Por economiapolitica.uy *
Héctor Tajam **
Dibujo Prof. Adán Iglesias Toledo ***
Finalmente, la incógnita quedó despejada: la actividad económica nacional creció 1,8% en 2025 con respecto a 2024. El debate fue intenso en lo que va del año, y hasta solo una semana antes, nadie pronosticaba un resultado inferior al 2%. ¿Qué significa ese guarismo? De acuerdo con el PIB (Producto Bruto Interno) publicado por el BCU (Banco Central del Uruguay), es una cifra cercana a 1.540 millones de dólares, que se suman al valor alcanzado en 2024. De ese monto la DGI (Dirección General Impositiva) recaudaría impuestos por un valor aproximado a los 250 millones adicionales a lo recaudado en 2024. Si el PIB hubiera crecido de acuerdo a los previsto por el MEF (Ministerio de Economía y Finanzas), 2,6%, los impuestos recaudados habrían superado en 350 millones de dólares a la recaudación del año 2024. El ministro de economía, Gabriel Odonne, según manifestó en conferencia de prensa, ya está diseñando el ajuste fiscal consecuente.
La CEPAL (Comisión Económica para América Latina) advirtió sobre la senda de bajo dinamismo que transita la región, y extendió tal pronóstico para 2026. Para el año 2025, Venezuela nuevamente lideró la tabla de crecimiento económico (8,6%) (uno de los motivos que decidió la intervención de EE.UU. del 3/1/2026), y en el Mercosur fue Paraguay quien obtuvo el mejor resultado al incrementar su PIB un 6% con respecto a 2024 (Cuadro 1 del Anexo). Entre las economías de mayor tamaño, Argentina fue quien más creció, en un proceso divergente entre economía y bienestar de la población.
Muy a menudo sucede que cuando la expectativa de crecimiento tiene su centro en la inversión extranjera, los pronósticos suelen sobreestimarse. Así las cosas, se cierra una década (2016-2025) con una tasa de crecimiento acumulativa anual de apenas 1% (promedio simple de 1,3%), un desempeño muy alejado del necesario para sustentar un proceso de desarrollo económico inclusivo, menos desigual, amigable con el ambiente, más productivo, diversificado, y sostenible con mayor participación de la inversión pública y del consumo de los hogares, como afirma el programa del Frente Amplio (Gráfica 1 en el Anexo). Esta situación nos conduce a dos escenarios.

Por un lado, la inminencia de un ajuste fiscal, producto de un desajuste entre el presupuesto votado en el parlamento, la disminución del déficit fiscal planificado, y la base económica del mismo, ahora insuficiente – por lo menos en la coyuntura – para solventar dichos objetivos. Esto nos retrotrae a una situación similar que se dio en 2016, en el tercer gobierno del FA y el segundo de Tabaré Vázquez. En aquella ocasión, el ajuste se implementó fundamentalmente a través del incremento de los ingresos fiscales, sobre todo impositivos. Una década atrás ya discutíamos entre impuestos a la renta e impuestos al patrimonio. Hoy el ministro de economía ha sido muy claro, a su juicio no es posible aumentar impuestos, así que el diseño del ajuste recaerá sobre el gasto público.
Por otro lado, está en juego la continuidad de la política económica, que nos animaríamos a decir que en los últimos 15 años ha variado muy poco. En un mundo que ha cambiado dramáticamente, no solo por los conflictos bélicos sino también por el incesante cambio tecnológico concentrado en tres o cuatro países, el mantenimiento de una política económica centrada en la atracción del capital extranjero no podía tener un resultado considerable. Aquí también parece instalarse la renuencia a cambiar. Por ahora la mejora en la competitividad se instala en remover obstáculos burocráticos a la gestión de la inversión, del comercio y de la inscripción de nuevas empresas.
El ministro de economía afirmó que no va a manipular el dólar para mejorar la competitividad de exportadores y de productores que producen para el mercado interno y compiten con importados, pues el resultado sería un aumento de la inflación y una baja del salario real. Cierto, si manejamos el IPC (Índice de precios al consumo) global y el índice medio de salarios. Pero una baja de la inflación que se ha producido justamente con un dólar “barato” no ha beneficiado a los salarios sumergidos que se gastan principalmente en alimentos, transporte, vivienda y salud. Así que bienvenidos los cambios estructurales para mejorar la competitividad con el exterior, pero también para progresar en la oferta interna de bienes y servicios de consumo masivo.
En ese sentido es útil ver donde se ubicaron las fuentes del crecimiento económico. Desde el enfoque de la producción de bienes y servicios, en 2025 se destacaron tres actividades: la industria manufacturera, los servicios financieros y el comercio, hoteles y restaurantes. En el primer caso, fue decisiva la puesta en marcha de la refinería de ANCAP (en mantenimiento desde 2024), con el agregado del crecimiento del volumen industrializado en frigoríficos, industria láctea, molinos y pasta de celulosa, todos vinculados a la exportación. En lo que hace a los precios, los más beneficiados fueron los productores ganaderos y la industria de la construcción.
Desde el enfoque del gasto, esto es, de quienes demandan o “compran” el volumen producido, los determinantes del crecimiento de 1,8% en 2025 fueron el consumo de los hogares (2%) y las ventas al exterior (exportaciones) (2%). Los hogares tuvieron ingresos reales superiores en +1,5% – mayores aún en el Interior del país – a lo cual se le sumó un empleo también superior.
ANEXO

Gráfica 1

(*) EconomiaPolitica.uy es un Programa de asesoramiento, investigación y formación en Economía Política.
(**) Héctor Tajam es Economista, Director del Programa EconomiaPolitica.uy y Columnista de Mate Amargo. Fue Diputado (2005/10) y Senador (2010/15) por el MPP – Frente Amplio. Miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)
(***) Prof. Adán Iglesias Toledo, Director del Medio humorístico DEDETE del Periódico Juventud Rebelde, miembro de la UNEAC. Colabora con varios medios de prensa en su país y en el extranjero.