Por Carlos Pereira das Neves(*)
Si en algo puedo estar de acuerdo con los fanáticos de la manifestación es que para caminar rumbo a nuestro objetivo o deseo, particular o colectivo, además de tener una estrategia es preciso tener la voluntad de hacerlo. De ese querer hablo.
Aunque mal no vendría, tampoco, el otro querer, desinteresado, ajeno a todo cálculo, desembarazado de la responsabilidad de pensar.
¿Pero es qué existe una diferencia? ¿Se puede uno entregar a un cariño sin describir las razones que lo impulsan? ¿Puede uno abrazar la idea sin sentir las emociones que acompañan, marcan, el proceso?
Eu acho que não.
De pensantes a simpatizantes
Entender o atravesar las dificultades de la coyuntura, incluso sabiendo de qué manera pretendemos transformar la realidad, no alcanza. Somos parte activa de la coyuntura, peleando por intentar anticiparnos a los acontecimientos antes que los mismos nos pasen por arriba.
O eso deberíamos ser, en lugar de consumidores de noticias: reales, alteradas o creadas. Deseosos de resultados concretos, urgentes, que nos permitan posicionarnos en alguno de los lados de la contienda o hasta afuera de una contienda que -seguro- va a determinar nuestro andar, más temprano que tarde. Cualquiera sea el lugar en que elegimos ubicarnos, se trata de una elección reaccionaria, estímulo-dependiente.
Los conflictos ya no se problematizan, acaso se analizan, con algunas palabras que resuenen o algunos conceptos que (de tan generales, globales) no explican nada. Terminamos justificando las contradicciones del sistema con las propias herramientas cognitivas que el sistema nos provee, la misma dicotomía, el mismo lenguaje, somos los gladiadores del pensamiento peleando en la arena del discurso público para beneplácito del imperio.
Para nada es fácil resistir la tentación de alguna alegría, alguna identificación, alguna celebración por el acierto de un misil balístico. Porque fuimos criados con valores occidentales, convivimos con las presiones de la sociedad occidental y sus aspiraciones, sufrimos la hegemonía del poder occidental al punto que distraídamente reivindicamos una idea de libertad con la que se llevaron puesto nuestro continente y otros tantos.
Fuegos de artificio
Hasta nos han dejado sin categorías.
¿Cómo habremos de llamar a los acontecimientos de este incipiente 2026? ¿Cuál es la contienda? ¿Qué vamos a hacer cuando llegue la ola? ¿Quiénes son los dueños del agua y cuántos ahogados tendremos?
La espectacularidad de los hechos, las declaraciones y los cortos tiempos entre uno y otro, han consolidado una nube en el pensamiento. El disparate, a la vez, asusta y entretiene, cumpliendo la función de inmovilizarnos en el consumo.
Todo parecería apuntar hacia una divergencia total, pero el núcleo del poder no está en cuestión. El mando podrá cambiar de lugar pero no de función, porque ni los sistemas ni las civilizaciones se desarman en un día.
Sin dejar de estar al tanto de lo que sucede, logrando identificar lo trascendente del relleno, con preocupación y emocionalidad activa, habrá que hacerse tiempo para ir contra la nube. Aclarar las ideas, formularlas a una distancia saludable que permita la creación, compartirlas, ponerlas a prueba. No tienen que ser completas, perfectas, solo tienen que existir, sobrevivir la abulia, la inercia.
¡Hay que querer! Querer pensar y querer querer.
(*) Carlos Pereira das Neves es escritor, columnista y co-Director de Mate Amargo. Coordinador del Colectivo Histórico “Las Chirusas” y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)