¿El fin del Lavajato?

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@mateamargouy

Por Diego M. Vidal, desde Brasil

El escándalo en Brasil no tiene fin, como la tristeza de la canción de Caetano Veloso, pero lo que sí para encaminarse hacia el abismo es la megacausa de corrupción bautizada como “Lava Jato” y que ha servido para encarcelar nada menos que al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

La revelación de los mensajes en Telegram entre el ex juez Sergio Moro, actual ministro de Justicia de Jair Bolsonaro, y la fuerza de tareas de Curitiba con el fiscal Deltan Dallagnol a la cabeza, dejan cada más en evidencia la intencionalidad en la condena de Lula sin pruebas y basada en una noticia periodística que resultó apócrifa.

El tomar un artículo periodístico para luego convertirlo en una investigación penal, ha salido a la luz con la publicación del sitio web The Intercept, que dirige el periodista estadounidense Glen Greenwald. Un mecanismo que atraviesa todo el expediente judicial más famoso internacionalmente y por el que ya han sido procesados decenas de políticos y empresarios brasileños.

Los chats entre Moro y Dallagnol se conocieron el pasado domingo 9 de junio, provocando un tembladeral en el Poder Judicial brasileño, pero también sacudió al ámbito político donde algunos guardan un nervioso silencio y desde sectores que van del Partido de los Trabajadores al centro ideológico con representación parlamentaria, promueven la creación de una Comisión Investigadora sobre el tema. Aunque no termina ahí y el propio Greenwald anunció que lo informado en su medio sólo se trata del 1% de todo el material, que incluye audios y videos, con lo que todos esperan una profundización de esta nueva crisis institucional que pone en cuestión hasta los resultados electorales donde se impuso la candidatura de Bolsonaro mientras el presidenciable que mejor medía en las encuestas estaba preso.

En la noche de este miércoles 12, The Intercept amplió la documentación que deja al descubierto cómo se manipuló la justicia brasileña para incidir en la política y además cumplir con los intereses foráneos que necesitaban al PT y su líder fuera de escena.

Nuevos diálogos muestran al fiscal y a Moro, ya no sólo preocupados en acusar a Da Silva, sino cómo “articular con los Americanos” (sic) para conseguir eso.

En otros párrafos de este irregular intercambio del fiscal que debía investigar y el juez que en base a esa pesquisa condenaba o no, también es mencionado el magistrado del Supremo Tribunal Federal (STF), Luiz Fux, a quien consideran “confiable” y así le dejan involucrado en esta trama jurídica que hoy queda seriamente cuestionada en la consideración pública. Tanto, que hasta otro integrante del STF, Gilmar Mendes, en una entrevista asegura que “el jefe del Lava Jato no era nadie más, ni nadie menos que Moro. Dallagnol, está probado, es un bobito. Es un bobito. Quien operaba al Lava Jato era Moro” y que “Yo creo, por ejemplo, que, en la condenación de Lula, ellos anularon esa condenación” con la espuria manera de actuar.

Quizás sea el preanuncio de una declaración de nulidad de su sentencia y una pronta liberación de Lula da Silva, tema que muy pronto el plenario del máximo tribunal brasileño deberá tratar. Hasta entonces se conocerán más diálogos y evidencias de cómo la guerra política o lawfare contra los dirigentes populares de la región, se instaló como método para asegurarle a Washington gobiernos más amigables y menos soberanos.

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