Venezuela: una brecha nos separa

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@mateamargouy

Sebastián Vazquez

Una invasión es lo que pasó en Venezuela. ¿Tiene cuatro patas, maúlla y tiene cola, que es?

La epidemia mundial no solo puso en jaque los pensamientos neoliberales, que ahora reivindican al Estado así no más sin tapujos. También en estos tiempos vemos reflejado en algunos sectores de izquierda, intelectual, una creencia, una idea en la que: los procesos independentistas de los pueblos son un cuento de Galeano llenos de amor y convicciones, con las disculpas correspondientes a Galeano. ¿A cuento de qué? Porque lo que ocurrió en Venezuela fue intento de invasión e infiltración para desarrollar acciones militares en contra de un presidente.

Se podrá discutir sobre las ópticas maduristas, en los boliches o zoom montevideanos, pero no se puede negar los acontecimientos o tratar de hacerlos pasar como hechos de “utilería”.

Tampoco vale la de hacer como que no existe: hablando de la gasolina y lo que escasea, llenando de emotivos y sensibles hechos, apelando a la normalidad que se perdió.

Transcurre en esa región del caribe una guerra por recursos naturales y posiciones geopolíticas. Ante esto pareciera que cierta izquierda -pura para tantas otras cosas-, cree que las revoluciones se hacen con la “foto del che con boina”, o será que aspiran a un buen bombardeo yanqui para poder gritar “alerta..alerta que camina”.

Más que dispuestos a disputar el poder real, anhelan el relato que habilite una cómoda transición épica y crítica para seguir dando cátedra con recetas de como hacer revoluciones a través de innumerables caracteres.

¿O acaso conocen alguna intervención norteamericana que sea por algo diferente a recursos naturales y poder?

Desde Pompeo, Bolton, Trump, el comando Sur, Marco Rubio (solo basta con googlearlos) y toda la oposición venezolana forrada en guita desde Miami (con expropiación a PDVSA mediante), no se cansaron, ni se cansan de decir que quieren recuperar Venezuela y coquetean con una intervención militar en su retórica intervencionista. Hasta el pornográfico artículo de APNews el día previo a la invasión, decía que la colecta era para tener preferencia en los “negocios” el día que “recuperen” Venezuela.

Parece que, por acá, la izquierda verdadera, no nos enteramos. Y así no más, en 5 mil caracteres se le olvidó que siempre está la disputa por el poder. O por el contrario, es preferible olvidar un poquito el tema real y salvaguardar la cómoda posición del criticismo de izquierda.

A la operación: maúlla, tiene cuatro patas, mueve la cola. Se llama Gato.

Un grupo mercenario partió de Colombia desde la chacra de un narcotraficante con armas ingresadas a Colombia para la ocasión, organizado por una empresa privada con sede en Florida que de a ratos también hace la escolta al presidente Trump. El asesor del autoproclamado (también de Juan Sartori del Partido Nacional), admitió que estuvo en contacto y financió (va…pidió fiado) planes de la índole con esa empresa para hacer lo que justamente hizo y que lo había acordado con el autoproclamado Juan Guaidó, muchacho que nuestro Presidente de la República, Lacalle Pou saludó apenas asumió.

También es parte de la operación, el circo mediático para que Guaidó pueda caminar por las calles de Caracas impunemente, después de cruzar la frontera ayudado por grupos narcos, después de ser cómplice de intentos de levantamientos policiales, después de juntarse con el gobierno colombiano a planificar “la transición” con información que le proveen de fuentes de inteligencia.

Imaginemos que en cualquier otro país un opositor, se junte con otro Estado a infiltrar, conspirar y planificar el derrocamiento del gobierno, con grupos irregulares armados y pretenda hablar de la libertad…

No debe haber historia bonita puertas adentro de ciudades o poblaciones sitiadas por imperios en la historia de la humanidad, aunque Galeano prefirió recordar su heroísmo y su épica de resistir antes que verse doblegados, así sean 100 años. Tampoco hay nada de bonito en las poblaciones sometidas y saqueadas, tal vez para ese caso recordaremos lo triste de “las casas con techos de cartón”.

Todo eso después que pasen los hechos, cuando estén consumados: historia.

Venezuela es hoy, en tiempo real, con un pescador miliciano que no se puso a pensar si estaba infiltrada o no la lancha con los gringos y prefirió sacar su revolver y mirar para adelante, llevar adelante un gesto revolucionario, defender con su vida lo que cree, con práctica concreta.

Dicen que los neutrales en una guerra cuando es asimétrica, le suman al poderoso. También es verdad que cuando una guerra es asimétrica, el lado del poderoso es un tanto más cómodo. No esperemos a la historia, las venas de América Latina se encuentran bloqueadas o sangrando, y las invasiones a este continente llegan siempre del mismo lado.

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