me mal interprete, no estoy desmereciendo la lucha de nuestras hermanas. Solo estoy ubicándolas en la foto de una lucha mayor que no hay que perder de vista, sobre todo cuando se saca a relucir el militantómetro y reducimos el terreno de disputa al metro cuadrado que nos rodea. Somos parte de una historia mucho más larga.

Es necesaria la humildad, cuestionarnos y repasar juntas desde dónde venimos y cuál es el futuro posible si nos encorsetamos. Esta crisis civilizatoria occidental es una realidad y es también una oportunidad de que podamos ver y entender cómo atraviesan TODAS las mujeres la lucha contra cualquier forma de opresión, porque con TODAS ellas deberemos construir camino para liberar a la humanidad del yugo capitalista.

 

(*) Lucía Sigales Noguera es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de la República, miembro del Capítulo Uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH) y Columnista en Mate Amargo

NOTAS

  • Butler, Judith; Laclau, Ernesto; Zizek, Slavoj. Contingencia, hegemonía, universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda. Fondo de Cultura Económica; Buenos Aires; 2017; Pág. 142
  • Freud, Sigmund. El malestar en la cultura. Editorial Alma; España; 2022; Pág. 105.
  • hooks, bell. Feminism is For Everybody: Passionate Politics. Editorial South End Press; Estados Unidos; 2000
  • Aravena Vega, Verónica. Ni todas las mujeres somos buenas, ni todos los hombres son malos. ¿Puede ganar el feminismo sin ellos?. El mostrador; Chile; 2026.
  • Angola, Valeria. Mis ancestras no eran feministas. La cosa se puso negra; Colombia; 2026.

 

 

 

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