Por Carlos Pereira das Neves (*)
Las circunstancias, los momentos históricos, las posibilidades, las correlaciones de fuerza, pero también la voluntad de transformación, todo eso importa. Poder ver, sentir, analizar, sintetizar y también poder accionar para transformar, todo eso hay que hacer.
Cada uno desde su lugar, tercamente potenciando colectivos, buscando que el soplido en nuestra oreja venga siempre de los que -como nosotros- defienden las causas de los explotados y tienen -también como nosotros- el objetivo de quebrar este sistema. Entendiendo que la lucha es total, es existencial, no empieza ni termina en un comicio; y que muy mal hacemos si cómodamente cedemos a la trampa del etapismo, que por la vía de los hechos nos viene llevando a sostener, e incluso idear, la menos mala de las opciones, tanto en el plano retórico como en el concreto.
Con mucha facilidad sentenciamos que las ideas de izquierda están en retirada o en retroceso, a nivel mundial. Pero a nivel local, a nivel de lo que podemos transformar, nos cuesta formular ideas de izquierda por miedo al “¿qué dirán?”. Ya no definimos hacia dónde queremos ir para luego ver cuánto podemos avanzar, de entrada nuestro planteo nace posibilista para luego tener que rebajarse ante la avasallante realidad conservadora.
¿Es esto una debilidad teórica? ¿A esto se le llama pragmatismo? ¿El pragmatismo es objetivo? ¿Los explotados se benefician del pragmatismo? ¿Qué dicen los coachers políticos? ¿Cómo defienden políticamente sus posturas las empresas de marketing?
Alguna respuesta tiene que haber, alguna acción también, para poder identificar en qué momento del camino vamos a volver a caminar juntos o si la bifurcación es en ángulo recto cuando no se trate -directamente- de un ángulo llano.
Mesura
Es cierto que la paciencia es revolucionaria y que uno no puede dar todas las peleas al mismo tiempo, aunque en esta última sentencia el problema no es la multiplicidad de frentes sino el hecho de que no seamos tantos en la lucha, entendiendo que participar no es solo ser convocado como ganado sino -y sobre todo- para tomar decisiones y probarse en el terreno.
Pero paciencia es una cosa y mesura es otra, la paciencia es un recurso, una habilidad para elegir el momento en que mejor impacto pueda tener lo que vayamos a hacer; mientras que la mesura es una imposibilidad, es un “no lo hagas”. Y la verdad es que nunca vi que un “NO” sirviera para algún cambio.
Como el “no hagan olas” o “no le hagan el juego a la derecha”, que parte desde un lugar de superioridad moral y práctica, porque se sostiene implícitamente en el supuesto de que quién lo dice realmente sabe lo que hay que hacer, cómo hay que hacer para ser o parecer de izquierda. En definitiva, también dice, que todo lo mínimamente distinto a su forma de pensar, o -¡válgase tamaña insolencia!- alguna crítica a su manera de actuar, forma parte del conjunto de artimañas del enemigo…la derecha. Pero, otra verdad, el pensamiento único no tiene nada de revolucionario y todo de reaccionario.
Además de este análisis, si se quiere, filológico, de esta iteración cada vez que se propone una discordancia, que reviste de carácter tropológico, están los viejos postulados, que ni están tan viejos, de que la mejor manera de apoyar un gobierno popular era desarrollando organización popular crítica. Teniendo en cuenta que el instrumento de gobernanza de un pequeño país, tomador de políticas, es apenas un grano en el costal del sistema mundo, pero aún así no está exento de presiones de clase en el ámbito nacional y de presiones imperiales en el ámbito internacional, hecho que revela que acá también el sistema juega sus fichitas y hay campo como para poder enfrentarlo.
Aquello de “fuerza política, gobierno y sociedad organizada” no era un slogan como los que ahora se utilizan para hacerlos entrar en una placa o un muro, y ahí se queda. Era una relación dialéctica más para el desarrollo del poder popular, abrazando la contradicción de tener que seguir elevando la conciencia del pueblo y a la vez sostener un proceso político progresista que cada vez más se acerque a un gobierno popular de izquierda. Una construcción continua, un diálogo incesante entre las necesidades populares y las posibilidades nacionales. Una presión, en el único sentido que puede tener la palabra, para que un aparato creado por las clases dominantes se pueda utilizar en favor de los explotados, los desposeídos de siempre.
Algo habremos hecho
Si es así, que las ideas de izquierda están en retroceso, bueno, habrá que ver qué responsabilidad nos compete si es que estamos intelectualmente dispuestos a hacerlo. Qué responsabilidad nos compete por lo hecho y qué responsabilidad por lo que estemos haciendo en ese plano, en este momento. Porque no sirven los llamados a silencio, no alcanzan las frases de los Paulo Coelho políticos, las censuras no construyen, las síntesis de que lo que escapa a mí es una organización del “cuanto peor, mejor” es dañina ahora y pensando en la organización popular hacia adelante.
Están los números de las encuestas, están los estados de situación organizativos que distan enormemente de las convocatorias con reivindicaciones sociales.
Cómo será de compleja la cosa, que en Uruguay hay casi un 70% que se manifestó en contra del reciente accionar de Estados Unidos en Irán y el Medio Oriente. Porque no habríamos de mirar mejor esta foto para repensar nuestras alianzas, o nuestros acuerdos, para que no les moleste lo ideológico, y arrimarnos a un nuevo orden mundial, multipolar, con potencias emergentes que plantean colaborar. Potencias emergentes que también realizan ejercicios militares en conjunto con otras naciones, pero que no destinan ni $1 en mantener bases militares en el extranjero, ni someten militarmente a otros pueblos para poder seguir emitiendo y emitiendo dólares.
Cada decisión, en el espacio que sea, modifica las decisiones posteriores. Puede ser una tranca o puede ser un escalón, por más mínima que sea, su poder es exponencial. Y la voluntad de tomarla ni se adquiere por nacimiento ni se mantiene por inercia, demanda un continuo repensarse, y ¡qué mejor! si es con un grupo de apoyo.
Sí, las personas importan, hay fueguitos y fuegos locos diría Galeano. Pero una sola no importa más que el resto, importa más el resto y eso es algo que las individualidades no deben olvidar nunca…ah no ser que hayan renunciado a todo impulso de subversión.
(*) Carlos Pereira das Neves es escritor, columnista y co-Director de Mate Amargo. Coordinador del Colectivo Histórico “Las Chirusas” y miembro del Capítulo uruguayo de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (RedH)