Entre la legalidad y la necesidad

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Asistimos a una etapa de lucha en la que nuestros pueblos intentan nuevamente a lo largo de 500 años, romper definitivamente con la dependencia.

El reciente acuerdo entre los presidentes de Uruguay, Argentina y Brasil de aceptar la integración de Venezuela al Mercosur, solicitada por esta hermana Nación hace ya más de 5 años y aceptada por los Parlamentos de Brasil, Argentina y Uruguay y con la oposición de parte del Senado de la República de Paraguay, ha levantado olas de contradicciones entre fuerzas políticas del continente, perfilándose claramente un nuevo round entre los que impulsamos la unidad de una América Latina y el Caribe independiente y soberana, solidaria y justa y los representantes de los intereses de una oligarquía hoy aliada y testaferro de las transnacionales y el imperialismo que intenta recuperar el terreno político y económico perdido para mantener su dominación.

El Mercosur, fue creado para impulsar las políticas neoliberales en América Latina y como apoyatura al plan estratégico de los Estados Unidos para la implementación del ALCA. Si bien no ha logrado instrumentar una nueva arquitectura institucional que apunte claramente a transitar una ruta de integración y complementación que ponga a sus economías en un camino de desarrollo sustentable y verdadero, es, junto con el ALBA, una verdadera alternativa a superar la actual subordinación económica e insertarse en el mundo globalizado.

El año que transcurre fue muy intenso en las nuevas relaciones políticas y económicas que vienen transformando el continente.

La VI Cumbre de las Américas, realizada en abril, fue un rotundo fracaso. Varios de sus integrantes se insubordinaron ante la negativa de los EEUU sobre la participación de Cuba quien sigue sufriendo un bloqueo económico, comercial y financiero que pretende hacer fracasar los cambios que la Revolución necesita. Y no se quedaron en las amenazas. Alertaron que en próximas Cumbres si Cuba no es invitada no participaran. Esta postura defiende el principio de autodeterminación y soberanía de los pueblos ante la intención imperial de reglamentar el tipo de gobierno que se deben de dar nuestros pueblos.

El golpe de estado en Paraguay que sigue la línea iniciada en Honduras, fue rápidamente neutralizado por el cónclave de los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay que, invocando las resoluciones del Protocolo de Ushuaia, suspendieron sus derechos hasta tanto no se retornara a la democracia por la elección de un presidente elegido en las urnas.

Junto con el MERCOSUR, los cancilleres de UNASUR tomaron medidas similares. Solo la OEA, con la opinión de los EEUU en donde la subsecretaria de Estado para el hemisferio occidental Roberta Jacobson respaldó el razonamiento de Insulza: “tiene razón en que no parece haber motivos” para sancionar a los golpistas de Paraguay, nuevamente muestra su condición de “Ministerio de colonias de los EEUU” mediatizando toda posición que vaya en contra de la estrategia norteamericana de “garrote y zanahoria”.

De todas maneras, el objetivo golpista en los dos casos fue cumplido. Tanto Zelaya como Lugo fueron sustituidos y Honduras se retiro del ALBA y los tímidos avances de la democracia y un alineamiento con los intereses populares fueron abortados.

En Paraguay faltan apenas pocos meses para una nueva elección presidencial y los anuncios son que el Partido Colorado se haría de la presidencia.

No resulto novedoso que personeros de la derecha latinoamericana salieran en defensa de los golpistas paraguayos. Uribe, Lacalle, Bordaberry, Batlle y la comparsa de UnoAmerica salieron a proclamar la “justeza” de los procedimientos empleados por el Senado de Paraguay.

Lo que si llamo la atención fueron las declaraciones del Vicepresidente y Canciller de Uruguay que, argumentando consideraciones legales que la Cancillería tiene a estudio, dejaron un sabor amargo entre los defensores de la democracia y la unidad latinoamericana. Si bien el tema no fue la destitución sumaria de Lugo, la emprendieron contra el ingreso de Venezuela al Mercosur.

Es curioso que dos opiniones tan diferentes en asuntos medulares de la política exterior uruguaya como fue el tema del TLC con los EEUU y que de alguna manera fueron protagonistas a favor y en contra, hoy tengan la misma opinión cuando es probable que detrás de las posiciones del líder del Frente Líber Seregni siga manifiesta esta aspiración.

Seguramente en la opinión de Almagro haya pesado su origen en las leyes y no la visión de un político que tiene que saber sortear las trampas que se cruzan en el camino de la compleja y estratégica necesidad de la Unidad latinoamericana.

Hace rato que los personeros de la derecha uruguaya vienen insistiendo en una cuasi ruptura del MERCOSUR. Y muchos de sus inventores en la década del .90 hoy se han convertido en los principales detractores de este. La razón fundamental de esta línea de acción sistemáticamente enarbolada por sectores del Partido Nacional y el Colorado, es que el MERCOSUR de hoy no es el que ellos querían.

No es el que necesitamos, pero puede ser un camino que apunte a una verdadera independencia.

Pero veamos como en el transcurso del año 2012 se han producido diversas acciones que seguramente preocupan a la derecha y el imperialismo. También de parte de los sectores oligárquicos latinoamericanos se avanzó sobre respuestas para recuperar terreno perdido.

Con el ya señalado paso estratégico del ingreso de Venezuela al Mercosur este reúne una población de casi 270.7 millones de latinoamericanos de los 577 millones. Cerca de un 47% de la población están incorporados en un Mercado Común; casi 13 millones de Km2 que representan el 62% del territorio de América Latina. En él se concentran las mayores riquezas energéticas, minerales, producción de comestibles, biodiversidad y recursos hidráulicos, estarían bajo la administración de Gobiernos revolucionarios o progresistas.

ALBA-TCP
El ALBA sigue sumando adeptos que se integran a la alianza bolivariana. Haití pidió su integración y Surinam y Santa Lucia lo hicieron como miembros especiales.Sus gobiernos intensifican sus relaciones de cooperación y solidaridad y afinan posiciones comunes ante los avances de las oligarquías y el imperialismo.

Anunciaron su retiro del Tratado Interamericano de Defensa (TIAR) creado en 1947 y utilizado por el Gobierno de los EEUU para intervenir en los países de América Latina y el Caribe. También adoptaron la decisión de prohibir la permanencia de la USAID en sus países, instrumento imperial que actúa promoviendo la división entre los pueblos, enviando asesores para la represión y la tortura (recordar el caso Mitrione en Uruguay). Sus 11 integrantes suman una población de 83 millones de Latinoamericanos y caribeños, ocupan un área de 2.7 millones de Km2 y producen un PBI de 635.8 millones de dólares.

Sus mecanismos de cooperación incluyen diversos programas sociales, de salud y productivos y su comercio avanza en el intercambio comercial con una moneda propia, el SUCRE.

Sus integrantes se benefician de los créditos de PETROCARIBE en el suministro de petróleo y amplían su colaboración e intercambio en sectores científicos y productivos, el comercio, las relaciones culturales, la salud, la educación y el deporte.

La integración de Venezuela al Mercosur no solo incorpora el potencial de riquezas naturales del país, sino que constituye la punta de un eje productivo-energético y logístico con salida al Caribe y al Océano Atlántico, con potencialidades geopolíticas que permiten la neutralización de parte de los intentos imperiales.

El reto del Mercosur lo constituye la modificación de su arquitectura, y pase a ser cada vez más un proyecto de colaboración económica, política y social. Para que eso sea posible el peso de la hegemonía actual deberá trasladarse hacia los sectores progresistas y revolucionarios, subordinando al agro negocio, las empresas transnacionales y los sectores políticos, sociales y militares aliados a ellos.

CARICOM
Las Islas del Caribe reunidas en el CARICOM, en una reunión celebrada en días recientes, dictaminó que ante “La crisis de la eurozona y la creciente influencia de economías emergentes como Brasil y China llevan a los países del Caribe a revisar su dependencia de sus tradicionales donantes y socios comerciales.” Seis de los quince integrantes del CARICOM participan en distintas formas en el ALBA-TCP.

Las amenazas sobre América Latina y el Caribe.

Como bien señala Samuel Pinheiro Guimarães “En un mundo multipolar, en crisis, con grandes cambios de poder, no es del interés de ningún bloque o de ninguna gran potencia la constitución o el fortalecimiento de un nuevo bloque de Estados, en especial si son periféricos. Cualquier gran potencia considera más conveniente negociar acuerdos con Estados aislados, en especial si son países subdesarrollados, más débiles económica y políticamente”.

El golpe de estado en Paraguay tuvo la aviesa intención de golpear el corazón mismo del MERCOSUR. El tiro les salió por la culata y los Presidentes suspendieron de sus derechos al gobierno del Vicepresidente Franco. Automáticamente aprobaron la entrada de Venezuela.

En fecha reciente se firmó un acuerdo de constitución de la “Alianza del Pacífico”, espacio de integración conformado por Chile, Perú, Colombia y México.Gobiernos con una marcada política neoliberal y todos ellos con Tratados de Libre Comercio firmados con los EEUU, ahora “fusionados” por el Acuerdo. También son los que reúnen la mayor cantidad de bases militares que el Gobierno de EEUU tiene en América del Sur.

Con la excepción de Ecuador, la alianza firmada en Chile el pasado mes de junio, incluye a los países con costas en el Pacifico y, es una movida geopolítica de las oligarquías y el imperialismo en contra del ALBA y el MERCOSUR. Los Estados Unidos que desde 1889 persiguen una América toda para los americanos no han cesado de intentar lograr ese objetivo. Para ello van a utilizar todos los instrumentos necesarios.

El triunfo de la Revolución cubana en 1959 fue el primer escollo importante que encontró la política norteamericana para cumplir sus intenciones.
Un tiempo de cambios revolucionarios se abrió en nuestra América y, a pesar de las derrotas del movimiento popular, el espíritu de libertad se mantuvo.

Las derrotas sufridas por el movimiento revolucionario y popular desataron los demonios y un tiempo de dictaduras, asesinatos, desapariciones y represión contra la clase obrera y el pueblo sirvieron para imponer un modelo que enterraba las conquistas populares y posibilitaba la super-explotación y la penetración de las empresas transnacionales y su maridaje con las oligarquías del continente.

Con la caída de la Unión Soviética y el campo socialista surgidos de la victoria soviética en Europa tras el fin de la Segunda Guerra Mundial se proclamó “el fin de la historia” y los Estados Unidos se convirtieron en la única potencia mundial que imponía sus “valores” a un mundo que quedó a su merced.

En América Latina, la resistencia de Cuba para mantener las banderas de la revolución fue ejemplar. Bloqueada, acosada, criticada por antiguos amigos, mantuvo en alto sus principios. Nuestros pueblos y gobiernos deberían reconocer consecuentemente, no en la letra sino en los hechos, este sacrificio del pueblo cubano que dura hasta el día de hoy.

En el 2003, luego de explosiones populares que se materializaron en gobiernos populares, la intención norteamericana de crear el ALCA fue derrotada en Mar del Plata.

Las secuelas de casi 20 años de neoliberalismo a ultranza fueron tremendas. Marginalidad, pobreza, destrucción de fuerzas productivas, desmantelamiento de empresas nacionales, privatización de los recursos del estado, desorganización de la izquierda y el movimiento popular, penetración de valores culturales, drogas, violencia, corrupción, etc.

Los objetivos estratégicos norteamericanos todavía siguen en pie. Nuevas tácticas, adaptadas a la época histórica abierta en el Siglo XXI son puestas en práctica.

Nuestra tarea revolucionaria no es solo la de denunciar, sino la de organizar y movilizar para salir al paso a cada una de las acciones que el imperio y sus aliados instrumentan. Y solo podremos organizar y movilizar si nuestras políticas son justas y se sostienen en el interés de los pueblos. Eso sí, tenemos que saber definidamente cuáles son esos intereses y actuar en consecuencia.

Habrá Patria para Todos.

La Habana, 19 de julio del 2012

Por: Hugo Wilkins Méndez

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