Análisis del Observatorio de Medios de Cubadebate devela una vasta Operación de Información del Pentágono, complementaria de la asfixia económica y el castigo colectivo a la población isleña
Por Carlos Fazio (*)
Dibujo, Alfredo Cuestas (**)
En el marco del decreto ejecutivo del 29 de enero, mediante el cual Donald Trump declaró una “emergencia nacional” ante la supuesta “amenaza” que representaría Cuba para la seguridad y la política exterior de Estados Unidos, Washington lanzó una vasta Operación de Información, que, combinando distintas modalidades de la guerra moderna (asimétrica, psicológica, informacional, cognitiva), tuvo como blanco las llamadas redes sociales y las plataformas digitales, articulando narrativas que buscaron legitimar el bloqueo extraterritorial y la asfixia económica y política contra la isla; el castigo colectivo; erosionar la cohesión social y la legitimidad del proyecto cubano, y preparar el terreno simbólico para escenarios de mayor agresividad militar.
La anatomía de la ofensiva fue develada por el Observatorio de Medios de Cubadebate, que, tras un análisis sistemático de 40 memes que tuvieron un origen geográfico común: el estado de Florida, en EU, permite identificar patrones narrativos, simbólicos, estéticos y psicológicos coherentes con lo que la doctrina militar del Pentágono denomina Operaciones de Información (Information Operations / Operations in the Information Environment). Definida como “el empleo integrado de capacidades informacionales para influir en percepciones, decisiones y comportamientos de audiencias adversarias, neutrales o aliadas, al tiempo que se protege la propia libertad de acción”, las Operaciones de Información no solo abordan el campo comunicacional sino impulsan una arquitectura operativa que articula narrativas, plataformas, tecnologías y efectos cognitivos adaptados a las lógicas culturales digitales, un contexto en el que los memes ocupan un lugar privilegiado.
Al respecto, el Observatorio cita un informe del Centro para Análisis Navales (CNA) −institución financiada por el gobierno de EU que asesora directamente a la Armada y al Cuerpo de Marines−, que reconoce sin ambigüedades que, por su “brevedad y rigidez”, los memes visuales son especialmente adecuados para “campañas de influencia”, ya que permiten comunicar conceptos complejos de “forma emocional y rápida” (Exploring the Utility of Memes for U.S. Government Influence Campaigns, 2018). Elaborado por asesores castrenses, el documento subraya que los memes funcionan como información perceptual: no necesitan ser argumentados porque operan a nivel intuitivo y emocional, lo que reduce el tiempo de procesamiento cognitivo del receptor. Añade que los memes pueden ser usados para “anticiparse, infectar o tratar un pensamiento viralizado en la opinión pública”.
Diseminada entre el 30 de enero y el 2 de febrero (inmediatamente posterior al decreto de Trump), la avalancha de lo que el Observatorio dio en llamar “la guerra de los memes contra Cuba”, revela una homogeneidad narrativa incompatible con la hipótesis de producción espontánea; un repertorio visual y simbólico reiterado, y objetivos políticos convergentes.
Entre los principales ejes narrativos identificados, figuran:
- a) Anexionismo explícito, ya que una parte sustancial de los memes presenta a Cuba como el “Estado 51” de Estados Unidos, con el objetivo de normalizar la desaparición de la soberanía nacionalmediante consignas, mapas intervenidos y banderas fusionadas quelegitiman simbólicamente una relación colonial.
- b) Glorificación de Trump, quien aparece representado como líder mesiánico, libertador o tutor imperial, y de Marco Rubio, quien es integrado como “operador” clave del castigo colectivo y de una eventual “transición” en la isla, en tanto el poder estadunidense se presenta como inevitable y moralmente superior.
- c) Secuestro simbólico del liderazgo cubano: varios memes representan al presidente Miguel Díaz-Canel como objeto de captura, humillación o amenaza directa, al tiempo que se personaliza el conflicto para despolitizarlo y reducirlo a una narrativa de castigo individual.
- d) Manipulación de símbolos revolucionarios. La imagen del Che Guevara, la bandera cubana o consignas históricas son resemantizadas, vaciadas de contenido y reutilizadas contra el propio proyecto revolucionario.
- e) Incitación simbólica a la violencia. Algunos memes cruzan un umbral crítico: celebran la invasión, el bombardeo o el exterminio del adversario político (los comunistas), un tipo de contenido que encaja con lo que la literatura militar denomina deshumanización del enemigo, fase previa a la aceptación social de la violencia.
El Observatorio destaca que lejos de ser una anomalía, la guerra de los memes forma parte de una evolución doctrinal reconocida. Cita al CNA, que define la “guerra memética” como una versión nativa digital de la guerra psicológica clásica, adaptada a redes sociales y plataformas visuales, que puede emplearse a nivel estratégico para modelar percepciones internacionales; a nivel operativo para apoyar campañas diplomáticas o coercitivas, y a nivel táctico para influir en audiencias específicas. Documentos recientes del Departamento de Defensa, como la Strategy for Operations in the Information Environment (2023), consolidan esa visión al reconocer la información como una función conjunta del poder militar, equiparable a los dominios terrestre, marítimo o aéreo.
En ese contexto, los memes son valorados por su bajo costo, alta viralidad, ambigüedad de autoría y capacidad de operar en zonas grises, donde la atribución estatal resulta difícil. Como vectores de la guerra psicológica, su uso sistemático en Operaciones de Información tiene consecuencias directas sobre poblaciones civiles, especialmente cuando se dirige contra países sometidos a asedio económico. Como advierten los propios documentos estadunidenses, el meme deja de ser una pieza de entretenimiento y se convierte en un dispositivo de “pedagogía política inversa”: enseña a mirar el castigo como algo normal, a pensar la violencia como una salida razonable y a reducir a un pueblo entero a una caricatura.
A partir de esa doctrina militar puede inferirse que cuando el meme celebra la asfixia económica, presenta el bloqueo como “solución”, sugiere que el sufrimiento cotidiano es un precio necesario para “liberar”, se está empujando a la audiencia a aceptar una idea que, en cualquier otro contexto, resultaría intolerable: que se puede presionar a un gobierno castigando a su población (según los Convenios de Ginebra de 1949, el castigo colectivo es un crimen de guerra). Así, el hambre, la escasez del combustible, los apagones o las dificultades para mover ambulancias y alimentos se convierten en un simple “efecto especial” del relato. En esa lógica, la crueldad deja de percibirse como tal y se transforma en un trámite político. Es el marco emocional que permite justificar la actual escalada trumpista para un cambio de régimen.
A ese proceso se suma la fatiga informativa, uno de los mecanismos más eficaces de debilitamiento social en el ecosistema digital. Como apunta el Observatorio de Medios, la saturación de mensajes hostiles, repetidos con pequeñas variaciones, termina erosionando la capacidad de análisis y la disposición a contrastar información. La mente se acostumbra al golpe, se adapta al ruido y aprende a reaccionar en automático. Cuando el público se cansa, no necesariamente se vuelve más crítico: muchas veces se vuelve más cínico. Ese cinismo es una victoria estratégica para cualquier campaña de influencia.
En paralelo se produce la deshumanización del adversario, un escalón decisivo en toda arquitectura de agresión simbólica, descrito como tal en la doctrina militar estadunidense. No se busca solo criticar al gobierno cubano, sino construir una idea más profunda y peligrosa: que el pueblo cubano es prescindible o tutelable. Cuando esa mirada se instala, el derecho de Cuba a decidir su propio destino se vuelve irrelevante. Y si el pueblo es “prescindible”, el daño que se le cause también lo es. La deshumanización no es solo insulto, sino el primer paso para aceptar la violencia como opción legítima.
Los memes también erosionan la legalidad internacional al presentar la anexión o la intervención como soluciones “naturales”. Así, lo colonial reaparece disfrazado de pragmatismo; la ocupación como “corrección” necesaria; la soberanía como un obstáculo anticuado.
En conclusión, el Observatorio considera que ignorar ese frente de la guerra cognitiva sería un error estratégico. Como reconoce el propio Centro para Análisis Navales de EU, la “guerra memética” es hoy un espacio real de disputa, donde se juegan percepciones, voluntades y marcos de interpretación. Por lo que, para Cuba, comprender esta dinámica implica desenmascarar la arquitectura de la agresión y disputar el terreno comunicacional donde hoy se libra buena parte del conflicto y la batalla de ideas: las redes y plataformas digitales.
(*) Carlos Fazio, escritor, periodista y académico uruguayo residente en México. Doctor Honoris Causa de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Autor de diversos libros y publicaciones. Miembro de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (Capítulo México)
(**) Alfredo Cuestas, caricaturista y dibujante gráfico uruguayo