Por Gabriela Cultelli (*)
Cuando escriban las historias de todas y todos aquellos que llevaron la Continental de la lucha gravada a flor de piel, el nombre de Luis Yarzabal estará allí, entre los primeros.
Está vez nos tocó dar ese adiós frío y triste de la muerte a un Compañero con mayúscula. Nació en Melo en 1938 y nunca dejó de ser ese paisano que encontraba paz en la tierra.
Fue médico de impresionante carrera con más de una docena de libros publicados. Por muchos lados podemos encontrar su espectacular currículum académico. Con justeza le rendía, en estos días, homenaje el SMU o la propia ANEP y el Consejo de Formación Docente, entre otros. Es que Yarzabal, de muchas historias venía y sobre todo, hacia muchas historias seguirá caminando.
Personalmente lo conocí en La Habana, a través de mi madre, Isabel Delfino, quien al igual que él supo hacer de eso que llaman exilio, otro escenario de lucha. Habían trabajado en la misma época en el Hospital de Clínicas, allá por los años 60’ y principios de los 70’. Se conocían de anteriores militancias, y de hecho la referencia que tenía de él, era más allá de academias que poco tenían que ver con aquellas conversaciones cotidianas. Yarzabal era valorado como el compañero, el tupamaro que como otros, arriesgó todo por una Patria para todos.
La Revolución Cubana supo también de sus aportes solidarios en el Instituto de Medicina Tropical. Allí lo conocimos y a través de él, conocimos a los Yanomamis, población originaria de nuestro continente a quien fue a llevar salud siendo director y fundador del Centro Amazónico de investigación y control de enfermedades tropicales en la Venezuela de aquellos años. Era la misma comunidad que muchos años después, el presidente Lula brindo ayuda urgente, ante su genocidio por la expansión del capital en la misma Amazonía.
Cómo “Revolución» calificó el representante de los trabajadores, José Olivera (FENAPES), el periodo de Yarzabal al frente de la ANEP, y no nos cabe duda que así fué. Pero Yarzabal fue y es hombre de futuro y el futuro sabrá reconocer a cabalidad su trayectoria.
Parafraseando aquel final de la Ilíada…”que digan que viví en tiempos de Héctor…que digan que viví en los tiempos de Aquiles”, a mí me tocó vivir también en tiempos de Gigantes como Sendic, Yarzabal y tantos y tantas otras.
(*) Gabriela Cultelli, Licenciada en Economía Política (Universidad de La Habana), Mag. en Historia Económica (UdelaR), escritora, columnista y Directora de Mate Amargo. Coordinadora del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (REDH)
