Militarización otra vez…

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@mateamargouy

El ministro de defensa sale a los medios preocupado por una resolución de la justicia donde un soldado raso fue procesado por asesinar a un militante tupamaro por la espalda quien se encontraba con las manos atadas y en el intento de correr fue alcanzado por una ráfaga de una ametralladora.

El ministro evita mencionar las razones que la jueza brinda en la sentencia donde una orden que lleve a cometer un delito no es obligatoria de cumplir.

Podría haber terminado por ahí. No hubiera sido otro aporte más que a un posicionamiento que el ministro viene realizando hacia dentro de las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, el ministro además señala con énfasis que se le pone un mensaje a los soldados que hoy cumplen órdenes patrullando las fronteras y en el perímetro de las cárceles, entrando en el detalle de que incluso cumplen tareas de gran importancia en reprimir el delito como lo son el narcotráfico y el gran contrabando.

La gravedad (porque sino sería tratar de ignorante al ministro) reside en que hoy la Obediencia Debida, donde hay que acatar aunque sea delito, está claramente suprimida. Y justamente debido a la experiencia que tuvimos antes y durante la última dictadura cívico militar que sufrió el país.

Acá el ministro no es inocente. Viene de la mano con la sobre dimensión que nos quieren montar sobre el crimen organizado atentando al gobierno, con narcos enfrentados a las autoridades tomando territorios.

Lo que intentan, y la población no puede pasar por alto, es el hecho de naturalizar otra vez el uso de las Fuerzas Armadas en la resolución de temas internos y sociales.

Las viejas doctrinas del enemigo interno vuelven alentando viejos cucos políticos (reiterados en este último mes), discurso derrotado en la arena de la gente común que vio más allá y encontró ideas y compromiso.

Pero a las viejas doctrinas… viejas preguntas. En el aparato militar, donde uno de sus cometidos debería de ser la guerra, donde una tarea puede costar la vida misma, habiendo bajas propias y ajenas. Para las futuras salidas mediáticas del ministro ¿quienes son las bajas en esta guerra interna? ¿Algún vecino de la frontera nacional o que colinde con el narcotráfico en su versión más terrenal se presta a ser un daño colateral de un aparato de guerra?

En sus propias palabras se desprenden la cantidad de problemas sociales y futuros conflictos que desata intentar (o aparentar) resolver problemáticas sociales de carácter interno en un país, con fuerzas militares, donde civiles y soldados rasos son la consecuencia colateral, los que ponen la carne. Latinoamérica hoy esta plagada de estos malos ejemplos todos los días.

Venimos de (y tenemos) una Ley Marco de Defensa Nacional aprobada por todos los partidos políticos, que tiene una clara orientación de defensa de la soberanía y el interés nacional. Abandonando las viejas recomendaciones del norte, pretende formar un camino nacional y una política de estado alejados de intereses extranjeros. Hoy hay mucho apuro por dar señales en el sentido opuesto, llama la atención. Parece que Sanguinetti no sólo anda por el parlamento.

También llama la atención como se han plantado dudas sobre los organismos encargados de reprimir el narcotráfico en Uruguay, varios discursos en un mismo sentido.

Ahora, ya que no se ve una vocación por saber lo que pensamos los uruguayos y uruguayas sobre este avance en la retórica hacia la militarización de problemas sociales e internos (hace menos de un año un plebiscito dijo claramente que no), preguntamos a los actores del gobierno y en especial al Ministro García si conoce alguna experiencia de derribos, de guerra a las drogas y/o al contrabando que parta de la base de poner a militares a enfrentar narcos y haya sido efectiva. Porque de los malos procedimientos no hay historia que lo absuelva.

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