Costa Rica: devolver la esperanza a la gente

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Como parte de la delegación de Costa Rica, participé recientemente del Encuentro Latinoamericano de Jóvenes en Solidaridad con la Revolución Bolivariana, celebrado en Venezuela durante los días del 22 al 27 de agosto.

Sin duda, fue una experiencia muy provechosa. A lo largo de la semana pudimos conocer a cientos de jóvenes de diversas organizaciones de toda América Latina, al igual que muchísimo sobre los avances del proceso de cambios liderado por Hugo Chávez en Venezuela.

¿Qué impresiones nos generó el evento? Dice un viejo principio, que las miradas sobre las cosas varían según el lugar desde el cual éstas se miren. Y es que, sin duda, el ambiente de avances y expectativas que se transpiraba en Caracas durante los días el Encuentro no deja de ser, a lo sumo, ciertamente contrastante si se compara con la situación política de Costa Rica. Aún así, podemos seguir afirmando que hay esperanza.

Vamos por partes

Hoy por hoy, si se quiere, América Latina es la región más progresista en el mundo. Mientras las metrópolis día con día expresan con mayor crudeza los efectos de los recortes, el descontento y el hambre ocasionados por la “fiesta” del capitalismo neoliberal, en nuestra región, la gran mayoría de los países presentan gobiernos hegemonizados por fuerzas progresistas y de izquierda.

Izquierdas de muy diversa índole, que no solo han logrado concretar alianzas y coaliciones entre partidos y movimientos sociales, sino que además, han puesto como primer lugar en la agenda a las políticas sociales sobre el “sálvese quien pueda”, así como recuperado el papel del Estado en la producción y la democracia participativa como punta de lanza para la toma de decisiones. Movimientos que, a su vez, han venido avanzando en la construcción de esquemas de integración regionales que explícitamente cuestionan la lógica de los TLC y la hegemonía de los EEUU en la región, a través de esquemas tales como el ALBA, CELAC y UNASUR, entre otros.

Lo cierto, es que si para algún momento de la historia aplica aquella recordada frase de Benedetti, “el Sur también existe”, es para la época en la que nos encontramos. Y justamente, ese era el clima del encuentro: consignas, discursos, banderas… ¡juventud!, cuyas expresiones no eran más que el retrato del ambiente de esperanza e ilusiones que se respira en Nuestra América, a propósito de los triunfos y las victorias populares experimentadas en los diversos países.

Así las cosas, ¿cómo “le habla” nuestro país a ese contexto de victorias y avances?

La situación política en Costa Rica

Podría resultar difícil imaginar que, hasta hace poco relativamente, la situación para el caso costarricense hacía pensar en la posibilidad real de girar las cosas hacia la izquierda. Pero lo cierto, es que durante el período 2004-07, la amenaza de la aprobación del Tratado de Libre Comercio con los EEUU (TLC) partió literalmente a la sociedad en dos. Se abrió un ciclo de luchas y movilizaciones sociales no visto antes en la historia reciente del país, probablemente comparable solo con la coyuntura de la gran reforma social de los años 40.

Y no era para menos. Se trataba de un tratado negociado y suscrito de espaldas a la ciudadanía que en lo fundamental, tendía al desmantelamiento del Estado Social gracias al cual el país había sentado las bases del igualitarismo y la denominada “excepcionalidad” costarricense”. El tratado tenía bajo la mira instituciones emblemáticas para el desarrollo histórico nacional, tales como la seguridad social y el monopolio estatal sobre las telecomunicaciones, así como el medio ambiente, el agro y el conocimiento, entre muchas otras cosas.

Bajo esas condiciones, los sectores del campo-popular progresista fueron acumulando fuerza y articulando en torno a ejes comunes, las bases de la coalición “formidable” –como reconocían los propios defensores del tratado- de organizaciones sociales, partidos políticos, universidades públicas, artistas y empresarios nacionales que conformó el “No” al TLC. Con el Pueblo organizado en cada barrio a través de los denominados “comités patrióticos” y con la creatividad y la participación a flor de piel, del otro lado se encontraban básicamente el gobierno de Óscar Arias (PLN, otrora socialdemócrata), el gran capital y la embajada de los EEUU. En un contexto de altísima polarización, todo hacía prever una victoria popular.

Sin embargo, la noche de ese fatídico 7 de octubre del 2007, lo que campeó en las calles de San José –y el país en general- fue el silencio, tras la pírrica victoria obtenida por el “Sí” en el Referéndum. Nadie salió a celebrar, tras una campaña que pasará a la historia por el uso del miedo, el clientelismo y el fraude mediático.

La derrota electoral del 2007 implicó el comienzo de un nuevo ciclo, esta vez caracterizado por el reflujo que hasta la fecha sigue experimentando el campo popular-progresista en el país y la recomposición de la hegemonía de los neoliberales. Hegemonía, no solo expresada en la abrumadora victoria obtenida por Laura Chinchilla (candidata del oficialismo) en las elecciones presidenciales del 2010, sino que sobre todo, en la ya preocupante dispersión y atomismo mostrados en la actualidad por las organizaciones y partidos del campo popular-progresista. La alianza del gobierno con los sectores más conservadores de la Iglesia Católica y los sucesivos casos de corrupción y/o ineptitud que se han destapado en estos dos años de (des)gobierno de la Chinchilla, entre otras cosas, han implicado una decaída importante en la popularidad de la presidenta (menos del 30% la apoya, según las encuestas) que lamentablemente, más que acumular hacia la izquierda, ha sido el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento de la anti-política y la apatía. “Todos los políticos son corruptos”, y demás lugares comunes que se han venido naturalizando gracias al “incansable” y “desinteresado” trabajo de los poderes mediáticos.

Si las elecciones del 2014 se celebraran hoy, el PLN ganaría sin problemas a pesar de la crisis del gobierno, profundizando así la recomposición de la hegemonía de los neoliberales que ya de por sí experimenta el país.

Perspectivas

Espacios para el aprendizaje y el intercambio de experiencias entre las fuerzas progresistas y de izquierda como el acontecido recientemente en Venezuela, deben servir necesariamente para extraer enseñanzas. En eso radica su potencial.

Estamos claros que pueblos cuyos sistemas políticos se encontraban en estados descomposición mucho más avanzados que el nuestro, lograron asestar derrotas a los neoliberales en condiciones mucho más difíciles a las de Costa Rica.

No se pueden hacer concesiones al pesimismo.

En ese marco, si hay un denominador común para el conjunto de los países en los que hoy día gobiernan las fuerzas progresistas y de izquierda, tiene que ver con el tema de la necesidad de poner en tensión la lucha social y la lucha político-electoral. Una izquierda que no entienda la acumulación electoral en diálogo con la movilización en las calles y el establecimiento de puentes explícitos para la articulación política de los movimientos sociales, es una izquierda carente de vocación de poder. Una izquierda testimonial, condenada al aislamiento.

Toda crisis abre, desde lo objetivo, las condiciones idóneas para revertir aquellas correlaciones de fuerza que son desfavorables para los sectores populares y progresistas. Por eso es tan importante reivindicar la política como la vía para el cambio y la transformación social. Allí radica la necesidad de imaginar nuevas formas de hacer y representar la política, que contribuyan a devolver la esperanza a la gente. Tal y como sucedió en la época de la lucha contra el TLC.

¿Implicaciones de la experiencia costarricense para el Sur? En lo fundamental, no dormirse sobre los laureles, que la rueda de la historia gira en muchas direcciones.

Por: Héctor Solano-Chavarría. Politólogo. Miembro de la Comisión de Formación Política del Frente Amplio de Costa Rica y director del periódico Pueblo.

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