11 de abril Día de la Nación Charrúa y la Identidad Indígena

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A 195 años de Salsipuedes

Hoy, 11 de abril, nos reunimos para conmemorar el Día de la Nación Charrúa y de
la Identidad Indígena en Uruguay. No es una fecha más en el calendario: es un día
de memoria, de reflexión y también de compromiso con el presente y el futuro.
Esta fecha nos remite inevitablemente a un hecho que marcó profundamente la
historia de nuestro país: la matanza de Salsipuedes. En ese lugar emblemático, en
1831, el Estado naciente llevó adelante una acción militar , un genocidio, que buscó
desarticular y exterminar a los pueblos indígenas que habitaban este territorio.
Durante mucho tiempo ese episodio fue presentado como una campaña necesaria
para la construcción de la nación. Hoy sabemos que fue una tragedia histórica que
dejó heridas profundas y que forma parte de una historia que el país todavía está
aprendiendo a mirar con honestidad.
Recordar Salsipuedes no es quedarse en el pasado. Es asumir una verdad histórica
que durante décadas fue negada, invisibilizada o simplificada. Es reconocer que la
construcción del Uruguay también se hizo sobre el silenciamiento de los pueblos
originarios.


Durante generaciones se instaló la idea de que en Uruguay los pueblos indígenas
habían desaparecido. Sin embargo, la realidad es otra: la presencia indígena nunca
dejó de existir. Persistió en las familias, en los territorios, en las prácticas culturales,
en los saberes y en la memoria transmitida de generación en generación. Hoy
estamos aquí justamente porque esa continuidad existe.
En estos tiempos se han logrado pasos significativos: una mayor visibilidad de la
temática indígena en la sociedad, el surgimiento de nuevos colectivos y clanes que
reivindican su identidad, la apertura de espacios de diálogo y, más recientemente,
señales alentadoras desde el ámbito académico.


Queremos destacar especialmente la apertura de la Universidad de la República
hacia la investigación sobre los pueblos indígenas contemporáneos en Uruguay.
Este es un paso importante, porque durante mucho tiempo la mirada académica se
concentró exclusivamente en el pasado indígena, como si los pueblos originarios
fueran parte de una historia cerrada. Investigar y reconocer la existencia de
indígenas en el presente significa empezar a construir un conocimiento más justo y
más fiel a la realidad del país.
Pero también sabemos que aún quedan desafíos muy importantes.
Uno de ellos es la necesidad de que la verdadera historia de los pueblos indígenas
en Uruguay forme parte de los programas educativos en todos los niveles: desde la
escuela hasta la universidad. No se trata solamente de incorporar un tema más en
los contenidos, sino de revisar críticamente la forma en que se ha contado la
historia del país. Las nuevas generaciones tienen derecho a conocer una historia
completa, plural y honesta, que incluya la presencia, las luchas y los aportes de los
pueblos originarios.


Otro desafío fundamental sigue siendo el reconocimiento por parte del Estado
uruguayo de la continuidad indígena en el país. Hoy existen numerosos grupos,
familias y clanes que se reconocen como descendientes y portadores de esa
identidad. Sin embargo, ese reconocimiento aún no se ha traducido en políticas
públicas ni en un marco jurídico que garantice derechos colectivos.
En ese sentido, seguimos reclamando la ratificación del Convenio 169 de la
Organización Internacional del Trabajo, un instrumento fundamental para el
reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas. Lamentablemente, pese
a los años transcurridos y a los avances en otros países de la región, este tema
continúa sin avances significativos en la agenda política nacional.
Nuestra lucha no es solo por el pasado. Es por el presente y por el futuro. Es por el
derecho a existir, a ser reconocidos, a preservar nuestras identidades y a
transmitirlas a las nuevas generaciones. Porque la identidad indígena no es
solamente memoria: es una construcción viva, que se renueva cada día en la
comunidad.
En este camino de memoria y reconstrucción, debemos hacer un reconocimiento
especial a las mujeres indígenas. A lo largo del tiempo, han sido ellas quienes,
muchas veces en silencio y desde los márgenes, han sostenido la vida de nuestras
comunidades. Portadoras de la memoria ancestral, cuidadoras del agua, de la tierra
y de los vínculos, han transmitido saberes, lenguajes y formas de habitar los
territorios, que hoy nos permiten decir que seguimos aquí. Reconocer su papel no
es solo un acto de justicia: es entender que sin ellas no habría continuidad, no
habría identidad, no habría pueblo.
A casi dos siglos de Salsipuedes, seguimos aquí. Seguimos hablando nuestra
verdad, reconstruyendo nuestra historia y defendiendo nuestra identidad.
Y mientras exista una sola persona que recuerde a sus ancestros, que sostenga su
memoria y que reivindique su pertenencia a los pueblos originarios de este
territorio, la Nación Charrúa seguirá viva.


Por eso hoy no solo recordamos. También exigimos.
Exigimos verdad histórica.
Exigimos reconocimiento.
Exigimos que el Estado uruguayo avance de una vez en el reconocimiento pleno de
la continuidad indígena y en el respeto de los derechos de los pueblos originarios.
Porque no estamos hablando de un capítulo cerrado del pasado.
Estamos hablando de pueblos vivos.
Y los pueblos vivos tienen memoria, tienen dignidad y tienen derecho a su lugar en
la historia y en el futuro del país.
Que este 11 de abril sea entonces, un momento para reafirmar nuestro compromiso
con la verdad histórica, con el reconocimiento de nuestros pueblos y con la
construcción de un país que sea capaz de asumir toda su diversidad y toda su
memoria.
¡Por nuestros antepasados!
¡Por quienes hoy sostenemos esta identidad!
¡Y por quienes vendrán!
Muchas gracias.

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